Los Kurbun

Dom, 02/23/2014 - 13:21 - Kurbun ©Kurbun

Carentes de forma, sustancia o materia, de motivo, ambición o deseo, los kurbun surcan todos los niveles de la existencia propagando el legado de Namak, su padre. Durante mucho tiempo siguieron al Destructor, no como acto consciente o intencionado, sino como hojas mecidas por los vientos del azar. Si definimos a una criatura por lo que hace, si los catalogamos por sus actos y motivaciones, ellos no pueden ser juzgados.
No “hacen”, no “actúan”, la destrucción es una consecuencia de su mera cercanía. No buscan justificaciones de ninguna clase para su presencia, al igual que no obtienen placer alguno o sienten el más mínimo remordimiento por los resultados de la misma. No conocen la urgencia o la necesidad, la desesperación o el ansia. Baal es El Destructor, pero ellos son la destrucción. El mismo apelativo de seres vivos resulta artificioso cuando se utiliza para referirse a los kurbun; Los asesinos de dioses.

Pero esta máxima no está exenta de excepciones. Una condición bajo la que la que algo o alguien puede sobrevivir al encuentro con uno de ellos, y esta es la capacidad de ese ser para crear a su vez destrucción. Las armas sobreviven a su paso, al igual que aquellos cuyas acciones en el futuro causarán más destrucción que creación, aquellos que quitarán más vidas que las que serán salvadas por sus actos o las consecuencias de los mismos. Vano consuelo pues, de una u otra manera, quien les sobrevive queda igualmente maldito.

No existe ley o balanza cósmica que dictamine que, en un enfrentamiento, ambas partes tengan una posibilidad real de salir victoriosas. En un combate, siempre grana la destrucción. No importa el esfuerzo, no importa el valor, no importa la implicación. Quien se enfrenta a los kurbun está condenado.
Así fue desde el principio de los tiempos. Así fue hasta que su camino se cruzó con el del hombre.

En su primer advenimiento junto a Baal sobre Daegon, los padres de los hombres sufrieron su presencia como nunca ha vuelto a experimentarla la humanidad. Sus mentes, incapaces de percibir o comprender al enemigo, trataban de dar forma a aquello que les atacaba, formas surgidas de unas mentes poseídas por el miedos y atenazadas pro el dolor. Cada uno de ellos percibía aquello que más temía, pero tenía un enemigo real. Alguien contra quien enfrentarse. Pocos fueron los que lograron imponerse sobre el temor hasta llegar a comprender a qué se enfrentaban. Menos aún quienes sobrevivieron para transmitir aquel conocimiento.

La única manera de “vencerles” es abstraerse completamente de todo lo que presagia su presencia. Imponerse al dolor y al temor. A la ira y el odio, es por esto que, en origen, los guardianes resultaron ineficaces contra el enemigo.
Es necesario arrinconar todas esas emociones hasta un nivel subconsciente y no permitir que afloren. Arrebatarles aquello que les da sentido. En ese caso sólo queda un rival a batir. El kurbun se convierte así en algo comprensible, algo combatible, algo humano. Una hombre de expresión gélida e indiferente, pero no por ello menos peligroso o temible. No se trata tanto de una lucha física como de una de voluntades. Es el kurbun quien se rebela contra el cambio al que se le ha sometido, contra esa limitación que se la ha impuesto, el que se ve forzado a “actuar” a tomar decisiones, a elegir.

A la largo de la historia también se han dado casos en los que el sufrimiento causado a un individuo ha sido tal, que ha rebasado los límites humanos llegado a afectar al propio kurbun. Así sucedió con Kenrath, lo que provocó que la consciencia de sí mismo surgiera en Shaedon, el primer nacido de entre los kurbun. Este, actuando contra natura, acabó con la vida y el sufrimiento de su enemigo como su primera acción electa, privando con ello al mundo de la fuerza destructora que había creado al arrebatarle todo cuanto amaba.

Cuando las acciones de Baal obtuvieron un objetivo, los kurbun le abandonaron. Ya no estaba en sintonía con ellos, pues la destrucción del todo no es su misión, sólo su ser.

Tras la partida del Destructor, el resto de los poderes erigieron una barrera que impedía que los kurbun accedan al de existencia en el que habita el hombre como lo hicieron en su primera llegada. Después de esto, sólo llega hasta Daegon una leve sombra de su esencia que puede adquirir cientos de formas. Desde la de los desastres naturales hasta la de epidemias epidemias, desde las plagas hasta la misma locura. Pero esta barrera se erosiona con cada nueva llegada fortuita del enemigo y, en ocasiones, se llegan a filtrar aspectos mayores de alguno de ellos.
Estos aspectos, desligados del resto de sus hermanos, son más susceptibles a la influencia del hombre. En ocasiones son asumidos por huéspedes lo suficientemente poderosos como para no ser desintegrados por su mero contacto, creando con ello nuevos seres híbridos y únicos.
Una vez que la unión se ha formalizado ya quedan ligados por toda la eternidad. Algunos se han aliado con la humanidad, ya sea por altruismo o deseo de supervivencia, mientras que otros sólo quieren que todo termine y volver a su estado original.
El hombre ha tratado de catalogar a estos seres, de agruparlos, describirlos y definirlos en diferentes castas, tratando de encontrar un patrón en su manera de actuar o sus capacidades. Les han dado nombres como Darek; Los que Reinan o Karesh; Las que Dominan, Malesk; Los que Destruyen o Heid; Los que Transforman, Shaik; Los que Acechan o Thaigen; Los que Luchan y muchos más, pero cada uno de estos criaturas no tiene parangón o similitud con el resto.