El mundo

Mar, 06/11/2013 - 14:25 - daegon_v001 ©daegon_v001

El tiempo se acaba.
Los eventos que darían comienzo con el origen del tiempo están a punto de llegar a su conclusión.

Durante milenios los inmortales han sido conscientes de la llegada de este momento. Temiendo su advenimiento y planificado sin descanso en busca de una manera de retrasarlo. Tratando de alterar el curso de la historia y los acontecimientos que desencadenarían este momento.
Finalmente triunfarían, el futuro que tanto han luchado por cambiar jamás llegará. Pero el precio a pagar por esta victoria ha sido uno que no estaban preparados para pagar. Las fuentes de la existencia han sido dañadas y Sakuradai, la encarnación del tiempo, yace mortalmente herida. El fin de los tiempos ya ha comenzado.
Tras tanto tiempo de lucha sólo les queda continuar luchando. La esperanza ahora se les hace cada vez algo más lejano. La inevitabilidad del final de todas las cosas cada día más presente.
Pero, pese a siempre haber sabido que el día que dejasen de luchar sería el momento en el que todo acabase, comienzan a experimentar la resignación, la desesperanza y la recriminación. Aquel que nunca fuese su camino, comienza a ser valorados por algunos de ellos.

Las barreras que separan y definen a los conceptos se diluyen, y los poderes pierden su misma esencia. Mientras tanto, en otro nivel de existencia se dejan notar las consecuencias de la guerra, mientas los hombres continúan con sus existencias ajenos a lo que está por llegar.

Como conscientes de la cercanía de la nada, los eventos se han precipitado a una velocidad increíble, convirtiendo los últimos años en una progresión vertiginosa y constante de eventos definitorios.
Las profecías mal interpretadas serían escuchadas, llevando a la arrogancia de los ignorantes a declarar guerras santas, mientras que aquellos que anunciaban la verdad continúan siendo acallados.

En Tarnaq, Shar Kushen actual Tukradum del Dominio, ha se anunciaría la llegada del Tanrakûl: El momento definitorio en el que deben demostrar a sus dioses que son dignos de habitar el mundo que llegará. Sus vecinos de Tembi han sido los primeros en sufrir su ataque y pronto comenzará su campaña contra las Llanuras Heladas de los ilbyn y los kensei.

En Goord, el teócrata del falso dios Galdaim ha proclamado su señor está terminando de escribir el Sunra Avahi, el “Libro de los pecados” Los hombres han sido juzgados y encontrados culpables. Sus fieles heredaran el mundo, pero sólo tras impartir el castigo divino.
Con estas palabras ha declarado la sexta cruzada contra la impía Saliria, pero esto es sólo el comienzo.

Mientras los señores de los catorce reinos se enzarzan en fútiles riñas para alimentar sus ansias de poder e independencia, en Rearem, las tribus de los dengar se han alzado proclamando el Daham Dyar; el día de la retribución en el que volverán a ser dueños de sus tierras.

En Menetia los nostálgicos del régimen que jamás conocieran maquinan en las sombras. La iglesia y el ejercito están comenzando a mover las piezas para poner a un nuevo Meneter en el poder y disolver el senado.

En las bibliotecas de Baern, un murmullo se va haciendo clamor entre los cronistas. Aquellos capaces de atravesar la oscuridad y vislumbrar más allá de las barreras del presente han descubierto que el futuro ha cambiado. La enciclopedia del tiempo debe ser reescrita.

Los Jonudi han regresado inundando el mundo con su oscuridad. Buscan al Taj'Lei'Gobeh “El que vendrá” la criatura que forjarían como su dios pero les abandonaría. Quien terminará con toda luz, sumiendo a toda la creación en la quietud de las sombras.
Aquellos que crean y propagan leyendas han llegado a afirmar que incluso los kurbun temen su llegada.

Iorum Arcanus y Oggalark han regresado tras milenios desaparecidos, así como lo ha hecho la estación orbital Sigma y su tripulación.

Nargión, el continente que desapareciese milenios atrás también ha regresado, partiéndose en dos al regresar a este plano. Pese a que ambos continentes flotan sobre el mar, las islas de Rayhosha y Eladar que desaparecerían junto a él, han vuelto a sus ubicaciones originales.
Las alteraciones que ha provocado este regreso han causado la destrucción de gran parte de las costas de Daegon, y han hundido todos los territorios que separaban al mar interior de Jorgh del océano Sámico.
Del estos nuevos continentes han surgido nuevos hombres descendientes de aquellos que partirían junto a sus hogares. Aunque hay quién dice que, pese a su apariencia, tanto los talen como los kiranu distan mucho de poder ser considerados hombres.

En las costas de Menetia y Naltor han aparecido los ailan afirmando que los poderes los han liberado de su exilio. Afirman que su liberación se debe a un nuevo pacto con los dioses. Su nueva misión es la de proteger el continente. Pero sus actos distan mucho de sus palabras, y no todos parecen compartir el mismo propósito.

En Harst, el actual Sipskriel, el tercer heraldo del nuevo orden, ha puesto en marcha a sus tropas afirmando que el resto del mundo está equivocado. Aquellos que escuchan a los profetas y los dioses no tienen el valor suficiente como para crear su propio futuro. El no necesita de la guía de nadie.

En Trollellom reina el caos. Darus el inmortal, quién ha mantenido una tensa paz entre todos los reinos e imperios a lo largo de los dos últimos milenios, ha desaparecido.

En Namak reina la tranquilidad. Los kurbun y los enemigos del hombres parecen haber partido. Los ailanu tienen el tiempo que les ha faltado durante los últimos milenios para comenzar a planificar su siguiente paso.

Las arenas que forman la esencia de la tejedora se van desgranando de manera inexorable.
El tiempo se acaba.