El nacimiento de “El golpeador”

Pese a lo preocupante de las noticias sobre el avances de las tropas menetianas, los reinos que permanecían en la distancia permanecían a la expectativa. El equilibrio de poder era algo demasiado frágil como para realizar planes o alianzas precipitadas. Tendrían que ser los actos de un sólo hombre lo que les forzase a tomar una decisión.
De manera cíclica, la esencia de Ytahc generaba una nueva especie que se filtraba desde su imaginario hasta el nivel físico de existencia.
Sería en aquellos días que Gognaal, uno de los kurbun, se haría presente en los sueños del señor del cambio, comprometiendo con su sola presencia la naturaleza de la criatura que sería enviada a Daegon. La lucha que se llevaría a cabo por la custodia e influencia sobre el propósito de aquel nuevo ser se propagaría más allá de las fronteras de lo onírico.
Dairus Gaedern miembro de los Randayr los “señores de las montañas” devotos de Arcthuran asignados a la defensa de las ciudades interiores, sería afectado por aquel conflicto, siendo arrastrada su forma física hasta el mundo de los sueños. Allí, imbuido por las esencias del sueño y el cambio, ayudaría a su señor en su lucha contra Gognaal. Durante aquella batalla, pese a que su señor triunfaría, el cuerpo de Dairus sería destruido incapaz de contener las energías que se le habían otorgado. Pero, antes de que su esencia regresase a las fuentes de la vida, Ytahc la imbuiría en un nuevo armazón inmortal y lo devolvería al mundo material vinculado a la esencia de Calathil, el primero de los nacidos de la nueva espacie, los shamlae. Aquel día nacería Darus “El golpeador”, “El dos veces nacido”, “El libertador”, “El inmortal”.
Ambos surgirían de entre los picos de las montañas Zorak, sobre la ciudad de Beretear. Confundido con su nueva existencia Darus, que conservaría los recuerdos de su antigua vida, recorrería su antiguo hogar volando erguido sobre la espalda de Calarhil.
Su vagar les llevaría hasta la ciudad de Tanlay mientras estaba siendo sometida al asedio de la tropas de Wailun. Su sola presencia sembraría el caos en el campamento atacante. Sin saber con certera si permanecía en un sueño o había regresado al mundo real, Darus atacaría a los menetianos desbandando sus filas.
Enfurecido por aquella denigrante derrota, el emperador recompondría sus tropas y partirían en pos de quien consideraba que había humillado a él y a los suyos, pero encontrarían en los antiguos hogares de los Erlani era inexpugnable para las tácticas militares convencionales. Tras dos años de infructuoso asedio de Beretear, desmoralizado y diezmado, el ejercito de Wailun regresaría a Menetia en busca de refuerzos, sólo para encontrar que durante su campaña el imperio había cambiado mucho.
Aquellos que llevaban años esperando su ocasión se habían levantado aprovechándose de la prolongada ausencia para cortar los lazos con el poder central. Los impuestos ya no llenaban sus arcas y aquellos que debían defenderlo no eran recompensados en su labor.
A su regreso el emperador se encontraría con Elender Kygorn, Dakensey Embdern y Luden Braendish, los tres últimos generales leales al imperio, defendiendo la capital y a la familia imperial. Pero el emperador no quería escuchar las palabras de prudencia de sus generales y sólo deseaba retomar la campaña militar.
Apenas unos meses después del regreso de Wailun, las tropas del Trollellom se presentarían a las puertas de Sunrath.
Durante el asedio de Beretear muchos de sus habitantes habían muerto. Amigos de Dairus y eruditos respetados por el resto de los dirigentes de “La gran nación” Aquellas acciones no podían quedar sin castigo. El enemigo común y la presencia de un nuevo “mensajero” enviado por el señor de las profundidades, había unido de nuevo a sus seguidores que lo seguirían en una expedición de castigo, una misión que dejase un mensaje clarificador.
La vida de Wailun terminaría a manos de un iracundo Darus con la complicidad de sus tres generales. Con él moriría el gran imperio menetiano. Rannael, su hijo, heredaría tan solo los despojos que pudieron defender los pocos leales al imperio convirtiéndose en “El emperador sin reino”. Los tres generales renegados unirían los territorios que habían reservado como sus dominios fundando Bra'En'Kyg. El mundo, tal y como había sido conocido tras la edad de las guerras, volvería a fragmentarse dando a luz a una nueva era.
Para los occidentales, el este representaba un lugar terrorífico e inaccesible. Una única nación gobernada por un señor inmortal. Una terrorífica bestia durmiente que no convenía despertar. Pero estarían muy equivocados.
Tras el impulso inicial, la unión de los pueblos del este volvería a disolverse. Darus era inmortal, pero no dejaba de ser un hombre. Su presencia era poderosa y muchos le temían y respetaban. Lo llamaban Gomo Rúnderak “El señor de todos” pero su deseo nunca había sido el de gobernar. Aceptaría su nueva posición abrumado por la necesidad que el pueblo tenía de una figura unificadora y sufriría en aquella posición hasta su desaparición dos milenios después.
El oeste continuaría cambiando, pero la estructura básica que ha llegado hasta nuestros días es muy similar de la que se forjaría en aquellos días.

Mié, 01/16/2013 - 20:28 - La rendición del Imperio Menetiano ©la rendicion del imperio