Ciudades en el firmamento

La victoria sobre los jonudi calmaría los ánimos del pueblo, a la par que el “fuego del cielo” serviría para aumentar el control a través del miedo de Airk. Pero la imposibilidad para repetir aquella proeza él solo, permitió al resto de quienes habían participado en la construcción del anillo la tranquilidad y confianza suficiente como para comenzar a construir sus propios modelos de estado.

Para afianzar su control sobre aquellos territorios en los que su dominio no era discutido, y tratando de anticiparse a los posibles movimientos separatistas de sus hermanos, Airk crearía una nueva fuerza religioso-militar, sus inquisidores; los Italerien. Para destacar su posición como Dios protector, construiría dos ciudades volantes sobre los centros geográficos de ambos continentes desde las que gobernaría. Desde Erghendor su presencia se hacía sentir por toda la mitad norte del continente de Nargión. Sentado en el trono de Stergión guiaría el destino de sus dominios sobre el continente de Daegon, que se extenderían desde las costas de Tanhashi, hasta las montañas Thrull.

Al este de estas montañas, el poder se dividiría entre los once grandes protectorados, Grudar, Naragaz, Kayath, Kayuren, Rashull, Najruss, Lyrten, Dagórel, Letnur, Doreth y Jormún.

Por su parte, Nargión se dividiría en los alianza de los estados de Rayhosha, Dagnamar, Torquail, Dayshula, Ranndayr, Kayrunen, Denthelón, Quendapoa y las humeantes ruinas en reconstrucción de Banyakú, Danyala, Hammath, Chaindar, Vindaya, Sindagar y Livsay.

Todo cambiaba para seguir igual. Los distintos señores ailanu no buscaban la guerra entre ellos, sino la libertad para investigar con independencia en ámbitos que no habían sido prioritarios para el poder central. Tan sólo Kayuren, gobernada por Thayranu, uno de los kayain, Dagorel por Shet'Graal, uno de los guardianes y Letnur, regido por Zulkien, de la estirpe de Shem y Nitsalaya rompían la hegemonía ailanu.

Las mentes con más renombre habían sido captadas por Airk con suculentas ofertas, pero había hombres brillantes que comenzarían a hacer notar sus ideas bajo el auspicio de los nuevos mecenas. Nuevos campos de investigación se abrirían a partir de aquel momento.