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El viaje de Ytahc

Por arcanus, 6 Junio, 2011

Ytahc vagaba por los reinos de sus hermanos impregnándolos y empapándose con su esencia. Aquel solitario devenir carecía de destino, se limitaba maravillarse con la visión de las creaciones que inundaban aquellas realidades.
Pero todo cambió al llegar a Namak. Pese a no ser conscientes de su presencia en aquel lugar, la mera cercanía del destructor y sus vástagos resultó una agresión para él. El tiempo perdió su significado, para convertir cada instante en una nueva forma de agonía.
Con sus últimas fuerzas, Ytahc logró escapar de aquel lugar, para refugiarse en los confines de la realidad. Se encontraba herido, pero aquella herida sanaba, pues él era herida y curación, cambio y libertad. El era tiempo y creación, movimiento y expansión. Él era Ytahc, él era el caos.

Y mientras su ser sanaba, Ytahc soñó. Soñó que de su interior surgían infinitos seres que llenaban la bastedad del cosmos. Hijos de su mente. Herederos de su esencia.
Soñó que sus hijos se fundían con las creaciones de los Suritani, imbuyéndolas de vida.
Soñó que sus hijos tomaban conciencia de si mismos y, a su vez ellos también soñaban, moldeando sus hogares, llenándolos de nuevas formas, colores y criaturas.
En su mente contempló como sus hijos se reunían, danzando unos alrededor de los otros en una anárquica y hermosa coreografía. Dejándose mecer por la melodía primaria del vacío.

Ytahc abrió los ojos y contempló con orgullo y emoción a su progenie. Durante eones viajó entre ellos, aprendiendo y experimentando. Maravillándose ante su involuntaria creación.

Tras su largo vagar, su camino se cruzó con la más hermosa de la criaturas que jamás hubiese encontrado. Coronando aquel lugar, ajeno a cuanto le rodeaba, un mundo solitario creaba su propia camino. Ninguno de sus hijos parecía haberse fijado en él.

Durante tiempo inmemorial contempló a aquella criatura, embelesado por la sencillez de su forma e hipnotizado por la cadencia de sus movimientos, y la siguió hasta que alcanzaron el centro de aquella realidad. Aquel lugar también había sido el destino de otros dos viajeros errantes, que les acogieron con un caluroso abrazo y les hicieron reconocer aquel lugar como el final de sus caminos.

Allí Ytahc daría por finalizado su viaje, pues había encontrado su hogar. Con delicadeza se introdujo en el corazón de aquel mundo y, nuevamente, soñó.

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