Rupturas y fragmentos

El orden que tanto habían luchado los ailanu por establecer, sería destruido por ellos mismos. Diferencias, reproches y rencillas que durante mucho tiempo habían permanecido controladas y ocultas, saldrían a la superficie estallando de manera dramática en el peor de los momentos, utilizando la cercana llegada del destructor como excusa.
Liderando a aquellos que pedían la marcha de los tayshari se encontraría Airk, guía, amigo y amante de Dansula, señora de Torquail. Comandando a quienes defendían a los recién llegados se hallaría Daymasis, consejero de Vanshu, señor de Ranndayr.
En un principio el conflicto sería primordialmente diplomático y comercial pero, tras la llegada del destructor todo cambiaría.
Su sola presencia en aquel plano provocó ondas de choque a todos los niveles de realidad. Ondas que llegarían hasta Daegon, partiendo en dos el gran continente y creando miles de nuevas islas por toda su superficie. La población mundial fue diezmada y las ciudades derruidas. De no haber sido por la protección de Ytahc y los tayshari, Daegon habría sido completamente destruido. Para la batalla que se libraría en el nivel conceptual de aquel plano, los tayshari necesitarían de todo su poder y harían regresar a los Kansay. Ytahc, por su parte, despertaría de nuevo a los guardianes durmientes para que protegiesen en nivel material.
Pero entre los muertos en aquella catástrofe se hallaría Dansula. Enloquecido por el dolor que le causase la perdida de su compañera, Airk culpó a los tayshari y sus defensores y, tras auto proclamarse Dios protector de Daegon, les declaró la guerra. Cualquiera que adorara o defendiese a los tayshari, cualquiera que se opusiese a él, ya fuesen hombres, Kayain (hijos de humanos y los avatares de los tayshari) o guardianes, serían declarados cómplices y culpables de la masacre.
Tan sólo tres de las grandes naciones supervivientes del cataclismo se opondrían aquel nuevo orden: Ranndayr, Dagorel y Kayrunen. Todos ellos, malheridos por el desastre, pagarían por ello.

También en aquellos tiempos surgirían por primera vez dos nuevos cultos, que ni siquiera las prohibiciones del dios protector podría acallar: Los Avyalish, seguidores de Avjaal a quien llamaban Evyal y los Daigo alase, los destructores de almas, devotos de Yago. Ni siquiera Airk, pese a declararse por encima de su toque, podía negar el poder y la ecuanimidad de aquellas divinidades; el poder de la muerte.