El despertar de los jonudi

La llegada del destructor, y la batalla que esta había desencadenado, había creado grietas en las barreras que separaban los planos. Brechas a través de la que se filtraría una nueva entidad.
Desde el principio de los tiempos, la oscuridad había estado presente. Pero, al contrario que el resto de los poderes, no había alcanzado la consciencia. Sólo era una fuerza cohesionadora. Un herramienta inerte a ser utilizada por los demás poderes. Un elemento inconsciente moldeado por la voluntad de los soñadores. Situado en un nivel de existencia distinto al de los hombres, jamás había tenido contacto real con ellos.
Su esencia había sufrido cambios debido a la interacción de los demás poderes con ella pero, no sería hasta que parte de su enormidad se filtrase al nivel de existencia de los hombres, que se dividiese y cada uno de sus fragmentos se tornase único y tomase consciencia y forma propia.
Entre los seres que naciesen de aquella confluencia se encontraría Shayka, Con sus recién adquiridas percepciones contempló a los hombres y le parecieron hermosos. Pero en la lejanía percibió también al destructor. Antes de nacer ya había sufrido su contacto, cuando por primera vez atravesase la oscuridad.
Al igual que Shayka, Hargos e Yrgassh, Cleafen y Galeass también percibirían y recordarían a Baal, y juntos se dirigirían a ayudar en su lucha a los tayshari.
Pero no todos los nuevos seres resultarían benévolos para la humanidad. No todos recibirían con agrado la consciencia. Al contrario que para el destructor, la existencia no significaba dolor para ellos, pero añoraban regresar a la oscuridad primordial, pero habían cambiado demasiado como para poder regresar a ella.
Ellos eran distintos. Diferentes a los hombres o a los poderes primarios. Ante la imposibilidad de regresar al vientre del que habían surgido, se convertirían en los jonudi, y buscarían recrear su hogar en el lugar que se les había condenado a existir.