Crónica de los reinos breves

Durante siglos los pequeños reinos tratarían de imponer su visión sobre la de sus vecinos, pero las fuerzas estaban muy igualadas. Raro era el país cuya existencia se prolongaban más allá de la tercera generación de sus fundadores, sin que se llegasen a crear identidades o culturas propias.
El comercio desapareció casi por completo y las vías que comunicaban el continente serían destruidas por aquellos que temían las invasiones que se encontraban tras sus fronteras, en un vano intento por frenar a los ejércitos enemigos.

Pero no todo serían luchas vanas por el poder. También se alzarían quienes tratasen de unificar de nuevo el continente bajo sus idearios utópicos.
Gente como Tayanu de Dansalón, devoto de Karnrath, que buscaría el establecimiento de una relación de simbiosis y reciprocidad entre los hombres y los aspectos de los poderes.
Gente como Veshiqtoal de Lairenshul, líder de la escuela de pensamientos de los Sailani, quien promulgaría la superioridad intelectual y moral de los hombres sobre la de los dioses.
Hombres como Tyernhöl de Naialtyr y sus compañeros, los discípulos de la orden de Belernath. En sus escrituras se leía una máxima, un mantra que guiaba sus caminos: Desconfía de los inmortales, pues en sus objetivos no eres sino un peón.
Dayr, el emperador filósofo, partiría de su Dagnur natal con poco más que sus ropas. Con el poder de su voz y su convicción conquistaría sin derramamiento de sangre Mondalar, Hoarnrath, Dalaisus y Lyarn. A su muerte sus cinco hijos tratarían de mantener el legado de su padre, pero carecían de su determinación y voluntad, por lo que terminarían siendo asesinados por aquellos en quienes confiaban y habían delegado su poder.
Kirgliath de Orsirea dominaría muchas artes, pintura y poesía, música y escultura. El de la guerra sería aquel en el que menos versado se consideraba y ni siquiera en él tendría rival. En sus conquistas dejaría proyectos de increíble belleza que no llegarían a ser finalizados tras su fallecimiento repentino debido a una enfermedad.

En el lejano éste se encontraría el único imperio que perdura en la actualidad, el de la isla de Mashulan. Como resultado del desposamiento de Betsuteki Sekai Densichi, de la estirpe de Aramato y Mei Xing con Sunotage Mitsuru, guardiana de la esencia inmortal de Korián se daría a luz al imperio. Se unificarían las provincias en permanente conflicto y todos se arrodillarían ante el primer emperador tras la partida de los ailanu.
Durante doscientos años gobernaría trayendo una longeva paz a su pueblo, para terminar siendo asesinado por Yatsukuge, su hijo. Aquel dios emperador loco gobernaría la isla durante casi dos mil años destruyendo todo lo que había construido su padre, y exiliando al continente a la etnia de los shizune y cerrando el acceso a la isla.

Tan abruptamente como comenzase, terminaría esta cuarta edad. El legado que dejase a sus descendientes sería la definición de los axiomas que gobernarían su realidad.
Con las desesperadas hordas bárbaras de Hoark Vanshú Meneter, desde las islas Balein llegaría una fuerza casi imparable que daría su forma definitiva durante mucho tiempo al mundo. Los señores del mar conquistarían todo lo que les aguardaba en el continente, dando comienzo a una nueva era.