La edad dorada

Poco se conoce sobre los inicios la humanidad. Si buscamos los restos más antiguos que se conservan atribuidos a los primeros hombres, estos serían los que se encuentran entre los cimientos del palacio de Sangar en Tarnaq. Todos los indicios parecen apuntar a que formaban parte de la ciudad de Iskara, capital de Ranndayr durante la época anterior al imperio ailanu. Su edad se ha datado aproximadamente en nueve mil años antes del inicio del calendario.

A partir de este dato ciertamente impreciso (y siendo muy aventurados, cuando no directamente temerarios, en las asunciones realizadas para esta cronológica) ciertas ramas de quienes han estudiado la historia llegaron a proclamar que la humanidad, desde el momento de su surgimiento, pudo tardar un milenio en alcanzar su apogeo.
Pese a la falta de rigor de estos estudios y ante la carencia de cualquier otro tipo de dato más revelador, esta es la cifra (totalmente arbitraria) que se ha aceptado comúnmente para datar la edad del hombre.

Una vez formulada esta puntualización, trataremos dar una progresión cronológica concreta a los sucesos que sucedieron a este evento.

-10000: Aparecen los primeros hombres y comienzan a moldear el mundo según sus deseos y necesidades.

Todo parece indicar que la cantidad y variedad de etnias en aquel tiempo era mucho menor a la actual. Pese a que, en ocasiones, se suele hacer referencia a los miembros de las primeras familias como “tribus”, esta expresión es poco afortunada. Si bien es cierto que, por necesidad, debieron ser nómadas en origen, su estructura social difería enormemente de esta apreciación, mientras que su conocimiento y comprensión del universo era mucho mayor de los que ha vuelto a poseer la humanidad en cualquier edad posterior.
Más allá de los elementos puramente sociales y culturales, el tiempo no hacía mella en sus cuerpos o sus mentes, su visión alcanzaba más allá de las barreras que separan las realidades y su imaginación era capaz de concebir, crear y superar lo imposible.
A todos los efectos, podríamos asumir que eran lo que, más adelante, se ha venido a llamar dioses. Un concepto cuasi primario capaz de enlazar y servir de puente entre lo material y lo difuso.

Tras alcanzar cada una de las primeras familias las ubicaciones que consideran idóneas, fundan reinos grandes reinos que se extiende a lo largo del continente. Edifican ciudades que se funden con las profundidades del mundo y se elevan por encima de las montañas. Construyen máquinas capaces de albergar y controlar la energía del mismo sol. Conquistan tierra, mar y cielo para, a continuación, aventurarse más allá de las estrellas, donde conquistan y moldean nuevos mundos.
Pero, sobre todas estas maravillas que son capaces de crear, por encima de todas esas construcciones y proezas imposibles, hay una creación jamás superada o igualada. La herramienta que les permitió llevar a cabo todas esas hazañas. Esta no es otra que el libro perdido escrito por la estirpe de Ailán y Neima: El Naludah Avanyali; los escritos en los que se describen los preceptos para el análisis, la comprensión y el control de la energía planar, así como su manipulación.
Esta colección de ensayos científicos son utilizados con frecuencia como argumento para explicar o justificar el avance y poder de la humanidad durante su edad de mayor esplendor.
A los ailanu se les conoció entonces como los Adar Gielanu; los reyes eruditos.

-9100: Una vez que la humanidad ha afirmado su lugar en la existencia, se produce el advenimiento de unas criaturas ajenas a esta realidad. A estos entes se les ha dado muchos nombres: Kansay (el legado de los cielos), Tayshari, poderes primarios o dioses.

Alrededor de este evento también se ha escrito y debatido de manera abundante, diversa y, en ocasiones, contradictoria con lo que se sabe ha ciencia cierta. Algunas de las escuelas filosóficas surgidas de a raíz de la llegada de los poderes primarios aún perduran en la actualidad.

Si nos atenemos a la escasa información que se puede extraer de los textos de la época, lo únicos datos objetivos que se pueden extraer son que, en un inicio, su presencia apenas es percibida por los habitantes de Daegon. Esto no tardaría en cambiar ya que, poco a poco, su misma presencia alteraba las leyes y axiomas que gobernaban nuestra realidad.
La humanidad se vio divida en su relación con estos extraños entre quienes los acogieron de buen grado y quienes los tomaron como presagio de un gran mal y pidieron su expulsión.
Tras largos debates, la posición de los primeros resulta vencedora.

Si atendemos a las diversas interpretaciones que hacen sobre estos eventos las cuatro escuelas de pensamiento más extendidas, estas serían:

Escuela Silmariana:
El hombre, tratando de dar sentido a lo que le rodea, moldeó la realidad de acuerdo a su aún infantil y limitada comprensión. Como consecuencia de este acto, el de otorgar características “humanas” a todos los aspectos de la existencia, daría a luz a los grandes poderes.

Escuela Shemica (Shem Ilgur (Dilgota, Shemellom -632,-561))
Los poderes son formas de vida procedentes de otro nivel de existencia. Por alguna razón aún por descubrir (siendo la teoría más comúnmente aceptada la huida de una guerra en su hogar) llegaron a Daegon.
Tras llegar a un acuerdo con los primeros hombres, se les cedieron diversas ubicaciones que se adecuaban a sus necesidades y naturalezas. Estos lugares terminarían por convertirse en los centros de poder de esta realidad.
Como pago a este acuerdo, los poderes compartirían su conocimiento con la humanidad.
Según esta línea de pensamiento, los poderes son más viejos que el tiempo, o su existencia transcurre a una velocidad diferente a la nuestra. Poseerían también un conocimiento más profundo de los axiomas, leyes y mecanismos que gobiernan la realidad.

Escuela Olrica (Dayus Olrig (Raereth, Saliria -715,-660))
El nacimiento de la humanidad se remota a varios millones de años. Existió una primera estirpe de mujeres y hombres inmortales que, a lo largo de su larga vida, lograron alcanzan la comprensión absoluta de la realidad y trascienden más allá de sus formas físicas, convirtiéndose en seres de energía primaria dedicados a la custodia del el bienestar de sus descendientes.

Escuela Vilhémica
Los poderes primarios crearon a la humanidad y siempre han cuidado y tratado de comunicarse con ella, pero ésta comunicación no fue posible hasta que el hombre no evolucionó lo suficiente como para ser capaz de percibirlos. Al llegar a ese nivel de madurez esotérica y comprensión de la realidad le fue revelado este vínculo.