Un nuevo viejo mundo.

El mundo ha cambiado. Parte del dominio Tarnaq, de Harst, Tembi y toda la nación de Senhus se hundieron tras el regreso del Destructor. Las costas del mar interior de Jorhg se han abierto camino hasta unirse al Océano Sámico.

Más allá de las playas continentales, donde los marineros sólo conocían agua, ha vuelto el antaño desaparecido continente de Nargión. Pero las aguas ya no tocan sus costas, pues estas se encuentran levitando a varios cientos de metros sobre los mares y océanos. Ha vuelto fragmentado en dos continentes de menor tamaño y cientos de islas dispersas por todo el globo.
Sobre estas nuevas tierras se hayan los descendientes de quienes abandonaran esta dimensión. Hombres y mujeres que siempre han vivido con unas leyes naturales distintas a las de sus ancestros. Que se adaptaron y sobrevivieron a una realidad opuesta la que les rodea ahora. Un reino de orden y estabilidad en el que ellos eran una anomalía, unos entes extraños y dañinos que perturbaban la quietud. A lo largo de los milenios sólo han conocido constante conflicto con lo que les rodeaba. Unas fuerzas intangibles que lo impregnaban todo y consumían con lentitud las tierras sobre las que ellos vivían, unas fuerzas que trataban de moldearles para que asumieran un papel estático dentro del orden establecido en aquel reino.
Pero el hombre es caos, el hombre es cambio. Su nacimiento no fue el acto consciente de ninguno de los poderes, sino que fue fruto del puro azar. El hombre simplemente “es” y no pertenece sino a sí mismo. Se adapta, pero también moldea y conquista su entorno.
Ahora el entorno ha cambiado de nuevo. Estos hombres y mujeres han vuelto al lugar del que partieron sus ancestros, un mundo y una realidad cuyas reglas no conocen. Pero no han sido los únicos en regresar.

Los Jonudi han regresado inundando el mundo con su oscuridad. Buscan al Taj'Lei'Gobeh “El que vendrá” la criatura que forjaron como su dios pero les abandono. Quien terminará con toda luz, sumiendo a toda la creación en la quietud de las sombras.
Aquellos que crean y propagan leyendas han llegado a afirmar que incluso los kurbun temen su llegada.

También ha regresado Iorum Arcanus, escapando de donde nadie puede escapar. Ha vuelto con una compresión del conjunto de toda la existencia superior al que jamás han poseído hombres o poderes, pero pagando un muy alto coste por ese conocimiento.

En las costas de Menetia y Naltor han aparecido los ailan promulgando que los poderes los han liberado de su exilio. Afirman que su liberación se debe a un nuevo pacto con los dioses. Su nueva misión es la de proteger el continente. Pero sus actos distan mucho de sus palabras, y no todos parecen compartir el mismo propósito.

En las bibliotecas de Baern, un murmullo se va haciendo clamor entre los cronistas. Aquellos capaces de atravesar la oscuridad y vislumbrar más allá de las barreras del presente han descubierto que el futuro ha cambiado. La enciclopedia del tiempo debe ser reescrita.

En la llamada por las gentes del oeste “Trollellom”, la gran nación, reina el caos. Darius el inmortal, el dos veces nacido, quién ha mantenido una tensa paz entre todos los reinos e imperios del este a lo largo de los dos últimos milenios, ha desaparecido. Las rivalidades y ambiciones largo tiempo contenidas no han tardado en desatar nuevos conflictos.

El mundo está en guerra. No una gran guerra global, sino cientos de conflictos a diferentes escalas y por diferentes motivos.
Como conscientes de la cercanía de la nada, los eventos se han precipitado a una velocidad increíble, convirtiendo los últimos años en una progresión vertiginosa y constante de eventos definitorios.
Las profecías mal interpretadas han sido escuchadas, propiciando a los ignorantes, en su arrogancia, a declarar guerras santas, mientras que aquellos que anunciaban la verdad continúan siendo acallados.

En Goord, el teócrata del falso dios Galdaim ha proclamado que su señor ha finalizado la escritura del Sunra Avahi, el “Libro de los pecados” Los hombres han sido juzgados y encontrados culpables. Sus fieles heredaran el mundo, pero sólo tras impartir el castigo divino sobre los impios.

En el Dominio Tarnaq, el Tukradum ha anunciado la llegada del Tanrakûl: El momento definitorio en el que deben demostrar a sus dioses que son dignos de habitar el mundo que llegará. El hundimiento de parte del continente ha sido la señal de aviso.
Sus vecinos de Tembi han sido los primeros en sufrir su ataque y pronto comenzará su campaña contra las Llanuras Heladas de los ilbyn y los kensei.

En Harst, el actual Sipskriel, el tercer heraldo del nuevo orden, ha puesto en marcha a sus tropas afirmando que el resto del mundo está equivocado. Aquellos que escuchan a los profetas y los dioses no tienen el valor suficiente como para crear su propio futuro. El no necesita de la guía de nadie, Él forjará el destino del mundo.

En Namak reina la tranquilidad. Los kurbun y los enemigos del hombre parecen haber partido. Los ailanu tienen el tiempo que les ha faltado durante los últimos milenios para comenzar a planificar su siguiente paso.