Las órdenes II

La orden de los Legisladores es el último de los organismos surgidos como consecuencia de la segmentación de las funciones ostentadas originariamente por parte de os Tecnócratas.
Fundada en el año -71, durante el mandato de la Omniarca Tileska Iyasinova (Níduscurg, Saliria -131, -39), sus labores se dividen en dos grandes vertientes claramente diferenciadas.
Por un lado, a nivel interno, las altas instancias de este órgano son los artífices del desarrollo de los reglamentos internos que gestionan a La Orden y la misma Cahirn Ansay. De la misma manera, sus miembros también son los encargados de la definición de los flujos burocráticos derivados de este reglamento.
Dentro de este mismo ámbito, los componentes de este organismo son los responsables en última instancia de de la validación de cualquier propuesta de cambio que implique una modificación sobre estos estatutos. De manera independiente a que estas propuestas puedan afectar o no al funcionamiento de La Orden o las distintas cámaras de gobierno de la nación, su revisión y validación formal por parte de los Legisladores es un requerimiento previo a la tramitación por parte de cualquier otro organismo.
Para terminar con sus funciones en lo referente al orden interno, cualquier alteración sobre la estructura jerárquica. La creación o desaparición de una orden, la alteración de las funciones de cualquier estamento en el gobierno de la nación, la división o la fusión de dos organismos independientes, al igual que toda acción que pueda implicar un cambio en la estructura de poder o en la escala orgánica de la nación, La Orden o cualquiera de sus sub organismos, debe ser previamente aprobada por ellos.

Por otro lado, de la misma manera que los Teólogos estudian el impacto de las religiones en el ámbito social y cultural de las naciones, los Legisladores son los responsables de estudiar sus sistemas legales al igual que sus modelos de gobierno. Estos estudios, al igual que los legisladores que los han llevado a cabo, suelen ser la base y el apoyo sobre las los Juristas acostumbran a preparar la defensa de aquellos miembros de La Orden acusados en otros territorios. De la misma manera, sus informes también son utilizados por otros legisladores, tecnócratas y políticos para encontrar huecos en las mismas y aprovechar estos, u otras interpretaciones plausibles en la mismas en beneficio de sus embajadas, al igual que en alguna negociación o transacción que se encuentre en curso en ese momento.
Más allá del terreno puramente legal y teórico, aunque dentro de un orden de acción similar, entre sus atribuciones, deberes y obligaciones, también se encuentra la responsabilidad de realizar un seguimiento exhaustivo de la evolución de los estatutos, constituciones, usos y costumbre de todas aquellas naciones en las que se ha implantado o se pretende consolidar la presencia de La Orden. Todo cambio que se pueda producir en cualquiera de estos campos, debe ser documentado, y comunicado a quienes puedan verse afectados por ellos.
Sus miembros son los encargados de adecuar el funcionamiento interno de las sedes remotas de manera que no entren en conflicto con las ordenanzas locales. Dependiendo de la complejidad burocrática de cada estado, las interpretaciones e interrelaciones de su legislación y la estabilidad de su situación política, no es extraño que, en las distintas instancias de La Orden ubicadas en ellas, se encuentren uno o varios legisladores expertos en cada materia de manera permanente. En estos casos su labor trata de ser principalmente proactiva, formando grupos de presión en contra de aquellas leyes que les puedan perjudicar, e intentando prever y estar preparados para los posibles conflictos que puedan devenir de cualquier cambio. En última instancia, también son los responsables de interceder ante las autoridades si se llega a dar el caso.

Más allá de la realización de estas dos grande labores, y debido a la propia complejidad de las diferentes legislaciones aplicables dentro de la misma Cahirn Ansay o La Orden, dentro de este organismo existen varios cuerpos dedicados a la revisión no sólo de todas las reglamentaciones de creación reciente aplicables a todos los niveles, sino que también son los albaceas e interpretes últimos del bagaje histórico que ambas arrastran.
Esta labor no recae sobre ellos de manera exclusiva en lo referente a la aprobación de las solicitudes de modificación sobre cualquiera de estos protocolos, sino que también lo hace cuando existe un conflicto entre distintas legislaciones internas. Si bien sus miembros deben ser consultados cuando se tiene que dictaminar cuál de ellas prevalece, las labores llevadas a cabo dentro de sus organigrama pasa por diversas cámaras. Algunas de ellas sólo ejercen como órganos meramente consultivos durante el este estudio previo requerido de cara a tomar tomar tales decisiones, mientras que la decisión definitiva recae sobre otros de ellos.

Ante estas solicitudes, cuerpos como el de los historiadores de la ley son los encargados de dictaminar si la solicitud de alta, modificación o eliminación puede conllevar de manera involuntaria alteraciones sobre alguna ley del pasado que, pese a seguir vigente, no se invoque con frecuencia. De la misma manera, cuando se les pide que dictaminen acerca de la prevalencia entre dos o más normas que parecen entrar en conflicto, también son los encargados de asegurarse de que no exista ninguna ley que, pese a estar en desuso, pueda imponerse sobre las que se investigan en ese momento.
Por otro lado, el cuerpo de lingüistas que forma parte de los Legisladores es el encargados de dictaminar las interpretaciones aceptadas a un nivel puramente semántico de todo texto legal. Su dictamen no entra a considerar si estos pueden llegar a incurrir en una contradicción con alguna norma presente o pasada, sino que se limita a concretar la validez formal de aquellas que están estudiando.
Por último, el cuerpo de Lexógrafos es el responsable de coordinar a estos y otros cuerpos en el desempeño de sus funciones. Todos los estamentos involucrados en la realización de estos cometidos concretos tienen sus obligaciones perfectamente acotadas, pero esto no implica que su labor sea llevada a cabo sin interferencias o que siempre se pueda llegar a un veredicto satisfactorio.
Una vez que los diferentes cuerpos han hecho público sus veredictos, en el caso de no existir unanimidad en sus criterios o dictámenes, se inicia un nuevo proceso de análisis que se traslada a los niveles superiores de la jerarquía.
Una vez llegados a este punto, existe una gran confusión y un ausencia de responsabilidad notable en algunos aspectos concretos de esta labor. Estas carencias han sido denunciados en más de una ocasión tanto a nivel interno de los propios Legisladores, como por los componentes de otras órdenes, pero esto no ha logrado que nadie se haya atrevido a realizar el esfuerzo necesario para subsanarlas. Muchas de estas lagunas, interesadas en gran medida, han sido las herramientas utilizadas de manera histórica por parte de los Lexarcas para eludir alguna responsabilidad incómoda.

Dentro de este vacío legal y las contradicciones que este conlleva en ocasiones, sobre los componentes de los Legisladores no recae la obligación de redactar de nuevo una ley ya aprobada por alguno de sus predecesores en el caso de que se haya detectado un defecto de forma. De la misma manera, pese a tener el compromiso de indicar si una propuesta entra o no en conflicto con otras leyes o partes del reglamento, ninguna norma les condiciona a tomar la decisión en un plazo de tiempo concreto. Son responsables de aceptar o rechazar la propuesta y de redactar su versión final, pero sus atribuciones a este respecto se limitan de manera exclusiva a esto. Tienen el compromiso de indicar qué partes se deben modificar para que una propuesta que han rechazado por algún matiz sea aceptada, pero no la obligación de corregir ellos los textos o indicar cómo se deberían acometer estas correcciones.
De la misma manera que sucede a la hora de aceptar nuevas propuestas, en los casos en los que tienen que dictaminar acerca de algún tipo de conflicto existente entre dos normas, carecen de condicionales temporales pero, al contrario de lo que sucede con este tipo de peticiones, en los casos en los que las peticiones provienen desde la orden de los Juristas, o desde alguien que pretende poner en duda su criterio, el tiempo acostumbra a ser un factor a tener en cuenta.
La relación entre Legisladores y Juristas es compleja, un hecho que se ha reflejado en la frecuencia de las recriminaciones recíprocas. Estas órdenes, cuyos planteamientos originales establecieron unas funciones complementarias de tal manera que no llegasen a entrar en conflicto, con el paso del tiempo han ido desdibujando sus fronteras hasta llevarlos en momentos concretos a hacerlos indistinguibles.
Sobre el papel sus labores deberían haber sido estancas, pero el día a día no tardó en demostrar que las normas y los límites eran susceptibles de ser subvertidos con una frecuencia y facilidad que no ha sido del agrado de sus responsables. La idea acerca de la separación de poderes y responsabilidades con la que se segmentaron las atribuciones de los Tecnócratas generó a su vez una serie de nuevas problemáticas no previstas por sus artífices. A lo largo de sus últimas jefaturas, los líderes de estas tres órdenes han centrado sus esfuerzo en la elusión de la responsabilidad sobre las decisiones de los demás, pero también sobre las propias.
De esta menara, en lo tocante a los Legisladores, se ha llegado a un punto en el que lo que se prima cuando se les realiza cualquier consulta, es el evitar que cualquier repercusión sobre sus decisiones les pueda llegar a afectar negativamente a ellos.
Los cruces de acusaciones entre Juristas y Legisladores cuando los primeros derivan una consulta hacia los segundos, es una clara muestra de esto. El repertorio de ambas órdenes en estos casos es muy similar, abarcando desde las alusiones a intentar pervertir el sistema al negarse a ser unos los responsables del dictamen, hasta las denuncias por tratar de buscar la nulidad del caso en cuestión por matices formales.

Más allá de que este tipo de situaciones y dinámicas no se produzcan con frecuencia en los asuntos más críticos, esto no evita que cuando salgan a la luz sus consecuencias puedan llegar a ser demoledoras. Por otro lado, esta problemática sí que tiene un impacto real en la gestión diaria de La Orden. La lucha por tratar de mantener las competencias propias se han dado de manera histórica, y de manera aún más notoria en el caso de las órdenes derivadas de los Tecnócratas. Esta problemática, una que casi ninguno de los equipos de dirección ha tratado de atajar, ha sido una de las lacras que más han afectado, aunque sea de manera indirecta, a la reputación de La Orden en el exterior. La negativa a asumir ciertas responsabilidades por parte de ninguno de sus organismos acostumbra a dejar gran parte de las propuestas más delicadas en un limbo legal o en un bucle administrativo, en ocasiones intencionado, del que rara vez son capaces de escapar.
En las ocasiones puntuales en las que alguno de los Legisladores que han tratado de solventar algún caso sumido en este de problemáticas, ya fuese mediante la presentación de una propuesta reformulada de manera individual, o alguna indicación pertinente emitida a nivel personal para la corrección de alguna de ellas, esto no sólo no ha garantizado que la ley o norma en cuestión no sea desestimada por el resto de sus compañeros, sino que también ha supuesto la inclusión de una falta en su expediente. Es por esto que, cuando alguno de los Legisladores decide realizar alguna actuación de este tipo, salvo que pretenda llevar a cabo una declaración de intenciones pública, estas se suelen presentar de manera anónima ante el órgano que la ha generado.

El los casos remotos en los que alguno de estos proyectos alcanza un estado crítico, ya sea por necesidad o intereseses de muy alto nivel, la única alternativa de la que se dispone para su solución es la de escalarlo hasta el Yishin Amat. Este organismo, de manera excepcional y en última instancia, es el único que tiene la potestad para obligar a los Legisladores a modificar o retirar una ley que se encuentra en vigor, o a aceptar una nueva ordenanza en contra de su voluntad o contraviniendo a su consejo.
La invocación de este tipo de situaciones se ha ido haciendo cada vez de manera más excepcional con el transcurso del tiempo. Si algo ha quedado demostrado tras cada una de estas decisiones es que, cada una de ellas ha terminado siendo la causante de situaciones muy complejas de solventar. Esto ha ayudado a afianzar la posición de los legisladores dentro del organigrama. Ante su negativa a incorporar alguna nueva ley propuesta desde las altas instancias, las alertas no tardan en aparecer. Pese a que las acusaciones contra ellos cuando sucede tal cosa, todos son conscientes de que, si la ley sale aprobada en contra de su criterio, el principal beneficiado ante esta situación serán el Lexarca y los suyos. Una vez llegada esa situación, quedan liberados de toda culpa o responsabilidad sobre la misma y los incidentes relacionados que puedan surgir. A partir de ese momento, tampoco tienen obligación de dictaminar sobre ella en el caso de que esta pueda ser propensa a interpretaciones ambiguas, o a su utilización se realice de manera partidista. Algo, por otro lado, que los Legisladores están prestos a denunciar cuando se produce.
No es raro que alguna ley hija de situaciones de inestabilidad haya llevado a quien la impulsó o aprobó a ser depuesto de su cargo, lo que ha llegado a incluir a algún Omniarca.
Por otro lado, de la misma manera que sucede con cualquier otra ley preexistente, los Legisladores no tienen obligación o responsabilidad alguna sobre las leyes existentes de manera previa a su existencia. En estos casos tienen libertad a la hora de decidir si emiten veredicto sobre cualquiera de ellas. En el caso de que decidan hacer tal cosa, estas leyes pasarían a contar con su beneplácito de manera oficial. Aquellas sobre las que se niegan a emitir su juicio permanecen en el limbo legal hasta que sean redactadas de nuevo, o sustituidas. En en primero de estos casos, ellos no no tienen obligación alguna de participar en esta nueva redacción. En el segundo, la decisión también recae enteramente sobre ellos, por lo que no es una decisión que tomen a la ligera sin ponderar las consecuencias. Cualquier nueva ley que se crease para sustituirla tendría que venir con su sello, lo que ya les implicaría en el caso de un mal uso

Las luchas de poder a este respecto son una constante. Tanto aquellas que buscan la inclusión de leyes controvertidas, como aquellas que aspiran a lograr que los Legisladores acepten u otros grupos acepten alguna responsabilidad sobre los múltiples vacíos legales que pueblan los reglamentos de La Orden y Cahirn Ansay.
De la misma manera, las cámaras dedicadas a tramitar estas solicitudes suelen encontrase copadas y presionadas por peticiones de todo tipo, ya sea esto debido a maniobras para tratar de ralentizar, desestimar o anteponer las alguna propuesta por grupos de presiones rivales, o como táctica para fomentar su descrédito.
Dependiendo de los asuntos tratados, su dictamen acerca de ciertas materias específicas es seguido de manera muy cercana por los grupos interesados. El hecho de de que una ley sea aplicada por encima de otra, o la desestimación de alguna reclamación puede suponer un giro drástico en ciertos ámbitos del poder. Si bien en los casos concretos que se relaciones con un procedimiento judicial en curso sus atribuciones pueden llegar a verse diluidas con las de los Juristas, esto no deja de ser usado como un herramienta para presionar a ambas.
Tampoco es extraño que los grupos de interés saquen a colación textos antiguos para tratar de sacar adelante sus propuestas. Ante estos casos, la posibilidad de los Legisladores para inhibirse de tomar parte ha llegado a jugar en su contra, es por esto que rara vez hacen uso de esta potestad. En las ocasiones en las que se prevé que va a producir una solicitud de este tipo, los cuerpos de historiadores de la ley ya han podido estudiar el asunto con detenimiento de manera previa el campo de acción de los Legisladores es más amplio, pero ante una solicitud no prevista no les queda más remedio que el de aceptarla, y analizarla con el máximo rigor y profundidad antes de su dictamen. Esto no quiere decir que no retrasen este dictamen todo lo que puedan, o que busquen algún tecnicismo para evitar pronunciarse de verlo necesario.

Así como a lo largo de su existencia, los Legisladores se han dedicado a tratar de marcar perfectamente cuales son su funciones principales, el campo de acción en el que se engloban algunas de sus tareas secundarias es algo difuso. La lucha de poder que mantienen con los Tecnócratas desde su misma separación es una constante, dentro de las acciones llevadas a cabo por parte de los líderes de ambos organismos en su pugna por no ceder un ápice dentro de sus cuotas de poder, la situación a la que han llegado en momentos puntuales ha sido desastrosa para toda La Orden. Si bien lo peor de aquella fase pasó hace ya mucho tiempo, algunas consecuencias de aquello aún perduran. Algunas de sus competencias y atribuciones se solapan en lo referente a la gestión de los recursos de la orden, tanto en lo referente a la capacidad de los Tecnócratas a la hora de contratar a personal externo, como en los asuntos tocantes al reglamento que gobierna a estos las barreras continúan siendo difusas y un terreno de lucha constante. Estos solapamientos no se limitan únicamente a cuestiones relacionadas con la mera cuestión de interpretación de alguna normas, como pueda suceder con los Juristas sino, una vez más, de normas enquistadas que general a su vez vacíos legales cuya resolución podría tener un serio coste político para quien trate de acometer tal tarea. Al mismo tiempo, tocar alguna de estas normas casi fundacionales, podría suponer el desmoronamiento de todo lo que se ha construido sobre ellas.
Algunos de los intentos para sortear este obstáculo han sido los de segmentar aún más estas funciones, otorgando estas funciones solapadas a un nuevo organismo, pero estas intentonas siempre han sido bloqueadas o echadas abajo en cuanto han llegado a las cámaras gobernadas por los Legisladores.
Si bien estos choques son constantes, cuando se produce un conflicto de este tipo en lo tocante a algún punto especialmente crítico, el protocolo dictamina que se debe formar un comité especial compuesto por miembros de cada una de las órdenes afectadas, en el que se debe dirimir el resultado de esta diferencia.

Aparte de las normas marcadas por Legisladores y Tecnócratas, cada una de las órdenes también tiene sus propias reglas de orden interno. Tanto aquellas que se encuentran escritas y documentadas, como las que simplemente son tradiciones comúnmente aceptadas, en ocasiones pueden llegar a entrar en conflicto, ya sea de manera tangencial o frontal, con alguna antigua norma o ley. Este tipo de situaciones no son nada infrecuentes, aunque acostumbran a ser solucionadas gracias a la buena fé entre los implicados. Cuando el conflicto viene provocando por otro tipo de motivos, no es raro que sean sacadas a la luz leyes ya olvidada como excusa para dar inicio a alguna lucha de poder. En estos casos la disputa se suele estirar todo lo que se puede, eternizando el conflicto mientras que la parte interesada continúa actuando de manera libre.
Cuando estos casos se enquistan entrando en un bucle infinito, la capacidad de maniobra de los Juristas es muy limitada. Su única alternativa es la de consultar a los Legisladores acerca de la vigencia en los tiempos modernos de esa regla, si debe ser oficialmente desestimada si debe ser traída de nuevo hasta la luz pública pero, u oficializarse de alguna manera. Pero, al igual que en los casos expuestos con anterioridad, si la problemática viene dada por alguna ley no aprobada de manera voluntaria por los Legisladores, ellos pueden negarse a dictaminar sobre la misma, con lo que suelen terminar entrando en juego los juegos de favores, así como las ofertas a nivel personal personal por parte de los implicados, para que estos no se impliquen, dictaminen a su favor, o colaboren en la prolongación de la disputa.
Una vez más, cuando este tipo de situaciones superan el umbral de lo tolerable y afectan a labores críticas, sólo el Yishin Amat puede dictaminar al respecto, creando un nuevo precedente sobre el que los Legisladores pueden abstenerse de opinar en el futuro.

Dada la complejidad de sus tareas, y lo enmarañado de su propia estructura interna, este organismo, a su vez, está dividido en diversas secciones. Hasta ahora sólo hemos hablado de las grandes cámaras encargadas de los asuntos de índole interna, pero la labor de los Legisladores no termina ahí. Más allá de los asuntos relacionados con el gobierno de La Orden y de Cahirn Ansay, existe una pléyade de eruditos en todo tipo de materias. Desde los componentes de la otra gran cámara, la de asuntos exteriores, hasta los que forman las pequeñas agrupaciones dedicadas a alguna especialidad concreta y remota, como puedan ser el diseño, revisión y adaptación del reglamento interno de La Orden a los cambios en el contexto cultural y social del momento, sus homólogos en lo referente a la legislación de Cahirn Ansay o los responsables del estudio de las legislaciones de las distintas naciones con quienes se relacionan ambas entidades. El abanico de campos que abarcan no sólo es amplio, sino que crece con cada nueva división de La Orden o cada nueva integración que llevan a cabo con otras organizaciones de cualquier tipo.

Dentro de las tareas de la Cámara exterior, sus labores tampoco se limitan al estudio y análisis puros, sino que, a su vez, algunos de sus grupos de trabajo acostumbra a realizar funciones de consultoría atendiendo a solicitudes procedentes desde otras organizaciones. Independientemente de que existan tratados previos de colaboración, o que se espere alcanzar alguno en un futuro cercano, esta labor goza de una gran reputación. Esta delicada tarea, a su vez, es otra de las fuentes de conflicto con los Tecnócratas, ya que esta fue una de las labores realizadas por sus miembros gracias a las que La Orden ses dio a conocer antaño más allá de Baern. De cualquier manera, los cometidos derivados de este servicio, pese a ser una gran fuente de ingresos para La Orden, no está libre de riesgos, complicaciones y quebraderos de cabeza.

En otro terreno cercano al de estas atribuciones, la autoproclamada imparcialidad de La Orden en lo referente a cualquier conflicto que tenga lugar más allá de los muros de Cahirn Ansay o sus embajadas, ha hecho que diversas naciones recurran a ellos solicitando su intervención a la hora de dirimir conflictos internacionales. Pese a que no todas las solicitudes de este tipo suelen ser aceptadas, sí que existe un compromiso de atender a todas ellas y dar una respuesta justificando una negativa. El aceptar o no tales encargos depende en gran medida tanto de la situación concreta en el que se encuentra el conflicto, como de la relación que puedan tener tanto Cahirn Ansay como La Orden con alguna de las naciones implicadas. La aceptación de este tipo de solicitudes de una naturaleza tan delicada, tiene que venir siempre aprobada por parte del Yishin Amat.

Las razones y situaciones concretas detrás de cada una de estas peticiones, pese a sus similaridades de base, acostumbran a ser únicas, lo que hace de su aceptación un proceso lento y no exento de problemas. Uno de los elementos comunes que acostumbran a compartir casi todas ellas es la controversia que las acompaña tanto dentro como fuera de La Orden, al igual que la división de opiniones que existe a la hora de entenderlas como oportunidades para aumentar la posición de la organización, o sacar algún beneficio diferente al económico de las decisiones que se tomen acerca de ellas.
Si bien el debate moral acerca de este tipo de actuaciones no se produce dentro del ámbito de Legisladores, cuya misión es obtener un resultado satisfactorio, o el de los Censores, cuya preocupación es asegurarse de que que no se incumple ninguna normativa vigente, el posicionamiento de ciertas escuelas Pensadores a este respecto suele entrar en conflicto con la actitud generalizada de quienes llevan a cabo estas labores.
Por otro lado, y completando los organismos de La Orden que participan en estos protocolos, la labor de los Comunicadores se produce en un ámbito de actuación diferente. De acuerdo a ellos, la percepción que se tiene en el exterior acerca de La Orden como una entidad neutral debe encontrarse por encima de cualquier otra consideración. Cualquier actuación que pueda romper esa imagen debería ser sancionada. Esta preocupación, al contrario de en el caso de los Pensadores, no está motivado por una cuestión meramente filosófica, sino que sus implicaciones son eminentemente pragmáticas. El temor de que La Orden sea percibido como un organismo movido por la acumulación de poder podría llegar a poner en peligro su misma existencia.
Así pues, toda actuación concerniente a sus relaciones internacionales es analizada desde multitud de puntos de vista, lo que a su vez ha llegado a afectar a sus decisiones de manera contraproducente.
El resultado más óptimo de cara a los implicados, que debería ser su obligación sobre el papel, ha sido supeditado en ocasiones por cuestiones de imagen. El hecho de que La Orden pueda salir beneficiada, o la posibilidad de que pueda parecerlo, ha llegado a pesar más que los criterios objetivos. Esto no ha impedido que se hayan llevado a cabo jugadas arriesgadas por parte de alguno de los implicados de cara a salir beneficiados, o que el Yishin Amat no haya ante puesto en más de una ocasión la supervivencia o el posicionamiento de La Orden antes que el beneficio de sus clientes.
De la misma manera, de manera independiente a los motivos que hayan existido tras las decisiones, o del beneficio obtenido por La Orden, rara vez sus resoluciones han estado libres de controversia en el exterior. Las críticas, dudas o reparos acerca de la legitimidad de sus acercamiento, la validez de sus métodos o el beneficio subyacente para la misma han sido una serie de constantes prácticamente inalteradas. Los motivos detrás de cada una de sus decisiones no son analizados únicamente por quienes se han visto afectados por ellos de una manera directa, sino que su escrutinio suele extenderse hasta instancias de lo más insospechadas. Independientemente de que el efecto de sus decisiones no tenga un efecto frontal o tangencial sobre algunas de ellas, estas también son analizados por otros grupos de interés. El terreno de juego de la política internacional es un lugar muy delicado, y las repercusiones de cualquier decisión tomada sobre él acostumbra a tener ramificaciones inesperadas con el paso del tiempo.

Si bien en diversas ocasiones se ha planteado la posibilidad de la creación de una orden que acaparase de manera exclusiva en campo de la diplomacia, las relación institucionales y la coordinación de los trabajos con cualquier tipo de organismo externo, su formación siempre ha sido desestimada. Pese a esta negativa, esto no ha impedido que los Comunicadores, de acuerdo a la estrategia adoptada por sus últimos líderes en su intento por convertirse en una de las órdenes mayores, hayan ido asumiendo gran parte de esta carga a lo largo del tiempo.
A día de hoy, aunque el análisis previo a la aceptación de este tipo de peticiones siempre controvertidas es realizado por el Yishin Amat, y su elaboración posterior compete a los Legisladores de manera exclusiva, siempre que estos asuntos refieren a algún conflicto internacional, los Comunicadores son los encargados de su moderar las mesas de negociación.
Las mismas, debido al deterioro de las relaciones entre los implicados, y muy ligadas a la evolución de la situación política del momento acostumbran a requerir de unas capacidades de mediación que no forman parte del currículo de quienes redactan las leyes.

Pero, más allá de que estas sean las peticiones que generan más atención, este no es el único tipo de solicitudes que llegan hasta ellos. Si bien es innegable que, de no existir un conflicto de algún tipo no se recurre a ellos, esto no implican que este sea o haya sido armado. El abanico de las mismas acostumbra a ser mucho más amplio y generalmente menos dramático. Este abarca tanto las solicitudes para la validación de acuerdos de antaño, hasta el dictamen acerca de la vigencia legal de los derechos de dos o más naciones sobre unos territorios en disputa.
Principalmente dentro de los territorios de Rearem, este tipo de solicitudes son relativamente frecuentes, ya que lo fragmentado de su legislación de sus provincias y la autonomía de la que disponen en ciertos ámbitos los Tahákrair y los Raktarión no es raro que hayan llevado al establecimiento de alianzas de validez que es fácil poner en entredicho, algo que acostumbra a suceder cuando se produce una sucesión en el mandato de alguna de ellas.
La vigencia de estos y otros tratados, al igual que la de los acuerdos firmados en diversos protectorados tras el cambio de gobierno en alguno de los afectados, acostumbra a ser puesta en duda de acuerdo al derecho moderno. En ocasiones también se llega a poner en duda la misma validez formal de leyes concretas de alguna legislación por encima de otra, ya sea esto por antigüedad o adherencia a los axiomas legales predominantes en el momento.
Cuando se aceptan este tipo de casos, los Legisladores no suelen trabajar solos, sino que la opinión de los Juristas también acostumbra a tener mucho peso. Del estudio de las legislaciones o normas concretas de alguna de estas naciones, así como de las decisiones tomadas al respecto en cada caso, se han llegado a alcanzar grandes avances y compromisos en la incipiente creación de un derecho internacional común.

Dentro de un marco de actuación similar, este tipo de servicios de consultoría también suelen ser solicitados en ocasiones para la revisión o adecuación de los reglamentos de otras organizaciones y naciones. Si bien este tipo de casos son raros, tras el momento de algún cambio especialmente significativo en cuanto a lo ideológico dentro de las instancias del poder, se ha solicitado su presencia para garantizar una transición libre de sospechas.

Complementando las tareas de la Cámara interna, a la hora de diseñar y evolucionar la legislación de La Orden, y de la exterior en cuanto al estudio de la legislación internacional, se encuentran la Cámara de intercesión, el ente encargado de recibir, atender y procesar las peticiones procedentes tanto de los ciudadanos de Cahirn Anshay como de los embajadores externos, así como la Cámara mixta, que cumple esta misma función en lo referente a las peticiones provenientes de los miembros de la propia Orden.
Esta última no sólo está compuesta por legisladores, sino que también cuanta con la presencia de miembros del resto de organismos que hacen las veces de consultores en las materias específicas de sus respectivos ámbitos de estudio.

La actual Lexarca, la nivari Ayane Shayk Nylsar (Vignistrad, Nivar 681) se encuentra ya cerca de sus últimos momentos. Tendría que haber abandonado su puesto tiempo atrás debido a su delicado estado de salud, pero su apego al poder le ha hecho permanecer ahí en contra de los deseos de todo el mundo. A lo largo del tiempo ha ido haciendo acopio de favores y secretos que se ha ido cobrando en estos últimos años.
Gran parte de los Oxiarcas han necesitado de su complicidad a la hora de llevar a cabo sus movimientos y, aquellos que se encuentran aún en posiciones de poder, tanto dentro como fuera de la orden de los Legisladores, tienen miedo de todo lo que puede salir a la luz si votan en su contra. Al mismo tiempo, aquellos que han entrado con posterioridad en el juego político no poseen aún la capacidad o el poder necesarios para desmontar este juego de intereses.
De la misma manera que todos aquellos que le deben algo temen y esperan algún golpe final por parte de Nylsar, este nunca llega. Lo que la mantiene en su puesto es la pura inercia, y el no saber qué hará de abandonarlo. Está donde quiere estar y disfruta del juego político y de la sensación de poder que le da su posición. No tiene ni está trabajando en ningún plan a largo plazo para aumentar este poder, sino que se limita a hacer todo lo que está en su mano para mantenerse en su posición.

La orden de los Preservadores es la encargada del estudio y diseño de los artefactos, protocolos y condiciones en las que se transportan y almacenan tanto los textos como todo tipo de materiales sensibles. Asume tareas muy especificas y especializadas cuyas competencias, ya sea de manera individual o compartida, han sido asumidas en distintos momentos de la existencia de La Orden por parte de los Archivistas, los Tecnólogos y los Constructores.

Creada en origen como un sub organismo dependiente de la orden de los Tecnólogos en el año 201, las necesidad de un cuerpo de estas características ya había sido reclamada con anterioridad por diversos Oxiarcas de los Archivistas, Cronistas y Naturistas. En aquella ocasión, y gracias al apoyo de la Omniarca Xibal Nyator (Alcarst, Shemellom 147, 216), la petición impulsada por diversos colectivos y defendida por la Naturarca Lizwica Faitolu (Ibanshu, Shattegar 153, 231) ante el Yishin Amat logró contar con los apoyos necesarios para la formación de aquel nuevo cuerpo.

Durante aquella primera encarnación, aún bajo el manto de los Tecnólogos, la labor fundamental de los Preservadores consistió en la búsqueda de materiales capaces de contener las sustancias peligrosas obtenidas a partir de ciertos experimentos de su orden madre. Con el paso del tiempo y gracias a la repercusión de algunos de sus éxitos, no tardaron en llegar hasta ellos otro tipo de peticiones provenientes de lugares y contextos de lo mas inesperados. Durante aquellos primeros tiempos de indefinición, su labor, si bien se vio sometida a diversos bandazos debido a los cambios de criterio de sus diferentes líderes, siempre osciló dentro de unos límites concretos; el estudio de la ciencia de los materiales y su aplicación en el mundo real.
Este campo híbrido entre Tecnólogos y Naturistas fue el origen de una serie de enfrentamientos entre ambos grupos en lo que los segundos consideraban una intromisión en sus funciones. Esta lucha se llegó a enquistar de tal manera que el Yishin Amat optó por la decisión salomónica de separar a los Preservadores de cualquiera de estas dos órdenes, dándole entidad propia en el año 261.
Tras este drástico giro sus aspiraciones de autonomía no fueron logradas de inmediato. Si bien se vieron libres de una manera parcial tanto de los intereses, las presiones y pugnas por el control de sus descubrimientos entre su antigua alma máter y los Naturistas, gran parte de su infraestructura aún estaba ligada a estas y otras órdenes. Los recursos necesarios para llevar cabo su labor tenían que ser subarrendados a otros cuerpos mientras trataban de obtener los medios económicos que les garantizarían su independencia plena. Al mismo tiempo, fueron impulsando leyes que les permitiesen definir cual sería su marco de acción, sus obligaciones y sus responsabilidades finales.
Pese a lo complicado de sus primeros años de vida como ente autónomo y las maniobras de otros organismos para tratar de dificultar su labor, sus servicios, al igual que los ingresos que estos comenzaron a reportar a La Orden, fueron en aumento de una manera imparable. En apenas una década ya disponían de los medios imprescindibles para tener sus propias instalaciones, cuatro décadas después gracias a su aportación lograban convertirse en una de las órdenes mayores.
De cualquier manera, este ascenso tampoco fue un hecho libre de controversia. Lo ajustado del resultado de las votaciones que llevaron al mismo, junto al hecho de que este se produjese en detrimento de la orden de los Lingüistas, fue interpretado por parte de las órdenes teóricas como una declaración de intenciones nada halagüeña.

Tras este último espaldarazo y reconocimiento a su labor y aportación a La Orden, sus labores y responsabilidades también se vieron extendidos. A partir de aquel momento carecían del escudo que suponía depender de otras órdenes o de los presupuestos generales para los cuerpos menores. El encontrarse dentro de los organismos troncales no los convertía en un organismo enteramente ajeno a las luchas internas dentro de La Orden, sino que los introducía de lleno en él. Ya como uno más de los contendientes, el perfil de sus Oxiarcas cambió con la llegada al poder en el año 334 de la shatteri Railén Tasaleki (Arleun, Shattegar 281, 354). Con ella se dejaba atrás el mandato de los miembros más técnicos para dejar paso al gobierno de los políticos. De la misma manera que esta decisión alteraba la manera en la que se había planteado esta orden en cuanto a su jerarquía interna, también conllevó un cambio significativo en su enfoque de cara al exterior.
Si bien este cambio en las dinámicas fue bien recibido por los integrantes de los Preservadores en un inicio, tras los posteriores cambios no tardaron en aparecer las primeras voces discordantes que ponían en duda la preparación, el conocimiento y la comprensión de la labor de su orden por parte de quienes tenían luchar por ella en las instancias del poder
Para complicar aun más la situación, tras un prolongado periodo de escasez de peticiones desde el exterior, la misma viabilidad de los Preservadores como orden mayor se llegó a poner en duda. De la debacle consiguiente nació la actual estructura jerárquica que contempla la figura del consejero tecnológico, un puesto con la misma capacidad decisoria que del Cuidador. Esta característica particular hace que los Preservadores también sea conocida como “La orden de los dos Oxiarcas”.

Con el paso del tiempo tanto su visibilidad fuera de Cahirn Ansay como el alcance de sus quehaceres se han ido consolidando. El el momento de crisis su labor se centró en la definición y establecimiento de los protocolos preservación de los contenidos generados por Cronistas, Archivistas y Pensadores. El transcurrir de los siglos nunca ha sido un aliado para la palabra escrita, y el estado de deterioro en el que se encontraban obras seminales para comprender la evolución de la humanidad era crítico. La creación de unas estancias en las que conservar las obras originales, al igual que el trasvase de estos textos a otros soportes fueron el punto de inflexión que les hizo ser relevantes una vez más.
Por otro lado, y a pesar de que la distancia con los eventos que llevaron a su fundación siguen siendo una fuente de conflicto con Tecnólogos y Naturistas, su relación con ellos no tardó en normalizarse. El inicio de las investigaciones sobre la misma composición de Baen’Shull’Ilay y los distintos materiales que lo componen supuso un nuevo impulso para esta relación.
Determinar las características de estos materiales, dar con las condiciones necesarias para la experimentación sobre ellos, al igual que el tratar de crear un entorno en el que puedan existir fuera del domo y la creación de los contenedores en los que transportarlos entre ellos, pese a ser obras imperfectas y aún incompletas, han supuesto algunos de los grandes hitos alcanzados por sus miembros.
Pero no sólo las propiedades de los elementos extraídos del interior del domo son extrañas. Las particularidades del mismo material que forma la masa exterior de Baen’Shull’Ilay, al igual que su mutabilidad una vez separado de él, sigue siendo uno de los grandes misterios aún sin resolver.
De la misma manera, y dada la imposibilidad de contener o almacenar algunos de estos componentes, los elementos resultantes de la experimentación con ellos, o los mismos residuos obtenidos a partir de las pruebas a las que se han sometido, la labor de superar estos escollos es una de las que más atención recibe por parte de los Preservadores.
Ya sea bajo la forma de entornos controlados, receptáculos estancos o el intento de adaptación de ciertas localizaciones del interior de Baen’Shull’Ilay para distintos experimentos, los distintos dispositivos desarrollados a lo largo del tiempo apenas han logrado ser capaces de contener estas materias de una manera segura. El hecho de que toda esta experimentación aún sea un pozo sin fondo en cuanto a lo económico ha causado diversas fricciones con los cuerpos más alejados del la ciencia pero, el potencial que se que albergan tanto ellos como los nuevos materiales generados a partir de su estudio, han hecho que La Orden y otros organismos de todo tipo sigan apostando en este campo.
A pesar de esto, la aparición de otros materiales nativos de este nivel de realidad ha provocado que el que, en ocasiones, este consenso científico se rompa. La aparición de materiales como el salisch, el kubori o los primeros minerales traídos desde las Llanuras Heladas hayan supuesto una desviación de su atención y recursos. Si bien el establecimiento los Preservadores trajo como consecuencia el afianzamiento de estos estudios, este no es su único frente.

Derivada de esta tarea, dentro de sus atribuciones también se encuentra la de analizar y dictaminar los periodos de exposición de los estudiosos a estos materiales. Tanto los tiempos de espera que se deben guardar entre cada acceso a una obra, artefacto o material para que este no afecte a la salud de los investigadores, como las condiciones y la cantidad de tiempo durante el que una obra puede ser estudiada para evitar su deterioro.
Si bien la segunda de estas tareas sí que la fue algo por lo que tuvieron que luchar, la primera de ellas no han sido nunca del agrado de los distintos Cuidadores dadas las implicaciones que conlleva. Hasta hace apenas dos siglos no se estableció la relación causa-efecto entre quienes realizaban un tipo de estudio concretos y su propensión a la enfermedad o mayor índice de mortalidad prematura.
Si bien la aplicación de los protocolos recae sobre los Censores, en más de una ocasión se ha tratado de trasladar la culpa de algún fallecimiento sobre los Preservadores. Aún existe mucho desconocimiento de los peligros concretos a los que se exponen los investigadores durante la convivencia con determinados elementos, pero esto no ha impedido que más de uno desoiga los consejos, o que sus superiores no les hayan forzado a continuar con su estudio más allá de los límites de seguridad establecidos.
Dada la elevada repercusión que han tenido los escasos éxitos en este campo estudio, tanto Tecnólogos como Naturistas, pese a tener entre ellos a expertos en esta materia, no suelen dudar a la hora de forzar las normas. Por otro lado, desde el exterior de Cahirn Ansay también se les ha solicitado la realización de protocolos similares. Es ante este tipo de solicitudes cuando los roles de los dos Oxiarcas suelen chocar con mayor frecuencia. Las oportunidad de expansión y reconocimiento que esto suele primar sobre las posibles repercusiones de los errores y las pérdidas que pueden acarrear. El debate entre su utilización como arma política y la vertiente más pragmática ha sido tanto una herramienta utilizada por forzar la salida de alguno de ellos, como una salida desesperada en los momentos de crisis.
Ante estas peticiones, no sólo carecen del escudo que suponen los Censores sino que, en caso de accidentes, errores de cálculo o mala interpretación de sus protocolos es toda la organización quien queda expuesta a las repercusiones de los mismos.
La proliferación de materiales poseedores de cualidades extrañas o peligrosas ha ido en aumento con cada nuevo evento anómalo, y aún existe un gran desconocimiento y temor justificado hacia ellos. Lo que, gracias a su experiencia previa, comenzó siendo una fuente de ingresos y un elemento de valor añadido para La Orden, ha terminado siendo un nuevo arma de doble filo a utilizar con extrema cautela.
A raíz de los primeros experimentos fallidos, en el año 503 se creó un nuevo cuerpo de investigadores dentro de los Preservadores, el de los Diagnosticadores. Este organismo, cuyo ámbito de acción se encuentra situado en un camino intermedio con el de los Sanadores, está compuesto por los especialistas en el la detección y el análisis de los síntomas derivados de la exposición a estos materiales y sus radiaciones.
Esta nueva competencia tampoco fue bien recibida por los Preservadores, y tienen con él una relación dual. Por un lado, parte de los esfuerzos de su rama política se han centrado en que estas tareas sean asumidas por completo por los Sanadores pero, al mismo tiempo, saben que, de perderlas, parte de su relevancia se irían con ellas y podrían llevar a los Sanadores a ocupar un sillón dentro del Yishin Amat.

Por otro lado, su relación con los Censores tampoco es sencilla. La frontera que separa sus deberes compartidos no es del agrado de ninguno de los dos organismos. Al contrario que lo que acostumbra a suceder, cada uno de ellos quiere que el otro asuma una responsabilidad y tareas mayores. Mientras que el riesgo de deterioro que pueda suponer para una obra o texto antiguo el ser extraída de su contenedores, así como las condiciones del entorno controlado en el que puede ser estudiada, es asumido por los Preservadores, el control de acceso hasta las mismas es custodiado por los Censores, y la responsabilidad sobre lo que sucede en su interior recae enteramente sobre ellos.
Esta separación genera también una gran desconfianza y un ambiente de paranoia entre todos los que participan en estas tareas. Las regulaciones y los procedimientos que se han creado para el acceso a determinados artículos son tan complejas que apenas pueden ser investigadas escasos días al año. Los mecanismos que rigen el acceso hasta estos últimos para su estudio se encuentra supeditado a criterios tanto subjetivos como objetivos. Una vez iniciada la misma, tanto su estado de conservación e integridad, así como un estricto listado de condiciones a cumplir de manera previa a que se puede realizar esta investigación, deben ser cumplimentadas de manera exhaustiva, para ser contrastadas y comparadas con las condiciones resultantes en las que se entrega el artículo una vez llegados a la finalización de la misma.
La razón esgrimida como norma general para estas restricciones acostumbra a ser que la investigación no implique un riesgo para las personas o la preservación del objeto, pero también han sido utilizadas de manera habitual como elementos de presión en las luchas de poder entre los distintos cuerpos.

La transferencia de funciones que se les han ido realizando a lo largo de su existencia no se han limitado a esto. Mientras que algunas de ellas han conseguido evitarlas, y otras, por cuyas competencias han pujado, les han sido negadas, el ámbito de acción en el que se mueven ha variado mucho desde su primera encarnación.
Con el paso del tiempo, se le han tratado de transferir más competencias atribuidas a los Censores, ya sea en cuanto a distintos aspectos concretos del acceso a artefactos peligrosos, o la misma vigilancia de quienes los estudian, pero siempre han evitar que aquellas tareas que impliquen un condicionante ético o político recaigan queden bajo su manto. De acuerdo a sus estatutos, su labor se centra en la conservación de los materiales, no la vigilancia de las personas que las estudian, su estado de salud o los motivos que los impulsan a ello. Estas y otras razones que proclaman como su prioridad, al igual que algunas otras de las mismas normas que han sido esgrimidas como argumentos en sus negativas, y que son recitadas casi como un mantra se tratase, por otro lado han sido han sido utilizadas contra ellos cuando han pretendido asumir las tareas de reconstrucción de diferentes obras o edificaciones.

Dentro de esta lucha no todas las batallas han sido perdidas. Gracias la aceptación de manera voluntaria de algunas de las responsabilidades que se les han pretendido asignar, han logrado obtener a cambio otra serie de favores y retribuciones. De esta manera, y de una manera no siempre demasiado ortodoxa, algunos de sus líderes han logrado ir diversificando sus funciones, y asegurando con ello la existencia de los Preservadores a lo largo de los siglos. De cualquier manera, esto sólo ha garantizado que no desaparezcan o que no sean reabsorbidos por alguna de sus antiguas órdenes madre.
Si bien no existe una agenda que detalle los planes de expansión de esta orden de cara al futuro, sí que existe un interés por tratar de ampliar su campo de acción. Dada su propia historia, uno de los temores que ha acompañado a los sucesivos equipos de Cuidadores como una espada de Damocles, ha sido la posibilidad de los Preservadores caigan en la irrelevancia. Su labor y aportación, pese a la importancia que tiene dentro del gran esquema del conocimiento, han sido puesta en más de una ocasión, haciéndoles perder su silla dentro del consejo rector.

Lo intermitente de su presencia dentro de las órdenes mayores, junto a la consiguiente falta de consolidación dentro de las mismas que esto implica, han hecho de ellos una víctima propiciatoria en las luchas por el poder. No ha sido extraño que se les haya utilizado como pieza de cambio para devolver favores cuando un nuevo Omniarca ha llegado al poder. Dependiendo de la situación concreta en cada momento, los Cuidadores se han podido permitir ser más audaces en sus exigencias o no han tenido otra opción que la de ser más sumisos a la hora de aceptar imposiciones. Esta falta de estabilidad sólo ha servido para generar inseguridad y frustrar los planes de expansión de varios de sus líderes, a la vez que impedía que estos se desarrollasen de acuerdo a sus intereses.
A cambio de la aceptación de tareas inicialmente ajenas, como la del traslado de los artefactos desde su lugar de almacenaje hasta las estancias de estudio, la Cuidadora Xianaga Vismale (Mumbase, Tembi 603, 662) logró en el año 653 que una parte de los beneficios derivados de la venta en el exterior de los artefactos diseñados por los Preservadores recayese sobre ellos. La obtención de esta concesión logró aportar una autonomía económica para los suyos de la que nunca antes había dispuesto.
Al mismo tiempo, tal y como se planteó este acuerdo, servía para delimitar aún más su responsabilidad en cierto tipo de situaciones. A partir de aquel momento, en toda ocasión en las que ellos consideran que puede existir una situación de riesgo, o siempre que este desplazamiento implique sacar los artefactos fuera de Cahirn Ansay, tienen potestad para exigir la presencia de miembros de los Censores para apoyarles durante el tránsito.
De la misma manera, si bien la gestión del acceso físico hasta los artefactos también recayó sobre ellos poco después, con lo que pasaban a encargarse de todo el proceso que abarca el circuito completo que implica el acceso reglado hasta los artefactos, así como las condiciones bajo las que se debe realizar el estudio, toda responsabilidad fuera de este ámbito queda fuera de su alcance. Dentro de sus competencias no se encuentra la de decidir quién puede o no tener ese acceso hasta los mismos cuando se trata de materiales peligrosos o sensibles, sino simplemente el documentar las solicitudes y atender a las decisiones que tomen los organismos competentes a este respecto. Ellos no son los propietarios ni los guardianes de las obras, sino que se limitan a verificar que estas se tratan de acuerdo a sus especificaciones y requerimientos. Lo que suceda en el lugar de estudio o en las estancias donde se almacenan las obras cae enteramente sobre las espaldas de los Censores.

Por otro lado, aunque incidiendo en este mismo sentido, nadie se encuentra por encima de ellos a la hora de permitir el acceso hasta los materiales delicados. Por más que los Censores o el mismo Omniarca puedan llegar a autorizar el uso de alguno de ellos, si no se cumplen las condiciones exigidas por parte de los Preservadores, ese acceso jamás llegará a tener lugar.

En otro orden de cosas, y dado el carácter claramente horizontal y pragmático de sus funciones, sus atribuciones han logrado ir alcanzando a otros cuerpos sin aparente relación con su labor inicial.
Gracias a esto, y más allá de las disputas presentas y pasadas, colaboran de manera muy activa con la casi totalidad de las órdenes. Aunque el grueso de su obra se centra de manera más frecuente en su relación con las de los Naturistas, los Tecnólogos y los Constructores, su relación con cada uno de estos organismos, cuando no se encuentran realizando encargos de alguna de ellas, tiene un marco de acción perfectamente delimitado.
Su relación con la primera de estas órdenes es el de determinar las características necesarias para las estancias en los que se realizarán sus experimentos más peligrosos, y diseñar tanto esas estancias como los contenedores en los que se almacenarán los resultados de sus experimentos. Esta labor específica no es realizada de manera exclusiva cuando los materiales con los que se va a experimentar se sabe a ciencia cierta que son peligrosos, sino que también realizan tareas similares cuando se encuentran implicadas elementos de reciente descubrimiento, ya sean estos nuevas aleaciones obtenidas a partir de sustancias ya conocidas que se encuentran en la naturaleza, materiales extraños hallados en algún territorio asolado por sucesos anómalos, o sustancias extraídas de Baen’Shull’Ilay.
Una vez realizado este primer trabajo, los planos y las especificaciones son proporcionadas a los Tecnólogos y los Constructores para su posterior manufactura.

También realizan tareas similares para los Archivistas pero, si bien esta relación es más esporádica dado el tipo de materiales con los que trabajan, la búsqueda constante de soportes más duraderos sobre los que plasmar cualquier tipo de texto ha adquirido tal dimensión que ha conllevado la creación de un cuerpo dedicado en exclusiva a esta función.
Por otro lado, los protocolos que definen el espacio de tiempo que debe transcurrir para que los Transcriptores realicen nuevas copias de toda obra, también entra dentro de sus competencias, al igual que la definición de cuántas copias deben existir como mínimo de cada una de ellas, y las ubicaciones geográficas donde se deben conservar. Por otro lado, el llevar el control de cuándo se ha realizado una nueva transcripción recae sobre los propios Archivistas.

Su tarea no es sencilla, ya que los resultados de los experimentos no siempre pueden ser anticipados, o se carece de la información necesaria acerca de las características de algún nuevo material procedente de alguna expedición. A pesar de su negativa a aceptar responsabilidades sobre la salud de los investigadores, la presión a la que están sometidos sus miembros suele ser constante. Cuando alguno de sus diseños resulta fallido, los cruces de acusaciones entre todos los implicados suelen ser la tónica habitual. Esta situación se suele recrudecer cuando, como consecuencia de estos errores, se producen pérdidas humanas.

Su actual Oxiarca, el menetiano Diómestes Malarta (Quinsyalta, Menetia 701) accedió hasta su posición recientemente tras la destitución de su antecesor, el salirio Olvig Tuldemasov (Vinyurgs, Saliria 681), como consecuencia del juicio en el que se les encontró culpables a él y otros quince miembros de los Preservadores de haber participado en el extravío de materiales sensibles.
Aunque el juicio terminó hace más de dos años, aún queda pendiente localizar al resto de los participantes de aquella trama, así como dar con el paradero actual de esos materiales. Si bien la culpabilidad del antiguo Cuidador ha quedado demostrada más allá de toda duda, aún cuenta con simpatías y contactos dentro de La Orden, así como gente que le debe diversos favores y que necesita de su silencio.
La situación de Diómestes en estos días es incómoda. Antes de su llegada al poder se encontraba destinado como jefe de proyecto en la embajada de Vilchgern, en Goord, donde realizaba tareas mixtas correspondientes tanto a los Naturistas como a los Preservadores en el estudio de los restos de Netter’Gishu’Halal. Su ascensión fue inesperada, tanto por su perfil, algo anómalo dentro del patrón habitual de los Oxiarcas, como por el hecho de ser alguien que no formaba parte de ninguna de las camarillas que luchaban por el puesto.
Al no saberse a ciencia cierta hasta qué niveles se ha extendido la corrupción entre las filas de los Preservadores, los miembros de esta orden dentro de Cahirn Ansay se encuentra bajo un severo escrutinio por parte de los Censores.