Las órdenes VI

Las órdenes menores

A lo largo de su prolongada existencia, La Orden ha sufrido una gran cantidad de alteraciones tanto en su composición como en su jerarquía interna. Esto ha hecho que, incluso para quienes se encontraban entre sus filas en los momentos más convulsos fuese una tarea harto compleja el realizar un seguimiento de cada uno de los mismos. En algunos momentos especialmente frenéticos o anárquicos, incluso quienes se dedicaban a documentar estos cambios han llegado a tener problemas a la hora de llevar al día el estado de los mismos.

Como consecuencia de todos estos cambios en su seno han surgido y desaparecido todo tipo de organismos, desde aquellos creados para una función puntual que han terminado convirtiéndose en órdenes mayores, hasta aquellas apuestas con visión de futuro que no han durado más allá del mandato de quien las auspició.
En un terreno intermedio entre los casos más conocidos y los más extremos, existe un amplio grupo de cuerpos que, de manera independiente a su capacidad para generar ingresos a la organización con cierta regularidad con los se ayude a sufragar sus gastos, o aunque no sean referencia en el campo de estudio al que se dedican, se encuentran tan integrados dentro de la macroestructura de La Orden que su funcionamiento y existencia son por momentos invisibles. Se han convertido en una parte indivisible del gran organigrama. Elementos que nadie cuestionan aunque, cuando son preguntados, una gran mayoría de quienes se encuentran fuera de su nicho de trabajo son capaces de concretar la función específica de estas órdenes.
Por otro lado, también existen otros organismos que, si bien en algún momento disfrutaron de una cierta relevancia, o que llegaron a formar parte del Yishin Amat, sus días de esplendor han quedado ya muy atrás.
De la misma manera, aunque cada vez con menor frecuencia, mientras los dirigentes de las grandes órdenes se dedican a tratar de acaparar recursos y aglutinar campos de estudio en su seno, de manera esporádica ciertos descubrimientos llevan a quienes han llevado a cabo esos estudios a aspirar a más. A más recursos y personal con los que convertir sus hallazgos en la nueva “gran ciencia” o con los que dar con el siguiente peldaño en el camino hacia la elevación y evolución de algún aspecto clave de la humanidad.

De manera general, este tipo de iniciativas auspiciadas por los miembros de pequeño grupos, una vez que han alcanzado su pequeño momento de esplendor, tienden a volver al redil de alguna de las grandes órdenes. Esto no es óbice para que, en raras y contadas ocasiones, estas aspiraciones hayan terminado desembocando en la creación de nuevos cuerpos cuya existencia se ha llegado a consolidar dentro del organigrama. Si bien estos pequeños órganos gozan de una moderada independencia, carecen de los recursos necesarios para entrar por la pugna por el acceso al Yishin Amat, aunque esto no ha evitado que se hayan producido movimientos del todo inesperados que han llegado a aupar a algunos de ellos hasta alcanzar un estatus similar al de las las grandes órdenes, o que hayan llegado a sustituir a alguna de ellas.

Ya sea de manera meramente testimonial, o perfectamente integrada con alguno de los múltiples mecanismos de La Orden, todo este anárquico y enfrentado cúmulo de intereses e ideales, ansias por la innovación o aspiraciones de lograr una estabilidad duradera que conforman el día a día de la organización, de vez en cuando se ve sacudido de manera inesperada por la aparición de una nueva de las denominadas como “Órdenes menores”. Este apelativo, utilizado sobre su conjunto de manera en ocasiones despectiva, acostumbra a llevar implícito muchos significados.
Ya sea por lo limitado de sus capacidades, por el recelo que pueden llegar a despertar en los cuerpos que se encuentran en riesgo de ser sustituidos, o por lo que concierne a lo reducido del número de sus componentes y sus atribuciones, en ocasiones pueden ser quienes desequilibren la balanza del poder hacia terrenos impredecibles.

Los campos de estudio que abarca La Orden son tan amplios, y se pueden llegar a propagar de una manera tan aleatoria que puede ser complicado incuso para sus dirigentes el llevar un control exhaustivo al día. La existencia de pequeñas sedes en lugares remotos y aislado cuyo contacto, de existir, es algo muy esporádico hace que realizar un seguimiento, o el saber la ubicación exacta de cada una de ella sea casi imposible. Este hecho, si bien es complejo cuando se trata de alguna expedición organizada por una de las órdenes mayores, cuando los implicados pertenecen a un cuerpo autofinanciado por un grupo pequeño, o sufragada por algún mecenas externo, es posible que de cara a las altas instancias ni siquiera existan.

Más allá de los ámbitos e intereses ocupados por las quince grandes, entre las órdenes menores no es que exista un vacío de poder considerable, sino que las posibles luchas entre ellas pasan totalmente desapercibidas ante quienes se disputan los grandes objetivos.

Como ya sucedió en su momento con los Economistas, la teoría afortunada de uno de sus componentes puede catapultar a una de ellas hasta las altas jerarquías. Así pues, tanto ellos como ciertos miembros de los Astrónomos, componentes de diversos cuerpos teóricos de las artes o del lenguaje como puedan ser los Comunicadores o los Estetas, y una infinidad de pequeños cuerpos con intereses de lo más diversos como Agrónomos, Narradores o Estadísticos buscan constantemente su oportunidad de despuntar y sacar a sus pasiones del ostracismo o la intrascendencia.

Al contrario de lo que puede suceder en ocasiones con quienes ambicionan formar parte de las órdenes troncales, quienes aspiran a acceder hasta las menores rara vez suelen hacerlo debido a la aspiración de crecer políticamente o ganar el favor de los poderosos. Esto no es óbice para que entre sus filas no se encuentre gente ambiciosa en todos los sentidos, o para que no deseen una mayor relevancia para sus campos de estudio.
Si bien este se trata de un perfil anómalo dentro de estos cuerpos, también se han dado casos en los que ciertos individuos han utilizado estay aparente invisibilidad como una herramienta para la ejecución de planes a muy largo plazo, en ocasiones en contra de la propia Orden.
De cualquier manera, que el perfil de quien aspira a formar parte de estas órdenes no sea el clásico que se asociaría a alguien deseoso de poder, no implica que carezcan de ambición o que sean gente menos apasionados por lo que hacen.
Tampoco implica que todos ellos sean unos idealistas que desconocen el mundo en el que se se adentran.
De la misma manera, las intrigas que se tejen entre sus pasillos no son menos ambiciosas que aquellas que tienen lugar en las altas instancias. Los distintos grupos de presión, alianzas ocasionales, u oscuras cábalas que pueblan los salones de La Orden no sólo aspiran a hacerse con el control de la misma, sino que entre sus filas también milita gente cuya aspiración es la de “arreglarla”. Convertirla en lo que entienden que debería haber sido siempre. Científicos, políticos y técnicos que quieren depurar y perfeccionar el sistema ya sea utilizando sus mecanismos o subvirtiéndolos.
Pese a que es raro que alguien con aspiraciones políticas entre a formar parte de alguna de estas órdenes, algunos de los grandes cambios que ha sufrido La Orden han tenido lugar como consecuencia de las acciones iniciadas dentro de las órdenes menores.

El hecho de que se tenga de ellos una imagen que oscila entre la inocencia y la idealización un tanto infantil, también ha hecho que se les hayan otorgado toda clase de sobrenombres despectivos como el de “becarios del gran conocimiento“ o de “perseguidores de la pequeña ciencia”.
Más allá de lo referente a su tamaño, la pertenencia a las órdenes menores no excluye la grandeza de objetivos o ambiciones. En algunas ocasiones, la frontera que separa a las órdenes menores de ciertos cuerpos que forman parte de los componentes del Yishin Amat es difusa. Tampoco es raro que, en ciertas materias, sus intereses entren en conflicto o se solapen directamente. También ha llegado a darse el caso en el que, un campo de estudio ha sido “arrebatado” a una de las grandes órdenes en favor de alguna de las menores.

Las épocas convulsas han sido un caldo de cultivo ideal para el surgimiento de nuevas escuelas. De manera histórica, en aquellos momentos en las que ha tenido lugar algún suceso anómalo, ya haya vendo este provocado por la aparición de alguna alteración a gran escala de las leyes universales comúnmente aceptadas, por el descubrimiento de algún concepto que haya servido como impulsor de cualquiera de los grandes campos del conocimiento, o por la llegada al poder de algún Omniarca con ideas renovadoras que ha apostado por la recuperación de algún saber caído en el ostracismo y el olvido, quienes forman parte de las órdenes menores no se han quedado atrás a la hora de buscar su oportunidad para abandonar el seno de alguna de sus hermanas mayores e iniciar su andadura en solitario.
Ha sido bajo este tipo de condiciones cuando se han producido un mayor número de intentos de escisión de los grandes organismos, o cuando ha tenido lugar una mayor proliferación de nuevos cuerpos dedicados al estudio de distintos campos del saber, ya hayan sido estos innovadores o centrados en materias hasta entonces en declive.

Estos momentos también han servido con frecuencia para el surgimiento y la fundación de iniciativas que nada tienen que ver con el conocimiento. Amparadas bajo la apariencia de proyectos formales, y sustentados sobre una retórica que incorpora con eficacia ciertos lugares comunes, algunas de ellas han sido capaces de lograr superar los primeros escrutinios. No ha sido hasta que han tenido que mostrar resultados o una serie de formulaciones contrastables que se ha descubierto su falsedad. El daño causado por estas iniciativas no ha dañado únicamente la reputación de La Orden, sino que su impacto ha llegado más allá de la mera merma estética.
Más allá de que las premisas de este tipo de iniciativas no sólo hayan acostumbrado a carecer de cualquier base remotamente contrastable, algunas de ellas también han llegado a entrar a formar parte del mal llamado “saber común”.
De la misma manera, y dentro de este mismo ámbito del engaño y la manipulación interesada, también han surgido otro tipo de organizaciones que, bajo el falso pretexto de pertenecer o estar relacionada de alguna manera con La Orden, carecen de cualquier relación con ella. Este tipo de agrupaciones criminales se han servido de esta falsa premisa para esparcir una serie de ideas siempre dañinas de una u otra manera.

Así pues, todo esto ha provocado que, en momentos puntuales, las órdenes menores se hayan movido también entre el descrédito, la suspicacia y la indiferencia fuera de Cahirn Ansay. Quienes forman parte de ellas, o aquellos que han luchado por obtener la independencia de estos cuerpos son conscientes de este hecho, pero esto no impide que aspiren a alcanzar esta condición.
En contra de la creencia común, no sólo quienes forman parte de alguna de las grandes órdenes son poseedores de ambición personal o de grandes metas. De la misma manera dentro de las quince órdenes pertenecientes al Yishin Amat existen estudiosos cuya única preocupación es la de llevar a cabo sus proyectos, dentro de las órdenes menores también hay eruditos que consideran que sus campos de estudio deberían estar más presentes en el debate público, o que estiman que la labor o la relevancia de alguna de las grandes materias están tremendamente sobrevaloradas.
En esta guerra por la relevancia todo vale. Cualquier fallo de estos organismos, o muestra de debilidad de sus Oxiarcas son utilizadas por estos individuos para tratar de aumentar el descrédito hacia ellas, y poner sobre el tapete del juego político la posibilidad de un cambio significativo.

En la actualidad, pese a la aparente finalización de la ola de eventos anómalos iniciados por el Garshed Jonural, la vida diaria de casi todos los cuerpos que componen La Orden, al igual que ha sucedido en todo el oeste continental, aún continúan claramente afectados por la magnitud del suceso, y por la multitud de consecuencias originadas a partir de él.

Este suceso, lo que algunos han llegado a proclamar de manera pretenciosa como “la prueba de fuego para la que fue creada La Orden”, ha supuesto un duro golpe tanto para ella como para el resto de estamentos científicos del mundo. La incapacidad para prevenirlo, explicarlo o minimizar su impacto ha sido un argumento utilizado en su contra de manera exhaustiva durante los últimos años. Quienes más afectados se han visto por estas críticas han sido los organismos más consolidados, y esta ha sido a su vez el momento utilizado por los disconformes para hacer escuchar su voz en diferentes foros.

La comprensión acerca del mismo funcionamiento de la realidad aún está muy lejano, y no es necesario formar parte de ninguno de los cuerpos que componen el núcleo duro de las ciencias puras para aceptar esta verdad. El conocimiento que se posee acerca de este respecto, al igual que la manera en la que interactúan el mundo físico y todo aquello que se encuentra en contacto de manera imperceptible con él, continúan formando parte de las grandes preguntas aún sin responder por la humanidad y, por añadidura, por La Orden.
Toda afirmación categórica alrededor de estos conceptos no ha tardado en se desmontada, e incluso aquellos aspectos que han superado el primer escrutinio no han estado libres de ser puestos en duda. Estos hechos hacen que una parte importante de quienes aspiran a la creación de nuevas órdenes traten de desmarcarse de las maneras en las que estas preguntas han sido afrontadas con anterioridad. El enfrentamiento natural entre las nuevas generaciones y las ideas defendidas por quienes ostentan el poder no se limita únicamente al terreno de la ciencia, sino que también se suele extender hasta otros ámbitos como el de la propio validez de ciertos estatutos, la necesidad de preservar el estatus quo, o la necesidad de un cambio drástico en la normativa y distintas jerarquías de La Orden.
Este tipo de iniciativas, apoyadas por los sectores más inconformistas de los Pensadores, ha tenido como consecuencia la generación de una reticencia generalizada en contra de cada nueva petición, ya sea esta una escisión de alguno de los grupos mayores o de cara a incluir alguna nueva materia al currículo de La Orden.

Por más que estas iniciativas carezcan del apoyo suficiente para desencadenar grandes cambios, su misma existencia, y la posibilidad de que alguna de sus ideas se propague fuera de los muros de Cahirn Ansay supone un riesgo para la imagen de la organización. Si bien esto no es algo que afecte de manera exclusiva o directa a las grandes órdenes y sus jerárcas, con el paso del tiempo si que ha llegado a establecer como una dinámica molesta para ellos. Un hábito que nace en el momento en el que sus futuros miembros comienzan su fase de aprendizaje y que, a la larga, sólo les genera problemas. Este tipo de actitudes se han tratado de controlar y atajar sin éxito de distintas maneras a lo largo del tiempo pero, en una parte significativa de estos casos, los únicos elementos disuasorios que han demostrado su efectividad, han sido el mismo paso del tiempo y la concesión de un poder limitado a quienes han encabezado estos movimientos. Cuando lo que se encontraba detrás de los mismos no eran ni la ambición política ni la rebeldía o el inconformismo propios de la juventud, han llegado a ser uno de los principales y más constantes fuentes de incomodidad de los dirigentes de La Orden.

La vida en La Orden durante los últimos años, al igual que lo a sido casi a nivel global, ha sido muy tensa. El constante cruce de recriminaciones, críticas y acusaciones se han mezclado con el surgimiento de cientos de nuevas teorías. Cada avance que se ha dado en un campo ha sido seguido por una mezcla de suspicacia, desconfianza y escepticismo, cada planteamiento formulando descubría más preguntas cuya existencia no se había planteado que aquellas que solucionaba. La práctica totalidad de las escuelas se ha visto afectada, y los diferencias entre cismas preexistentes en ellas se han acrecentado.

Coincidiendo con esta situación, de la misma manera que ha resultado ser una de las causas principales para el resurgimiento de los Futuristas, y el posterior ascenso hasta el poder de uno de sus miembros, también ha hecho de ella una de las órdenes más cuestionadas. Entre las críticas que se les han hecho se han alternado aquellas que han puesto en duda una vez más la misma razón de su existencia, o las que directamente les acusan de haber sido partícipes del desastre a través de sus investigaciones.
Mientras esto sucedía, a lo largo del presente ciclo en el que se ha visto el mundo, el auge inicial hace tiempo que dio paso la actual situación de declive en el que parece estar sumido el mundo científico. Algunos de estos argumentos han utilizado para atacarles no son nuevos, al igual que que tampoco resulta innovador el uso partidista que se ha dado a la situación de crispación. Toda situación de crisis sirve, de manera indistinta, como oportunidad para el surgimiento de oportunistas o visionarios capaces de darles solución. El problema reside en identificar a cada uno de ellos como lo que realmente son.

Dentro de La Orden, este tipo de individuos suelen postularse como los nuevos salvadores del conocimiento. Personas que aspiran a guiar a la organización a través de las tormentas provocadas por lo imprevisible de los cambios culturales, pero también se producen movimientos a más pequeña escala que pueden llegar a pasar desapercibidos.

A lo largo de los últimos años se han producido tres movimientos en este ámbito considerado menor.
El primero de ellos ha afectado a los Futuristas, ya que proviene desde su mismo interior. Utilizando como excusa el actual momento de incertidumbre en el que se encuentra sumido la orden que los alberga, el cuerpos de los Analistas, conocido también de manera despectiva como “Buscadores de profecías”, ha aprovechado para distanciarse de las líneas de investigación seguidas por su alma máter y solicitar una mayor autonomía.
Liderados por la reni Nlussa Li’Vrasún (Tselana, Rearem, 716) ha basado su alegación en que el campo de acción de sus miembros cada día está más alejado del de Futuristas, al igual que se distanció en su momento del de los Cronistas que los albergaron. Ellos no investigan la oscuridad primaria como los primeros, ni se limitan a recopilar datos de los textos antiguos como los segundos, sino que su análisis va mucho más allá.
Con estos argumentos, Li’Vrasún se ha presentado ya en dos ocasiones ante el Yishin Amat para solicitar su independencia, a pesar de ser plenamente consciente de que mientras Tilsaya Misshín continúe ostentando el poder sus ambiciones no llegarán a consumarse.
De cualquier manera, esto no le ha impedido el tratar de hacerse con el apoyo de otros miembros del consejo rector, el buscar financiación para sus ambiciones fuera de La Orden, o el tratar de menoscabar la autoridad de la actual Omniarca.

En el ámbito de los Naturistas también se ha producido un movimiento homólogos al de los Analistas. Si bien este tipo de acciones han sido más habituales en este cuerpo, dado lo longevo de su existencia y lo diverso del alcance de sus campos de estudio, esto no hace que la presencia de este tipo de incidentes no resulten algo traumático.
En esta ocasión, el desencadenante del conflicto ha estado centrado en dos vertientes muy diferenciadas. En la parte práctica, la incapacidad demostrada a lo largo de los últimos veinte años para explicar o predecir el comportamiento del continente errante han supuesto un duro golpe para los cuerpos dedicados a las ciencias aplicadas. Si bien lo inabarcable del suceso, tanto por la falta de un precedente similar, como por lo colosal de tamaño sí mismo, ha servido como paliativo ante la ineficiencia de los Naturistas a la hora de predecir la llegada de la gran penumbra, su tránsito o sus consecuencias, esto no ha servido para acallar por completo el surgimiento de ciertas voces dentro de las altas instancias que han puesto en duda la función y utilidad de los Naturistas.
En su vertiente puramente conceptual, dentro de los mismos Naturistas también se han hecho oír las voces de quienes la acusan de ser un órgano mastodóntico y anquilosado incapaz de adaptarse al cambio de los tiempos. Estas acusaciones, si bien tampoco son nada nuevo, sí que han acostumbrado a provenir históricamente desde el exterior de sus filas. En su ambición por tratar de abarcar tanto, se la acusa de haberse convertido en una entidad excesivamente burocratizada y bloqueante.
Dentro de este segundo debate, si bien las posiciones se encuentran muy enfrentadas, no lo están tanto las fuerzas de ambos bandos. Aún así, la brecha creada ha servido para que naturistas como Hardov Numaens (Vaslatvik, Saliria 681), y Denyala Maeshu (Signus, Baern 698) hayan hecho sendas peticiones para que los cuerpos que lideran dentro de esta orden, Físicos y Astrónomos, salgan de su seno.
Ninguno de estos dos naturistas son jóvenes recién llegados, y sus peticiones no son fruto de la situación reciente, sino que ambos abogan por una mayor libertad en sus estudios, una mayor capacidad de especialización en sus respectivos campos, y poder trabajar sin las restricciones que les impone la pertenencia a su actual orden.

Ambos afirman también que, lo que por muchos es percibido como una sistemática ausencia de descubrimientos o avances dentro del seno de los Naturistas, es una consecuencia directa del nefasto sistema de gestión que que gobierna a esta orden. Los recursos destinados a sus múltiples áreas de estudio se han dedicado de manera esencial a engrasar una anquilosada y absurda maquinaria de revisión incapaz de procesar o entender en su magnitud todo el material que se le proporciona.
Estos argumentarios, utilizados ya con anterioridad por otros descontentos, por más veces que hayan sido rebatidos continúan reapareciendo de manera cíclica. Mientras que se apoyan en verdades parciales, ignoran intencionada aquellos aspectos relacionados ue no les interesan.
Al igual que ha sucedido con cada una de las órdenes que han poblado la organización en un momento u otro, a lo largo de los siglos no sólo se ha puesto en entredicho el acercamiento de cada una de ellas hacia la ciencia y el conocimiento, sino también su misma pertenencia al Yishin Amat.

La visión cortoplacista y mercantilista de la ciencia es un problema que viene ya de lejos. Voces como las de la Pensadora Iskena Vislavad (Ulsvikta, Saliria 361, 444) ya catalogaron en su momento a la parcialidad e inconsciencia de estas actitudes como el gran mal endémico que ha asolado tanto a La Orden como a todas aquellas naciones que se dicen civilizadas. Uno de los grandes escollos que no ha sido capaz de sortear ninguno de los distintos equipos de gobierno.
Vislavad, seguidora de la escuela de la escuela de pensamiento Rishdasevica, consideraba que supeditar la expectativa de resultados a un marco temporal concreto era un error. De la misma manera, cuantificar estos resultados de una manera puramente económica convertía a la ciencia en una herramienta para la economía, cuando ella consideraba que esta relación tenía que ser inversa; las economías nacionales tenían que estar a la completa disposición del conocimiento en sus distintas formas.

La Orden no es un ente aislado y estanco al miedo, la superstición las modas u otras influencias provenientes desde el exterior, y este es un hecho aprovechado en ocasiones por diversas personas y grupos en sus intentos para que sus mensajes ganen en visibilidad. Ya se trate de cuestionar el orden establecido, plantear propuestas irrealizables o exigir una serie de resultados que se adecuen a sus intereses, los charlatanes saben a ciencia cierta que, sin importar que cualquiera de sus pretensiones sean a todas luces imposibles de llevar a cabo, un gesto aprobatorio de La Orden puede suponer un salto y un impulso inconmensurable para las mismas.
No es necesario que ninguna de ellas llegue a formar parte del currículo de la organización. Del simple hecho de que no reciba un “no” rotundo se pueden llegar a sacar grandes dividendos.

Esto no hace sino aumentar la presión a la que son sometidos los administrativos que realizan el proceso de revisión y admisión de nuevas propuestas. Estas presiones provienen tanto desde el exterior, de donde surge una infinidad de ideas peregrinas intercaladas con escasos atisbos de lucidez, como desde el interior, donde tienen que encontrar el difícil equilibrio que concilie los principios sobre los creó La Orden con los intereses personales de algunos de sus miembros y mecenas, las demandas externas, y el riesgo implícito que conlleva la necesidad de evitar el estancamiento y buscar la innovación.
La manera en la que se gestionan estas situaciones a todos los niveles, la respuesta que se da a cada una de estas peticiones, y el modo en el que cada decisión impacta en la propia estructura de La Orden nunca son iguales. De manera independiente a que las decisiones o las herramientas para plasmar cada idea y su resolución sean políticas, económicas o científicas, su impacto siempre es impredecible.

Como consecuencia de todo esto, si bien sigue existiendo la posibilidad del establecimiento de nuevas órdenes, el proceso para llegar a lograrlo cada día es más complejo. Por supuesto, el procedimiento no es aplicado de la misma manera para todos los solicitantes. Los intereses procedentes de todos los particulares no son tratados de igual manera. Aquellos que provienen de quienes son capaces de costeárselos, por más obtusos que sean, de manera irónica acostumbran a tener precedencia sobre los de quienes, pese a haber realizado un estudio previo en detalle, sólo cuentan como argumento con un puñado de teorías plasmadas sobre el papel.

No obstante, se dan también casos excepcionales en las normas son tergiversadas para alcanzar objetivos en teoría más nobles. En aquellos casos en os que coinciden los intereses del pretendiente y el receptor de la petición, los formalismos pueden llegar a ser menos estrictos. Cuando se produce está sintonía, y lo que se busca es atender a la razón última sobre la que se crearon estas normas, el camino a recorrer puede llegar a ser más razonable. Esto no evita que, pese a que estas actuaciones puedan estar movidas por una preocupación sincera, de descubrirse lo sucedido todos los participantes sean llevados a juicio.

Las contradicciones que siempre han existido entre lo que cada uno de los órganos rectores ha querido que sea La Orden, lo que podría haber llegado a ser, y lo que realmente ha sido en cada una de sus encarnaciones han permeado a la organización a todos los niveles. No puede escapar a su propia historia ni a sus errores, al igual que no puede vivir exclusivamente de los éxitos del pasado. afectándola a todos los niveles. En unas ocasiones los temores y las incertidumbres del pasado regresan para atenazar sus decisiones, en otras para espolearlas.
En la situación actual, las dinámicas y sucesos recientes han forzado a sus dirigentes a tomar decisiones arriesgadas que más tarde le han afectado negativamente. Como responsable máxima de La Orden, quien más ha visto perjudicada su imagen, su capacidad para hacer prevalecer su criterio, o la posibilidad para llevar a cabo su visión ha sido Tilsaya Misshin. Al mismo tiempo, las presiones procedentes de distintos sectores no han ayudado a que algunas de las decisiones acertadas tomadas por parte del Yishin Amat hayan llegado a buen puerto.

Durante el mandato de la presente junta rectora, su relación con las órdenes menores, al igual que con quienes aspiraban a alcanzar este estatus, ha sido muy distante. Aquellos que han tratado de utilizar el Garshed Jonural como un medio para justificar sus peticiones se han encontrado con un muro infranqueable. Por otro lado, aquellas órdenes que han solicitado durante los últimos años un aumento en sus partidas presupuestarias tampoco han tenido más suerte.
La situación de pánico vivida en el oeste continental no ha llegado hasta Cahirn Ansay, pero esto no implica que algunos de sus síntomas no hayan llegado hasta allí. Durante esta crisis apenas se han producido cambios significativos para aquello no relacionado con tratar de comprender la repercusión del evento y, la postergación de estas decisiones, ha repercutido muy negativamente en la relación entre el Yishin Amat con sus subalternos. Dentro del propio órgano rector las posiciones tampoco han sido uniformes, y se han producido distintos cambios de parecer en algunos de sus miembros a lo largo de su mandato. Mientras que algunos de estos cambios han sido debidos a motivos puramente políticos, otros. En otros casos, como puedan ser los de Elisia Dainyascu o Denyaqu Vislag, lo que era una animadversión pública en contra de los Futuristas ha terminado desembocando en una enemistad personal con su antigua Oxiarca, pero esto no ha quedado sólo ahí. El estado de crispación no es algo que se haya dado de manera exclusiva en los dirigentes de las órdenes mayores, sino que también se ha propagado hasta quienes, a priori, carecen de la influencia suficiente como para suponer una amenaza para la alta corte.
La Orden es una olla en ebullición esperando el momento idóneo para desbordarse y explotar. Las intrigas no atienden a rangos o posibilidades reales de llevar a cabo un cambio, sino que se están llevando a cabo alianzas de lo más insospechadas a todos los niveles.
Las consecuencias que pueda acarrear cada una de ellas es una gran incógnita incluso para quienes forman parte de ellas. Todos ellos creen ser poseedores del control de su destino, y confían en que la cada vez más mermada influencia de la Omniarca y sus aliados termine desembocando en una renuncia o una destitución.

Por su parte, Misshin, quien es consciente de una gran cantidad de estas intrigas y de los enemigos que se ha ganado durante su mandato, no ha es alguien que esté dispuesta a abandonar su posición sin luchar. Con una mezcla de orgullo, fatalismo y resignación continúa de la mejor manera que es capaz haciendo sus propios planes para reparar todo aquello que ve dañado.
Tras valorar largo y tendido el abandono de sus funciones descartó tal idea ante las alternativas de sucesión que tenía ante ella. Pese al pesimismo con el que afronta los que sabe que serán sus últimos años en La Orden, aún cuenta con recursos que no ha mostrado.

Tanto las batallas que tienen lugar dentro de La Orden abarcan todo el espectro de lo que significa esta organización. No existe una sola de sus áreas que se encuentre libre de conflictos, ya sean ideológicos, por el poder o por rivalidades personales.
En ese campo de batalla no existe diferenciación alguna entre ambiciones u órdenes mayores o menores. De la misma manera, las armas que se utilizan durante su desarrollo no se limitan a la dialéctica.