Interludios y comienzos

En el inicio de los tiempos, Los Primeros comenzaron a definirse a sí mismos. A fundirse con los poderes y axiomas que habían creado, abandonando y superando el nivel conceptual, para abrazar y dar forma a los seis planos.

Así, Suritán se convertiría en el hogar de la luz. La creadora de formas. Aquella que moldea el universo. El origen de toda materia elemental. Cobijadora y nutriente de la vida. Y aquellos que la acompañaron se convertirían en los Suritani; Los forjadores de mundos.
De sus manos surgirían estrellas y cometas. Planetas y galaxias. Esparciendo su legado por todos los rincones de la realidad naciente.

Enaí se hizo uno con la oscuridad, formando con ello Jonund; El camino. Camino hacia lo que aún no nos muestra la luz. El sendero que comunicaría a todos los hermanos. Esperanza de lo que está por llegar y aún no somos capaces de percibir. Quien nos guarda y oculta de la mirada del enemigo.

Baal se sumergiría en los restos sin vida de su padre, destruyendo aquella realidad inerte. Pero los fragmentos de Namak que se desprendían a lo largo de su camino se impregnarían de la esencia del destructor, dando con ello a luz a los kurbun; La destrucción informe. Los asesinos de dioses. Los portadores de la no-vida.

Kestra observaba las acciones de sus hermanos, pero no era capaz de comprenderlas. Así que los contempló hasta que halló una razón entre tanta locura, un patrón en aquella cacofonía de formas y movimientos. Viendo como sus compañeros no eran conscientes de las consecuencias de sus actos, buscó establecer una armonía que compensase la anárquica creación que se estaba llevando a cabo.
Para que le ayudasen en aquella labor crearía a Argotaj e Irasai y juntos se convertirían en los arquitectos de realidades. Los edificadores de barreras. Señores del orden, la estabilidad y el equilibrio.

Ya desde el momento de su nacimiento, Sakuradai poseería el don de la consciencia, y contemplaría como todos sus hermanos eran abrazados por su manto. Pero esto no hizo sino alejarla de ellos, pues ella era el tiempo; Principio y fin de todo.
Desde su concepción, conocería los pasos que darían sus hermanos y de como acabarían ellos y todo cuanto habían creado y crearían. Contempló nacimientos y muertes, éxitos y fracasos, auges y caídas. Contempló como trataría de evitar lo inevitable. Contempló como fracasaría una y otra vez. Padeció desde el primer momento su propio dolor a lo largo de los eones, pues la certidumbre y la desesperanza serían su condena eterna.

Tayshar e Ytahc caerían rendidos ante la belleza de Layga desde el mismo momento en el que la contemplaran por primera vez. Ambos la desearon y ambos recibirían su abrazo y su semilla, creando un vínculo imperecedero entre ellos.
Pero Ytahc era cambio y evolución, por lo que abandonaría a sus hermanos para crear su propio camino.
Así Layga y Tayshar, imbuidos también por la esencia de su hermano, moldearían su entorno para crear un hogar. En el crearían las fuentes de la vida; Shud Elaen, Origen de carne. Shud Krieg; Proveedora de intelecto y Shud Ilawar; Alimentadora del espíritu.
En aquel lugar también darían a luz a los Tayshari; Los guardianes de la creación. Señores de la empatía y Servidores de las fuentes.