Las órdenes III

La orden de los Pensadores es un caso atípico dentro de la organización. A pesar de que las labores que desarrollan sus miembros ya se encontraban presentes en el seno de La Orden desde los momentos previos a la misma fundación de Los Cronistas, y que quienes desempeñaban las tareas que estos han heredado por ellos han llevado a cabo labores significativas dentro de todos los equipos de gobierno, no se reconoció su relevancia y necesidad hasta siglos más tarde. Esta tardanza a la hora de otorgarle una entidad propia ha hecho que, de manera errónea, se le considere como una de las últimas órdenes puramente teóricas dentro del esquema de la organización.

Ya en el documento fundacional de la organización redactado por Walur Latnaer, este hacía referencia al Vecsi erasto nindaeru, “La verdad como concepto, objetivo y herramienta” obra de la filósofa baerni Hispera Alixia (Baxari, Baern -821, -702), como una de sus mayores influencias. No sólo la obra de Alixia fue una gran influencia en él, sino ella fue una des sus mentoras.
En el documento que daba forma, propósito y origen a Los Cronistas, Latnaer incluía estos extractos de la obra de su mentora:

“Me pides que elija como si tuviera elección. Como si no elegir no fuese en sí mismo una elección.
Me exiges que decida entre una u otra cosa. Que no existen opciones más allá de aquellas que me planteas.
Pero mientes. No sé si por maldad, por ignorancia o por ceguera, pero mientes.

El mundo de las decisiones es dual, pero la cantidad de opciones a valorar carece de límites.
Con el lenguaje tratamos de condicionar la realidad. Tanto la nuestra como la de los demás.
A través de él fingimos ser algo que jamás seremos; entidades cuyas acciones moldean aquello que somos capaces de percibir.
Y esto no es así, con las palabras nos limitamos a describiendo el universo de una manera que nos permita enfrentarnos a él. No lo limitamos ni le damos forma, nos engañamos mientras pretendemos hacer ver que lo comprendemos. Aparentamos saber allí donde solamente creemos. Nos colocamos como un elemento central de algo ante lo que no somos nada, algo que no somos capaces de abarcar.
Inventamos atributos humanos para algo que no los requiere. Ocultamos nuestra ignorancia bajo una máscara de suficiencia, miramos al infinito y por el simple hecho de haber inventado palabras y conceptos para describirlo lo creemos subyugado.
Somos algo. Sí, pero sólo motas en el infinito, instantes en la eternidad, elementos prescindibles dentro de un gran esquema que no nos necesita.
Somos buscadores. Aspirantes al conocimiento, pretendientes a un lugar dentro de una certeza inalcanzable.

Me pides que elija, como si en tu mano estuviese la capacidad de crear u otorgar opciones.
Me exiges que tome una decisión como quien se engaña creyéndose poseedor de una respuesta.
Pero mi decisión no depende de ti ni de tus opciones. Mi decisión sólo depende de la verdad.”

“¿Y qué es la verdad sino un engaño más? ¿Qué es la verdad más allá de una palabra?
La verdad sólo es eso; un concepto creado por nosotros. Una quimera, una entelequia, un ideal. La verdad no deja de ser una invención, al igual que lo es la mentira.
Hablas de la verdad como un absoluto, cuando sólo es el marco que crearon nuestros ancestros para tratar de poner límites a lo que carece de ellos. Una mera cuestión de perspectiva, una aproximación siempre imprecisa a fuerzas que no entendemos.”

“Es ahí donde te equivocas y te engañas, porque la verdad no es algo subjetivo o equidistante de cualquier percepción u opinión que se pueda tener de ella.
De ser tales cosas estaríamos hablando de conceptos diferentes utilizando la misma palabra.
No te equivocas en cuanto a que se trata de una palabra. Eso es algo innegable. Un hecho, algo que objetivamente, es verdad. Pero esa palabra se creó tratando de describir algo. Detrás de ella hay un objetivo, un significado, un propósito.
Más allá de todos ellos hay un concepto, por supuesto. Algo que tratamos de definir, expresar y comprender. Por más que este concepto sea una quimera, por más se trate de un ideal, es algo único y absoluto.
Bien y mal son conceptos subjetivos, pero la verdad no lo es.
Es ajena a contextos, inmune a intenciones, indiferente a interpretaciones.
Quizás no lleguemos a conocerla jamás, quizás nos alejemos de ella con cada paso que damos. No depende del uso que hagamos de ella, no se ve afectada por acción o decisión alguna. De manera independiente a todo esto, ella siempre permanece inalterada e inalterable. La verdad es objetiva allí donde nosotros no somos capaces de serlo.
Tu verdad y mi verdad son falacias. No existen sino como interpretaciones parciales e interesadas de un algo mayor. Son irrelevantes. Meros rumores, sombras y proyecciones de algo que se nos escapa. Datos a contrastar, opiniones que refutar, conclusiones a demostrar.
La verdad no se posee ni se moldea, no nos favorece ni nos perjudica, la verdad simplemente ES.”

Pese a esto, la primera inclusión dentro de La Orden de un cuerpo dedicado al pensamiento puro no se produjo hasta el -12 del calendario mecbarino. Esta encarnación original carecía del estatus de orden o de recursos propios, ya que se trataba de una cuerpo menor dentro de los Censores alumbrada durante el mandato de la Omniarca Ibesca Linfosova (Pyotslav, Saliria -71, 14).
Dentro de su limitado margen de maniobra, para lo que sí que sirvió aquel pequeño organismo fue para dar comienzo a una de las grandes labores que heredarían a posteriori los futuros Pensadores; la de documentar y organizar tanto la historia como la evolución del pensamiento humano.
Del debate surgido entre las filas de quienes dieron comienzo a esta labor, compartida en aquellos momentoscon los Cronistas, surgieron las teorías que plantearon la necesidad de establecer un punto de referencia objetivo para la medición del tiempo. A su vez, de aquellas disertaciones y estudios surgieron las las propuestas que conformaron los criterios utilizados a la hora del establecimiento del año 0.
Si bien es cierto que, hasta aquel momento, la filosofía y el pensamiento metafísico se encontraban presentes dentro de La Orden, y que quienes desempeñaban aquellas mismas funciones militaban de manera mayoritaria dentro de diferentes cuerpos de las otras órdenes esencialmente teóricas, la creación de un organismo, por más limitado que fuese, centrado en este área, sirvió como catalizador para crear un lugar idóneo en el que los estudiosos que compartían un interés por la filosofía pura se reuniesen a debatir. Con el paso del tiempo, y al mismo tiempo que desempeñaban aquellas tareas, su hasta entonces pequeño nicho de actuación se fue haciendo cada vez mayor. Ya fuese mediante la aportación de una perspectiva más humanística sobre las pragmáticas, o planteándose nuevos acercamientos tanto al estudio como a las materias que deberían ser abordadas, su ámbito fue impregnando casi a todas las demás disciplinas. Disgregados entre todos los estamentos que componen La Orden, pese a carecer de un núcleo que aglutinase sus diversos acercamientos hacia la ciencia, el conocimiento y la misma razón de ser de la existencia, quienes no encontraban su lugar dentro del modelo ya establecido, fueron creando y dando visibilidad a una agrupación extraoficial y paralela que, de manera inadvertida había existido casi desde el inicio de la misma organización.

Durante aquellos últimos años previos al establecimiento del calendario mecbarino, al igual que a lo largo de los dos primeros siglos que lo siguieron, su presencia y relevancia fueron consolidándose poco a poco. Más allá de que su poder no fuese notorio, o que su presencia no destacase de manera especial, la diversidad de sus múltiples visiones sí que fue impregnando lentamente a las generaciones posteriores. Pese a esto, sin terminar de encontrar su lugar dentro del esquema de poder de La Orden o los organismos que acogían a cada uno de estos Pensadores primigenios, y carentes de una figura que terminase de consolidar sus funciones y hacer visible la necesidad real de su misión, en varias ocasiones estuvieron cerca de verse disueltos. No fue hasta la ascensión al poder de la Omniarca Belstar Vitrami (181, 248 Marndayal, Cahirn Ansay), quien formaba parte de la facción de los Pensadores existente dentro de los Cronistas, que, tras una ajustada votación, no sólo se les separó definitivamente de los Censores y se les dio entidad propia, sino que también se la elevó hasta el estatus de Orden Mayor en el año 223. Con esto, la orden de los Economistas perdía su sillón dentro del Yishin Amat ante aquel, en apariencia, joven organismo.

Tras aquello, tanto sus campos de estudio como su misión dentro del esquema global de La Orden se fueron definiendo de manera inesperada. Siguiendo la estela de los filósofos de antaño, estos comenzaron apropiándose de las atribuciones tradicionalmente otorgadas a estos para, de manera paulatina, ir extendiendo su espectro y difuminando sus límites. De la filosofía y la metafísica puras pasaron a ir concretando sus preguntas hasta llegar a fusionar estas disciplinas con las del resto de órdenes. De esta integración con las diversas materias de las que se ocupa La Orden, y trabajando de una manera similar a la que venían haciendo las órdenes mixtas, se fueron creando nuevas escuelas de pensamiento que aspiraban a aportar puntos de vista únicos que permeasen al resto de organismos. Materias como las de la antropología, la lingüística, la ética, la justicia, la sociología, la politología o la mitología fueron integrándose bajo nuevas perspectivas dentro de los currículos de Cronistas, Tecnócratas, Legisladores y Teólogos. Aquellas órdenes puramente pragmáticas inicialmente se negaron a aceptar lo que percibían como una intromisión en su trabajo, y la visión del componente moral, semántico o metafísico que trataban de imponer sobre temas que, hasta aquel momento se consideraban zanjados. El cometido de los Pensadores de cuestionar lo que se daba por asumido y tratar de hallar lo que subyace bajo el concepto de “normal” o “aceptable” supuso el origen de una gran cantidad de encontronazos que sacudieron los mismos preceptos sobre los que se había construido La Orden a lo largo de su milenio de existencia. La certeza pasaba a ser duda, la verdad absoluta algo inalcanzable y, quizás, un concepto falso en sí mismo. Pero no todo fueron negativas. Mezcladas entre las voces que acusaban a los Pensadores de no hacer ciencia, también se encontraban las que admitían que, con el conocimiento del momento, no todo podía ser explicado utilizándola, y quizás no llegase a serlo nunca.

Más allá de las enseñanzas que se pueden extraer de sus tesis por parte de otros, su cometido se centra en el pensamiento puro y la comprensión de la existencia desde distintos acercamientos. Dentro del rango de acción que abarcan sus diferentes campos de trabajo y estudio, el de la búsqueda de aplicaciones prácticas y concretas dentro del mundo real para sus postulados no es una de las principales. Si bien dentro de su estructura no se encuentra ningún organismo que se pueda considerar pragmático, esto no implica que ninguna de las materias que investigan carezca de impacto dentro de este ámbito. De la misma manera, el ser la única dentro de las grandes órdenes carente de cuerpos de índole no teórica, no quiere decir que su trabajo no haya servido para ayudar a moldear el mundo civilizado moderno.

A día de hoy, su presencia se encuentra plenamente consolidada e implantada de una u otra manera dentro de todos los estamentos de La Orden. A pesar de esto, su convivencia no es siempre sencilla. Si podemos hablar de un grupo dentro de los Pensadores que se podría tomar como un caso paradigmático del enfrentamiento que se ha perpetuado entre esta orden y el resto, esta podría ser el de la escuela de pensamiento de Nyscoli Josam (Livasyanu, Rearem 105, 181).
El cometido de los seguidores de Josam se centra en utilizar de una manera agresiva la duda como herramienta para el avance. De acuerdo a esta escuela, la ausencia de certidumbre, la creencia sin verificar y el conformismo son los mayores enemigos del progreso. Todo lo que no se sabe es sinónimo de fracaso, y todo aquello que no se puede demostrar de manera objetiva, no puede considerarse como conocimiento sino como mera especulación.
Sus miembros, pese a no tratarse ni remotamente la escuela de pensamiento con mayor número de adeptos, acostumbran a ser el foco principal de las fricciones de los Pensadores. Se les ha llegado a acusar de no aportar nada a la investigación y de tratar de boicotear aquellas en las que intervienen, abusando tanto dialéctica como físicamente de quienes las llevan a cabo. El rango de acusaciones también se extiende a quienes los consideran unos elitistas carentes del conocimiento necesario sobre el que cimentar sus críticas. Unos falsos intelectuales incapaces de apartar la mirada de los libros para mancharse las manos en el campo de la ciencia aplicada, que se dedican a socavar la confianza de otros estudiosos y de retrasar los proyectos, desviándolos de los parámetros establecidos y del alcance que se ha definido para ellos. Por su parte ellos se defienden alegando que, la firmeza del conocimiento de aquellos que no son capaces de dar una respuesta satisfactoria a sus preguntas, se encuentra tan vacía y errada como lo son sus conclusiones.
Si bien el nivel e intensidad de las quejas del resto de organismos hacia los Pensadores no ha sido constante, sino que ha mantenido distintas progresiones a lo largo del tiempo, en el caso concreto de los Josámicos prácticamente se ha mantenido inalterado. Tanto es así que, en más de una ocasión se han recibido peticiones para que se expulse a alguno de sus miembros de la organización o, incluso, de que se se rompa todo lazo con esta escuela. El hecho de que este tipo de comportamientos extremos tampoco sean la norma dentro de los Josámicos, no ha impedido que algún Mentat se haya visto obligado a abandonar su cargo ante su negativa a atender estas peticiones, dejando a su sucesor la desagradable tarea de llevar a cabo esta tarea.
A lo largo de su historia, los Josámicos han sido expulsados de La Orden en dos ocasiones, siendo admitidos de nuevo tiempo después con la llegada de nuevos equipos de gobierno.

Estos enfrentamientos han llegado a deteriorar la imagen que se tiene de la tarea de los Pensadores en su conjunto. Por otro lado, percibir en su totalidad esta tareas es harto complicado. Por un lado, esta consiste en encontrar las preguntas que deben ser hechas. De manera independiente a que estas sean o parezcan grandes, obvias y ya resueltas, o en apariencia nimias, estas preguntas deben ser sacadas a la luz y sometidas a un nuevo escrutinio. Su labor no consiste tanto en hallar las respuestas a los qués o los por qués, como en azuzar la búsqueda de la verdad en aquellos que creen ser sus poseedores. No la verdad fácil, cómoda y conveniente, no la verdad parcial, sino la verdad objetiva de existir tal cosa.
De acuerdo a sus mantras, “Sólo haciendo visibles las preguntas y cuestionando los modelos de razonamiento que se han seguido para llegar hasta las respuestas, se puede avanzar y aspirar a acercarse hasta el conocimiento puro”. En la actualidad, y contradiciendo al pensamiento alixio, una parte significativa de los Pensadores defienden la interpretación de la “verdad” como un concepto inalcanzable y peligrosamente subjetivo. Una herramienta útil aunque cargada de un bagaje de interpretaciones demasiado contradictorio. A lo largo de los últimos siglos esta discusión ha polarizado como pocos otros, de una manera casi irreconciliable, las posiciones de todas las escuelas.
Ya se trate de una invención humana, de concepto absoluto y objetivo, o de algún lugar intermedio entre ambos, la manera en la que es percibida, entendida ha condicionado el avance del conocimiento. Los nuevos tiempos han ido trayendo nuevos dogmas y cismas que no sólo han servido para separar a los estudiosos, sino que también han sido herramientas imprescindibles para hacerlos avanzar dejando atrás concepciones equivocadas. Las razones y criterios que gobernaban a los Pensadores no sólo no han sido impermeables a las situaciones que les han rodeado, sino que en ocasiones, han sido quienes las han impulsado. La objetividad, al igual que la verdad, que deberían ser los baluartes sobre los que se construye el conocimiento, son constructos cuya esencia ha sido moldeada para adaptarse al momento. Mientras que la primera encarnación de los Pensadores se definían como guardianes de estos valores, según fueron creciendo e introduciendo en sus filas a nuevas escuelas de pensamiento, esta visión se fue distorsionando.
Su misión no consiste únicamente en tratar de comprender la razón misma de la existencia de la humanidad, como pueda ser el caso de los discípulos de Ilistea de Yundar (Yundar, Shattegar -523, -444) y su escuela Ilisteana, sino que su búsqueda sólo es una más de todas cuantas abarcan. Si bien los ideales Josámico y Alixios continúan siendo quienes cuenten con un mayor número de adeptos, la presencia e influencia de quienes ven poca o nula diferencia entre saber y creer ha ido ganando en visibilidad. La lucha por imponer el ideal objetivo por encima de las visiones conformistas y hedonistas, de utilizar la dudar en lugar de la dialéctica para llegar hasta él, ha sido una constante. Donde unos comienzan afirmando que “Sólo a través de la duda se la puede dejar atrás, sólo a través del descubrimiento se puede acabar con la ignorancia”, algo ante lo que sus detractores replican con nuevas respuestas al debate Vecsino “De manera independiente a la naturaleza de la verdad, la búsqueda mal entendida de su forma perfecta puede llegar a ser una lastre.
Quienes no han aspirado a tanto, sino que una vez hallado lo “suficiente” o lo “necesario” los han utilizado para cimentar su obra, quizás no hayan alcanzado la perfección, a la par que sus obras siempre han resultado mejorables, pero han supuesto un base razonable sobre la que seguir trabajando.
Y es en la razón en lo que debemos basarnos. En el reconocimiento de nuestras limitaciones y la aspiración por superarlas. Quien sólo aspira a la perfección rara vez es capaz de dar el primer paso. No sólo esto, sino que desprecia los pasos que han dado sus predecesores. Quien no se atreve a fracasar y jamás arriesga a estar equivocado, está condenado a fracasar antes siquiera de dar el primer paso.
La verdad es un concepto demasiado árido y monolítico para quienes lo usan de manera estricta. Puede ser el objetivo final, pero nunca el destino marcado antes de aprender a caminar.”.

Estos debates que no tratan acerca de grandes diferencias sino sobre matices, cuando no lo hacen directamente sobre semántica, han supuesto al mismo tiempo el germen del que grandes avances y el motivo que ha impedido otros. La misma naturaleza y forma de actuar de los Pensadores está basada en la confrontación. El choque entre las ideas y su manera de expresarlas. Aunque tanto los mismos acercamientos como las maneras de plasmar las tesis de cada escuela han diferido enormemente a lo largo del tiempo, esto no ha hecho que los conflictos disminuyan. El ámbito en el que se mueve cada una de ellas, así como la maleabilidad de sus objetivos y los métodos concretos que han utilizado para alcanzarlos, al igual que sus contradicciones, conflictos internos y escisiones, siempre han sido de manera indistinta su mayor fortaleza y la causa de su caída.

Si bien la escuela Josámica podría considerarse como la más práctica de entre los Pensadores, centrando de manera mayoritaria su campo de acción en las ciencias puras, los intereses de los Pensadores en su conjunto transcienden de un único campo.

Centrándose en los ámbitos sociales y morales, entre otras muchas, podemos encontrar a los Alsynios, también conocidos como los Utopianos, continuadores de la obra de Alsyn Michastogu (Dogolu, Saliria -693, -631). Esta escuela de pensamiento que se remonta hasta los primeros tiempos de La Orden, buscan dar con la definición de un modelo de sociedad ideal. Un concepto que, no por saberse imposible de materializar en el mundo real, consideran que deba dejar de ser una meta a alcanzar para la humanidad.
Así pues, el dar con la definición de la utopía perfecta, ese concepto cuya misma naturaleza no deja de estar viciada por los condicionantes culturales y sociales del momento, no se plantea como una tarea pragmática, sino como un ideal. Un ideal obviamente subjetivo que no aspira a llevar a la a toda la especia en su globalidad, de manera independiente a etnias, sexos, credos o contextos culturales, hacia una serie de modelos sociales realizables, un ejercicio teórico que saben que está condenado al fracaso, sino que trata de plantearse cuáles serían esos modelos ideales a los que aspirar.
Al igual que sucede con todas las escuelas de pensamiento, también existe discrepancia dentro de sus filas. Al igual que sucede con quienes aspiran al conocimiento científico, allí donde la mayoría acepta que la definición de una utopía objetiva es una tarea imposible, algunos de sus miembros no aceptan esta premisa, a la que acusan de conformista, cómoda y autoindulgente.
Las dos grandes divisiones existentes entre los utopianos son las completamente antagónicas e irreconciliables.
Para los alsynios más dogmáticos, la premisa acerca de la imposibilidad de la utopía, no sólo es falsa, sino que consideran que la consecución de una social objetivamente ideal es algo realizable. Si bien esta la definición de esta sociedad perfecta varía dentro de sus mismas filas, no lo hace la forma en la que esta tendría que ser llevada a cabo. Pese a quien pese, el ideal debe prevalecer sobre las opiniones o deseos de los demás.
Ellos hablan de una utopía impuesta. De acuerdo a sus teorías, en una realidad poblada por la gran diversidad de seres, ideas y aspiraciones que habitan Daegon, lo que es imposible es alcanzar un acuerdo común. Una unidad de criterios a la hora de decidir lo correcto, pero esto no implica que el concepto en sí mismo sea inviable. Su aspiración es la de diseñar el sistema perfecto de acuerdo a lo que definen como “objetivismo lógico”. Estos Utopianos aspiran a ir aún más lejos de los conceptos morales para lograr su objetivo. En pos de este consideran que es necesaria la imposición de las necesidades “reales” y “objetivas” por encima de los deseos y aspiraciones personales, lo que consideran el “bien común” por encima de lo que acusan de ser ideales vacuos y caprichos de quienes no son capaces de aceptar este concepto. Todas las opiniones no son igual de válidas, y ellos se han erigido en los jueces que separarán las necesidades de los privilegios.

Si ya entre los grupos contrapuestos de la escuela alsynia no existe un consenso, actualmente tampoco lo existe entre los distintos cismas objetivistas. En el pasado, cuando una de sus visiones se ha impuesto con claridad, han sido una fuerza a tener en cuenta. Mensajes como el de Marosh Ilvecu (Gorn, Tarmaq -214, -151) calaron lo suficiente como para que se produjesen las primeras revueltas en un lugar tan improbable y lejano a la fuente de aquel pensamiento como es la costa sureña del Dominio. De aquella revuelta, que contó con el apoyo de Sipskriel y otras fuerzas provenientes del exterior de Tarnaq, surgió como resultado el estado fallido de Ilesca.
Tras la caída de Ilesca, tres años de su fundación en el año -153, esta escuela entró en declive y para no volver al ojo público hasta que consolidó su presencia dentro de los Pensadores cuatro siglos después.
Hasta el día de hoy, la disparidad de criterios dentro de los distintos cismas alyxios no ha hecho sino crecer. Las experiencias pasadas, y la observación de la evolución de las distintas culturas consideradas civilizadas del oeste continental, les han llevado a desarrollar dentro de sus filas un rango cada vez mayor de discrepancias. Ubicados entre los predicamentos de sus extremos opuestos, no es raro encontrar dentro de su seno a quienes tratan de materializar tal concepto de las maneras más dispares, ya sean como algo aplicable al mundo real o como un ejercicio puramente teórico. Quienes adoptan el primer acercamiento no acostumbran a pertenecer de manera nominal a los Pensadores, sino que aquellos con este tipo de inclinaciones tienden a formar parte de otros organismos, como puedan ser los Legisladores, los Censores o alguno de los cuerpos políticos dentro de las distintas órdenes a las que pertenecen.

Más allá de lo extremo de los planteamientos de algunos de sus componentes, del acercamiento puramente pragmático de algunos de ellos, o de las propuestas más arriesgadas de ciertas escuelas, las teorías de los Pensadores no siempre aspiran a convertirse en dogmas, imposiciones o herramientas de uso diario en el mundo real. Son conscientes de la imposibilidad de evitar por completo los sesgos, ya sean estos culturales, individuales o condicionados, la soberbia o la visión de túnel causada por la carencia de la visión del conjunto.
La función principal que se han atribuido es la de dudar. Hacerse preguntas y poner a prueba lo ya establecido, descubrir por sí mismos preguntas que no han sido formuladas con anterioridad, hacer que los investigadores cuestionen sus propios métodos y fines, hacer visible ante los gobernantes sean las posibilidades que no han sido capaces de percibir por sí mismos. En definitiva, el avance de la humanidad en su conjunto.
Inspirando a estos otros, a los gentes más pragmáticas, aspiran a que estos busquen maneras de destilar las ideas que subyacen en su pensamiento. A que las preguntas descubran problemas ocultos, y que sus respuestas se transformen en los mecanismos que puedan llevar a la comprensión completa de la realidad, al mismo tiempo que se construye una sociedad “mejor”, más “justa” y estable. De acuerdo a otro de sus mantras “Sólo alcanzando este conocimiento se logrará obtener los medios necesarios para superar las limitaciones a las que está sometida la humanidad. La subjetividad sólo debe ser un escollo más a superar. Un rival esquivo cuya presencia debemos tener siempre presente para ser capaces de identificarla y evitarla”.
Pese a estas palabras y los deseos que expresan, la concepción de lo que es la misma subjetividad siempre ha sido otro de los elementos polarizantes dentro de los constantes conflictos entre las distintas escuelas de pensamiento. Donde unas consideran que esta no sólo no es un escollo, sino una herramienta inherente e indisoluble del ser humano para el establecimiento de sus objetivos, otros consideran que es una lacra que puede ser expurgada gracias al conocimiento.

Mientras que los Josamistas evalúan lo que se considera y acepta como conocimiento científico, tanto en sus conclusiones como en lo referente a los métodos que se utilizan para llegar hasta él, y la moralidad de los mismos, con el objetivo de que este no quede contaminado por los malas praxis, los Alsynios centran su misión en cuestionar, analizar y desmontar los mitos generados alrededor de aquellos aspectos asumidos como “normales” dentro de las distintas sociedades. Tanto los preceptos que reinan en las culturas dominantes, y los que llevaron a la forja de los imperios pasados, como los que fracasaron en su intento para posteriormente desaparecer o han pasado a convertirse en tabú.
Su tarea, quizás por cómo impacta en las estructuras del poder, es una de las que más criticadas resulta. De manera inevitable, y tanto dentro como fuera de las fronteras de Cahirn Ansay, toda idea que amenace al estatus quo siempre es recibida con recelo. Si bien no existe unanimidad entre los puntos de vistas de todos los alsynios, tampoco la hay entre quienes los critican. Extendiéndose a lo largo de todo el rango que abarca a ambos extremos, la disparidad de opiniones es la norma.
Si bien es cierto que entre las filas de los Pensadores predomina la visión de que, en la actualidad, y sin excepción alguna, no existe ninguna sociedad que pueda considerarse justa, los motivos aducidos por cada una de ellas, al igual que los elementos a cambiar que proponen, varían enormemente.
La incomodidad que generan sus tesis en las altas instancias del poder, de manera prácticamente independiente a la ideología que predomine en el lugar, de manera ciertamente irónica, tampoco es percibida como algo deseable por parte de una gran mayoría de aquellos a quienes se aspira a beneficiar. Los cambios que piden los más desfavorecidos muchas veces escapan a los problemas que han tratado de solucionar las ramas de los alsynios alejados de estos entornos. Su concepción de lo que debe cambiar en el sistema acostumbra a moverse en unos niveles difusos y conceptuales. Tanto es así que, estas disquisiciones, apenas tratan acerca de los temas que más preocupan, o que afectan de una manera más directa, a quienes se deberían ver más afectados por ellas.
Esta incomprensión tampoco acostumbra a ser muy bien recibida dentro de La Orden, quienes la achacan a la ignorancia pura. De acuerdo a la visión paternalista y condescendiente de algunos de los pensadores más alejados del mundo que existe más allá de los libros, si el pueblo llano no acepta sus preceptos no es porque hayan errado, sino porque carecen de la formación necesaria para ser capaces de comprenderla. Aquellos algo con una experiencia vital más amplia son capaces de comprender que las diferencias pueden venir debidas a las diferencias en sus contextos culturales, pero esto no impide que reciban unas críticas menos agresivas que las recibidas del resto.
En su defensa, los alsynios también suelen achacar las críticas de sus detractores a su carencia de la libertad necesaria para considerar sus opiniones como algo libre de la influencia del poder. Que estas están condicionados por miedos, ya sean estos o no infundados o, en ocasiones, por una falsa sensación de seguridad,

Por otro lado, cuando estas críticas proceden desde dentro de sus propias filas, la situación tampoco difiere en gran medida. La falta de uniformidad en sus acercamientos, la diferencia de los contextos culturales y socio económicos de los que procede cada uno de ellos, o la misma cerrazón a la hora de aceptas las críticas, han llevado a frustrar cientos de debates antes siquiera de su comienzo. A este respecto, y por más que la confrontación de ideas sea la metodología utilizada para el avance del pensamiento, cuando las críticas provienen de cuerpos o escuelas distintos a los de quien ha originado una tesis se convierte en algo más complicado. No es extraño que, en estos casos, la discusión se vea desviada hacia otros derroteros, dudando acerca de la naturaleza y motivos de las mismas críticas y diluyendo los argumentos entre las acusaciones de intrusismo o la falta de preparación para comprender la complejidad del tema.
El corporativismo no sólo dentro de cada una de las escuelas, sino también entre quienes estudian cada una de las grandes preguntas, puede ser tal que no se lleguen a aceptan las propuestas o la participación estudiosos procedentes de otros campos.

No faltan las voces que afirman que dentro de los mismos Pensadores existe un profundo miedo al cambio, una sensación de seguridad infundada y cierta impunidad ante los en ocasiones desastrosos diagnósticos que realizan. Pese a que tales acusaciones no invalidan de manera automática todos sus argumentos, las críticas de elitismo y paternalismo hacia la forma y el fondo que desprenden en gran medida las palabras de algunos de sus sectores, y su falta de reacción ante ellos, sólo han servido para empeorar o consolidad su ya de por sí denostada imagen en ciertos círculos.

Por otro lado, y dentro de la gran diversidad de criterios de sus escuelas, también existen voces que culpan de la pobreza y la discriminación a los mismos afectados, que les acusan de vivir acomodados en su situación y ser cómplices de lo que les sucede al consentirlo sin hacerle frente. Estas voces que acusan a los oprimidos de vivir acomodados bajo una falsa sensación de estabilidad, condenando a su vez a quienes les sucederán a padecer esta misma condición, también les instan a rebelarse e iniciar conflictos en los que no tienen ninguna posibilidad de vencer. Al mismo tiempo, aquellos escasos Pensadores que provienen de estos estratos más desfavorecidos de estas sociedades, acusan a sus superiores de padecer una ceguera selectiva y condenar a quienes siguen sus dictados a una condena cierta. Por más falsa que sea la sensación de estabilidad, sólo permaneciendo con vida tienen ocasión de poder luchar cuando la situación sea propicia.
La única seguridad real que suelen compartir estos colectivos en es que morirán pobres en el mismo lugar en el que nacieron, porque así son las cosas. Que su situación no cambiará sólo con palabras, pero que la violencia tampoco asegurará que el cambio sea hacia algo mejor. A fin de cuentas, la violencia, es el campo en el que el opresor cuenta con una experiencia mayor. Este sería un campo de cultivo del cual la única seguridad que recogerían sería la de la tierra quemada y la muerte. Dos frutos que en poco o nada servirían a su futuro.
Aún así, las palabras de aliento dadas por quienes no se juegan nada, y las noticias, en muchas ocasiones romantizadas, acerca de las escasas victorias, surten el efecto esperado. Pese a que la historia no avala estas palabras, su falsedad no ha evitado el surgimiento de revueltas improvisadas que han durado tanto como las vidas de sus instigadores. Las victorias son temporales y terminan acalladas por el fatalismo que les rodea y que es lo único que conocen a ciencia cierta.

El impacto del lenguaje en la manera en la que la que la realidad es percibida, al igual que la manera en la que esto sucede a la inversa nunca se han encontrado dentro de los grandes campos de estudio de los Pensadores hasta fechas cercanas. La manera en la que se retroalimentan mutuamente ambos elementos, al igual que la evolución de esta relación y su impacto dentro de las distintas culturas, son temas cuyo estudio que ha comenzado a implantarse de manera reciente debido a que se trata de dos de los intereses principales de su actual Omniarca, pero su reciente oficialización no implica que sea un campo virgen, o que no existan estudios previos sobre la materia.

Por el contrario, diversas escuelas de pensamiento anteriores a la fundación de los Pensadores centraban sus esfuerzos en el mismo, algunos de los cuales generaron gran controversia en su momento. La utilización del lenguaje como algo más que una mera herramienta para la comunicación es tan vieja como su mismo nacimiento, y el poder de las palabras no ha pasado desapercibido para aquellos que, como Gervast Stallnu, a través del lenguaje y la manipulación sociológica, lograron crear las condiciones necesarias para gobernar a través de una mentira aceptada por las masas; el culto a Gâldaim. Este es quizás el éxito a mayor escala registrado en los textos, y uno de los pocos “grandes engaños” que no han sido desmontados. La mentira, la falacia y la eufemística han demostrado ser poderosas herramientas para quienes las han estudiado con detenimiento y las han incorporado a sus arsenales privados.

De la misma manera que sucede con los aspectos sociológicos de la filosofía aplicada, el acercamiento hacia estos temas también se encuentra dividido en una gran disparidad de escuelas de pensamiento que adoptan multitud de formas y enfoques encontrados. De todos estos, las dos vertientes más notables, no tanto por su extensión sino por lo extremo de la primera, lo antagonismo de la segunda, y la cercanía geográfica y cronológico de ambas, serían las de la escuelas Sinleria (Arneida Sinler Yundar, Menetia -290, -202), también conocida como Yundariana, y Nonstélica (Rishvaide Nongaidal Ipsdálah, Naltor -292, -237). La virulencia de su enfrentamiento inicial se achacó en origen a la relación entre sus naciones, pero este conflicto no tardó en superar esta falsa premisa. Al mismo tiempo, mientras que Nongaidal llegó a ser perseguido y ejecutado por su mensaje en Naltor, las teorías de Sinler se valoraron seriamente como elementos viables a incorporar en la legislación menetiana.

Las diferencias ideológicas que continúan separando a los primeros, quienes afirman que la utilización del lenguaje debería ser una herramienta más al servicio del estado. Esta debería ser controlada por el gobierno, y tanto su evolución como su uso indebido deberían encontrarse regulados y legislados, siempre ha chocado frontalmente con los predicamentos de los segundos, quienes consideran este hecho no sólo como algo contraproducente e incontrolable, sino también inmoral. La dicotomía que representan estas dos escuelas, cuyas diferencias son a todas luces insalvables, han supuesto el germen de una gran cantidad de conflictos. Cada vez que, bajo una u otra forma, algún organismo ha tratado de llevar a cabo un modelo de gobierno basado en los predicamentos yundarianos, la respuesta contraria no ha tardado en surgir como consecuencia.
En mayor o menor escala, las tesis del pensamiento sinlerio han tratado de ser utilizadas por los gobernantes de diversas naciones a lo largo de la historia.

Más allá de la figura de Stallnu, quien mezcló la demagogia con el miedo, el misticismo y un control férreo de toda la escala jerárquica del poder, otros aspirantes a conquistadores también han tratado de convertir las medias verdades y las mentiras cómodas en sus herramientas, pero este es un campo de batalla cuyas victorias acostumbran a perdurar tanto como la credibilidad de quien las enarbola.
Del desenlace de quienes fracasaron también se han logrado aprender importantes lecciones, y este ha sido precisamente el campo de estudio elegido por escuelas como la testelana (Visandel Testela, Féisenhol, Edirth -107, -34). Situada ideológicamente en un punto intermedio entre Yundarianos, y Nonstélicos, sus postulados versan acerca de la necesidad de encaminar la evolución del lenguaje hacia su optimización. De acuerdo a sus preceptos, el objetivo del lenguaje debería ser la precisión descriptiva. El intento de llevar a cabo esta premisa sobre cada una de las lenguas conocidas, en sus casos más extremos, lo único que ha logrado ha sido un exceso de literalidad que ha despojado de la toda capacidad de transmitir matices o expresar conceptos abstractos a quienes han tratado de usarlos.

A raíz de los múltiples fracasos resultantes de estos experimentos, se ha tachado a estas escuelas de menores e irrelevantes, y muchos han tratado de sacar como conclusión que tales ideas carecen de cualquier sentido pero, de sus imperfecciones y fallos, se ha logrado obtener una importante fuente de información para los investigadores que les han sucedido.

Si bien el adoctrinamiento y el miedo, o el posicionamiento moral, no han sido los únicos acercamientos que se ha adoptado a la hora de acometer el pensamiento lingüístico, sí que son los que han impactado de una manera más notable en el imaginario colectivo. Más allá de estas visiones existe una pléyade casi inabarcable de puntos intermedios o totalmente divergentes.
La misma definición que utilizan para referirse a esos entes abstractos llamados “pueblo”, “humanidad” o “mundo” cada uno de ellos puede diferir en matices o referirse a entidades cuya definición de base apenas posee puntos en común.
De la misma manera, las funciones que deben desempeñar el lenguaje y la comunicación, al igual que la serie de atributos y características en los que los descomponen, puede llegar a convertir a estos conceptos en entidades casi antagónicas ante la mirada de cada una de las escuelas.

Dentro de la propia Orden este enfrentamiento tampoco ha tenido lugar de manera exclusiva en el terreno teórico, sino que se ha propagado a todos los niveles, fusionándose tanto con otros escuelas de pensamiento como organismos más prácticos. Más allá de los marcos hipotéticos definidos por sus ideólogos originales, este análisis se ha extendido hasta lingüistas, sociólogos, humanistas, historiadores e incluso estudiosos del funcionamiento de la mente humana, los cuales han validado parcialmente algunas de las teorías.
Si bien las conclusiones extraídas acerca de la posibilidad de controlar la evolución del lenguaje son uniformes, sí que ha quedado demostrado que el lenguaje y la capacidad de expresar ciertos conceptos ha sido una pieza clave en la misma creación de cada cultura. De la misma manera, aquellos contextos en los que se han tratado de implantar algunas de las herramientas de control lingüístico, pese a fracasar, sí que han moldeado parcialmente la manera de percibir ciertas abstracciones. Si bien es imposible saber qué habría sido de estas culturas de no haber estado sometidas a tales influencia, se han detectado factores comunes que no se han dado en aquellas que han tenido otro tipo de evolución.
Con cada uno de estos estudios el escenario de esta confrontación se ha ampliado, surgiendo tras ellos nuevas teorías híbridas desarrolladas por los cuerpos más pragmáticos. Al igual que con los intentos de llevar a la practica las teorías primarias, casi todos estos experimentos a pequeña escala, generalmente subvencionados por algún gobierno, también han terminado fracasando. Pero su impacto ha sido muy distinto del provocado por los agentes externos.

Las reacciones de quienes han sido conscientes de que se han visto sometidos por alguno de ellos rara vez han sido amistosas o indiferentes. Por otro lado, la pésima reputación que han dado a La Orden estas acciones por parte de quienes están en desacuerdo con que este tipo de prácticas se lleven a cabo, sólo han servido para mermar su imagen. Al mismo tiempo, la tensión interna que han generado rara vez se ha logrado evitar que se haga pública fuera de sus muros.
Más allá de que dentro de los círculos académicos las reacciones ante este estos casos son dispares, su impacto en el interior de Cahirn Ansay ha llegado a ser demoledor. Tanto es así que se ha llegado a acusar a La Orden de romper su compromiso de no interferencia en asuntos o conflictos de otras naciones. Es por esto, aún antes de la existencia oficial de los Pensadores, tras llegar a la luz pública la implicación de alguno de sus miembros o agentes libres en la investigación de alguno de estos sucesos, se han cortado los lazos con todo aquel sospechoso que posea alguna relación con la organización de manera drástica y sistemática.

Tras la formación y consolidación de los Pensadores, el simple hecho de la existencia de un cuerpo dedicados de manera exclusiva a labores tan íntimamente relacionadas con la materia, causó una radicalización de esta postura aún más notable. Dicho cambio se vio reflejado en el hecho de que no haya salido a la luz la participación de ninguno de ellos en ninguno de estos nuevos ejercicios prácticos. Esto no quiere decir que esta participación no haya existido, o que haya sido descubierta, sino que se ha logrado evitar que los resultados de sus investigaciones internas se han hecho públicas de manera oficial.
Sí bien ha sido imposible evitar que se filtren hasta el debate público las sospechas, la existencia de algunas de estas investigaciones, y se ha llegado a ver obligados a admitir la apertura de expedientes por parte de los Censores para su investigación, las conclusiones a estas nunca abandonado el ámbito de La Orden. El protocolo dictamina que tanto las expulsiones como las llamadas de atención deben quedar de manera exclusiva dentro de los asuntos de orden interno.
Ante la petición de explicaciones desde los estamentos oficiales de algunos de los afectados, las alegaciones de que se trata de asuntos de régimen disciplinario que no pueden salir de la organización nunca han sido bien recibidas. Las situaciones provocadas por estas negativas también han condicionado en momentos concretos su relación con estas ciudades, provincias e incluso con pequeñas naciones.

Con el paso del tiempo, el pensamiento lingüístico en sus distintas vertientes, pese a que aún a día de hoy en multitud de ocasiones es la víctima de la mofa de otras escuelas de pensamiento, o de los cuerpos pragmáticos, ha supuesto para La Orden una fuente de problemas difícilmente igualada por cualquier otro cuerpo.

Dado el hecho de que, ya desde su misma formación, más allá de las fronteras de Cahirn Ansay la comprensión acerca de la función de la orden de los Pensadores se ve como algo etéreo y desdibujado, su pronta ascensión hasta el Yishin Amat fue recibida con incredulidad. El paso del tiempo no ha ayudado a que esta imagen cambie, y esta imagen ha llegado a impactar también dentro de la misma organización. En los momentos en los que ha llegado hasta el poder alguien proveniente de los órdenes pragmáticas, o de un entorno con escaso contacto con el mundo teórico, los Pensadores ha acostumbrado a ser uno de los elementos considerados como descartables.
Dentro de los juegos de poder iniciados por estos Omniarcas, tanto la razón de ser de este cuerpo, como su aportación a La Orden y su pertenencia al órgano rector han sido puestos en duda. Dentro de la misma Orden, las luchas de poder e ideológicas de los cuerpos teóricos y pragmáticos son una constante, y aquellos organismos que no cuadran con la visión general del que se encuentra dirigiéndola, tratan de ser alejados del la toma de decisiones. Dada la diversidad de escuelas, planteamientos y ámbitos de actuación de los Pensadores, no es extraño que alguno de sus componentes haya tenido algún roce con que alguien cercano al Yishin Amat, lo que ha servido como excusa para fomentar acciones punitivas, o para alejar, ya sea conceptual o físicamente a sus responsables de las esferas de influencia.
Salvo en aquellos casos en los que su campo es la política o la dialéctica, los líderes de las distintas escuelas de pensamiento no acostumbran a ser personas preocupadas por el poder, pero esto no evita que, ya sea de manera intencionada, voluntaria o indirecta, sus ideas y postulados impacten en el mismo. Esto también los ha convertido en una incomodidad en los momentos de crisis, y en una entidad idónea a sacrificar cuando así ha convenido. Los distintos Mentat, al igual que los responsables de las escuelas, han sido utilizados como víctimas propiciatorias dentro de los movimientos en las altas esferas en más de una ocasión. Ya fuese esto para calmar los ánimos de algún benefactor de La Orden, devolver algún favor ante alguien a quien han ofendido, o firmar algún tratado con naciones contrarias a algunos de sus predicamentos, sus cabezas han rodado de una manera metafórica más a menudo que las de los jerarcas del resto de órdenes.

Pese a todo esto, desde su llegada al las órdenes mayores nunca han abandonado esta posición. De la misma manera que tienen detractores, el número de sus defensores tampoco es escaso. Si bien no siempre ha sido posible evitar algún sacrificio, las intentonas de los Omniarcas pragmáticos de sacarlos del Yishin Amat por tratar de sustituirlas por algún cuerpo con un acercamiento hacia el conocimiento más cercano a su visión, siempre han logrado ser abortadas.
De la misma manera que los Pensadores ponen a prueba el conocimiento, también desafían los límites de los modelos de gobierno establecidos tanto dentro como fuera de La Orden. Su fomento de la duda razonada a todos los niveles, al igual que su indiferencia generalizada hacia el ostracismo por parte del poder, los convierten en un cuerpo difícil de controlar o ubicar. En lo concerniente a las tareas de los demás, su crítica acostumbra a ser compleja cuando es necesario, y demoledora cuando así consideran que lo requiere la situación, pero cuando se trata de ellos mismos la situación cambia notablemente. El hecho de que la autocrítica sea algo teóricamente inherente a ellos, no hace de esta una tarea más sencilla que cuando es llevada a cabo por cualquier otro individuo. La incoherencia propia y la autocomplacencia son lacras de la que tampoco ellos son capaces de escapar.

Las escuelas y cónclaves que componen esta orden, al igual que las inquietudes y temáticas que abarcan, van mucho más allá de los cuerpos dedicados al pensamiento científico, social o lingüístico. La extensión de sus campos de estudio, al igual que las inquietudes de sus integrantes, son tanto o más bastas que lo que podría ser la resultante de la suma del resto de los cuerpos y escuelas que componen la misma Orden. De la misma manera, sus acercamientos hacia cualquier materia son tan diversos como lo son las ideas de sus componentes. Todo esto no ha supuesto sino una complicación constante, no sólo para quienes han tratado de organizarlos, controlarlos o enfrentarse a ellos, sino también para quienes han tratado de establecer una relación homogénea con ellos en su conjunto.
El hecho de que cada uno de estos grupos centre su foco de atención en asuntos tan dispares, buscando respuesta a las grandes preguntas al mismo tiempo desde perspectivas en ocasiones contrarias, también les ha supuesto un cierto descrédito por parte de quienes buscan resultados rápidos, y acusaciones de demagogia provenientes de aquellos que son incapaces de reconocer o aceptar lo subjetivo de sus propias visiones.
De la misma manera, su aspiración de dar con las pautas necesarias para formular y dar respuesta a una cantidad tan basta de preguntas, a través de una cantidad de acercamientos tan distintos, aceptando al mismo tiempo la posibilidad de ninguna de estas sea el acertado, en multitud de ocasiones también ha desencadenado situaciones contraproducentes para ellos mismos. Lo esquivo de buscar “la verdad” como un absoluto objetivo hace que, una vez cerca de ella, y de manera independiente a lo que indiquen las pruebas, siempre queda espacio para la duda. Los sesgos, los intereses externos, y la dificultad de separar las opiniones personales de los datos objetivos, a pesar de estar en posesión de pruebas que contrastaban ciertas tesis, han llevado al traste multitud de investigaciones prometedoras y bien encaminadas. La detección de los elementos que se han venido a definir como “pensadores tóxicos” es igualmente compleja y su definición tremendamente subjetiva. Determinar quién actúa movido por intereses espurios y quién está simplemente equivocado en sus acercamiento sincero es una tarea delicada. Por otro lado, los Pensadores carecen de un reglamento o código de conducta estricto, y tampoco se adhieren de manera acrítica al reglamento interno de La Orden, y su relación con Censores, Legisladores y Juristas ha llegado a ser muy tensa.
Esto no quiere decir que rechacen todo código de conducta, o que no tengan una reglamentación interna propia, pero la laxitud de sus Oxiarcas a la hora de interpretarla, y la propia naturaleza crítica de sus miembros hacen difícil su aplicación. Las rescrituras de este reglamento se encuentra no son algo extraño, y aquellos Mentat que han tratado de cambiar este hecho, tratando de sustentar su mandato de manera exclusiva en este texto, o en la interpretación personal que hacían del mismo, no han permanecido en su cargo durante demasiado tiempo. Las modificaciones del mismo no vienen dadas únicamente por los conflictos abiertos en un momento dado, sino que la falta de consolidación del mismo viene principalmente motivada por el objetivo de alcanzar unos criterios objetivos independientemente del pensamiento o contextos culturales del momento. La meta de este debate constante es nuevamente “la verdad” pero, nuevamente, esto no evita que sea usado para la consecución de otros fines.

Sus cuerpos tampoco se conforman con realizar preguntas acerca de los temas relacionados con el resto de órdenes que componen la organización, sino que carecen de limitaciones de este tipo. Estas preguntas pueden hacer referencia tanto a los elementos que componen la materia como a la comprensión del lugar que ocupa la humanidad en el gran esquema de las cosas. Puede estar enfocada en llevar a la humanidad hacia nuevas cuotas de iluminación o de conformismo. En romper barreras, en determinar las razones por las que estas jamás podrán ser superadas o, simplemente, en aceptar lo fútil de intentarlo. Sean cuales sean los conceptos que analizan, o las cualidades que les otorgan, los acercamientos, métodos y objetivos de cada escuela a la hora de afrontarlos no son uniformes. Ya vengan estas diferencias dadas por los contextos de procedencia de cada uno de los investigadores, las ideas de base planteadas por sus fundadores, u otro tipo de condicionante debidos al momento o una situación puntual, ninguno de ellos es desestimado de antemano, por poco ortodoxo que pueda ser en su planteamiento.

Tampoco existe ningún tipo de orden de magnitud en cuanto a sus prioridades o exigencia alguna de resultado dentro de un rango temporal prefijado. La búsqueda de la comprensión acerca de un posible gran esquema que gobierne la realidad es difícil de medir en términos cuantificables. Algo tan abstracto y subjetivo como lo es la búsqueda de la iluminación, rara vez se puede considerar como una tarea finalizada. Dentro de este tipo de inquietudes, quizás la consecución del poder podría ser una de las materias considerables como “mesurables”, pero la misma concepción de lo que representa el “poder”, o el hecho de que tal atributo sea algo que se pueda poseer, son debates a los que diversas escuelas han dedicado una cantidad ingente de tiempo y recursos.

Sus métodos de estudio son tan diversos como sus acercamientos a las materias que les interesan. Mientra que unos tratan de ser una fuente de esperanza, las prioridades de otros son más mundanas, cuando no directamente cuestionables. Al mismo tiempo que escuelas como pueda ser la de los Annmugónicos (Yeshina Annmur - Nulossu, Tembi -320, -273) predican con un fatalismo derivado de la irrelevancia de la humanidad como excusa para rendirse al hedonismo y la resignación ante el fin inevitable y otras, como pueda ser la Kyrbúnica (Yagone Kybur - Marndayal, Cahirn Ansay -1, 82) quienes son la fuente de la que beben una gran cantidad de futuristas, niegan esta máxima y defienden la posibilidad del cambio, también resurgen cíclicamente los continuadores de la escuela Zanstarliana (Sysgarm Zanstar - Oheris, Bra’Em’Kyg -203, -142) que se mueven entre un nihilismo individualista y el fatalismo, pero sin ceder por ello ante la resignación o renunciar a intentar cambiar las cosas.

Algunas escuelas nacen y mueren con las personas que las inician. Otras parecen perecer de la misma manera, sólo para resurgir tiempo después ya sea siguiendo de manera estricta los dictámenes de sus fundadores, o adaptando su pensamiento a los nuevos tiempos. De acuerdo a una de sus normas fundacionales, una de las pocas que no admite discusión o posibilidad de modificación, ni las etnias ni las clases sociales ni el bagaje cultural de quien inicia una escuela deberían ser tomadas en cuenta, sólo la validez de sus ideas. Si bien muchos de sus integrantes se enorgulleces de esta máxima, esto no ha evitado que sea puesta en duda en multitud de ocasiones o que, incluso quienes afirman defenderla de manera sincera, la incumplan debido a sus propios sesgos. Las puertas de los Pensadores están abiertas a todo el mundo, pero esto no garantiza que quienes logren entrar se encuentren con un recibimiento agradable, o que puedan ganarse la vida sólo con este logro.

Su estructura interna es tan anárquica como lo puedan ser sus prioridades y, si bien el control que ejerce el Mentat sobre sus subalternos dependen enormemente de la escuela de pensamiento de la que provenga, esto no implica que la imposición de unas ideas sobre otras sea recibida sin discusión. El debate dentro de los Pensadores no sólo es la tónica habitual, sino que también se suele encontrar auspiciado de forma institucional por sus jerarcas. La búsqueda de un ideal o un objetivo común es una lucha que se sabe perdida. Su eclecticismo no es sólo una características que se reserven de manera interna sino que, su diversidad de criterios a la hora de aceptar nuevos miembros, ha supuesto un verdadero dolor de cabeza para los administradores a la hora de tratar de crear a este respecto un conjunto de normas válido para todas ellas. Esto ha llevado a que gran parte de quienes son aceptados por los Pensadores como parte de su organización no pertenezca de manera oficial a La Orden, ni reciba estipendio alguno por su parte.

Lo inalcanzable y, en consecuencia, irrealizable de sus distintos “grandes objetivos” tampoco implica que los ideales que plantean resulten algo inútil. Un ideal, por más inalcanzable que resulte, puede ser el motor que de inicio a la búsqueda de algo concreto y conciso. Que muestre el camino hasta un objeto de deseo materializable, que se convierta en una guía no literal, o en la fuente de inspiración para aquellos a quienes alcanza aunque sea sólo de manera tangencial.
De acuerdo a otra de sus máximas, el punto de vista alejado del pragmatismo es algo necesario para el avance, aunque no por ello es infalible. Aporta una visión del conjunto de la que carecen el hoy y el ahora. Independientemente de que lo puramente conceptual pueda ser transformado en una serie de medidas prácticas, sí que sirve para proporcionar nuevas maneras de acometer tareas que se creían irresolubles. Nuevos retos requieren de nuevos criterios para llegar hasta ellos, y repetir una y otra vez aquellos que han fracasado esperando un resultado diferente sólo puede ser considerado como la elección de un necio.

No existe una manera única u homogénea de englobar la cacofonía de objetivos a los que aspiran los Pensadores. En su interior se encuentran englobados distintos grupos con ideas idénticas aunque con objetivos y acercamientos divergentes, escuelas anarquistas que no aceptan los mismos principios que busca La Orden, y grupos que en su mismo interior albergan visiones antagónicas acerca de la materia que estudian.
Al mismo tiempo que unos aspiran a liberar a la humanidad de los modelos de pensamiento único, otros abogan por expurgar de las sociedades todo vestigio de individualismo. El debate y la discordancia, el inconformismo y reinvención son una parte indisoluble del mensaje que formulan los líderes de una gran cantidad de escuelas. De poder encontrar un nexo común entre todos ellos, este sería el de tratar de proporcionar a la humanidad una serie de herramientas que la liberen de las distintas encrucijadas en las que se encuentra perdida. Dotarla de un conjunto de medidas que le permitan superar el ciclo de conflictos que tiene consigo misma o con Daegon. Otorgarle los medios que le permitan comprender, enfrentarse o abandonar el mismo universo en el que se encuentran anclados o la de las múltiples realidades que confluyen con él.
De la misma manera que aspiran a todo esto, una gran parte de todas las escuelas, cada una desde su propia perspectiva, aceptan que la magnitud de esta misma máxima implica que ninguno de ellos será partícipe de la consecución de estos fines. Aquellos que disienten de este pensamiento generalizado, acusan al resto de faltos de ambición y conformismo mientras que, a su vez, son tachados de demagogos, ilusos o ignorantes por aquellos a quienes critican.

Mientras tanto los sectores más radicalmente pragmáticos de entre los detractores de los Pensadores, independientemente de los círculos en los que se mueven, los acusan de ser creerse superiores al resto y se unos meros oportunistas. Un sumidero por el que se desperdician recursos que podrían dedicarse a objetivos alcanzables.
Por otro lado, sus defensores, al igual que ellos mismos, lejos de dedicara sus esfuerzos a tratar de silenciar a estas voces con argumentos mil veces repetidos, acostumbran a utilizar afirmaciones en ocasiones contradictorias en su intento de definir algo tan esquivo como lo es los mismos conceptos del conocimiento o su consecución. Mientras que los grupos mayoritarios coinciden a la hora de establecer que aspirar a obtener el conocimiento de una lineal y organizada es algo inútil, esto no evita que, a la hora de buscarlo, identificarlo o interpretarlo no hayan sido capaces de dar con otra metodología. Al mismo tiempo que reconocen esto, también coinciden cuando afirman que la necesidad del riesgo, al igual que el tratar de evitar los acercamientos monolíticos para alcanzarlo, son primordiales. Tampoco es extraño, incluso dentro de algunos de esos grupos, encontrar a quienes abogan por la cautela, la paciencia y la consolidación de lo ya conocido antes de continuar avanzando.
El carecer de un frente común, o de una uniformidad de criterios claramente identificable en cualquiera de sus múltiples labores, les ha pasado factura en su relación con otros organismos. De la misma manera, el constante debate interno, así como la falta de concreción acerca de cuando el conocimiento se puede dar por consolidado y contrastado, tampoco ha actuado nunca en su favor. Allí donde unos establecen unos límites claros acerca de cuándo este se tiene que seguir considerando como teoría, simple especulación, creencia u opinión aún por verificar, otros proclaman que estos requerimientos imprescindibles que para los primeros son objetivos, para ellos no dejan de ser meros formalismos que nada aportan.
Esta capacidad para la discrepancia y el escepticismo honesto también ha sido utilizado en su contra, en ocasiones por algunos de sus miembros. Estos rasgos que, por un lado, son algunos de los valores formales más interiorizados dentro de la naturaleza de los Pensadores son, al mismo tiempo y sin lugar a dudas, han sido los elementos que con mayor frecuencia se han utilizado con éxito en su contra. Por más conscientes que sean de que no puede aceptar o fomentar la discrepancia sin que esto permita a su vez el acceso de quienes pretenden explotarla en beneficio propio, o la formación del pensamiento tóxico, la posibilidad de la existencia de este tipo de individuos se considera un riesgo aceptable ante la inevitable parcialidad que implicaría cualquier tipo de censura previa.
Pese a esto, dentro de su reglamento sí que existen una serie de mínimos establecidos para tratar de paliar este tipo de situaciones. No todo acercamiento es válido, no toda opinión puede tener el mismo peso o la misma credibilidad. Por más que, a lo largo de la historia de este organismo, los Mentats han tratado de encontrar un equilibrio entre los extremos, esto no ha impedido la formación de determinados grupos que se han enquistado en su interior. La laxitud a la hora de interpretar y aplicar sus normas tampoco han evitado las acusaciones de censura, de falsa superioridad moral o de agendas ocultas que han sido utilizadas como arma arrojadiza de manera inmisericorde contra ellos. Toda actuación llevada a cabo contra las escuelas o los pensadores detectados como tóxicos han sido rebatidos. Cuando se ha tratado de actuar contra estas escuelas o sus ideólogos, estas acciones se han tratado de utilizar contra ellos, acusándoles de adoptar poses hipócritas y parcialidad. Toda voz que se ha tratado de acallar, ya fuese la acusación legítima o impostada, ha terminado con un conato de escisión con dos o más bandos terriblemente polarizados.
El sistema, pese a su imperfección, o quizás gracias a ella, ha permitido que estos temas no se hayan convertido en un tabú. Sin importar la cantidad de ocasiones en las que se ha modificado el reglamento, ya sea para recrudecer o anular esta parte, este tipo de dinámicas continúan siendo la base sobre las que se sustenta la jerarquía de los Pensadores en todos los niveles de.

La lucha de ciertos grupos por cambiar parte de los modelos establecidos de experimentación tampoco ha surtido demasiado éxito. A día de hoy, el pensamiento predominante en cuanto al camino a recorrer de cara a la obtención de resultados critica la utilización de la repetición, por más útil que esta pueda ser para la realización de tareas rutinarias, como medio principal para tratar de alcanzar el saber. Esto tampoco implica que exista una visión única acerca de cómo afrontar la experimentación. Sí que está aceptado que sólo a través de la búsqueda constante, la experimentación pura y la innovación a todos los niveles, se puede aspirar al mismo, pero los niveles de exigencia, los riesgos aceptados como asumibles y los campos que se son o no explorables se encuentran en constante redefinición. Mientras que unas escuelas considera que, sólo hallando acercamientos que no han sido utilizados con anterioridad, por más remotos o peligrosos que estos puedan parecer en un inicio, se podrá lograr la superación de los escollos que han bloqueado el avance, otras consideran que el coste que se paga por obtener el conocimiento debe ser tenido en cuenta. La cordura, la vida y la muerte de los estudiosos, por más que sea algo que pertenezca de manera exclusiva a cada uno de ellos, es un valor difícilmente mesurable para los Pensadores o la misma Orden como un bien a intercambiar por el saber.

En el año -530 Kiodeth Numastal (Tornquel, Rearem -573, -501) propuso diversos axiomas que consideraba claves de cara a la consecución del conocimiento. Estos axiomas fueron recuperados en épocas recientes por la Mentat Lireia Niestolu (Vladstav, Saliria 639, 701) para terminar siendo adoptados como un elemento troncal dentro de la tendencia predominante. De acuerdo a los textos fundacionales de la escuela Numastélica: “Sólo se puede afirmar que se conoce el camino después de haberlo recorrido, sólo se puede constatar cuál es el destino una vez que se ha llegado hasta él. Todo lo que se encuentra más allá de esto es especulación y deseo. La gran cantidad de factores que desconocemos son una serie de condicionantes e imprevistos de los que es imposible escapar hasta que no han sido desvelados, solventados y han dejado de ser algo desconocido. Todo aquel elemento que permanece en el anonimato altera de manera inevitable los requerimientos del saber. Dependemos de una gran cantidad de indeterminaciones que no pueden ser controladas, comprendidas o, en muchas ocasiones, ni siquiera pueden ser percibidos pese a encontrarse frente a nosotros. Aquello que sólo adivinamos de manera tangencial, que no puede ser descrito, explicado o interpretado mediante las palabras que poseemos y el conocimiento que tenemos hoy, nunca puede ser considerado saber. Aquello que no forma parte del saber, a todos los efectos, no existe hasta que hemos creado palabras y expresiones capaces de contenerlo. Todo objeto que se adhiere a estas características es un nuevo concepto a descubrir.”
Tanto en el momento de su origen, como tras su posterior adopción por parte de Niestolu, aquellos críticos con los predicamentos de Numastal tras haber realizado una lectura parcial, los acusaron de ser una mera recolección de tropos obvios y redundantes, pero este hecho no dejaba de ser una parte importante de su ideario cuando afirmaba “Toda obviedad forma parte del saber. Para que nosotros seamos de de percibir la simplicidad de los “hechos”, otros han tenido que descubrirlos y convertirlos en conocimiento común. Lo que consideramos superado no es sino algo que, en algún momento dado del pasado, fue un misterio lo suficientemente importante como para que alguien se preocupase de buscar su explicación para transformarlo en parte de nuestra cultura”.

De la misma manera que el debate interno es una constante, es considerado como uno de los pilares de los Pensadores y defendido como una características definitorias de este organismo, su misma existencia también se encuentra en constante debate tanto por ciertos sectores de los mismos Pensadores, como por parte de algunas de las órdenes que componen la organización.
Dentro del acercamiento que tienen los Pensadores hacia el conocimiento pueden convivir al mismo tiempo elementos contradictorios. Los métodos que utilizan para alcanzar este objetivo, puede ser en un momento complementario para, a continuación, resultar completamente antagónicos con aquellos que utilizan sus compañeros. Si bien el cambio drástico en sus metodologías es infrecuente, este suele venir como consecuencia de un largo periodo previo de evaluación del mismo. Por más drástico y chocante que esto pueda resultar para el resto de organismos, este rara vez se debe a una decisión fortuita y poco meditada. Esta dicotomía suele ser especialmente notoria en su relación con los Naturalistas, lo que acostumbra a provocar sonoros y crudos enfrentamientos dialécticos entre los miembros de ambos organismos.

La manera en la que cada una de las diferentes escuelas de pensadores y los cuerpos que las componen entienden y afrontan sus respectivas preguntas carecen de una visión uniforme. Su metodología, al igual que los criterios en los que se basan o la naturaleza de las mismas preguntas también han ido evolucionando a lo largo del tiempo.
Mientras que aquellos pensadores que elucubran acerca de los axiomas que definen la realidad en la que viven acostumbran a trabajar con abstracciones absolutas, el terreno en el que se mueven ciertos ideólogos que se preguntan cuál debería ser la composición ideal de una sociedad utópica, por más hipotético que pueda llegar a ser, han tendido a basarse en acercamientos más concretos y acotados.
Más allá del debate interno que les ha acompañado de manera constante, no existe una urgencia real por parte de ninguna de ellas por hallar las respuestas necesarias que pongan fin a sus dudas. Tanto es así que no es extraño que en sus salones se intercambien comentarios no exentos de ironía que afirmen que, de existir tales respuestas, de ser capaces de llegar hasta ellas e identificarlas como ciertas su misma existencia como individuos perdería su razón de ser.
El sentido del humor y la autoconsciencia también acostumbran a ser características comunes entre sus miembros. La capacidad para relativizar y poner en contexto sus objetivos son muchas veces requisitos imprescindibles para su labor. Cuando los temas a tratar pueden llegar a ser tan abstractos y, en ocasiones, desoladores como puedan ser las razón o falta de ella de la misma existencia o la función de la muerte, ser capaz de moverse en un plano puramente teórico es una gran ventaja.

Conceptos como la realidad, la Tejedora, la Vida, el Destructor o el Gutrakage han sido percibidos, analizados y planteados desde distintas perspectivas filosóficas, metafísicas, ideológicas, semánticas y éticas desde el mucho antes del nacimiento de los Pensadores. Algunas de las conclusiones que se sacaron de estas teorías no sólo llegaron a condicionar e influenciando en su momento el rumbo que seguía la organización en su conjunto, sino también el de otras organizaciones y naciones. El papel de la humanidad dentro del gran esquema siempre ha sido uno de los temas que más controversia y disparidad ha generado tanto en el interior de sus filas como más allá de estas.

Cuando se han planteado estas y otras de las grandes preguntas los preceptos que han gozado de una aceptación mayor han sido los de la escuela Numastélica, cuyos principios y modelos de trabajo a la hora de afrontar estas preguntas han sido la base sobre los que se ha trabajado de manera oficial dentro de La Orden. Los preceptos y el modelo de trabajo establecido por esta orden a la hora de acometer esta labor han tratado de ser siempre evitar la ambigüedad, siendo todo lo claro, conciso que le ha sido posible:
“La verdad es algo objetivo y absoluto, pero la percepción que se tiene de ella es algo subjetivo y sus matices son infinitos.
Los errores cometidos en el pasado son una gran guía sobre la que comenzar a trabajar, pero se corre el riesgo de tomar las conclusiones que se extraen de ellos como verdades indiscutibles.”
A su vez, esto contrasta con la máxima que defienden los seguidores de las enseñanzas Kunyal Guró (Divolu, Shattegar 203, 254), otra de las escuelas que luchan por el control de los Pensadores. De acuerdo al pensamiento Gurólico, “La verdad sólo es un elemento atado a un momento y un contexto concretos. Algo mutable e inabarcable, sólo válido y relevante durante ese breve lapso de tiempo.”

Más allá de los intereses y áreas de estudio de las escuelas que pugnan por el control de los Pensadores, su campo de acción abarca materias de toda índole y trascendencia. Estas no se encuentran limitadas por las luchas por el poder ni son definidas por las deducciones que se pueden extraer a partir de lo que se cree saber en la actualidad. Tampoco lo hacen por la posibilidad de que otros cuerpos hallen alguna manera de convertir sus teorías en elementos prácticos. Si bien es cierto que una parte significativa de los Pensadores aspiran a estos objetivos, otros tratan de comprender tanto las ideas que se plantearon en el pasado dentro de su propio contexto, como las que se han ido desarrollando en las eras recientes. Al mismo tiempo, también tratan de evitar la endogamia cultural o la formulación de teorías y predicciones autocumplidas. La complejidad de estas tareas no es menor a la del resto de cuerpos, de la misma manera que, cuando entran dentro de la ecuación los egos y la cerrazón de algunos de sus ideólogos, sus ambiciones pueden llegar a ser aún mayores.
Para tratar de mitigar este tipo de problemáticas, su contacto con teóricos, pensadores y estudiosos de toda índole externos a la propia Orden busca también poner a prueba sus propias tesis, enfrentándolas contra las ideas surgidas dentro de otros contextos sociales, ideológicos y geográficos de su presente y pasado.

Ni La Orden ni sus organismos son o pretenden ser compartimentos estancos ante las influencias provenientes desde el exterior y, de manera especial en el caso de los Pensadores, esta relación acostumbra a ser bidireccional. Las ideas y conceptos que salen de sus distintas escuelas de pensamiento suelen ser probadas y debatidas de manera indistinta con personas ajenas al mundo académico, lo que ha creado en momentos concretos una vinculación con el pueblo similar a la que han llegado a poseer los Cronistas o los Formadores. Una relación que ha llegado a perjudicarles en ciertas situaciones dentro de su historia.
Es tal la repercusión que pueden llegar a tener cierto tipo de disquisiciones y cómo son presentadas que, pese a tener su inicio dentro de los campos de lo teórico y lo conceptual, han terminado impactando ineludiblemente no sólo sobre el resto de las órdenes, tanto teóricas como pragmáticas, sino que también han llegado a afectar a la misma sociedad en su conjunto.

Como consecuencia de una de las grandes desavenencias que históricamente han dividido a algunas de las grandes escuelas de pensamiento, la que concierne al acercamiento que se debe tomar hacia un concepto tan difuso, basto, dual y antagónica como el que se ha venido a llamar “lo natural”, se han llegado a producir altercados que, no sólo han desencadenado agrios debates dentro de La Orden, sino que también han amenazado a la estabilidad de diversas naciones.
Mientras que algunas de las escuelas han optado de manera consciente por limitar su acercamiento al análisis de los valores considerados como positivos de esta entidad, otras con acercamientos similares han afirmado que estos aspectos componían su “todo”. Enfrentadas a estas se encuentran las escuelas que han centrado sus esfuerzos en la contextualización de cada uno de los aspectos que lo componen, evitando atribuirles características morales. Lo subjetivo de esta materia no ha evitado los enfrentamiento, al mismo tiempo que también ha llevado a la creación de ideologías centradas en todo lo contrario; la lucha contra los factores que consideran más dañinos.
De acuerdo a cada uno de estos acercamientos ya sea como dualidades o como entidades independientes, conceptos “naturales” como la vida y la muerte, la salud y la enfermedad o el amor y el odio han encajado de manera indistinta dentro de los ámbitos de cada uno de estos grupos de estudiosos. Más allá de estos valores sobre los que la humanidad carece de control alguno, también se han tratado de englobar como parte de “lo natural” a algunos de los distintos aspectos en los que se han materializado en la sociedad, como el papel de religión en la cultura, la necesidad de la violencia para resolver los conflictos, la superioridad objetiva de unas características humanas por encima de otras, o la existencia de un gran esquema al que toda entidad está ligado sin posibilidad de escape.
Estos debates, tan viejos como toda aquella criatura capaz de comprender y utilizar tales conceptos, jamás han logrado encontrar un consenso acerca de cómo deben ser interpretados o la manera en la que deben ser estudiados. Durante mucho tiempo las discusiones a este respecto han llevado al establecimiento de una serie de posicionamientos encontrados y, en ocasiones, hasta una ruptura total en las relaciones entre algunas escuelas. Los niveles de radicalización provocada por algunos de los argumentos presentados, así como la incapacidad para aceptar la visión del otro, también han llevado hasta enfrentamientos que han trascendido del dialéctico. Este tipo de discusiones y luchas no son una característica exclusiva de los Pensadores, y su radio de acción no se ha limitado a permanecer dentro del terreno puramente filosófico, sino que también ha llegado a impregnar a distintos cuerpos de los Naturistas y más recientemente, a los Formadores y los Futuristas.

El peso de la ideología siempre ha tenido un peso importante en la creación de las diferentes culturas. Pese a que, de manera general, la importancia otorgada a los fundadores de las escuelas de pensamiento no ha sido tan importante como el culto a la persona que ha llevado a la práctica sus idearios, esto no ha evitado que, en momentos puntuales, el carisma de los ideólogos haya ubicado en una posición histórica similar a ambos. En el caso de la propagación de las tesis de Tiermond Nasseus (Vílsfar, Shemellom -437, -349), no sólo su figura fue elevada hasta unas cotas de infamia similares a los de Lísister de Undalaya, sino que el hecho de que perteneciese a La Orden también se ha utilizado como ejemplo del peligro que esta puede representar, y se ha convertido en un arma arrojadiza que se ha usado contra ellos en más de una ocasión.
Más allá de las fronteras de Cahirn Ansay, el impacto producido por las diferentes visiones derivadas de las aspectos más terrenales y “prácticos” de “lo natural” no se trataba de algo novedoso. Con anterioridad a las enseñanzas de Nasseus, ideologías similares a su concepción extrema de “lo natural“ y las implicaciones de esto en “lo apto para sobrevivir” ya habían sido utilizadas con anterioridad. Ya fuese como parte de las herramientas esgrimidas para la creación de civilizaciones como la Tacernse o la Undaaquiana, o como un elemento primordial en la excusa filosófica tras la que se habían escudado algunos cultos para la destrucción y reconstrucción de las culturas en las que se implantaban, los elementos comunes en los que habían basado estos mensajes fueron destilados de acuerdo a un nuevo punto de vista.
En el caso de Nasseus se produjo una rara confluencia de factores. Por un lado, quien promulgaba aquellos preceptos no era un señor de la guerra, un demagogo o un fanático, sino un hombre de ciencia. Por otro lado, su mensaje no sólo encajaba a la perfección con gran parte de las enseñanzas de los principios fundacionales del diversas culturas, sino que les aportaba una nueva capa; la de un razonamiento en apariencia lógico e inapelable. Sumado todo esto al momento concreto en el que se encontraba el Dominio y la capacidad de persuasión del propio Nasseus, su implantación no sólo fue algo imparable, sino que su efecto se volvió viral y devastador.
Al mismo tiempo que sucedía todo esto, el hecho de que Nasseus fuese un miembro de La Orden, dio a su mensaje una pátina de verismo de la que habían carecido los anteriores emisarios. Una pátina que sirvió para su aceptación por parte de culturas menos beligerantes que la tarnaqi.

De acuerdo a las enseñanzas de Nasseus y a su interpretación de los preceptos de los Adeptos del Tanrakûl, el exterminio de los no aptos era el curso natural para la llegada de un mundo mejor. Si bien su tesis no aportaba nada nuevo a lo ya expuestos por otras interpretaciones previas de aquellos textos, su carisma, el culto a su persona, y la influencia que llegó a desarrollar sobre Lísister de Undalaya, fueron los desencadenantes de un conflicto que se prolongó durante más de tres siglos en el oeste continental. Si bien la sucesora de Lísister, la inmortal Elistea de Gaunador, no compartía una visión tan radical como las de Nasseus y su predecesora, esto no fue óbice para que, aprovechándose del impulso ya generado y de las partes en las que sí que coincidían, Elistea prolongase aquel intento de conquista durante todo su reinado.

Para el momento en el que se inicio del conflicto de manera oficial, y la llegada de las primeras incursiones del Dominio más allá de sus fronteras, las noticias acerca de las purgas internas, los motivos aducidos para ellas, y quienes habían sido sus ideólogos ya eran públicos.
Tras la propagación del ideario en el que se basaba y la implicación de uno de sus miembros, las primeras acusaciones de conspiración y ruptura de su acuerdo de neutralidad no tardaron en llegar hasta La Orden, pero para aquel momento otra serie de debates internos ya habían tenido lugar. Mientras que la preocupación principal del Yishin Amat era desmentir las acusaciones y tratar de controlar el impacto de las mismas, en ciertos círculos se iba más allá de la carga y responsabilidad legal de La Orden en aquellos sucesos. En el seno de aquellos debates se formulaban propuestas acerca de si aquello debía ser permitido desde una perspectiva moral, o como tratar de delimitar cierto tipo de actitudes sin recurrir al establecimiento de una censura institucional.
La libertad de pensamiento, y la posibilidad de expresarlo sin miedo a represalias eran derechos inherentes a la propia naturaleza de La Orden. Aquellos hechos, asumidos como algo obvio hasta aquel momento aunque nunca plasmados de una manera explícita, comenzaron a ser cuestionados. Al mismo tiempo, la propia complejidad del debate se encontraba viciada a su vez por la situación que les rodeaba. Pese a no existir aún como una entidad autónoma, se ha llegado a afirmar que la encarnación primigenia de los Pensadores se podría ubicar en esos días, cuatro siglos antes de su primera formación oficial.
Ante la ambigüedad con la que el Yishin Amat gestionó aquella crisis, el posicionamiento de los miembros de La Orden con una inquietudes más humanísticas dentro de todo el espectro ideológico fue la petición de un comunicado claro y sin ambages. Mientras los más libertarios se negaban a aceptar cualquier tipo de censura, los miembros más conservadores estaban dispuestos a realizar concesiones en aquel respecto. Para la argumentación de cada uno de estos puntos de vista dentro de este conflicto, cada uno de ellos recurría a los textos de la antiguas escuelas de pensamiento que validaban sus tesis, y fue gracias a esto que se recuperaron una gran cantidad de textos de esta índole, a la par que surgían nuevas escuelas nacidas a partir de ellos.

Aun así, como consecuencia ante aquella situación, el Yishin Amat se vio obligado a tomar una decisión y posicionarse. Aun después de lograr una nueva situación de estabilidad y calma en sus relaciones internacionales, la resolución del las cuestiones internas tardaron más tiempo en ser reconducidas hasta un terreno más controlado. Aquella crisis había afectado a La Orden como pocas. Los niveles de crispación a los que se llegaron tras las acusaciones sirvieron también para el llevar hasta la luz otro tipo de intereses. Ya viniesen las críticas desde el interior de la organización, o desde algún organismo externo, los diferentes temores se solapaban y confundían. Por un lado, el temor a que sus aliados dejasen de reconocer el estatus de neutralidad, revocando con ello su pacto de no agresión, fue aprovechado por los sectores más críticos con la dirección para intentar un cambio de gobierno. Por otro lado, aquellos menos preocupados por el control de daños a su imagen externa, se encontraban más inquietos ante la posibilidad de un cambio de rumbo drástico en su modelo.
Las luchas por el control, ya fuese de manera directa o subrepticia, se convirtieron una vez más en el eje central sobre el que giraba todo lo demás. Ya se disfrazase bajo la forma de una excusa para el control de daños, como era el caso del portavoz de los Constructores Hanal Ivnayaku (Marnish, Edirth -381, -301), o como argumentos en pos de la un comportamiento más responsable utilizado por la Teóloga Remna Isatdul (Risdal, Menetia -393, -321), las comisiones de investigación se sucedían y las protestas ante gran parte de sus decisiones no se hacían esperar.
Dentro de la multitud de facciones que se oponían por distintos motivos a las propuestas emitidas por las comisiones, quien era más vocal en su oposición, y la ejercitaba de una manera más implacable, se encontraba la Cronarca Silya Vecnayashi (Nórvigost, Saliria -400, -311), quien se negaba a realizar cualquier concesión en la búsqueda del conocimiento a cambio de una falsa sensación de estabilidad. Aduciendo razones tanto éticas como históricas, afirmaba que toda cesión significaba en ese campo era un paso en la dirección equivocada.
Situados en un extremo ideológico contrario al de la Cronarca, también para ciertos sectores de quienes abogaban por acercamientos más pragmáticos para sobrevivir a la crisis, los acercamientos que se tomaban parecían claramente amparados en razones en muchas ocasiones pueriles. De manera general, gracias a todos aquellos miembros que no aspiraban a hacerse con el poder, o a ascender dentro de la escala jerárquica, se logró que el golpe de estado que intentaron perpetrar Ivnayaku e Isatdul de manera solapada fuese abortado.
El núcleo motor de La Orden no sólo logró permanecer, sino que también se trataron de establecer nuevos mecanismos legales para asegurar su supervivencia ante nuevas crisis. Esto no quiere decir que la imagen de La Orden no quedase dañada en el exterior, o que aquellos movimientos contentasen a todos sus miembros. Las tareas de contención de daños llevaron al Yishin Amat a aceptar públicamente una parte muy acotada de la responsabilidad sobre las acciones de Nasseus. Admitieron su lentitud en a la hora de desmarcarse de sus proclamas y se comprometieron a crear una serie de protocolos de actuación ante situaciones similares, dejando también aún más claros los ámbitos en los que cualquier miembro de La Orden podía hablar en su nombre.
Una vez controlada la repercusión geopolítica y legal del evento, se dieron una nueva serie de pasos en cuanto a las cuestiones éticas de orden interno. Una vez más, los decisiones tomadas a aquel respecto, y los criterios en los que se basaron no quedaron libres de controversia. La falta de un cuerpo especializado en esta materia hizo que su elaboración y evolución fuese rotando entre los ya existentes hasta el establecimiento oficial de los Pensadores,

Pese a todo esto, el asunto no quedó zanjado, y la evolución de estas normativas también ha sido seguida con atención por todo tipo de organismos externos. La figura de Tiermond continua siendo utilizada a día de hoy como un ejemplo del “peligro” que representa La Orden y, más concretamente los Pensadores. Pese a que dentro de sus atribuciones no se encontraban las de ser uno de los vocales de la Orden en asuntos internacionales, en multitud de las narrativas utilizadas contra la organización se ha omitido que se trataba de un simple integrante de los Archivistas, atribuyéndole un alto cargo dentro del Yishin Amat o la jegatura de órdenes que aún no existían en aquel momento. Desde diferentes sectores también se ha acusado a la Omniarca Yune Nistalstova (Ancolu, Baern -423, -341) de ser la impulsora en la sobra de las acciones del archivista, y de utilizarlo a posteriori como chivo expiatorio. Una acusación que aún es mantenida a día de hoy por parte de agrupaciones de distinta índole cambiando de manera indistinta la persona señalada.

Mientras todo aquello sucedía, los salones y pasillos de Cahirn Ansay se convirtieron en el epicentro de una explosión de nuevas interpretaciones de los pensadores de antaño, pero no sólo esto. Algunas de aquellas nuevas escuelas de pensamiento no se limitaban a hablar, sino que también abogaban por la acción directa para hacer valer sus argumentos. Los discursos dejaron paso a las protestas, y las protestas a la creación de distintos grupos de presión por parte de cada bando pero, de la misma manera fugaz, anárquica e improvisada que surgieron estos movimientos, no tardaron mucho tiempo en disolverse.
Se ha llamado a esta época como la “gran oportunidad perdida del pensamiento”, a la vez que se le ha achaca a la falta de madurez organizativa y discursiva de sus integrantes su brevedad.

Más allá de estos movimientos dentro de La Orden, con el paso del tiempo, tanto las acusaciones contra ellos por las acciones de Nasseus, como la virulencia de las mismas, si bien se han continuado utilizando como arma arrojadiza, las ocasiones en las que se vuelven a traer al debate público también se han ido espaciando cada vez más.
Tras el fallecimiento de este y de Lísister de Undalaya, la poderosa presencia de Elistea de Gaunador y su anómala longevidad no tardaron en eclipsar sus nombres.
Aparte de esto, la defensa ante estas acusaciones, una vez recalcado que se trata de un hecho del pasado lejano, es clara. Nasseus era un miembro de La Orden, pero no actuaba en representación de la misma. La Orden es un organismo neutral que no acepta ni permite que los debates teóricos y éticos que se desarrollan en su interior salgan de sus muros. Los Pensadores, quienes son los responsables de este tipo de materias, no están habilitados para hablar en nombre de La Orden de manera oficial, y siempre que lo hagan será únicamente de manera personal.
Ante cualquier petición, ya sea esta oficial o informal, de que La Orden se pronuncie de manera oficial ante las acciones de cualquier gobierno, o acerca de algún conflicto en curso, su protocolo dictamina que no se puede emitir ningún comunicado.

Tras aquellos sucesos, las resoluciones tomadas por sus jerarcas y el impacto que estas tuvieron en la vida pública de sus miembros, los posicionamientos de cada una de las facciones dentro de la organización no tardaron en radicalizarse aún más. El pequeño impulso que experimentó el pensamiento filosófico durante aquellos días, alimentó las agrias polémicas generadas por toda una serie de nuevos acercamientos, en ocasiones antagónicos, en cuanto a lo moral, lo ético y lo legal cuando se trata de alcanzar el conocimiento. Estas nuevas premisas entraron a su vez en contacto con las distintas teorías que se adscribían a “lo natural”, tratando de poner orden y contexto dentro de cada una de ellas. Al mismo tiempo, con cada pregunta acerca de cómo se tendría que estudiar este concepto, o la pertinencia de tratar sus distintos aspectos como un todo, cada uno de los teóricos interesados en la materia planteaba extender todas estas consideraciones para su posible aplicación en los campos de estudio del resto de las órdenes.
La posibilidad de la introducción de estas consideraciones éticas dentro de los campos de estudio ya consolidados no tardó en desatar otra serie de polémicas a todos los niveles. Polémicas que, de manera paulatina, continuaron filtrándose más allá del ámbito de La Orden.

Por más que los sucesivos equipos de dirección que componían el Yishin Amat trataban de dejar zanjadas estas cuestiones, mientras el conflicto en el que se encontraba sumido el oeste continental perduraba, el recordatorio de su implicación en el mismo seguía siendo un recordatorio que que volvía al primer plano del debate de manera cíclica. Sumado a todoesto, y mientras estas deliberaciones tenían lugar en el interior de La Orden, las palabras e ideas de Tiermond continuaban vivas y propagándose por otros lugares. Su ideario incidió también tanto en lugares con un modelo social similar al del Dominio, como puede ser Goord, como en aquellas naciones tan alejadas culturalmente de los territorios gobernados por Elistea, como Menetia, Naltor o Rearem.
La multitud de altercados que se produjeron a lo largo de las naciones que rodeaban a Cahirn Ansay, así como diversos conatos de revueltas auspiciadas por la necesidad de iniciar todo tipo de “guerras santas” que demostrase la “aptitud” de sus pueblos para alcanzar el mundo prometido, fueron sus compañeros de viaje durante más de tres siglos.
Tanto esta controversia cada vez que volvía a la palestra toda mención a Nasseus y su cruzada, como el debate y las polémicas que, a su vez, no tardaban en señalarles por quienes se veían afectados, dieron forma a un debate público en cuyo centro siempre aparecía mencionada La Orden. Ya fuese revivida esta polémica de manera fortuita o interesada, en cada una de estas ocasiones siempre existían sectores contrarios a la organización o su equipo de gobierno, tanto dentro como fuera de la misma, que se aprovechaban de estos resurgimientos para utilizar a Nasseus como un arma arrojadiza contra ellos.

Antes de aquel momento, la gestión de la imagen pública de La Orden no había sido nunca uno de los ámbitos que habían preocupado a los Omniarcas pero, tras los reiterativo de aquellos ataques, tanto el control de daños ante situaciones de aquella índole como su posible prevención, entraron de manera prioritaria en sus agendas. Durante el prolongado lapso de tiempo que abarcó la cruzada de Elistea, la viralidad de las mismas se convirtió en materia de estudio por parte de la orden de los Comunicadores, quienes pasaron a formar parte de las órdenes mayores durante algo más de tres siglos. Aunque entre sus atribuciones sí que se encontraban los valores éticos de su labor, este aspecto de su labor siempre se encontraba supeditada ante la obtención de resultados. Sus esfuerzos se centraban en transformar todo aquello anecdótico, tangencial e inofensivo dentro de La Orden en la imagen a transmitir, mientras que trataban de evitar que las materias controvertidas salieran a la luz. Crear maniobras de diversión utilizando lo que el pueblo quería oír, mientras alejaban de su atención los temas realmente críticos, ambiguos o susceptibles de ser utilizados contra ellos.
Su tarea no fue sencilla entonces igual que tampoco lo es en la actualidad, tanto es así que, incluso dentro de los mismos Comunicadores, existen facciones antagónicas.
Sus métodos y prioridades han constantemente cuestionados tanto desde dentro como desde fuera de la organización, y su credibilidad ha sufrido constantes varapalos. Su búsqueda de notoriedad poco tiempo después de la desaparición de Elistea de Gaunador y el final de su cruzada, durante el mandato de la Oxiarca Nimeia Rosúnde (Wínistar, Rearem -47, 31), fue una de las causas que desencadenó su caída en desgracia y la pérdida de su posición como una de las órdenes mayores.
Después de esto, los Comunicadores han continuado con su labor, pero siempre bajo la supervisión de los Censores y los Pensadores. Esto no ha logrado evitar que los objetivos, la ambición de sus líderes, o su utilización por parte de otro tipo de intereses les haya llevado en más de una ocasión hasta situaciones no siempre compartidas por las altas instancias de La Orden. De la misma manera, otro tipo de prioridades e inquietudes, como la de la búsqueda de la verdad, o el considerar que ciertos experimentos que pueden tener consecuencias peligrosas deben ser llevados hasta otras instancias, también ha llevado a algunos de sus miembros a filtrar información, ya haya sido o no esta verificada, que ha generado a su vez nuevos incidentes.

A día de hoy, pese a la inmensa cantidad de volúmenes dedicados a su exposición, debate y análisis, el concepto de “Lo natural” continua siendo una fuente de conflictos. Más allá de la búsqueda de la notoriedad de unos, del mero sensacionalismo y la manipulación de otros, y de su utilización como medio para diversos fines mas o menos cuestionables, no se trata de un asunto ni mucho menos zanjado.
Desde el mismo momento en el que su relevancia traspasó el campo de lo puramente teórico y conceptual, sus distintas interpretaciones jamás han dejado de ser una fuente de conflictos. Desde aquellos que lo consideran algo meramente anecdótico hasta quienes lo consideran el eje a partir del que se tiene que desarrollar todo conocimiento, ideología o cultura.

Esta situación no ha hecho sino empeorar tras salir a la luz las relativamente recientes averiguaciones de la Cronista Remia Nisvaval (Mandayal, Cahirn Ansay 573, 647). De acuerdo a los datos plasmados en sus estudios, y recopilados a partir de diversas fuentes previas cuya validez por separado se consideraban ya consolidadas, logró extrapolar de cada una de ellas una verie de hechos comunes. A través de estos fue capaz de demostrar de manera fehaciente la certeza de varias de las predicciones de Ýlar de Jomsul.
Una vez superada la controversia inicial, sus descubrimientos se han utilizado durante el último siglo para polarizar aún más los acercamientos al mismo concepto del tiempo, dando alas a los defensores de este como un enemigo de la humanidad, y a quienes abogan por la futilidad de toda acción ante la existencia de un destino manifiesto. La aceptación de sus textos y de los indicios que en ellos se pueden extraer acerca de la verosimilitud del concepto del “fin de los tiempos”, los cambios que se han ido produciendo a diversos niveles no han dejado de sucederse.
En contra del deseo de Nisyaval, de la recomendación de los Pensadores, o del mandato del Yishin Amat, esta información logró ser filtrada fuera de los muros de La Orden desatando brotes de pánico y dotando de un nuevo arma a quienes quieren verlos caer. Desde que esta noticia llegó hasta el pueblo por primera vez, ha sido modelada de acuerdo a todo tipo de intereses. Retorciendo lo que era un estudio con unos resultados objetivos y un mensaje pretendídamente aséptico para convertirlo en otra cosa.
Dependiendo de los medios utilizados por quienes lo han compartido, el propósito del emisor, y el contexto cultural en el que se ha retransmitido, el mensaje ha adoptado distintas formas. A su vez, tras la desaparición de Nisyaval, también se han logrado establecer paralelismos que han vinculado sucesos recientes con los textos de Ýlar de Jomsul y otros profetas del pasado. El Gutrakage se ha convertido en la justificación para la toma de decisiones de todo tipo, al igual que el fatalismo se ha ido haciendo cada vez más presente en las sociedades que lo acepta como un hecho cierto. Su presencia desde entonces en el debate público se ha hecho cada vez más notoria, convirtiéndose en algo que se ha propagado de una manera incontrolable.

Si bien esta noticia no fue generada ni filtrada por los Pensadores, sí que caló de una manera dramática en varias de sus escuelas de pensamiento. Dentro de la propia Orden, pese a la creación de los Futuristas, jamás ha existido un posicionamiento uniforme acerca de cómo actuar ante este descubrimiento o la ola de fatalismo que la ha acompañado.
Tampoco dentro de los propios Pensadores existe unanimidad a este respecto. Los visos de certeza en algo que, hasta aquel momento, sólo había sido considerado como una más entre la infinidad de posibilidades que brindaba el futuro, ha supuesto un hito dentro de sus filas. Se manera independiente a su cercanía o lejanía temporal, provocó que muchos de ellos se replanteasen los mismos axiomas que habían gobernado su pensamiento, pero la evolución de cada una de las escuelas que se han visto afectadas ha adoptado por enfoques muy diferenciados, cuando no directamente enfrentados.
Ya sea bajo la forma de la resignación, el conformismo, la curiosidad la negación o la confrontación, su presencia dentro del crisol de escuelas ideológicas que compone a los Pensadores, en mayor o menor medida, se ha convertido en algo casi ubicuo. Se trata de algo mucho más grande que una mera tesis formulada dentro de un contexto teórico o de las especulaciones de un iluminado.
Fuera de la Orden, junto a las olas colectivas de fatalismo y negacionismo que se propagaron a partes iguales, la filtración de los textos de Nisyaval fue suficiente como para que se generase nuevos brotes de actividad en las facciones, sectores e ideologías más extremas. Una serie de olas híbridas de resignación, sentimiento de culpa por el alejamiento de las sendas marcadas por los grandes poderes y sus portavoces o, en el extremo opuesto, de gente que se rebelaba contra esos mismos poderes, mientras que se niega a aceptar un “orden natural” que pretende condenar a la humanidad sin darle opción alguna. A su vez, estas oleadas también han sido utilizadas de manera interesada por los oportunistas deseosos de alcanzar objetivos que nada tienen que ver con la preocupación de quienes los siguen. Tanto líderes religiosos como de opinión, ya sea bajo la forma de castigo divino o justa ira contra los rivales, han mezclado el temor, la superstición, la indignación y el conocimiento hasta extraer de ellos una herramienta con la que afianzar su poder sobre ciertas ideologías, o para la de tratar de controlar y dirigir a las masas dóciles de fieles en la consecución de sus propios objetivos.
Parte de la labor de los Pensadores a lo largo del último siglo ha consistido también en desmontar el mensaje de oportunistas y rebatir sus tesis, pero esta es una tarea casi imposible cuando algunos de ellos se encuentran tanto dentro de la organización como en el interior de los mismos Pensadores.

Más allá de los problemas que ha supuesto la viralidad de los mensajes extremos en una mundo cada vez mejor comunicado, y que han hecho de esta característica una estrategia en sí misma, el resto de las preocupaciones de los distintos cuerpos no han disminuido. Ya desde mucho antes de la formalización de los Pensadores como ente independiente, los Tecnócratas habían tomado nota de este tipo de situaciones, y tratado de diseñar una reglamentación que impidiese que este tipo de ideas afectasen al funcionamiento normal de La Orden, o al menos a su imagen pública, pero las distintas filtraciones han complicado mucho esta tarea. De la misma manera, primero los Tecnócratas en solitario, y posteriormente junto a Comunicadores y Censores, también han tratado de evitar que estas salga de la misma, o al menos que, de llegar hasta el exterior, lo hagan de una manera controlada. Cada nuevo descubrimiento en cualquiera de los múltiples campos de estudio de La Orden, al igual que la expansión de sus embajadas fuera de Cahirn Ansay suponen un nuevo reto a esta tarea. A su vez, este hecho, de cara a los Comunicadores y quienes los apoyan, es una nueva muestra de que tienen que volver a formar parte del Yishin Amat.
Como es la tónica habitual dentro de los Pensadores, a este nivel tampoco existe consenso. Por un lado, vuelven a aparecer los viejos fantasmas de la censura y de anteponer la imagen y la forma por encima del fondo. Gran parte de las alternativas que son planteadas pasan por aumentar el control, no sólo sobre lo que sale al exterior, sino también acerca de los temas a estudiar y debatir en el interior. Anteponer la falsa sensación de seguridad sobre por encima de conceptos como “la verdad”, utilizando un acercamiento muy ambiguo y parcial hacia “lo correcto” o “lo responsable”.
Una de las manera que está ganando fuerza en este ámbito para tratar de evitar este tipo de situaciones pasa por un imponer control más férreo a todos los niveles. Por más que esto sitúe a los Pensadores en un punto central de este debate claramente ético, una parte considerable de sus miembros se oponen frontalmente a esta alternativa.
De acuerdo a estos, el trabajo principal debería estar centrado en la apertura y en el establecimiento de un mensaje claro y comprensible. Dedicar más esfuerzo en las tareas formativas, y en aclarar las dudas o las interpretaciones interesadas que en ocultar la información.

Si bien la dinámica de los último equipos de gobierno han oscilado entre estos dos criterios, el del control de la comunicación ha sido el predominante. Al igual que sucedió en el pasado, cuanto más estricto ha intentado ser este control, más viscerales han sido las reacciones internas, y más traumáticas las consecuencias derivadas de las filtraciones. El impacto provocado por parte de cada nueva información ha intentado ser controlado con escaso éxito, lo que ha llevado a La Orden en el último siglo a perder parte de la reputación que había recuperado.
Estos intentos de imponer un control ferreo también han sido fuente de protestas dentro de la organización. Estos hechos que tampoco han ayudado a cimentar su imagen de neutralidad. Por más claro que haya quedado que este tipo de medidas de control nunca han sido eficiente, esto no ha disuadido a quienes han tratado de implementarlas de tratar de lograr tal fin.
Una vez que cualquier tipo de mensaje ha llegado hasta la vida civil, se ha perdido todo control sobre su interpretación, impacto y posibles repercusiones. La tarea de tratar de lidiar con este tipo de situaciones, encomendada originalmente a los Censores, ha terminado siendo heredada por parte de un consorcio de Pensadores, Comunicadores y Legisladores, pero ninguno de estos grupos ha logrado realizar una tarea eficaz en este campo.

En situaciones con un nivel de complejidad tan elevado, y un espectro de difusión tan susceptible de ser propagado como el de los sucesos anteriormente descritos, los Sumos Censores de distintas épocas se vieron forzados a establecer diversos protocolos orientados a encauzar, cuando no directamente controlar, cómo se llevaba a cabo este debate dentro de la misma organización. De la misma manera en la que han ido regulando los medios y tratado de establecer unas condiciones idóneas en las que estos mensajes sean transmitidos hasta el exterior, también se ha aspirado a definir un conjunto de marcos de trabajo para su estudio. La pretensión de objetividad de estos marcos, supeditados siempre de manera inevitable a los contextos históricos y culturales del momento en el que se han dado este tipo de actuaciones, ha hecho de esta algo a todas luces imposible de implantar dentro del gran esquema. Esta labor que antaño recaía de manera exclusiva sobre la orden de los Censores, en la actualidad es llevada a cabo de manera conjunta junto con los Pensadores.

En los casos en los que se han llegado a implantar este tipo de medidas, y dada la naturaleza siempre sensible y polarizada de estos debates, también ha sido inevitable que las visiones más radicales hayan rebasado siempre los límites establecidos. Cuanto más extremas han sido las medidas, más viscerales han sido también las reacciones contra ellas. Hasta tal punto ha sido siempre así que sus artífices rara vez han salido indemnes de este trance.
La reacción natural ante toda aquella medida que coarte cualquiera de las consideradas como libertades fundamentales de la Orden siempre llega acompañada de controversia. De manera independiente al problema que pretenda solventar, el motivo de fondo que la alimente, o la misma reputación de quienes la impulsan, la suspicacia y la animadversión iniciales siempre han sido sus acompañantes. En el caso concreto de aquellas normas nacidas por y para los Pensadores, la animadversión de las escuelas de pensamiento opuestas a quienes la defienden se muestra ya desde sus mismas fases iniciales.
En el esquema general, no es necesario recurrir al recuerdo de las ocasiones en las que se han llegado a utilizar estas medidas como una herramienta para acallar ideas contrarias a quienes se encuentran en el poder, o imponer algún interés particular por encima de los de la organización para que los ánimos comiencen a crisparse. Tales casos se encuentran documentados de manera profusa tanto entre los textos de los Cronistas como entre los anaqueles de los Pensadores. Incluso cuando tales prácticas son utilizadas de manera honesta, el ya de por sí es complejo equilibrio de poderes dentro de la Orden garantiza la resistencia inicial de alguno de los sectores rivales. El encontrar una vía con el menor número de obstáculos posibles a la hora de tratar este tipo de casos es una tarea harto compleja. Los códices de Cronistas, Censores, Juristas y Tecnócratas están plagados de casos que demuestran que jamás se ha logrado alcanzar una aprobación unánime a la hora de establecer estos criterios, teniendo que recurrir de manera inevitables y complejas negociaciones que no han satisfecho completamente a ninguno de los implicados. La equidad con la que los Pensadores tratan de acercarse a los distintos puntos de vista tampoco ha sido una herramienta infalible, ya que ha tratado de ser utilizada por propios y extraños en diversas ocasiones como una herramienta para la propagación de razonamientos perversos e ideas tóxicas.

Dentro de los posicionamientos defendidos con mayor intensidad por parte de Harnyel Crosmutu (Nilstaga, Tembi 670), su actual Oxiarca, se encuentra todo lo relacionado con el surgimiento de el fanatismo de una manera global a la extensión del mismo concepto.
Crosmutu, quien perdió a todos los miembros de su familia que no lograron huir de su hogar tras la invasión y conquista de Tembi por parte del Dominio, se encuentra muy sensibilizada con esta materia. Debido a las persecuciones ideológicas llevadas a cabo contra aquellos que negaban una relación directa entre el Garshed Jonural y el Tanrakul, también ha perdido a muchos más gente cercana, ya fuesen estos conocidos o amigos.
En años recientes gran parte de sus esfuerzos se han centrado en desmontar la tesis y justificación esgrimidas por el Dominio en su cruzada, lo que le ha granjeado no pocas críticas y acusaciones, tanto de parcialidad como de malgastar recursos de La Orden por parte de sectores muy concretos de quienes se encuentran bajo su mando.

Más allá de su situación personal, el surgimiento de una nueva ola de radicalismos similares a los que ya ha experimentado preocupan sobremanera a la Mentat. La cercanía temporal de la “Gran oscuridad” es el caldo de cultivo ideal para el nacimiento de los mismos. Ante cada nueva proclama que ha tratado de atribuir a la Gran oscuridad un mensaje de advertencia, la manifestación de la cólera de los poderes del más allá, o anunciar un justo castigo contra aquellos que los han defraudado, el posicionamiento de Cromsutu y sus seguidores ha sido claro, y su respuesta a la hora de tratar de desmentir tales afirmaciones inmediata.
Si bien la cruzada de Shar Kushen ha sido la campaña militar más exitosa y brutal de los últimos siglos, su magnitud ha ayudado a ocultar otros movimientos similares pero de menor escala surgidos bajo una suerte de argumentos equiparables.
Estos movimientos no han surgido solamente en las diferentes teogonías, sino que también han servido para iniciar revueltas en algunas de ellas contra quienes se encuentran en el poder.

Más allá de estas prioridades parcialmente derivadas de su tragedia personal, Harnyel se encuentra enfrascada en las que han sido las dos áreas de interés que han compuesto su tesis desde antes de entrar a formar parte de La Orden. Por un lado, y siguiendo los caminos marcados por el pensamiento lingüístico, ha dedicado una gran cantidad de esfuerzo a documentar y tratar de desentrañar la manera en la que la percepción afecta al avance de la humanidad. De acuerdo a su tesis, las interpretaciones parciales y erróneas arrastradas desde el pasado, han ido impactando y condicionando la evolución cultural de las naciones del centro continental.

Por otro lado, su interés por la figura de los inmortales le ha llevado a la formulación de toda una serie de teorías su alrededor. Desde la manera en la que un grupo tan pequeño de personas han condicionado el trascurrir de la historia, hasta el tratar de cuantificar cuál ha sido la aportación y el perjuicio concreto de cada uno de ellos. Desde lo inabarcable de la escala y magnitud de su impacto en la misma historia del mundo, hasta la manera en la que afectaría su pérdida al orden y la estabilidad global.
Dentro ya del terreno de la especulación pura, también ha escrito una serie de ensayos en los que especula cómo habría sido un mundo sin su presencia.

La reciente desaparición de Dairus, así como la llegada de Riommar Hayatoshu han supuesto dos hitos sin precedentes ante sus teorías. Dos eventos tan significativos e improbables en tan corto periodo de tiempo, que las probabilidad de que coincidiesen durante su vida se le hacían absurdas. El impulso, y la cantidad de información que esto ha supuesto para sus tesis es difícilmente calculable, y su seguimiento del avance de los acontecimientos en Trollellom y Saliria es constante.