Fortalezas en las estrellas

Tras su llegada a Daegon, los jonudi estudiarían su nuevo entorno. Conceptos como la luz o el color, el movimiento o la misma vida les resultaban nuevos y extraños. Durante los primeros siglos que seguirían a su despertar, morarían en Nusureh, una dimensión que les recordaba a su hogar, desde la que experimentarían todos aquellos nuevos conceptos, e intentarían comprenderlos; algo que les resultó extrañamente sencillo. En muy poco tiempo fueron capaces de crear artefactos que les ayudasen interactuar con aquella realidad y de moldearla como si les perteneciese. No había curiosidad en aquellos actos, sino pura y simple reacción. Pronto abandonarían aquel lugar para explorar el vasto universo que se encontraba a su disposición. Su presencia no pasaría inadvertida para los ailanu durante mucho tiempo y, pese a que su número no era suficiente como para que fuesen considerados una amenaza, sí que despertaría su curiosidad. Pero el primer contacto con los hombres marcaría su relación de una manera traumática.
Tras descubrir la existencia de Nusureh, y detectar en ella lo que le parecían vestigios de vida, Nityl, hijo de Ailan, científico, investigador y consejero de la nación de Quendapoa, trató durante años de entrar en contacto con los habitantes de aquella dimensión. Acudiendo a su llamada un grupo de jonudi liderado por Shaen'Tayd'Hanrath se harían presentes en Danrú, su capital.
Los jonudi también habían observado a los hombres durante siglos, pero no habían sido capaces de desarrollar un método para comunicarse con ellos. Su percepción del universo era distinta y carecían de voz, oído o sentidos equiparables a los humanos. Para tratar de comunicarse con ellos fusionaron sus esencias con aquellos que se encontraban ante ellos. Tratar de comunicarse con los hombres como lo hacían entre ellos, pero aquel método se demostraría ineficaz. Pero tras romper el vínculo, parte de la esencia humana permanecía en el interior de los jonudi y, los hombres de Nityl se verían invadidos por un hambre inhumana por llenar aquel hueco que había surgido en su interior. Un ansia que no eran capaces de controlar o saciar. Se habían convertido en los yunraeh: Los devoradores de almas.
En los jonudi también se produciría un cambio. En aquel momento fueron capaces de comprender mejor a aquellos hombres con los que habían establecido su vínculo y las necesidades que se habían despertado en ellos. Gracias a aquella conexión fueron capaces de controlaron sus acciones y mitigar su ansia antes de que comenzasen a herirse. Pero Nityl no era igual que sus hombres; él no era mortal. Había sobrevivido al ataque de los kurbun. Se había impuesto sobre la barbarie que había consumido a la humanidad durante milenios. Había estudiado con sus padres los misterios de que gobernaban los seis planos. Él sería capaz de imponerse sobre aquel hambre, e interpretando el intento de ayuda de Hanrath como un ataque, se resistió contraatacando y consumiendo al jonudi, transformándose con aquel acto en un nuevo ser: Oggalark.
Aterrados por la desaparición de su compañero, los jonudi le atacarían, pero no eran rivales para Oggalark, que los consumiría tomando con ello control sobre los recién nacidos yunraeh.
Pero aquello no era suficiente para él. Los jonudi se habían mostrado como una amenaza formidable. Un enemigo que no podía ser ignorada por más tiempo. A partir de aquel momento todos sus esfuerzos se encaminarían en la destrucción de Nusureh y sus habitantes.
Ante aquella amenaza, gran parte de los jonudi responderían a la agresión con el mismo lenguaje. Su número era limitado y no eran capaces de aumentarlo, pero los hombres eran presas fáciles. Erigiendo cúpulas de oscuridad sólida que engullirían Aldern y Banyaku, Danyala y Hammath, dominando a sus habitantes y comenzando una guerra abierta contra sus agresores.
Aquellos jonudi cuya voz no fue escuchada y abogaban por una solución pacífica, crearían los kalaash, las fortalezas de las estrellas. Allí, ocultos por Daegon de la luz de Sholoj, contemplarían el mundo esperando la ocasión para un nuevo comienzo. En la fortaleza Gar'Dau'Gnat, Dietmann Hotz, kayain hijo de Tarakus, reclutaría a Gada'Umae'Saysh, Nat'Frey'Adane y Taj'Úmer'Lan' para unirse al Kilgar Doreth.

El dominio del Dios Protector se veía amenazado, y animados por lo que podía ser una oportunidad de independencia, los descontentos abrirían un nuevo frente contra Airk. En la ciudad de Rashull se reunirían por primera vez los lideres del, Kinsay Ubami; La alianza de los pueblos libres.