Historia de La Orden

El filósofo, historiador y filántropo baerni Walur Latnaer (Bran, Baern -750, -681) puso las primeras piedras de lo que evolucionaría hasta convertirse en la primera encarnación de La Orden en el año 437 de la llamada “Edad moderna” (-719 del Calendario mecbarino). En aquel momento, tanto su objetivo como el alcance de este eran mucho más limitados. Tras casi quince siglos de existencia, estos objetivos han ido cambiado a lo largo de sus distintas iteraciones. Ya hayan venido estos intentos de expansión dados por la ampliación y alteración de sus intereses, por algún evento anómalo, o un descubrimiento relevante, según se ha ido afianzando su conocimiento dentro de cada nuevo área de estudio, su organización interna ha tratado de adaptarse a estos cambios de enfoque. Junto a esta diversificación de sus intereses también se ha ido incrementando su influencia, poder y capacidad de mediación. Estos cambios no han sido recibidos de la misma manera, sucediéndose las épocas en las que han sido considerados como en una de las organizaciones más respetadas e influyentes del continente, un poder y una amenaza potencial a tener en cuenta, o una organización en el límite de la irrelevancia.

Este ejercicio de constante adaptación no tardó en dar sus primeras muestras ya que, poco tiempo después del inicio de su actividad, de la misma manera que comenzaba a crecer su repercusión, su misión inicial también comenzó a verse alterada y expandida.
Quienes comenzaron como un pequeño grupo de estudiosos de la historia humana, en un breve lapso de tiempo se convirtieron en los albaceas de un conocimiento mucho mayor, dando con ello las primeras muestras de lo que ha terminado siendo una de sus señas identitarias.
Junto a la documentación histórica de la que hacían acopio, también llegaba hasta ellos por distintos medios una gran cantidad de textos que versaban sobre todo tipo de materias. Independientemente de que estas obras hubiesen sido obtenidas durante alguna de sus investigaciones o a través de aportaciones provenientes desde el exterior, gracias a los datos recogidos en ellos pronto se convirtieron en los depositarios de un gran conocimiento, no sólo de material histórico, sino también dentro del ámbito científico.

Cambiando el paradigma

Durante sus primeros años de vida, todo aquel documento exento de datos cronológicos se limitaba a ser simplemente almacenados. No fue hasta que se produjo la llegada de la tercera líder de la organización; La Cronarca Dinsula Horanath (Mamdayal, Baern -701, -647), que aquello cambió.
Una de las propuestas más tempranas que presentó tras asumir su cargo, fue la que introdujo la primera alteración significativa en la organización; la fundación de la Orden de los Naturistas, organismo del que también fue su primera Oxiarca.
Horanath, entre cuyos intereses y prioridades se hallaba el conocimiento en toda su extensión, siendo en particular la ciencia quien tenía una prominencia especial, se negó a que La Orden se limitase a realizar mera recolección y posterior abandono de todo aquel dato que no fuese de naturaleza histórica.
Para el momento en el que se produjo el final de su mandato, La orden de los Naturistas disponía de una cantidad de recursos similar a la de los Cronistas, lo que provocó otras de las grandes señas identitarias de La Orden; la constante disputa por obtener la financiación necesaria como para llevar a cabo sus estudios, así como la rivalidad entre los distintos Oxiarcas.

Más allá de la creación de la orden de los Naturistas y el inicio de la apertura general de miras, la mayor aportación de Horanath que ha perdurado hasta la actualidad ha sido la de la metodología y el acercamiento hacia el estudio. Fue ella quien relegó la simple y llana recopilación de la información a un segundo plano, siendo la investigación, contrastación, verificación y documentación de la misma la prioridad. Este nuevo marco de trabajo se implantó tanto para aquella recién nacida orden como del resto de las órdenes teóricas.
De acuerdo a sus propias palabras, “La función de La Orden debe ser la de convertirse en los albaceas y propagadores de todo el conocimiento humano. Tanto del que se posee en el día de hoy, como de todo aquel que ya se llegó a poseer en el algún momento de la historia. Ayudar a la humanidad a aprender de los errores del pasado y a comprender el funcionamiento de la realidad que le ha dado vida.
Si bien el conocimiento es un concepto subjetivo, la verdad no lo es, y alcanzarla debe ser el objetivo último de todo aquel que aspira a formar parte de La Orden”.
Aquel enfoque, que fue interpretado por muchos de sus miembros como un drástico cambio en la misión fundacional de La Orden, se encontró con una fuerte oposición por parte de los integrantes más asentados de entre Los Cronistas.
Estos defendían que “La función de Los Cronista no es la de emitir un juicio de valor o decidir qué es cierto o falso, sino la de estudiar, documentar y custodiar la información de todo lo que ha sucedido, ha sido dicho o escrito a lo largo de la historia.
La Orden de los Cronistas no crea ni interpreta la historia, al igual que tampoco juzga a sus participantes”.
Esta dicotomía conceptual, y los matices de lo que significa e implica el acto de estudiar, se han mantenido hasta el día de hoy, variando enormemente el lado hacia el que se ha decantado la balanza en la persona que se encuentra el puesto de mando del Yishin Amat; el órgano de gobierno que gestiona La Orden.

De cualquier manera, ya sea como meros transcriptores, como investigadores o como fuente de conocimiento aséptico, el gran mantra de Horanath caló de tal manera que ha terminado por convertirse en otro de los rasgos definitorio sobre el que, salvo contadas excepciones, han trabajado gran parte de sus sucesores.
Aquellos que han seguido los preceptos de Horanath, como norma general no aceptan diferenciación alguna en la metodología a seguir para llevar a cabo su misión, independientemente de su ámbito de estudio.
Tanto aquello que se conoce, se supo, se asumió o se dio por cierto en algún momento, como lo que el paso del tiempo ha desmentido o, en apariencia, se ha demostrado como erróneo, debe ser verificado. Todo dato debe ser estudiado, falsado y validado con la misma meticulosidad y rigor antes de ser aceptado y transmitido como una verdad.
Esta labor se ha visto plasmada en la creación de las tres grandes obras de La Orden: La Enciclopedia del tiempo, El Atlas de la realidad y el Códice del conocimiento.

Relaciones internacionales

Con el transcurrir del tiempo, a medida que La Orden fue obteniendo y compartiendo el tan ansiado conocimiento, su reputación comenzó a propagarse más allá de las fronteras de su Baern natal. Tanto sus aciertos, como sus errores y las conclusiones que sacaban de estas, pasaron a ser observados y estudiados con interés por sus homólogos en otras naciones.
A medida que el intercambio de información entre Los Naturistas y los estudiosos de la universidad de Amlash se hacía más frecuente, también comenzaron a surgir las primeras fricciones con la teocracia de Goord.
A pesar del aire de neutralidad que ha pretendido tener siempre La Orden alrededor de los conflictos de sus naciones vecinas, o de su negativa a emitir juicios morales, las relaciones internacionales siempre han sido un tema harto delicado que siempre ha preocupado a sus dirigentes.
Su perspectiva histórica, promulgada como algo objetivo e imparcial, ha hecho que La Orden tienda a chocar con los nacionalismos basados en el derecho divino y sus construcciones mitológicas. Tratando de aprender de los errores cometidos por quienes formularon las teorías del pasado, por sus vecinos en la actualidad y por sus predecesores dentro de La Orden, los sucesivos líderes, han tratado siempre de mantener el delicado equilibrio entre el respeto a las tradiciones, la eufemística y su dedicación a trasladar un mensaje inequívoco.
Gracias a esto, los distintos Omniarcas o “Guardianes del Conocimiento”, han tratado de amasar y asentar el poder real necesario para poder convertirse en un organismo autónomo. Un ente que no necesite depender de ningún gobierno. Una pretensión de autonomía formal que requiere de una gran inversión.

Financiación

Tras la negativa de los herederos de Latnaer a continuar sufragando los gastos de La Orden, uno de las primeros objetivos de sus sucesores fue el de alcanzar esta independencia real, tanto a nivel económico como político de cualquier agente externo. Para ello, la organización necesitaba ser capaz de desarrollar una serie de mecanismos que les permitiesen obtener los cuantiosos ingresos imprescindibles para su subsistencia. Métodos y procedimientos que, al mismo tiempo, no comprometieran al resultado final de su trabajo. El objetivo a largo plazo era el de tratar de evitar el clientelismo y las ingerencias por parte de entidades ajenas, pero alcanzar este objetivo era una tarea que se escapaba enormemente del ámbito de estudio de cualquiera de sus integrantes y cuya consecución tardaría mucho tiempo en lograrse.

A lo largo de aquellos primeros tiempos difíciles, el desarrollo de todo tipo de acuerdos, tanto con Baern como con Saliria, les permitieron sobrevivir a los momentos más complicados, pero el dinero obtenido mediante estos acuerdos no eran suficiente como para cumplir con las ambiciones de sus dirigentes. Para alcanzar la financiación necesaria, algunos de ellos se vieron obligados a recurrir a otra suerte de tratados que acostumbraban a venir acompañados de letras pequeñas y compromisos de difícil cumplimiento de acuerdo a sus reglamento interno. De esta manera, su autonomía se vio comprometida y, por momentos, se limitó a ser una mera quimera plasmada en sus estatutos. Un objetivo cuya consecución acostumbraba a estar más allá de su alcance. Durante varios siglos, su capacidad para subsistir por sus propios medios fue imposible, no dejando otra elección a sus líderes que la de aceptar algunos acuerdos considerados por muchos como inaceptables.
Algunos de sus Omniarcas como Gisül Najaseli (Biloskstür, Baern -604, -523) o Dyshart Olmenequ (Shaymat, Rearem -464, -393), a los que les tocó dirigir el destino de la organización en momentos muy complicados, han pasado a los anales de la historia de La Orden como una deshonra para su título y todo lo que representa. Pese a que estos casos no dejan de ser elementos aislados, forzados en gran medida por su escaso margen de maniobra, esto no ha evitado que aquellos que lograron solventar con mayor eficacia los momentos complejos terminasen sus mandatos libres de críticas hacia sus gestiones.


Discrepancias, acuerdos y presiones

Las disputas internas han sido una constante dentro de su historia y todo error, muestra de debilidad o toma de decisiones no consensuadas, una herramienta más a ser utilizada en las luchas para avanzar en la escala jerárquica.
Más allá de los anteriormente mencionados, por su jefatura han pasado todo tipo de dirigentes. Desde aquellos que, de manera independiente a la intencionalidad de sus acciones, han pasado a la historia como los culpables únicos de la caída en desgracia de la organización, hasta aquellos con una visión muy parcial de su misión, o quienes, directamente, poseían unos intereses antagónicos a los valores bajo los que se creó La Orden.
En momentos puntuales, el ceder ante alguna de las presiones exteriores ha sido inevitable, mientras que, en otras, ha formado parte de una estrategia a largo plazo para alcanzar o recuperar su independencia. La historia de la misma orden ha sido reescrita en más de una ocasión de acuerdo a los designios de sus dirigentes. Esto ha llevado a sus sucesores a verse obligados a elegir entre tratar de corregir los errores, o continuar con la mentira. A pesar de todo esto, y de la leyenda negra que ha generado, su independencia ha sido una constante prácticamente inalterada a lo largo de la mayor parte de su existencia.

Aún así, esta leyenda negra y las acciones deshonestas de sus Omniarcas acostumbran a ser sacadas a la luz con frecuencia. Cuando nuevos gobernantes comienzan a tratar con ellos, no es raro que utilicen estos nombres y estas historias como arma arrojadiza contra ellos a la hora de tratar de forzar su mano. La obtención de unas condiciones más favorables en los acuerdos a forjar o renovar un tratado rara vez entiende de etiqueta, ética o una negociación honesta.

Pero estas herramientas no son sólo utilizadas por quienes negocian con ellos. Con la comprensión de que el poder no reside tan sólo en la acumulación de datos, sino en cómo estos son explotados, el gran esquema que se ha ido diseñando desde las grandes mentes que han pasado por su jefatura tampoco ha optado siempre por descartar la presión y el chantaje.

No existe prebenda eterna ni acuerdo atemporal, al igual que no hay un sistema perfecto capaz de adaptarse a un mundo en constante cambio. Pese a todo, La Orden ha logrado sobrevivir a los cambios de regencia, ideologías y sistemas de gobierno de las naciones que la rodean, aunque no ha salido incólume de estos cambios.
Su propia estructura interna se encuentra en constante evolución y adaptación. Si bien no ha superado todas las complicaciones sin sufrir pérdidas y escisiones, sí que ha sido capaz siempre de conservar gran parte de los recursos necesarios para no desaparecer por completo.
Aunque las normas que han ido diseñando para su propio funcionamiento interno han cambiado para adaptarse a los nuevos tiempos, estas apenas han llegado a realizar puntualizaciones y matizaciones menores acerca del marco teórico sobre el que se debe desarrollar su misión.

Más allá de la percepción simplista que se tiene de ellos en el exterior, o de la imagen de estoicismo, cerebralidad, orden y control que pretenden proyectar, a pesar de las complejas reglamentaciones que han diseñando para evitar esta causística, la corrupción en el seno de La Orden no ha podido ser evitada, siendo una lacra que les ha acompañado y se ha expandido con el crecimiento de la organización.
Independientemente de las luchas por el poder y de la desviación temporal del objetivo trazado a largo plazo, el gran esquema también se ha visto alterado en diversas ocasiones debido a la acción de agentes internos. Individuos que han ofrecido desde el seno de La Orden servicios para los que no tenían autorización, o que se han ofrecido para tratar de incluir dentro de la agenda de la organización prioridades ajenas.
El hecho de priorizar una u otra actividad puede llegar a implicar cuantiosas sumas de dinero, tanto para ellos como para otros miembros de la orden que no deberían tener acceso a él.
Las luchas de egos tampoco ha sido algo desconocido. Estudiosos que, tras considerar que su trabajo no recibía el reconocimiento o los recursos necesarios, los ofrecían al mejor postor, o buscaban mecenas en algún otro lugar de manera independiente. Esta, y no otras razones que, en apariencia, pueden parecer más dañinas, ha sido una de la mayores fuentes de problemas para La Orden. La fragmentación y la aparición de otros organismos con objetivos similares, por más que sean organismos con los que puedan llegar a realizar estudios conjuntos, lo único que ha logrado es que parte de los fondos provenientes del exterior sean destinados a otro lugar.

De cualquier manera, y pese a que algunos de estos sucesos ha estado cerca de poner fin a La Orden, si bien han logrado dañarla en mayor o menor medida, no han impedido que vuelva a recuperar una y otra vez su posición de cierto privilegio.

Teoría y práctica

La labor de La Orden no es meramente teórica. Ya desde los primeros momentos su encarnación más temprana, la gran cantidad de información que manejaban requería de ser catalogada de una manera meticulosa a la par que funcional, lo que derivó en la creación de la primera de las “Órdenes pragmáticas”, la de los Archivistas. Esta orden, con un profundo componente práctico, fue seguida poco tiempo después por la de los Naturistas y continuada por otras. Algunas de ellas, como la de los Cartógrafos, nacieron como respuesta a servicios requeridos por alguna nación. Otras, como la de los Constructores, a petición de agrupaciones como el consorcio de comerciantes que compró las ruinas de Edera para su reconstrucción.

La tercera de las órdenes pragmáticas; la de los Tecnócratas, también ha sido históricamente la más cuestionada de todas ellas. Si bien ya desde el fallecimiento del fundador y principal mecenas de la organización algunos de los estudiosos realizaban labores similares a las de esta orden, estas labores carecían de la entidad, criticidad o presupuesto de este organismo interno.
La orden de los Tecnócratas fue fundada, entre otro, con con un propósito muy claro en mente; el diseño de los mecanismos que permitiesen a La Orden obtener la independencia económica. Con este fin como uno de sus objetivos principales, fue fundada por la Omniarca Imperia Svetlasa (Bran, Baern -642, -581) poco tiempo después de alcanzar el poder.
Con la llegada de este nuevo organismo también se alteró una vez más la estructura, no sólo jerárquica, sino también la meramente organizativa dentro de La Orden. La nueva dirigente confiaba en que, tratando de auditar, controlar y racionalizar los recursos dedicados a cada una de sus tareas, el conjunto sería más sostenible.

En la constante expansión a la que se veía sometida la organización, una de las primeras decisiones de los Tecnócratas también fue la más discutida. Las posibilidades que planteaban para tratar de explorar nuevas vías de financiación de La Orden fueron recibidas con una mezcla de incredulidad, alarma y escepticismo. Estas decisiones implicaban la priorización de los recursos asignados hacia las órdenes pragmáticas por encima de los dedicados a aquellas que se centraban en las ciencias puras. Más allá de las razones meramente morales, lo que no fue recibido con buenos ojos por parte de los perjudicados era lo que consideraban el establecimiento de un sistema de clases dentro de la organización. Un sistema en el que ellos pasaban a ser miembros de segunda categoría.

Para llevar a cabo aquel objetivo, la organización ya no se debía limitar a esperar las peticiones y proveer de conocimiento a sus solicitantes, sino que también tenía que ofrecerlo de una manera activa. Esto no pasaba simplemente por realizar tareas de promoción, sino que también requería que se tratase de plasmar aquel conocimiento bajo la forma de los llamados “artefactos prácticos”, ya fuesen estas técnicas de construcción innovadoras, nuevas maneras de explotar las fuerzas naturales del mundo o la formación de individuos que no pertenecían a la organización.

Antes de aquel momento, tras poco más de un siglo de existencia, La Orden ya había pasado por varias crisis previas, pero nunca antes había estado tan cerca de separarse de una manera tan traumática. Siendo consciente la Omniarca de lo tenso y problemático de la situación, la amenaza del primer gran cisma fue resuelta con brevedad de manera discreta. Svetlasa renunció a su puesto como líder de la organización, asumiendo tras esto el mandato de los Tecnócratas. Al mismo tiempo, Égorstin Raimul (Lashal, Baern -652, -583), dirigente de los Naturistas, pasaba a ocupar su posición como dirigente de La Orden.
Más allá de estos juegos de poder y las suspicacias que despertaron, aún con gran parte de sus compañeros reticentes a seguir sus dictados, la influencia apenas se vio mermada y los designios de los Tecnócratas continuaron siendo aplicados durante años. Si bien es cierto que, después de estos eventos, su existencia y cometido nunca han sido sencillos y sus decisiones nunca han estado exentas de críticas o ser sometidas a una incomprensión y rechazo generalizados, su labor se ha mostrado como algo imprescindible para la subsistencia de La Orden. Más allá de sus errores y ciertas decisiones cuestionables, los Tecnócratas habían llegado para quedarse.

Porque, junto con el crecimiento, llegaban también nuevos riesgos y nuevos retos a ser solventados. Cuanto más se expandía La Orden, más se complejizaban las tareas de quienes debían controlar, gestionar o administrar tanto a las subórdenes como su cada vez mayor estructura.
Para estas labores se crearon nuevas órdenes cada vez más especializadas. Nuevos organismos prácticos formados por administradores y gestores. Gente destinadas únicamente a mantener funcionando aquella maquinaria que amenazaba con volverse insostenible.
Con un conocimiento limitado en cada una de las diversas áreas del saber que debían supervisar y auditar, su tarea no sólo no era sencilla, sino que era vista con una notable desconfianza y un cierto desprecio por una parte de los estudiosos.
De acuerdo a las voces críticas, aquellos individuos no sólo no aportaban nada a la labor de La Orden, sino que las tareas que llevaban a cabo sólo servían para desacreditar su nombre y su obra. Eran funcionarios destinaos a realizar tareas triviales y automáticas, estorbos cuyas decisiones sólo servían para entorpecer su libertad de acción. La tecnocracia no era una ciencia sino una barrera para esta. Un parásito, un generador de procedimientos obtusos, documentación inútil, formalismos redundantes e inconveniencias que amenazaba con desvirtuar su labor y destruir todo lo que habían logrado construir hasta entonces.

A pesar de todas las críticas y los conatos de enfrentamiento entre los defensores de las distintas bloques, la visión práctica terminó consolidándose dentro de la organización. Con la paulatina implantación de las medidas tecnocráticas, las cada vez mayores necesidades particulares de cada grupo pudieron ser solventadas, permitiendo con ello la dedicación en exclusiva de los estudiosos a sus tareas principales.

Expansión y fragmentación

A lo largo de su ya larga historia, las andanzas de La Orden no sólo han sido un cúmulo de aciertos, y grandes éxitos. Mezclándose y alternándose con estos, los breves periodos de estabilidad y crecimiento han sido normalmente interrumpidos de manera tumultuosa por constantes altibajos, escándalos y escisiones. Durante las épocas de inestabilidad, aún conscientes de su propia historia y conocedores de las debilidad del sistema, esto no ha impedido que los distintos dirigentes de la organización hayan continuado con sus planes de crecimiento y expansión.
Ya hayan venido estos planes forzados por los compromisos adquiridos por sus predecesores, auspiciados por lo que se percibía como una oportunidad, por la falta de visión de algunos de sus líderes, o causados por la ambición personal del Omniarca que gobernase La Orden en un momento dado, esta imparable huida hacia adelante que parece no tener fin se ha demostrado como una máxima inmutable.
Con esto, y generalmente de manera irreflexiva, su inmensa estructura en constante expansión se ha visto sometida a una serie de pruebas que han bordeado, cuando no superado los límites y la capacidad de adaptación de sus mecanismos de control. Los tempranos intentos de implantar su presencia en otros territorios más allá de las fronteras de Baern fue la piedra de toque que dio comienzo a esta compleja serie de pruebas.
Estos primerizos intentos de expansión, sustentada en muchas ocasiones sobre unos terrenos resbaladizos y poco recomendables, diluían los límites de una escala jerarquía cada vez más descentralizada, provocando frecuentes conatos de rebelión, escisión y cismas que no tardaron en dar sus primeras señales.

Por un lado, las participación de los miembros de La orden pragmática de los Constructores en la reconstrucción de diversos monumentos arquitectónicos del pasado, así como la gran labor que desempeñaron durante el resurgimiento de Edera, o la elaboración por parte de la de los Cartógrafos del Atlas de la realidad, les granjearon un nombre y una repercusión notoria fuera de su hogar ante las instancias ajenas a los círculos intelectuales.
Por otra parte, mientras que, de cara a los pueblo, su labor era percibida como una obra altruista, ante los ojos de quienes ostentaban el poder comenzaron a ser percibidos como una amenaza potencial. Aún así, esto no impidió que su presencia continuase consolidándose de manera inexorable en distintas naciones. Si bien, en algunas de ellas, como el Imperio Menetiano, Nivar, Goord y algunas de las provincias de Rearem, sí que se establecieron términos limitantes y rígidos para sus asentamientos dentro de sus territorios, otros gobernantes como Mavra Daniseva o Sipskriel les abrieron las puertas de sus territorios sin poner apenas condiciones.

Pero su papel y su presencia en cada territorio ha ido cambiando según ha ido transcurriendo el tiempo. El hecho de que su participación en la formación de la posterior República de Menetia y la “Conjura de Sunrath” no sólo no se hiciese pública, sino que tampoco se plasmase en los documentos oficiales, provocó el primero de los profundo cismas en los que se vio sumida La Orden.
Las instancias del poder, pese al agradecimiento, también comenzaron a percatarse de que la amenaza potencial que siempre habían representado se estaba volviendo algo tangible y real.
A pesar de ayuda prestada durante la formación del Vim Ubar, algunos de los componentes del nuevo gobierno menetiano albergaban la sospecha de que los miembros de La Orden sólo se encontraba en su lado, el del bando ganador, como parte de un plan más ambicioso a largo plazo. Un estrategia urdida desde Baern de la que ellos no eran sino unos meros peones.
Tras aquel evento, tanto Menetia como Goord comenzaron a restringir aún más su capacidad de acción y a vigilarlos con mayor detenimiento. A partir de aquel momento, cada nueva entrada cartográfica que se incluía dentro del Gran Atlas de la Realidad fue supervisada con suma atención. Cada línea de las fronteras se escrutaba de manera casi obsesiva buscando motivos ulteriores, dificultando enormemente el avance de la tarea. Esta actitud no fue exclusiva de la recién formada república, sino que la controversia y la discusión se convirtió en la tónica habitual.

En aquel momento se produjeron las primeras fragmentaciones de La Orden, con la escisión de la universidad de Sunrath. El abandono de esta sede de los dictados provenientes desde Cahirn Ansay dio inicio a una serie de movimientos que desencadenarían la primera gran crisis.
Con anterioridad se habían producido desavenencias, fricciones y abandonos de pequeños grupos de estudiosos pero, tras algo más de dos siglos de existencia, se producía el primer gran cisma con el nacimiento de la llamada “Escuela de Sunrath”. Ante esta primera fugas de cerebros, otros descontentos no tardarían en seguir los pasos de los menetianos.

A su vez, y dándose cuenta de que les era más beneficioso el hecho no depender de un organismo externo, tanto Goord como Dúgental optaron por ofrecer a los integrantes de La Orden que se encontraban en sus territorios la posibilidad de convertirse en parte de los estamentos oficiales de sus respectivos equipos de gobierno. A su vez, los eruditos de Mitsulen firmaban acuerdos con la más cercana Sunrath.
No se producía una ruptura completa en la relación con su antigua alma máter, pero sí un brusco cambio en las lealtades y prioridades, así como una renegociación de los términos de su relación.

Las consecuencias de todos estos sucesos supusieron un severo golpe para las ambiciones de La Orden pero, a pesar del varapalo, si bien supuso una severa merma en su capacidad de influencia, no impidió que continuase manteniendo gran parte de su relevancia y peso específico. Las ambiciones de sus Omiarcas, sin embargo, apenas se vieron disminuidas. Pese a todo, aún conservaban una moderados presencia dentro de los esquema de poder de gran parte de los territorios del centro continental.

Independencia

Desde que los herederos de Latnaer se negaron a continuar con la financiación de La Orden, esta comenzó a sumirse en una serie de deudas que arrastró y se fueron incrementando a lo largo de trescientos cincuenta años.
Tras la debacle que supuso aquella decisión, si bien, La Orden había logrado sobrevivir, su subsistencia había venido dada en gran medida por las aportaciones de diversos mecenas de toda índole e ideología, pero este dinero acostumbraba a venir acompañado de unos intereses adicionales que poco tenían que ver con lo meramente económicos. Compromisos que, en ocasiones, pretendían influir en el resultado final de lo escrito o en las conclusiones que se extraían de sus estudios.
La lucha entre las órdenes teóricas y las pragmáticas alrededor de este tema había sido una constante, y la razón por la que muchos de sus integrantes llegaron a abandonar sus filas. Si bien este cambio en el paradigma era aceptado como una consecuencia inevitable por gran parte de los estudiosos, a la par que las órdenes teóricas se sentían como los principales damnificadas, la solución a este problema vino dada por parte de un miembro de las órdenes pragmáticas.

Gracias a los estudios y a las tesis de Asclerioth de Salastea (Salastea, Baern -508, -428), uno de los miembros más destacado de la Orden de los Economistas, la organización comenzó a vislumbrar la posibilidad de escapar de aquella lacra que le había mantenido presos durante tanto tiempo.

Dentro del campo de estudio de Asclerioth, centrado este en el análisis de las influencias entre la economía, la política y las relaciones internacionales, el economista afirmó haber descifrado, extraído y transformado en un conjunto de normas, los patrones sobre los que se regía el gran esquema socio económico del momento. A partir de estas teorías, plasmó en su tesis el diseñó del sistema sobre el que La Orden comenzó a construir su ruta hacia la autonomía completa tiempo después.

La implantación de de estas tesis no fue rápida o sencilla, y su transformación en un conjunto de leyes, licencias y acuerdos que las convirtieran en algo aplicable al mundo real requirió de más de un siglo.
Gracias a ellos, en el año -328 y de la mano del Omniarca Fanrut Ulirman (Bancusu, Baern -386, -315), La Orden, no sólo lograba dar por terminado todo compromiso basado en un acuerdo económico, sino que pasaba a ser capaz de imponer sus propias condiciones. Cuatro siglos después de su nacimiento e, irónicamente, de manera contraria a los deseos de gran parte de sus múltiples acreedores, La Orden lograba saldar su última deuda histórica y comenzaba aspirar a algo más.
Con esta serie de logros pasaba a ser dueña de su propio destino, a obtener la capacidad de mantener una independencia económica, a encontrarse libre de cualquiera compromiso adquirido con anterioridad y optar a un nuevo comienzo.

Asimismo, tras superar aquel primer gran escollo, la independencia política pasó a ser el siguiente gran objetivo a alcanzar. Pero aquel nuevo camino tampoco era sencillo. Los planes de Ulirman eran muy ambiciosos y requerían de una gran inversión. Para la consolidación de aquella nueva Orden se necesitaba de una expansión como nunca antes habían llevado a cabo. Una que continuase asentando y consolidando su presencia de manera firme e inexorable en las cortes, senados y consejos de las naciones más poderosas del Daegon occidental.

Tras el éxito alcanzado gracias a la labor de los sucesores de Asclerioth, a su vez y con la consecución de este hito, La Orden de los Economistas, uno de los sub-organismos pertenecientes a los Tecnócratas, lograba temporalmente alcanzar el estatus de Orden Mayor. Una orden entre cuyas misiones se encontraba la de supervisar los complejos acuerdos económicos que se firmaban con aquellas naciones que requerían de alguno de sus servicios.

Corrupción

La independencia, el nuevo estado de crecimiento y la atención que despertaba aquella nueva encarnación de La Orden, trajeron hasta ella una serie de complicaciones añadidas. Una de ellas, la de la corrupción, si bien no era algo desconocido, sí que siempre se había encontrado en un plano muy secundario.
Los primeros síntomas de aquella nueva lacra no tardaron en hacerse visibles, poniendo cada uno de ellos en entredicho las promesas de objetividad y compromiso de La Orden con su misión.
Mientras sus enemigos utilizaban aquellos sucesos como arma arrojadiza, sus asociados y clientes los usaban para presionarles hacia un escenario similar a aquel que habían abandonado poco tiempo atrás. El hecho de que los casos más importantes no tardaban en salir a la luz pública, sin importar si habían sido o no resueltos, convirtieron la búsqueda de una solución a esta problemática en un una de las principales preocupaciones de los Omniarcas.
Los sucesivos rectores de La Orden realizaron diferentes acercamientos hacia aquella problemática, pero cada nueva corrección de la reglamentación interna sólo servía para sacar a la luz nuevas carencias en esta. La situación que muchos habían vaticinado como una utopía estaba resultando ser la causa de la crisis más compleja con la que se había encontrado jamás la organización.

Junto con el crecimiento y el acercamiento hasta las instancias del poder, el acceso hasta La Orden también pasó a constituir un nuevo medio para ascender dentro del escalafón social. Al mismo tiempo, la apertura de estas puertas, así como las actividades que se podía llevar a cabo gracias a ellas, conllevaba a su vez una nueva responsabilidad de cara a estos mismos poderes.
Más allá de esto, la expansión generaba también nuevas vulnerabilidades capaces de desestabilizar el ya de por sí delicado y precario equilibrio de poder dentro de la misma organización. Dentro de aquel escenario siempre cambiante, surgían a diario nuevas vías de acceso para individuos que sólo buscan el lucro propio sin importar el coste. Aquella era una situación que necesitaba ser controlada.

Si con la creación de las órdenes pragmáticas La Orden logró a fomentar y regularizar el acceso a nuevos modelos de financiación, y con los funcionarios y organismos tecnocráticos a controlar las aspiraciones de crecimiento de los distintos gerentes de la organización, la Omniarca Ludvila Árbegost (Yalan, Baern -312, -221) optó por tratar de convertir aquel problema en una oportunidad con la creación de tres nuevas órdenes centradas en la resolución de este tipo de problemáticas; Los Censores, los Legisladores y los Juristas. A través de ellos se trató de atajar otro de los grandes escollos para la estabilidad de todo gobierno; el del surgimiento de la corrupción intrínseca a toda gran organización.

Al igual que la creación toda nueva orden, y todo nuevo cambio drástico en el seno de la organización, la toma de aquella decisión vino acompañada por la desconfianza y el desagrado por un gran número de los integrantes de las que ya se encontraban perfectamente asentadas. La toma de decisión fue aprobada por un margen muy ajustado lo que, irónicamente, también condujo a que la Omniarca fuese acusada de nepotismo y corrupción.

Si bien las funciones desarrolladas por los Juristas ya habían sido desempeñadas con anterioridad por una serie de sub organismo que formaban parte de Los Tecnócratas, las otras dos nuevas entidades suponían una ruptura total con todo lo anterior.
Al mismo tiempo que algunos de los subalternos de Árbegost retomaban la vieja amenaza de un cisma que podría destruir todo lo ya construido, aquella noticia tampoco fue recibida con agrado por parte de las autoridades de Baern.
El hecho de que aquel ente autónomo en el que se había convertido La Orden pasase a tener su propio régimen interno de justicia, implicaba que su capacidad de presión sobre ellos se volvía cada vez menor. Tras largas y tensas negociaciones, y pese a la amenaza de una intervención militar por parte de las tropas de Baern para tomar Cahirn Ansai, en el año -251 Árbengost realizó la declaración formal que establecía la separación de La Orden del estado de Baern.
Esta decisión, en apariencia tomada de manera unilateral por la Omniarca, se encontraba apoyada por las fuerzas de Nivar y Menetia. Los gobiernos de ambas naciones consideraban que La Orden se había convertido en algo demasiado crítico como para depender de cualquier otro gobierno. Si no dependía de los suyos, no dependería de ninguno.

Con la independencia completa el problema no hizo sino agudizarse. una serie de complicaciones que ya se encontraban presentes hasta aquel momento se hicieron aún más visibles. Dentro de la compleja burocracia interna que les había permitido su crecimiento de una manera controlada, se incluían nuevas normas y mecanismos forzados por su nuevo estatus que, a su vez, se convertían en brechas de acceso para individuos poco recomendables.

A pesar de los altibajos que ha sufrido desde entonces, La Orden nunca a dejado de ser un ente completamente autónomo, al igual que tampoco ha dejado de estar salpicada de escándalos. La oportunidad de crecimiento ilícito no es una prerrogativa exclusiva de los los altos mandos, sino que se extiende a lo largo de todo el árbol jerárquico.
De la misma manera que la corrupción en las altas instancias se ha demostrado como algo inevitable, aquellos que se encuentran en los puestos más bajos también forman parte de en la cadena de mando, responsabilidad y poder. En los momentos en los que La Orden ha gozado de una mayor repercusión, también lo ha hecho la proliferación de nuevos escándalos de todo tipo, tanto ciertos como fabricados.
La perversión de las normas del reglamento interno es un arte en sí mismo, al igual que lo son los juegos de presiones e intrigas para que se aprueben unas por encima de las otras. Los mecanismos diseñados para evitar este tipo de intrigas y las ansias de poder siempre han sido susceptibles a un uso creativo, parcial y partidista.

Independientemente del tamaño que haya llegado a alcanzar la institución, sus diferentes reglamentos no han logrado evitar que alguno de sus puntos críticos dependa de la labor de un pequeño componente. Cada nueva iteración que ha tratado de poner solución a alguno de los problema ya detectados, siempre ha acostumbrado a sacar a la luz nuevas fallas hasta entonces ocultas, y La Orden, por más soberbia e impresionante que pueda parecer, no está libre de estas grietas, contradicciones internas y lagunas en su sistema.
Dado su gran tamaño actual, tras la apariencia de estabilidad, orden y control que pretende proyectar, en su interior se fraguan todo tipo de movimientos contradictorios. Algunos de estos no tienen reparos en ser mostrados en público y se plasman a través de la tergiversación de los mecanismos de los que disponen, mostrando sin pudor ante la mirada impotente de los juristas los huecos que pueblan sus leyes, otros lo hacen de manera subrepticia.
Más allá de los usos que fuerzan a la evolución constante de los mecanismos de control, en el interior de La Orden también se encuentran quienes no buscan estas lagunas como herramientas de promoción interna, sino que aspiran a obtener a través de ellos un enriquecimiento rápido o quienes, directamente, han sido pagados para introducirse en la organización y mermar su influencia o su reputación.
Entre las salas y pasillos de las distintas sedes bullen y se desarrollan todo tipo de tramas que amenazan con desestabilizar su misma estructura. No existen planes ni mecanismos de control perfectos, no existen leyes sin fallas que explotar. Por más procedimientos que establezcan los tecnócratas para controlar la corrupción y el arribismo, por más que se esfuercen e investiguen los cuestores, por más sentencias que dictaminen los legisladores, en su aspiración por evitar el colapso, también van abriendo nuevas puertas hacia la destrucción de La Orden.

La incomodidad y, en ocasiones, inconveniencia que provocan los mecanismos diseñados por los tecnócratas, al igual que su propia naturaleza, los han convertido en la orden más denostada por el resto. Por otro lado, la orden de los Censores es la más temida.
Los métodos y mecanismos de ambos son puestos constantemente a prueba y sus motivaciones en entredicho. Al mismo tiempo, mientra que las funciones de la primera siempre se han encontrado cuestionadas, muchos consideran a la segunda como un mero agente cómplice en el mantenimiento del estatus quo.

Pese a los esfuerzos de ambos organismos para tratar de minimizar y aislar los brotes de corrupción dentro de la organización, esto no evita que esta recorra libremente sus pasillos o que algunos de sus mismos miembros se vean comprometidos por ella. El hecho de que su relación e interacción con el resto de los organismos tienda a ser muy limitada tampoco ha ayudado a mejorar su imagen. Pese a todo esto, la labor de lo administradores y cuestores se han terminado por convertir en un engranaje crucial sobre el que se sostiene la inmensa y compleja macro estructura de La Orden. Un engranaje más en el marasmo de piezas móviles en un perpetuo y delicado estado de equilibrio cuyo desajuste puede llegar a desencadenar situaciones catastróficas.

Apogeo

Tras el Primer Gran Cisma, una Orden desorientada y sin un plan a largo plazo, perdió múltiples oportunidades de volver a poseer un estatus como el que había alcanzado previamente a la fragmentación. La sucesión de líderes ineficaces y decisiones equivocadas les hicieron pasar épocas de absoluta irrelevancia y tentativas de disolución. Sólo el buen hacer de algunos de sus mandatarios impidieron que el titubeante paso de la organización terminase en colapso. Gracias a ellos, y de manera lenta, La Orden fue recuperando su prestigio en momentos puntuales esparcidos a lo largo de los siglos posteriores.
Irónicamente, el punto álgido de la popularidad de La Orden se encuentra ubicado en este largo periodo tumultuoso. Durante la etapa final del mandato de la Omniarca Maeshu Pomyane (Semper, Baern -228, -137) el nombre de Los Cronistas volvía a estar en boca del pueblo, a la par que la organización en su conjunto recuperaba una reputación similar e incluso mayor que la que había ostentado con anterioridad
Gestionando con cautela e inteligencia sus movimientos y optimizando las ganancias que obtenía con cada una de ellas, con una selección de proyectos orientados claramente hacia el aumento de su visibilidad, el equipo de dirección que trabajó junto con Pomiyane logró que de nuevo se hablase de
La Orden en presente fuera de los círculos de intelectuales y eruditos.

En el terreno más popular, trabajos hercúleos como la recuperación y recopilación de los mitos y leyendas de los folclores de Baern, Nivar, Goord, Bra’Em’Kyg, Rearem, Naltor y Menetia, así como su libre acceso hasta los mismos para cuenta cuentos, poetas y actores, granjearon al Cronarca Diseo Laitusar (Yisantal, Baern -220, -150) la simpatía del pueblo llano.
Pero esto no fue un hecho aislado. Otros trabajos del pasado comenzaban a dar sus frutos en aquellos días. Aquel momento vino precedido por grandes obras y apuestas arriesgadas que en su momento no fueron comprendidas. Gran parte de los réditos de aquel momento de gloria provinieron de una obra concluida casi siglo y medio atrás. La situación geopolítica del momento conllevó que la participación decisiva de La Orden de los Constructores en la colosal obra inacabada del Gran Imperio Menetiano; la finalización de la vía imperial que une de norte a sur la parte central del continente, los convirtiese en los poseedores de una importante parte de un elemento clave del comercio internacional.

Mientras todo esto sucedía, sus organizaciones rivales habían ido sufriendo un desgaste mayor al suyo. A pesar del ímpetu inicial con el que las distintas naciones recibieron en el pasado a los disidentes de La Orden, con el paso del tiempo el dinero y los recursos destinados a sus investigaciones había ido decreciendo, disminuyendo con ello también su capacidad de realizar investigaciones de calado o descubrimientos significativos. Mientras estas organizaciones iban realizando su lenta e inexorable transición hacia la intrascendencia, La Orden, no sin ciertos altibajos, había logrado mantenerse como una organización cada vez más relevante a nivel internacional.

Cuando se alcanzaba los finales del siglo noveno de la “Edad Moderna” (-157 del Calendario Mecbarino), muchos comenzaron a considerar a La Orden de nuevo como un imperio en sí mismo. Una fuerza que algunos miraban con suspicacia. Mientras que unos lo denominaban como “El imperio del Saber”, otros se referían a ellos como “Los Maestros de Marionetas”. Aquellos no dados a eufemismos los denominaron El poder tras la sombra, aunque no por ello ninguno de ellos dejaban de requerir sus servicios.

Sin importar que, con el transcurrir de los siglos. su relevancia haya ido decreciendo, o que la mala gestión de algunos de sus Omniarcas hayan destruido gran parte de aquella relevancia, a día de hoy aún se conservan algunos vestigios de aquella grandeza. Los componentes de La Orden se convirtieron en consejeros, educadores y consultores, formando parte de una manera u otra de las altas instancias, ya fuese a través de sus estudios, o de la formación de las nuevas generaciones de quienes se convertirían en las futuras élites de gran parte del mundo civilizado.

Las órdenes mixtas

Uno de los grandes grandes problemas históricos que había acompañado a La Orden a lo largo de casi toda su existencia; la infranqueable barrera ideológica que separa a las órdenes teóricas de las pragmáticas, era una tarea pendiente cuya solución habían tratado de acometer multitud de sus líderes.
No fue hasta el mandato de de la Omniarca Olayar Kunobe (Munvolta, Saliria -175, -81) que, tras decenas de intentonas fallidas, se llegó a alcanzar una solución de compromiso a este conflicto.
El antagonismo entre los dos grandes bloques era un problema demasiado serio para tratarlo como un problema secundario. Afirmando que la consolidación de este hecho que había acompañado a la organización desde tanto tiempo atrás jamás había hecho bien alguno, la solución del mismo se convirtió en una de las prioridades de Kunobe. Una tarea que se prolongó durante todo su mandato.
La solución final, pese a paliar parcialmente la situación con la creación de las llamadas órdenes mixtas, tampoco fue de su completo agrado, pero sí que dejó una situación que sus sucesores apenas han tratado de matizar o mejorar.

Si bien esta solución no era perfecta, sí que se ha mantenido activa hasta la actualidad. De acuerdo a las teorías de Kunobe, la problemática se había tratado de afrontar desde un enfoque erróneo. El conflicto no era meramente ideológico, sino de una parte muy importante del mismo procedía de la clamorosa falta de comunicación, entendimiento y visibilidad de las tareas realizadas por cada una de las partes implicadas. Ante este enfoque, la primera solución aportada por el equipo de dirección de la Omniarca fue la de crear una orden de mediadores internos, pero este acercamiento se demostró insuficiente. Los Oxiarcas del resto de grupos de estudiosos se negaban a “perder aún más tiempo en trámites inútiles con otro organismo superfluo”.
A partir de esta primera intentona, y siguiendo por un camino similar, se optó por que esta orden no fuese una entidad independiente, sino que los mediadores tenían que ser miembros de cada una de las la órdenes existentes. Miembros con un nivel de especialización menor pero con un conocimiento que abarcase más campos de estudio.

La finalidad de estos sub organismos ubicado dentro de las distintas órdenes mayores varía dependiendo enormemente en cuál de ellas se encuentren pero, a grandes rasgos, cumplen con dos funciones principales.
Por un lado, se espera de ellas que aporten una visión más amplia, ya sea esta teórica o práctica, allí donde algunas de esta es escasa o es más necesitada.
Por otro, sus miembros son los responsables de realizar las labores de comunicación e interlocución cuando se tienen que llevar a cabo tareas de manera coordinada entre las órdenes de bloques opuestos.

A pesar de que estas órdenes mixtas se conservan en la actualidad, la suya tampoco ha sido una tarea sencilla. Considerados por unos como investigadores de segunda poco especializados, y por otros como técnicos con perfiles y visiones demasiado teóricas como para aportar algo en la aplicación del conocimiento, cuando no directamente como intrusos, viven en un constante estado de demérito. Pocos son aquellos cuya labor y aportaciones hayan sido reconocidas o apreciadas alguna vez por los Oxiarcas de las órdenes mayores que las albergan.

Con el paso del tiempo el poder, número y atribuciones de los administradores y las órdenes mixtas han variado y han sido factores discutidos en gran medida, pero su utilidad y necesidad a día de hoy está fuera de toda duda. Si bien su mera creación no fue suficiente para poner fin a los conflictos, sí que han servido para paliar en parte el caótico y arbitrario funcionamiento que antaño padeció La Orden.
Por más que jueguen un papel ingrato y desagradable dentro de la organización, y sus defensores sean escasos, de entre los miembros que militan en sus filas, ya sea dentro de las órdenes teóricas o las pragmáticas, han salido ideas y aportaciones que han supuesto avances significativos para el gran esquema.

Estancamiento y declive

Se han achacado a muchas causas la posterior caída en desgracia que padeció La Orden. El espectro de razones que se han expuesto han pasado desde el inmovilismo y especulación, hasta un agravamiento de la corrupción durante la época de bonanza, o una conjura del exterior para acabar con su poder pero, como acostumbra a suceder con las organizaciones de esta magnitud, todas son ciertas pero ninguna de ellas es en sí misma una verdad completa. Como sucede con toda creación humana, la estabilidad nunca es algo constante. Tras varios siglos de lento crecimiento y la culminación en su época de gran esplendor, llegó el final de un ciclo para La Orden. Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, y motivos que se encontraban más allá del control de la organización, su dinámica se volvió descendente desembocando en una nueva crisis.

Pese a que si que existían presiones desde el exterior para mirar su capacidad de influencia, no hizo falta la presencia de ningún enemigo externo para dar al traste con su trabajo. En aquella ocasión tampoco se trató de una nueva revuelta de quienes se encontraban lejos de Cahirn Ansai, sino del propio desgaste de todo el conjunto. Pequeños detalles arrastrados a lo largo de su ya larga historia que, poco a poco, fueron minando nuevamente su relevancia y credibilidad. No se trataba de nada nuevo, sino de la acumulación de viejas disputas y desacuerdos.

Las disensiones internas hicieron mella una vez más en el seno de La Orden. Las quejas y recriminaciones cada vez eran más constantes. Reclamaciones históricas como aquellas acerca de la priorización y el uso de los recursos que se intensificaron, mientras que los distintos Oxiarcas presionaban para que se destinase más dinero a cada una de sus investigaciones. Personajes de distintos grados de brillantez que pedían mayor repercusión. Estudios que se iniciaban para morir poco tiempo después por falta de presupuesto o errores burocráticos.
Las luchas entre las ordenes pragmáticas y las teóricas eran constantes, y la mera existencia de las ordenes mixtas no era suficiente como para que llegaran a un entendimiento. Egos desmedidos que exigían sin ofrecer nada a cambio, forzando posiciones cada vez más polarizadas. Nadie estaba a salvo de las críticas, pero los Tecnócratas eran una vez más quienes más cuestionados se encontraban, y no sólo por las órdenes teóricas.
Se acusaba a su gestión de centrar sus esfuerzos en la obtención y ampliación del poder dentro de la organización, ignorando las necesidades reales del resto de organismos. De limitarse a gestionar el conocimiento ya adquirido, mientras se relegaba la tarea original de La Orden, la investigación, a una posición secundaria.

Aprovechándose de aquellas muestras de debilidad e inestabilidad interna, más allá de las fronteras de Baern se firmaban nuevos tratados entre las embajadas y las naciones que les alojaban, mientras otras eran directamente absorbidas o conquistadas por ellas. Se producían escisiones cuando algunas de sus mentes más brillantes abandonaban el seno fundacional, ya fuese esto por motivos de puro ego, frustración, ambición personal o por sentir que se estaba traicionados el ideal por el que habían entrado en ella. Algunas de las universidades más importantes se independizaban hasta convertirse en pequeñas ciudades estado. A su vez, temerosas de que ligando su capaz de subsistencia a algún gobierno, terminasen siendo reducidos a la irrelevancia igual que quienes les precedieron siglos atrás, firmaban acuerdos que les permitiesen mantener su independencia. Algunas de ellas fueron capaces de sobrevivir, pero otras no tardaron en desaparecer.
El imperio de saber se deshizo, pero no se colapsó. Su brillo fue disminuyendo poco a poco hasta llegar hasta un punto muy similar aquel en el que se encontraba cuando todo comenzó. Algunas lecciones habían sido aprendidas, otras muchas quedaban aún por ser asimiladas, pero su semilla había sido sembrada y perduraba más allá de sus fronteras.

El calendario Mecbarino

El nuevo resurgir de La Orden llegó de manera inesperada y de la mano de quienes lo iniciaron todo; Los Cronistas.
Gracias al trabajo y las teorías del historiador de origen menetiano Kalend Mecbar, y sin un animo especial de trascendencia, la utilización de sus cálculos para la plasmación del gran calendario sirvió para crear un nuevo vínculo de unión entre las distintas escuelas.
Alejando de manera intencionada los criterios mediante los que realizaba esta medición del tiempo de cualquier atisbo de relación con la mitología o la religión, su agnosticismo confeso fue recibido con una mezcla de agradecimiento y expectación por parte de aquellos que se encontraban bajo el yugo de la superstición.
La idea de señalar el año de su instauración como el año cero fue interpretado como toda una declaración de intenciones. Como un reto lanzado contra quienes ostentaban el poder tratando de imponer sus propias agendas. Pero, por más inconformista que pudiese parecer la medida, quienes pensaban de aquella manera estaban equivocados. Ninguna de aquellas interpretaciones y especulaciones estaba basada en las intenciones originales de la Cronarca Margisa Yudenu (Nórvingost, Saliria -45, 21).
Ante la clara imposibilidad de aspirara a lograr poner de acuerdo a todo el mundo, esta vía ni siquiera se intentó. En su lugar, se optó de manera pragmática y unilateral por no preguntar a nadie y comenzar a utilizar aquella medida como una herramienta de uso interno. No se pretendía convertir en algo exportable o en un estándar formal, sino en crear un criterio temporal único alrededor del cual orquestar sus métricas. Aquel acto, más que una rebelión contra el poder, una especia de broma privada que pocos supieron entender, terminó por ser utilizada también por otros estudiosos ajenos a La Orden de manera voluntaria.

Ante la ofensa manifiesta demostrada por distintos estamentos religiosos y los estados más reaccionarios, los estudiosos independientes parecieron recordar los motivos sobre los que nacido La Orden y lo que quiso representar en un comienzo. Imbuidos por una especie de orgullo gremial, la comunidad científica pareció cerrar filas alrededor de aquel supuesto acto de rebeldía. Su misión fundacional era relevante y la objetividad un requerimiento, no algo opcional.
Con el paso del tiempo, y al igual que había sucedido con las primeras escisiones, tras unos inicios llenos de esperanza e ilusiones, la realidad se había impuesto de manera abrumadora sobre ellos.
Aquellas organizaciones que aún perduraban a duras penas, firmaron o renovaron sus tratados con La Orden, cuando no se fusionaron nuevamente con ella. Las razones que forzaron su partida habían muerto junto con aquellos que tomaron las decisiones en ambos bandos. Si la ciencia y el conocimiento querían volver a ser relevantes, no podían hacerlo de manera estanca, sin debate o confrontación.

Durante aquellos días, La Orden como organización logró recuperar parte del poder que ostentó en el pasado y su número de sus integrantes se vio incrementado, al mismo tiempo que recuperaba alguna de sus sedes en territorios foráneos. No sin dificultades, los consejos de sus embajadores comenzaron a ser requeridos y escuchados nuevamente, renovando con ello acuerdos que se habían perdido tiempo atrás. De manera paulatina, La Orden volvía a recuperar parte de su influencia perdida.

Baen’Shull’Ilay

El contacto de Nusureh y sus habitantes con Daegon y, más concretamente, el surgimiento del domo de Baen’Shull’Ilay en la ciudad de Marndayal, supuso un nuevo hito en la historia de La Orden. Tras aquel incidente, el estudio de este y otros constructos surgidos al mismo tiempo en distintos lugares, así como aquellos similares que se conservaban de la antigüedad, cambiaron de manera drástica las funciones de varias de las órdenes, aunque las que más afectadas se vieron fueron la de los Cronistas, los Naturistas y los Cartógrafos.
Si bien este cambio fue paulatino y pasarían más de ciento cincuenta desde la aparición de la ciudadela jonudi y el traslado de la sede de La Orden hasta sus alrededores, el conocimiento acumulado durante ese tiempo se demostró como uno de los grandes filones que trataron de explotar los distintos Omniarcas.
El corazón de pasaba a estar ubicado alrededor de aquella edificación en su sede central y edificio fundacional; la denominada como “Catedral Infinita”, un palacio dedicado al saber en constante ampliación. Esta edificación situada en la ciudad de Marndayal terminó por convertirse en un lugar de referencia. Una ubicación que, para desgracia del gobierno de Baern, había pasado a convertirse en la capital oficiosa de una nación a la que ya no pertenecía.

Al mismo tiempo que esto colocaba nuevamente a La Orden dentro del esquema de poder del continente, también provocó que, una vez más, fuese vista como una amenaza por parte de sus potenciales aliados, cuando no directamente como una peligro real e inminente por parte de los estamentos eclesiásticos, quienes consideraban el estudio de otros niveles de existencia como una herejía. Tanto es así que, el simple hecho del cambio de sede llevado a cabo por parte de la Omniarca Jeroth Rusandali (Biyusún, Baern 251, 312), ya fue considerado como una provocación por parte de las altas instancias de los miembros de la teogonía de Menetia y la teocracia de Goord. Con el paso del tiempo, no ha sido raro que estos organismos hayan acusado a La Orden de ser los causantes de todo evento anómalo sucedido en el centro continental.

Los peligros que conlleva el estudio de Baen’Shull’Ilay tampoco son algo que se haya tomado a la ligera desde la misma Orden. Dependiendo de la inclinación del Omniarca que gobernase en el momento, este ha llegado a estar muy restringido o incluso prohibido. En ocasiones, incluso aunque el dirigente de La Orden haya estado a favor de incentivar este tipo de estudios, se ha encontrado con trabas por parte del resto de los miembros del Yishin Amat.
Al mismo tiempo que su estudio ha sido apoyado y seguido con atención desde lugares como Saliria o Harst, las pérdidas humanas que se han producido durante las mismas también han sido causa de preocupación por parte de estos aliados.

Refundación

A mediados del siglo pasado se produjo el último cambio significativo que ha sufrido La Orden. Este vino de la mano de la llamada “refundación” llevada a cabo por parte de la Omniarca Audra Teramasu (Áldern, Rearem 599, 690).
Impactada por los sucesos relacionados con “observatorio dimensional” de Suli’Gier’Nal, la desaparición de la tecnóloga Tresha Vishmanayán y obsesionada con la posible relación entre el Domo de Jonur en su Áldern natal y Baen’Shull’Ilay, abogó de manera abierta y sin ambages por la comprensión y exploración de lo que se encuentra más allá de las barreras que definen la realidad en la que nació la humanidad.

Con el reciente tránsito sobre Daegon del llamado “continente errante” de Gishu Undokol, y la posterior aparición de las islas flotantes, el miedo a lo desconocido ha provocado que algunas de las naciones olviden otros temores. Tras estos sucesos, al igual que sucediese tras otros eventos anómalos, la presencia de lo desconocido necesita del saber para que le ayude a disipar estos miedos.