Bra’Em’Kyg

Cientos de cantares han proclamado que el tiempo, el hado o los poderes que moran más allá de lo meramente material no han tratado bien a Bra’Em’Kyg.
Por más que a lo largo de sus casi dos milenios de existencia esta nación ha sido conocida bajo distintos nombres, no han sido estos apelativo los que han ido moldeando y definiendo a las distintas culturas que han poblado sus territorios. Los adjetivos que se han utilizado para referirse a ellos han sido la plasmación de cómo han sido percibidos por quienes se encuentran más allá de sus fronteras. Por quienes, desde la lejanía, han sido testigos externos de sus tragedias o se han visto beneficiados por su altruismo.
Pero, por más que los principios sobre los que se basó la construcción de esta nación fuesen la apertura y la aceptación, su propia evolución y la manera en la que han sido conocidos han venido forzadas en gran medida por distintos sucesos sobre los que no han tenido control alguno que, pese a estar separados por siglos, han quedado marcados en la manera de ser de las siguientes generaciones.
Por más fortuitos que hayan sido estos eventos que les han obligado a reinventarse y reconstruirse una y otra vez a lo largo de los siglos, su capacidad de adaptación y superación les ha granjeado el temor, la compasión y admiración de quienes les rodean.

Esto no quiere decir que cuando ha reinado la normalidad los distintos pueblos que han compuesto Bra’Em’Kyg se hayan encontrado libres de conflictos. La misma estructura bajo la que conviven los diferentes culturas que la han habitado, al igual que la apertura y altos niveles de tolerancia por todas las partes que esto requiere, les ha hecho proclives a ellos.
Por otro lado, su cercanía a la belicosa Naltor al igual que lo complicado de su relación con Menetia, tanto durante los últimos días del imperio como con la posterior república, han sido una fuente de enfrentamientos de los que, si bien siempre han logrado salir airosos, no siempre lo han hecho indemnes. La mayor fuente de cambios no han sido estos conflictos con entidades externas, sino que estas han venido dadas en gran medida por las disensiones internas. Una sucesión casi constantes de enfrentamientos cuya suerte siempre ha sido más dispar.

Con el transcurrir del tiempo, los distintos gobernantes que han guiado su camino han tratado de moldear la historia de acuerdo a sus intereses, pero la memoria del pueblo siempre ha perdurado a través de las distintas tradiciones.
Esto no ha impedido que algunos de estos líderes hayan sido capaces de imponer “su verdad”, ya se haya basado esta en hechos probados o en la mentira, sobre lo que siempre ha sido transmitido por el pueblo. De la misma manera, estos intentos por rescribir el pasado nunca han logrado su objetivo de una forma absoluta. La historia anterior, de manera independiente a su veracidad o falta de la misma, jamás ha podido ser borrada por completo.

Esta apropiación de los hechos del pasado no siempre han sido potestad exclusiva del poder político, sino que tanto la nobleza como la iglesia también han tratado de realizar un uso extensivo de ella. Como uno de los ejemplos más significativos de esta tendencia, tras el descubrimiento en el año 561 de los restos de Anarath, el uso del mismo que realizó la iglesia le granjeó al mismo tiempo la cesión de los territorios de Mystaler, mientras daba nuevos argumentos a ciertos sectores de Menetia para reafirmar su animosidad contra Bra’Em’Kyg. Una animosidad que desembocó en un nuevo enfrentamiento bélico entre ellos.

Los grandes grupos de poder e intereses que existen en toda nación no sólo no se encuentran ausentes en Bra’Em’Kyg, sino que casi todos ellos se encuentra multiplicado por cada una de las culturas de su interior.
Si bien estamentos como el Iluma o el ejército regular son entidades controladas por el Cinrath Yotunen, cada una de ellas tiene su propia nobleza, ideólogos, políticos y guías espirituales.
De cualquier manera, si bien es cierto que todo esto ha marcado enormemente a Bra’Em’Kyg como concepto y entidad aglutinadora de pueblos y culturas, a su vez todas estas culturas se han visto influenciadas por la suma de todos sus integrantes. Pero si hay algo que ha forjado su carácter como colectivo y su imagen en el exterior, esto ha sido la fatalidad.

Los tres grandes momentos definitorios del pasado

Bra’Em’Kyg ha sido sometida y se ha recuperado de tres grandes desastres a lo largo de su historia. La naturaleza de los mismos ha sido dispar, pero sus repercusiones siempre han sido traumáticas, pero la manera en la que se han sobrepuesto a cada uno de ellos han hecho de ellos un pueblo temido y admirado a partes iguales.

Empezando por la colisión de varios restos de Sigma 3.0 en uno de los picos del monte Klawe en el año -23, y siguiendo con las repercusiones del solapamiento planar que aisló a la ciudad de Bakul y sus alrededores en el año 142, sumiendo a todos sus habitantes en la oscuridad durante una década, o al advenimiento de las llamadas “Nieve del olvido” que se propagaron por los territorios de la ciudad de Kâzalen y sus alrededores en el año 441, para permanecer allí durante casi una generación, estos hechos los han marcado de una manera inmensamente más profunda que sus conflictos internos.

La manera en la que se han enfrentado a cada uno de estos momentos definitorios, al igual que su respuesta ante las peticiones de ayuda cuando sucesos de unas características similares han sido padecidos por otros, han moldeado y condicionado también el desarrollo y consolidación de sus relaciones con los pueblos que les rodean. De la misma manera, a pesar de los cambios de las ideologías imperantes en cada uno de ellos, los vínculos forjados a partir de estos sucesos lo han hecho de una manera mucho más significativa que los derivados de cualquier acuerdo político.

Asimismo, de cada uno de ellos salieron reforzados. El conocimiento adquirido gracias al estudio de estos fenómenos ha supuesto una mejora su comprensión de sus territorios. Esto los ha vuelto un pueblo más precavido pero no por ello amedrentado.
A pesar de que nunca han llegado a ser plenamente conscientes de las actividades llevadas a cabo desde dentro de su seno por parte de la tripulación de la Sigma, a través del Iluma se han beneficiado de las aportaciones que estas han acarreado.
De no ser por su intervención, con gran probabilidad la irracionalidad, la superstición y el misticismo habrían logrado hacerse con el control de las masas, pero gracias al prolongado tiempo que estas gentes pasaron entre ellos, el conocimiento en su gran variedad de aspectos se ha convertido en uno de los campos que más relevancia ha adquirido dentro de algunas de sus culturas.

El legado de la larga noche

En la actualidad los pueblos de Bra’Em’Kyg se encuentran sufriendo las consecuencia de la que ha sido la mayor de todas las catástrofes que jamás han padecido. Este desastre no ha afectado de igual manera a todas sus gentes, pero la manera en la que se han ido propagando sus diferentes ramificaciones ha hecho que todos se vean tocados por ella.

Por más que, en una primera instancia, la sombra que cubrió a una gran parte del noroeste continental no se situó sobre ellos, los sucesos derivados de ella finalmente sí que les han alcanzado.
El grueso del Garshed Jonural finalizó hace ya tres años y la extensión completa de cómo ha afectado a Daegon a todos los niveles aún están por ser descubiertas por todos aquellos que se han visto afectados por ella de una u otra manera. A pesar de que el tránsito del fragmento occidental de Nargión dejó de ser visible en los cielos de Daegon hace trece años, su regreso y consolidación en este nivel de existencia junto a Rayhosha y sus islas una década después dio comienzo a una serie de nuevos desastres que asolaron las costas occidentales de Daegon.

Lo inmenso de la extensión de los territorios retornados ha hecho que la escala real de los sucesos recientes no hayan podido ser comprendidos en su totalidad por los estudiosos. Dependiendo de la localización de cada uno de los afectados, hechos relacionados han sido interpretados como sucesos totalmente aislados y locales.
Así, mientras que en el noroeste continental se hablaba del Gishu Undokol o “El continente errante” que causó la “larga noche” que se ha prolongado durante las dos últimas décadas como algo que ya ha quedado atrás y sin ninguna relación con los eventos posteriores, los fragmentos de otras masas continentales y sus satélites que se situaron sobre zonas no habitadas han pasado totalmente desapercibidos.

Los territorios que abandonaron Daegon hace milenios se han regresado fragmentados trayendo junto a ellos nuevas entidades hasta esta realidad.
La gran mayoría de ellas se encuentran flotando sobre los océanos, ubicadas sobre emplazamientos hasta ahora desocupados.
Sólo una ínfima parte de ellos es visible desde los territorios habitados y, de estos, sólo Eladar, ubicada en la costa de Ashgurn, se encuentra habitada.
En el resto de ellas también existe vida pero, a pesar de su apariencia, pocos pueblos consideran a los descendientes de los hombres y mujeres que desaparecieron junto al continente humanos, y su manera de entender la existencia es algo completamente ajeno ante los ojos de las culturas de Daegon.

Pero no todos los territorios retornados permanecen alejados de la superficie terrestre. Algunos de ellos se han posado en la corteza terrestre y otros permanecen suspendidos a menor altura, con una parte de su masa parcialmente sumergida bajos las aguas.
La consolidación de los fragmentos de Nargión se ha producido de manera paulatina, y algunos de ellos han provocado desastres allí donde no habita la humanidad, pero la materialización de los territorios que rodeaban a Rayhosha han iniciado la cadena de sucesos que ha supuesto la condena de varias naciones del suroeste continental.
La llegada de estos islotes formando un arrecife donde nunca lo hubo ha desencadenado la inestabilidad de aquellas partes de la corteza submarina sobre la que se han posado.

Al contrario que lo sucedido con la gran masa continental cuya presencia se hizo visible desde el noroeste de Daegon durante décadas, el solapamiento de Rayhosha pasó casi inadvertido. Tanto la isla continente como el archipiélago que la acompañaba sólo fueron percibidos como una inmensa nube en la lejanía en las costas sureñas de Thurgorld durante un breve periodo de tiempo. Su extensión total no han podido ser aún determinados por los cartógrafos, y su tránsito tampoco pudo ser seguido por los navegantes. No ha sido hasta su descubrimiento reciente, años después de su llegada hasta el esta plano de realidad, que se han empezado a plantear las primeras teorías cercanas a la realidad del impacto y las repercusiones de su llegada.

Hasta el descubrimiento de su existencia, las teorías que se formularon acerca del desastre, muchas de las cuales siguen aún vigentes, han recorrido todo el espectro de lo racional, lo improbable y lo inverosímil. Estas teorías, en muchas ocasiones amparadas en distintos tipos de intereses, no sólo han dividido a la opinión pública de Bra’Em’Kyg, sino que también han sido el origen de conflictos con otras naciones.
Desde los sectores más reaccionarios de la iglesia menetiana se ha querido ver en la desgracia padecida por Bra’Em’Kyg y Naltor, así como que esta no haya llegado hasta sus costas, como una señal de castigo divino. Una señal para retomar la guerra santa.

Por otro lado, las teoría manejadas por parte de los estamentos científicos hasta el momento son diversas. Aquella que ha contado con una aceptación mayoritaria es la que achaca el desastre a dos grandes factores. Por un lado, el bagaje histórico de sucesos extraños en estos territorios ha sido el argumento sobre el que se han basado gran parte de estas teorías. En ellas se achaca a la lenta filtración de radiaciones de otros sustratos de existencia hasta los niveles inferiores de su masa continental un paulatino debilitamiento la misma.
Complementando estas teorías, y no demasiado lejos de la verdad, también se ha aducido que una parte del Gishu Undokol, quizás moviéndose fuera del alcance de la percepción humana en estos niveles subterráneos, haya sido el detonante que desencadenó la ruptura final de los territorios costeros más debilitados.

Dentro de este marco general de pensamiento, la división de opiniones acerca de las realidades originarias de estas radiaciones, o la manera en la que han podido afectar también a la flora y la fauna divergen de acuerdo a la especialidad de cada uno de los estudiosos. Gran parte de estas diferencia de opinión, que puede diferir en meros detalles o desembocar en teorías totalmente inverosímiles, permanecen aún en el debate académico a pesar de las pruebas aportadas por quienes han comenzado a estudiar a Rayhosha y su entorno.

Tras el reciente descubrimiento fortuito del que se ha bautizado como el archipiélago de Digarta, al igual que ha sucedido con el de Dalmeshi, diversas expediciones se han trasladado hasta allí para el estudio de los nuevos territorios, pero estas investigaciones se han encontrado con toda suerte de elementos inesperados.
Al contrario que sucede con el archipiélago resultante de los restos costeros de Bra’Em’Kyg y Naltor, los territorios que han quedado suspendidos sobre los océanos afectan de manera impredecible a las mareas. Dependiendo de su altura, procedencia y estado de fase, los fragmentos que se encuentra a menor altura no sólo afectan al océano, sino que también causan inestabilidad en el mismo tejido de la realidad.
Mientras tanto, aquellos que se encuentran parcial o totalmente sumergidos en las aguas no se encuentran en un estado de mayor estabilidad. Durante su proceso de consolidación, sus cambios de estado pueden provocar desde maremotos hasta subidas del nivel del mar. De la misma manera, también continúan afectando a las placas tectónicas sobre las que se han posado.

Como si el hado hubiese escuchado los cantares, dando pábulo a las ideas que subyacen bajo gran parte de ellos, las fatalidad que caído sobre Bra’Em’Kyg como no ha hecho en ningún otro lugar. Los actividad provocada por estas islas no sólo provocó movimientos terrestres, sino que también proició la activación de la falla sobre la que se encuentra situada la frontera entre esta nación y Naltor, desencadenando el colapso de parte de la masa continental y una nueva ruptura de las barreras que separan a esos territorios de Daegon de otros niveles de realidad.

A lo largo de los últimos años su capacidad para recuperarse de los desastres ha sido puesta a prueba una vez más. A pesar de toda esta historia pasada, tras la que muy probablemente hayan sido la más dura de las pruebas a la que han sido sometidos, las dudas acerca de cómo resurgirá de este desastre son frecuentes. En el ámbito internacional nadie da por seguro vayan a ser capaces de recuperarse de ella, y algunos de ellos se preparan para recoger los restos que queden.

Dada la escala de estos sucesos sus territorios no han sido los únicos afectados, pero sí que han sido quienes han padecido unas consecuencias más traumáticos. Mucho más que nada de lo que se encuentra recogido en los libros de historia de la edad moderna. Nada para lo que ninguna nación esté preparada para enfrentarse.

Por más que sus pueblos se hayan enfrentado con anterioridad a tres grandes sucesos trágicos de unas características similares, estos sólo son historias de un pasado muy lejano para su actuales pobladores. Hecho que, más allá de haberles marcado de manera inconsciente, no se encentran más presentes en su imaginario que las leyendas y la mitología. Aún así, ninguno ha sido comparable a los hechos a los que se enfrentan en este último momento definitorio.

Su repercusión total aún está muy lejos de ser acotada y tanto el dolor como el miedo que despiertan en los supervivientes aún se encuentra muy presentes. Las tareas de reconstrucción y rescate se ven interrumpidas sin previo aviso por nuevas sacudidas de los distintos eventos que han confluido sobre sus territorios. Por más orgullosos que sean sus habitantes, esta ha sido sin lugar a dudas el más formidable de todos los retos a cuantos se han enfrentado.
Mientras aún se van disipando las neblinas que les impiden ser conscientes de las totalidad de sus consecuencias, de lo que a nadie le cabe duda es de que estas se han hecho sentir en todos los niveles de sus estructuras sociales, económicas y religiosas de cada uno de los pueblos que componen Bra’Em’Kyg.
Mientras todo esto se desarrolla, tanto aquellos que quieren verles caer, como sus aliados de antaño contemplan con detenimiento el desarrollo de la situación y sus reacciones.

Al igual que lo sucedido en los eventos anómalos sucedidos en ocasiones anteriores, este no es un enemigo al que se puedan enfrentar. Ni la ciencia, ni la fe ni las armas han podido hacer nada ante un rival que en menos de una semana se bastó para desbaratar lo que había tardado tres siglos en ser reconstruido. Un adversario carente de objetivo o rostro.
Cuando apenas ha pasado un lustro desde el inicio de estos sucesos aún se desconoce cuándo llegará su final. Cuando los últimos estertores provocados en sus distintos emplazamientos continúan con su impredecible progresión, los pueblos que los habitan parecen haber comenzado a asumir lo inesperado como una faceta más de su día a día. Si algo ha quedado claro con cada nueva sacudida es que las palabras de quienes bautizaron a Bra’Em’Kyg como “El pueblo condenado” parecen haberse han visto reafirmadas durante los últimos años.