Historia

Tras la traición, derrota y muerte de Wailun Vohn Meneter, décimo gobernante del Imperio Menetiano, a manos de sus generales renegados y Darus “El Señor Inmortal del Este”, comenzaría el desmembramiento del imperio. Mientras las provincias más lejanas iniciarían nuevas luchas entre ellas, reclamándose unas a otras retribución por agravios largo tiempo enterrados, en la capital aún resistían los leales al aún no coronado emperador Namayán. Las refriegas esporádicas se prolongarían durante una década más, hasta la firma de “La paz de Namayán”, en la que Naltor, Mitsulen, Xultz y Menetia alcanzasen un pacto de no agresión. Mediante esta farsa ceremonial disfrazada de ceremonia de hermanamiento, sus antiguas provincias, ahora más poderosas que quien fuese su conquistador, reconocían a Menetia su estatus como imperio y, a su vez, el emperador concedía a estos su propia hegemonía.

Bajo el gobierno de Namayán el imperio se mantendría en un constante estado de paz tensa, y con el comenzaría la dinastía que ha venido a conocerse como la de “Los emperadores ancianos” ya que todos ellos vivirían más allá de los setenta años, que también sería conocida como la de “Los emperadores tardías”, por la avanzada edad con la que tendrían casi todos ellos a sus sucesores.

Incapaces de buscar la expansión hacia el oeste, o el norte y temeroso de despertar de nuevo la furia del imperio que creían se encontraba tras las montañas Zorak, los menetianos tomarían el camino de sus ancestros y se lanzarían a la exploración marítima. Tras despojar de cualquier elemento valioso que pudiese hallarse en los islotes cercanos a la costa, seria durante el reinado de Ílias Segundo “El exégeta”, el decimoquinto emperador, que se descubriría la existencia de la isla-continente de Thurgold.
Pero este descubrimiento no sería un presagio de nada bueno, ya que su conquista sería el desencadenante de la guerra largo tiempo retrasada con Naltor, y el origen histórico de la rivalidad que mantienen ambas naciones hasta el día de hoy.

El descubrimiento de Thurgold despertaría los sueños de conquista de las naciones vecinas. Tras ochenta años de paz tensa, la carrera por hacerse con los nuevos territorios convertiría en hechos lo que en de palabra nunca habían permanecido oculto.
Ya desde su misma fundación, Naltor se había había ganado la enemistad de la iglesia menetiada al declararse como una nación laica siguiendo los dictados de la escuela de pensamiento sailani. Así lo proclamaría su primer Orgus, Áldryar Nalot, al plasmar entre los preceptos fundamentales de su nación la negativa a aceptar la superioridad ética, moral o intelectual de las entidades veneradas por sus vecinos.
Aquella proclama que servía tanto para camuflar lo que era un rencor visceral del líder hacia la clase clerical, como para trazar una clara línea divisoria entre las naciones, terminaría por enraizarse en su pueblo hasta terminar por convertirse en una ideología institucionalizada.
Las fricciones habían sido constantes desde la paz de Namayán, pero sabían que un conflicto abierto sólo lograría debilitar a ambas naciones y facilitar el camino a las quienes esperaban más allá de sus fronteras, Bra'Em'Kyg y Rearem.

Por otro lado, la vía marítima también les estaba vedada. Los arrecifes y rocas ocultas que poblaban las costas que rodeaban a sus principales ciudades portuarias hacían intransitables aquellas aguas para los grandes navíos de guerra o de gran calado. El principal puerto de cuantos se hallaban entre sus costas, se encontraba en la Ciudad Libre de Xultz, situada en la frontera entre Naltor y Menetia. Ambas naciones habían tratado de conquistar aquella ciudad en más de una ocasión, pero el riesgo de que el vecino se hiciese con aquel puerto era un riesgo que no se podían permitir ninguna de las dos, por lo que, de facto, Xultz se había convertido en un protectorado de ambas naciones. Si una de ella no podía conquistarla, no permitiría que lo hiciese la otra.
El tiempo también había demostrado que la expansión hacia el este era inviable. Para Naltor llegar hasta allí implicaba atravesar Menetia. Por su parte, Menetia había comprobado que llevar tropas a través de las montañas Zorak y mantener una línea de suministros, era una tarea inviable.

El descubrimiento de un nuevo territorio poblado por tribus apenas civilizadas, cambiaba completamente escenario de su rivalidad. La anexión y conquista de aquellos bárbaros que poblaban la zona costera de Thurgold sería una tarea rápida y sencilla, pero las tierras no eran el único premio en juego. Con aquella campaña, tanto Menetia como Naltor obtenían algo más que nuevos territorios, lograban también una puerta para acceder a los territorios orientales de la temida e ignota Trollellom; aquella que acabase con los días de gloria del imperio.