Ocaso de imperios y lluvia de dioses

Parecía el amanecer de una nueva era de descubrimientos. El horizonte ya no era el límite. Satais había traído noticias de un nuevo mundo: Nivar, y éste sólo sería el primero de muchos mundos aún por conocer como Niel, Síelt, o Nimlur. Pero el sueño no duraría demasiado tiempo.
Se crearon colonias en los nuevos mundos, pero las diferencias culturales, la ambición de unos pocos y superioridad moral de otros no tardarían en provocar fricciones que terminarían por convertirse en conflictos armados. Las colonias comenzaron a desvincularse de sus señores lejanos y a buscar su propia independencia.
La colonización se volvió conquista, y las necesidades de guerra arruinaron los recursos del mundo y sus habitantes.

Mientras tanto, en Daegon, Airk cada vez se alejaba más de lo que le rodeaba. En aquel momento sus interesa se centraba en el proyecto de una tercera ciudad en los cielos: Eladar. Un lugar en el que albergar las maravillas que llegaban desde el espacio. Sería la más grande, más moderna y más hermosa de sus creaciones.
El emplazamiento de esta ciudad sería sobre las montañas Anarath, en península de Letnur. Pero se encontró con la oposición de Zulkien y su pueblo. Para extraer los materiales necesarios para la construcción de la ciudad volante debían crearse nuevas canteras en las montañas que albergaban la megaloplis de Daiyashi. Pero aquello no importaba al Dios protector, e ignorando los intentos de negociación, hubo guerra.
La megalópolis sería arrasada, y toda su población exterminada y convertido en un pueblo maldito y condenado a los que se conocería a partir de entonces por el nombre de su antiguo hogar.

Mientras el sueño de Airk parecían hacerse realidad, en el otro extremo del mundo, los de Oggalark se convertía en su condena. Su ansia por preparar al hombre para sobrevivir en otras realidades, le había llevado a modificar su cuerpo llevándolo hasta extremos que afectaron su visión del mundo. Yo no era humano ni compartía sus necesidades, moralidad o inquietudes.
Sus acciones comenzaron a atemorizar a los suyos, que tratarían de acabar con su vida. Pero ya se encontraba más allá de la definición y el concepto de mortalidad a los que antes había estado vinculado. Finalmente sería encerrado y arrojado en éxtasis al espacio para que se perdiera entre las estrellas.

Pero el conflicto que se estaba llevando más allá de las fronteras de su existencia les afectarían una vez más.
El combate entre los poderes desgarraría las las barreras que separaban las realidades debilitada tras siglos de intentos por parte del hombre por sobrepasarla.
El continente de Nargión desaparecería engullido por aquellas grietas, así como la isla continente de Rayhosha y la antigua península de Letnur. Airk también sería arrastrado junto a su ciudad aún inacabada y tres aspectos de los poderes caerían sobre el mundo. Korian, la doncella carmesí, caería sobre la isla de Mashulanu. Lyzell, la sanadora lo haría, sin recuerdos de su auténtica naturaleza, sobre la provincia de Dowsbad. Zaxis el errante, caería sobre Rayhosha, desapareciendo junto a ella hacia otro plano.

Los miembros del consejo de Airk tratarían de ocultar al pueblo la desaparición su señor, pero la noticia no pudo ser totalmente silenciada y fue todo lo que necesitaba el Kinsai Ubami para renacer y comenzar a planear sus próximos movimientos.