Tras el gran desastre

Una vez que se ha consolidado el grueso de los cambios padecidos por Bra’Em’Kyg, la vida diaria de sus pobladores aún sigue sumida en una gran cantidad de dificultades. Aquellos territorios en los que se han detectado una mayor concentración sucesos provocados por inestabilidades planares han quedado casi abandonados, aunque esto no evita que algunos se aventuren en su interior tratando de recuperar algo que dejaron atrás. También han comenzado a proliferar quienes buscan sacar beneficio de estas desgracias, ya sea escoltando a los expedicionarios, quienes se aprovechan de su desesperación para asaltarles, o quienes se dedican a la recolección y posterior venta de lo que otros dejaron atrás.

La sabiduría popular ha aceptado como cierto que el avistamiento de nubes extrañas suele presagiar algún evento catastrófico. Esta confusión a la hora de atribuir causalidad a una mera sucesión de casualidades ha provocado que, de manera esporádica, se produzcan falsos avistamientos de lejanas masas de tierra sobrevolando los cielos del continente. Quien se han visto afectados de una manera más cercana por estos sucesos difieren en su reacción ante estos nuevos avistamientos. Como todo superviviente a una desgracia han quedado marcados para siempre por ella.

Pero no todos los desastres han afectado a la gente de la misma manera. Por más traumático que haya podido ser la perdida de familiares o amigos en las zonas costeras desaparecidas, entre los escasos retornados de entre quienes han presenciado un solapamiento planar se encuentran aquellos con unas secuelas más notables.
En los casos más extremos se encuentran quienes se han lanzado hacia ellos impelidos por el deseo de morir o recuperar aquella parte de ellos mismos que sienten que quedó atrapada en otro plano de existencia. En contraposición a estos individuos, la reacción más común de los supervivientes es la de la huida y las pesadillas provocadas por lo ya padecido. Pesadillas y visiones que no les abandonan mientras están despiertos.

Por otro lado, aquellos que disponen de la suficiente influencia dentro del nuevo poder, han tratado de presionar al gobierno para que se creen grupos de ayuda para que actúen ante sus futuras manifestaciones, coordinando las evacuaciones y realizando tareas de contención. De entre ellos, quienes consideran que las medidas que se han tomado son insuficientes, y poseen los recursos necesarios, han sufragado este tipo de actuaciones.

El desastre no ha asolado solamente a la zona suroccidental del continente, sino que sus estragos se han propagado a lo largo de todas las naciones costeras.
En la placa central, el oeste continental es quien más perjudicado se ha visto por la confluencia de eventos anómalos. La desaparición de los territorios de esta sección continental que separaba al mar de Johrg del océano Sámico ha provocado la total desaparición de Tembi. Este colapso también ha diezmado Edirth, afectando en menor medida a Nivar. Hasrt ha quedado dividida en dos, y sus territorios ubicados al norte de este nuevo mar han sido conquistados por una alianza de los supervivientes de Tembi y el Dominio.
Las consecuencias en el este han sido menos devastadoras, pero no ha estado libre de tragedias. La súbita aparición de Eladar ha provocado la desaparición de parte de la costa de Ashgurn sumergida por la subida del nivel del mar.

Pero, por más que los movimientos sísmicos hayan sacudido al mundo entero, la manera en la que han azotado a Bra’Em’Kyg la han convertido en un caso único. Mientras que en el resto del mundo la situación se estabilizó a los pocos meses, dadas las particularidades de estos territorios y su historia pasada, estás se han visto afectadas también por sucesos de otra naturaleza.
Las sacudidas, pese a que ya se encuentran en remisión tanto en su escala como en su intensidad, continúan afectando de manera impredecible a distintos lugares causando el pánico y la incertidumbre donde se creía haber alcanzado un estado de normalidad. Quizás no haya sido la nación más afectada por el regreso de los territorios perdidos, pero las particularidades de su caso han hecho de Bra’Em’Kyg un lugar especialmente peligroso en el que vivir.

A la desaparición de la totalidad de sus territorios costeros como consecuencia de la sucesión de desastres provocados por la llegada de Rayhosha y su archipiélago se han sumado los desastres causados en el interior por la inestabilidad planar. El regreso hasta Daegon de los fragmentos errantes del continente perdido de Nargión hizo que aquellos lugares poseedores de brechas en un estado de latencia se hayan visto afectados por los niveles de realidad que se hallan al otro lado.
El alcance de este segundo tipo de sucesos ha trascendido a los terrenos costeros, afectando a la casi totalidad de las culturas que pueblan Bra’Em’Kyg. Su impacto y repercusión ha variado dependiendo del momento y el lugar, y algunos de los efectos secundarios derivados de ellos aún están por ser descubiertos.

A lo largo y ancho de sus territorios, más allá del impacto directo que han supuesto los movimientos sísmicos, los mismos mecanismos que gobiernan la realidad han sido alterados una vez más. En esta ocasión, al contrario que lo sucedido durante los eventos de Bakul y Kâzalen, la manera en la que se han visto afectados los territorios ha sido mucho más sutil, compleja e imprevisible.
Dada la concurrencia en el tiempo, algunas de estas manifestaciones han sido confundidas con los efectos de los desastres puramente físicos, pero con el paso del tiempo y el avance de los distintos grupos de investigadores, esta información va siendo corregida de manera lenta.
Con esto, por más que durante estos años se ha asumido que el destino final tras su desaparición de las provincias de Virfynch, Tisleth y Binsilay (las divisiones de la antaño provincia imperial de Virfynch), eran las simas marinas, el destino de cada una de ellas ha sido muy diferente.

Por un lado, las distintas secciones de la placa tectónica sobre la que se encontraban las mitades sur de Shemellom, Bra’Em’Kyg y Naltor se ha colapsado, por otro, se ha producido un cambio de fase en algunos de estos territorios. El detalle, las consecuencias reales y los efectos secundarios derivados de este segundo hecho aún continúan siendo una incógnita para quienes han destapado este hecho y continúan con el estudio de estos sucesos. Durante todo este tiempo también se han generado una gran cantidad de teorías que han tratado de explicarlo todo. En este terreno han convivido aquellas que son mera especulación, las que han acertado parcialmente y las que son completamente erróneas.
Planteamientos como los postulados por la naturista Imsleth Cohani (Sisislaer, Rearem 712), que acertadamente plantean la posibilidad de que algunos de estos territorios hayan sido arrastrados hasta otro nivel de existencia cohabitan con las tesis apocalípticas planteadas por distintos grupos religiosos. Ante la falta de herramientas para validar estos postulados, todas ellas conviven sepultados entre el caos organizativo en el que aún se encuentra sumida la nación. Aún así, el conocimiento de este hecho tampoco otorga los medios para hacer nada al respecto.

Como resultado de los diversos eventos que se han solapado durante las últimas décadas, tanto pequeñas secciones de Shemellom y Naltor como grandes porciones de la antigua provincia braenky de Virfynch han quedado sumergidas bajo las aguas. Mientras tanto, otras han sido desplazadas hasta otros planos de existencia. Ante los ojos de los habitantes de Daegon el resultado es uno; de una u otra manera, la totalidad de su extensión ha desaparecido y sus habitantes han perecido.
La destrucción, el dolor y la muerte derivadas de ambos hechos han provocado también la atención de distintos kurbun, algo que ha agravado aún más la situación. Su mero interés, sumado al estado de inestabilidad en el que se encuentran las grietas que se han formado sobre esos territorios ha hecho que parte de la esencia de estas criaturas la atraviesen.
De la misma manera que no se disponen de los medios para evitar ninguno de estos sucesos, la imprevisibilidad de su misma naturaleza trae como una consecuencia añadida que nunca se pueda trazar con antelación cuándo o dónde tendrán lugar sus siguientes resurgimientos.

Ninguno de estos eventos ha tenido unos patrones acotables o un comportamiento uniforme. Mientras que aquellos terrenos que permanecen en la superficie, ya se encuentren asentados sobre las zonas que aún no se han colapsado, o en los resquicios existentes entre las fluctuaciones de las grietas han formado el archipiélago de Dalmeshi, los territorios arrastrados hasta otros planos han desencadenado otra serie de complicaciones.

Distintas entidades y conceptos se han filtrado a través de las grieta. Seres que ni pertenecen ni comprenden esta realidad. La gran mayoría de ellos, al igual que ha sucedido con una parte importante de los humanos arrastrados hasta otros niveles de existencia, han sido destruidos tras este primer contacto, incapaces de adaptarse a sus leyes físicas y los axiomas que gobiernan su nuevo hogar. Sus restos se encuentran esparcidos por el Dalmeshi, letales a su vez para los habitantes de esta realidad, pero increíblemente útiles para los investigadores.
No todos ellos son visibles o poseen una forma sólida, pero esto no evita que quien entre en contacto con ellos quede expuesto a sus efectos.

Por otro lado, el hundimiento se los territorios no sólo se produjo de una manera ciertamente súbita, sino que no todas las porciones sumergidas se desprendieron de un modo uniforme. La incertidumbre provocada por la llegada de cada sucesiva sacudida ha hecho que la nueva costa se haya encontrado prácticamente deshabitada durante los primeros dos años que han seguido al primer suceso. Tras el drama continuado que se produjo durante los primeros meses y los sucesivos desprendimientos de los terrenos inestables, el temor por la llegada de nuevos desprendimientos, y la consiguiente subida del nivel del mar ha tardado varios años en disiparse.

A día de hoy no sólo Dalmeshi se encuentra por encima de la superficie, sino que aún se pueden atisbar desde la nueva línea costera de Bra’Em’Kyg otras porciones de sus antiguos territorios más cercanos sobresaliendo del agua. Estos restos son un recordatorio constante de lo que no hace tanto fueron, y el clavo ardiente al que se agarran quienes continúan con las tareas de rescate.

Por otro lado, los motivos que ocasionan las puntuales erupciones de actividad de las grietas planares que se encuentran parcialmente situadas sobre distintos puntos de la geografía de Bra’Em’Kyg continúan siendo un misterio. Estas brechas no se encuentran únicamente situadas sobre los territorios donde se encontraban los terrenos que fueron arrastrados hasta otros planos, sino que algunas de ellas se encuentran en las provincias interiores.
Su estado de fluctuación, al igual que la posibilidad de ver o acceder hasta los lugares a los que dan acceso son una oportunidad única para los investigadores de las distintas organizaciones científicas a nivel global, pero su estudio depende enormemente de las condiciones a las que se encuentren sometidos estos territorios, y los destinos que se encuentran al otro lado no son estáticos.

Hasta el momento el resultado de las tareas de rescate se ha escaso y desalentador. De ninguno de los emplazamientos a los que se ha logrado obtener acceso de nuevo se ha logrado la recuperación de de nada que no sean cuerpos sin vida, restos desperdigados u objetos devorados por el agua.
No se han encontrado supervivientes del cataclismo, pero esto no ha evitado que las misiones continúen de manera incesante cuando así lo permiten la aún inestable situación seísmica y planar de la zona.
Al mismo tiempo, la desaparición de embarcaciones de todo tipo en las zonas afectadas por la brecha de Dalmeshi ha hecho que las operaciones de rescate en esos territorios se hayan vuelto más esporádicas. Por otro lado, lo anómalo de la actividad planar en esta zona ha hecho que los proyectos de expediciones científicas abunden.
A pesar de que los estudiosos sospechan la razón tras el tipo de fenómenos que afecta la zona, aún desconocen la naturaleza concreta de la misma, su extensión o los factores que la activan. Como consecuencia de esto todas estas expediciones aún no han pasado de sus fases iniciales mientras se trata de localizar, delimitar e identificar sus dimensiones y procedencia.
En estas labores se encuentran enfrascados tanto miembros del Iluma como de los Naturistas de Cahirn Ansay y el Chayashin Shatteru de Harst. Si bien son conscientes de que ninguno de ellos será capaz de controlar el suceso, una vez averiguados sus patrones de comportamiento esperan poder predecir sus momentos de actividad, las condiciones existentes en los niveles de realidad a los que dan acceso, y la posibilidad de enviar expediciones humanas a su interior.

Por otro lado, la consolidación de los territorios recién llegados aún no ha finalizado. Este hecho hace aún más complicada la misión de los estudiosos, ya que los problemas derivados meramente de la parte geológica del suceso aún estén lejos de finalizar. Gracias al estudio que se está realizando de manera rudimentaria sobre el suelo submarino de Digarta se están logrando avances en el conocimiento de esta materia, con lo que ha logrado determinar el origen de alguno de los fenómenos que antes se achacaban a la actividad de las distintas brechas. La fiabilidad de estas afirmaciones aún es puesta en duda pero, estén o no aceptadas por la comunidad científica, las aproximaciones que se están logrando de estos estudios es lo más cercano a los hechos reales que se ha logrado.

Una gran parte de la investigación submarina se está centrando los archipiélagos de Dalmeshi y Digarta. A pesar de tratarse de accidentes geográficos de creación reciente, tanto la manera en la que afectan al continente como su misma naturaleza son muy diferentes.
Mientras que parece claro que el asentamiento del suelo oceánico sobre el que se asientan las islas satélite que acompañaron a Rayhosha han afectado a las costas de Bra’Em’Kyg y Naltor, los restos de estas naciones que han quedado sobre el mar, al contrario que aquellos que permanecen unidos a la costa continental, se muestran inmunes a los sucesivos movimientos generados por sus artífices.
Hasta el momento, todos los intentos por tratar de predecir el comportamiento de cualquiera de estos cúmulos de islas se han mostrado infructuosos. La manera en la que estos movimientos están ligados a los impredecibles cambios parciales de fases de sus brechas hace que únicamente mediante la geología no se pueda predecir su comportamiento, efectos secundarios o mecanismos de activación.

A día de hoy estas son las causas principales del estado cambiante de esta nueva línea costera del continente que aún no terminado de quedar definida, pero no los únicos.

Reconstruyendo un país

Más allá de las consecuencias geográficas del desastre, con la pérdida de estos territorios Bra’Em’Ky no sólo ha perdido de manera súbita su capital, a los miembros claves del Cinrath Yotunen y los territorios que históricamente ha sido el motor económico de la nación, sino que aún hoy, tres años después del que tuviese lugar el suceso, se desconoce el alcance total de la pérdida humana derivada de él.

El daño que ha sufrido la nación ha sido sido incalculable y aún se encuentra sumida en un doloroso estado de excepción. El proceso mediante el que se realizó la composición del nuevo Cinrath Yotunen, por otro lado, tampoco ha estado exento de controversia. De la misma manera, durante el escaso tiempo de mandato de sus miembros estos han sido el centro de críticas de todo tipo, tanto locales como internacionales.

A pesar de lo precario de la situación del país, y continuando con la larga trayectoria de solidaridad de algunos de sus antecesores, este nuevo equipo de gobierno no ha negado la ayuda en las tareas de rescate de los damnificados por el desastre en las naciones vecinas. Al mismo tiempo que estas ayudas han sido criticadas por un sector de la ciudadanía, el anuncio de la retirada de sus tropas de apoyo en el conflicto que aún perdura entre Shatteger y Shemmellom con el Dominio no fueron bien recibida por sus aliados. A pesar de que las negociaciones acerca de este conflicto han logrado un acercamiento en las posiciones de cada uno de los implicados, su reñación continúa siendo muy tensas.

Los términos que bajo los que se firmaron originalmente los tratados son completamente imposibles de cumplir en la actualidad, y las condiciones y exigencias que se han propuesto durante las recientes negociaciones sólo han sido aceptadas por sus aliados tras ser sometidas a multitud de alteraciones de base.

La situación dentro del resto de los estamentos que componen el esquema de poder de la nación tampoco son más halagüeños. No existe unanimidad en cuanto al curso de acción a tomar o el camino que debe seguir Bra’Em’Kyg.
Mientras que el posicionamiento de los responsables de las fuerzas armadas se encuentra dividido entre quienes, como el general Irburc Hatsalot (Imaya, Bra’Em’Kyg 707) consideran que los esfuerzos de sus subordinados se deben dedicar a las tareas de rescate y aquellos, como Ainhalsy Painyaku (Ínisburg, Bra’Em’Kyg 715), que defienden que sus tropas vuelvan al conflicto que se desarrolla en las naciones vecinas.
Las ciudades natales de ambos desaparecieron junto a todas las demás, pero cada uno de ellos afronta la pérdida de una manera distinta. Tanto ellos como sus subalternos han perdido a seres queridos en el desastre, pero no todos han perdido la esperanza de que algunos de ellos puedan encontrarse aún con vida.

Por otro lado, los cimientos sobre los que se asienta gran parte de la nobleza también se han visto sacudidos. Aquellos supervivientes de las clases privilegiadas tampoco han salido indemnes. La desaparición de sus territorios más prósperos no sólo ha supuesto una merma personal y económica, sino que los herederos de los terratenientes afincadas en las provincias sureñas que han desaparecido junto a su patrimonio también han perdido los documentos que demuestran quienes son.
Así pues, sus problemas no han terminado. Junto a la pérdida del capital necesario para tratar de reconstruir lo que un día poseyeron, muchos de ellos han perdido también la posibilidad de reclamar lo que aún les queda. Los registros oficiales que certifican su titularidad y sus posesiones han desaparecido junto a la capital. Aquellos documentos y objetos familiares que podrían demostrar su linaje se han perdido junto a sus tierras, y aquellos que podrían dar fe acerca de la legitimidad de sus reclamaciones también han desaparecido.
Al mismo tiempo que las disputas por la propiedad de aquellos territorios ubicados en las zonas menos afectadas se han vuelto despiadadas, su capacidad para mantenerse en la lucha se ha esfumado junto a sus propiedades. Existen copias de una pequeña parte de estas escrituras y registros desaparecidos junto a la capital almacenados en la vecina Cahirn Ansay, pero no todos ellos han sido actualizados con el transcurrir del tiempo, no todos ellos se encuentran accesibles para cualquier persona y, aunque pudiesen demostrar su identidad, no todos los herederos disponen de los recursos necesarios para viajar hasta allí.
Como consecuencia de esto, a lo largo de estos últimos tres años ha proliferado una plaga de falsos herederos cuya títulos y sus derechos sobre las propiedades que afirman poseer es difícilmente rebatible o contrastable. De la misma manera, una gran parte de ellos ni siquiera son son nativos de Bra’Em’Kyg sino que son buscavidas provenientes de alguna de las naciones vecinas.

Por otro lado, la iglesia, una entidad que siempre ha tratado de ser uno de los elemento clave dentro del esquema del poder de Bra’Em’Kyg, se ha visto notablemente beneficiada por el cataclismo.
Inicialmente establecida como una herencia proveniente de los tiempos del antiguo imperio menetiano, tras la disolución de este el cisma Maldriani ganó una especial preponderancia en los territorios de esta nación.
Por más que históricamente haya logrado tener distintos niveles de importancia dentro de la lucha por el poder, este siempre ha estado acotado dentro de la provincia/protectorado de Mystaler.
Esta provincia siempre se ha relacionado con el gobierno de Bra’Em’Kyg de una manera dual. Al mismo tiempo que siempre ha esgrimido su autonomía como argumento para no acatar ciertas peticiones provenientes del Cinrath Yotunen, también ha tratado de sacar todo el provecho posible de este a través de su autoproclamación como bastión y estandarte moral de la nación.
En el día a día no deja de ser un contendiente más a la hora de hacerse con el control de una parte significativa del reparto de los recursos y beneficios generados por el estado.

El hecho de que las ciudad catedralicias de Bakul y Kâzalen hayan sobrevivido a la debacle ha hecho que Nimesh (Bakul, Bra’Em’Kyg 681), la actual Yartas Malasteri de esta iglesia, afirme que los recientes sucesos han sido “Un castigo a los infieles y una muestra de los designios del gran plan de los dioses”.
Estas afirmaciones que no dejan de ser un arma política que nada tienen que ver con sus creencias, al mismo tiempo que les han costado numerosas críticas, amenazas e incluso agresiones a sus fieles por parte de una gran parte de la ciudadanía, también han logrado calar de manera profunda en otra parte de los habitantes de las zonas más afectadas.
Así pues, su área de influencia, tradicionalmente constreñida a la provincia de Mystaler, ha comenzado a expandirse hasta los valles del nuevo sur de la nación.

Bra’Em’Kyg nació como una nación diversa por definición. Aunque sus gobernantes siempre la han tratado de mostrar como un ejemplo de tolerancia, unida y respeto para con las diferencias internas de sus pueblos, esto no ha evitado que la realidad no siempre le haya dado la razón. Esa imagen utópica que siempre se ha buscado no siempre haya sido un fiel reflejo de la situación real que subyacía bajo sus decisiones.
De cualquier manera, y a pesar de que este mensaje comprensión no siempre ha sido honesto, veraz o capaz de vencer a la suspicacia y el escepticismo de sus vecinos, lo que sí que era una verdad objetiva demostrada más allá de toda duda era su sentimiento de hermandad para con los suyos en los momentos más dolorosos.
Este hecho es algo de lo que siempre se ha enorgullecido, y que ha sido la imagen que se ha tratado de proyectar de cara al exterior. Una imagen de entereza y voluntad inquebrantable con la que capaz de lograr que saliesen victoriosos en sus enfrentamientos contra los distintos desastres que la han asolado con anterioridad.

Su manera de enfrentarse tanto a la desolación de Bakul como a las “Nieves del olvido”, por más que algunos de sus componentes tratasen de aprovecharlas en beneficio propio, fue ejemplar, pero ninguno de estos sucesos fue equiparable al suceso reciente. Lo limitado de la escala de los anteriores sucesos traumáticos que les afectaron hicieron posibles los trabajos de contención y respuesta. Por más preocupantes que fueran sus características, una vez superado el miedo inicial a una expansión lejos de las zonas acotadas la ausencia de esta presión facilitaba este sentimiento de unidad entre los distintos pueblos que la componen, pero lo masivo y súbito de este último está siendo una prueba mucho más dura de superar.

Si bien esta imagen que se ha tenido de ellos en el pasado no ha dejado de ser una versión idealizada de la realidad, la escala de este desastre ha ocasionado que las divisiones entre los distintos pueblos sean más profundas que nunca. No todos ellos están enfrentándose a la situación de la misma manera, y esta división se ve claramente reflejada en las decisiones tomadas por el nuevo Cinrath Yotunen.

En un irónico giro del destino, los señores de los colustores de Iksala, el conjunto de pueblos que históricamente han recibido los nombres de “Las cien naciones de Iksala” o “El pueblo de los cien nombres”; el Colostu gorem Iksilai, ha salido casi indemne del suceso gracias a la protección que les ha brindado la cordillera del Éisenstat que siempre han sido su hogar.
Estos pueblos, quienes siempre siempre han vivido en un estado más cercano a la precariedad, convirtiéndose con ello en los receptores de la solidaridad de sus vecinos, son ahora quienes gozan de una situación más favorable.

Al mismo tiempo, tanto sus historias como la información que garantiza su estatus quo también se encuentran a salvo plasmadas en los Gorem isilai; los arboles genealógicos de cada una de las familias. Estos textos, en los que también se han recopilado las distintas interacciones de cada Colustor, se han convertido en alguno de los escasos documentos oficiales que se conservan en la nación.
La información que se almacena en ellos se remonta a los tiempos previos al nacimiento de Bra’Em’Kyg o a la llegada de los fundadores del gran imperio menetiano hasta sus territorios. A pesar de que nunca han sido aceptada como una documentación oficial, al haber sido tachada en diversas ocasiones de imprecisa y partidista, al tratarse de los únicos documentos que se conservan han pasado a convertirse en estos últimos años en la base sobre la que se está tratando de reconstruir una parte significativa de la historia y la estructura social del país.
La orden de los Cronistas de Cahirn Ansay está colaborando en la tarea de tratar de extraer la información objetiva plasmada en estos documentos pero, al igual que ha sucedido en otras intentonas simulares en el pasado, la relación previa entre La Orden y los Ainrutsu no es sencilla.
Tanto los métodos de trabajo como el objetivo de las acciones de ambas organizaciones son totalmente incompatibles, lo que genera el campo de cultivo ideal para los malos entendidos y las fricciones constantes.
Los Ainrutsu, en quienes muchos han querido ver a una entidad homóloga a La Orden dentro de la estructura social de los clanes de Iksala no podría estar basado en unos principios más alejados. Así pues, si en tiempos menos acuciantes su relación siempre ha sido tensa, en esta ocasión no está siendo más sencilla.
Mientras que las personas responsables de recopilar esta información dentro de los clanes no aspiran a la creación de un documento objetivo, quienes se están dedicando a cruzar esta información con los datos provenientes de sus propios estudios se ven sumidos en una constante oleada de lo que interpretan como incoherencias, mitificación de los personajes importantes de cada Colustor y luchas de egos entre los señores de los clanes.
El secretismo y la falta de una estructura o metodología común de cualquier tipo dentro de los Ainrutsu se han convertido en una serie de escollos culturales difíciles de solventar. Por otro lado, no todos los señores de los clanes están prestando el mismo nivel de cooperación en estas tareas. Con todos estos condicionantes, los métodos pormenorizados utilizados por los Cronistas se han vuelto en su contra al ser prácticamente inaplicables en el entorno en el que se encuentran envueltos.
A lo largo de los siglos se han realizado distintas intentonas para tratar de dar coherencia a los Gorem isilai dentro de un contexto ajeno al de los clanes pero, por más buena voluntad que ha podido existir por ambas partes en algunas de estas intentonas del pasado, las diferencias culturales siempre se han demostrado insalvables, generando como resultado obras llenas de enormes lagunas.

Por otro lado, y a pesar de las similitudes culturales que existen entre los distintos pueblos que habitan el Éisenstat, la ignorancia de sus diferencias tanto por parte de los miembros de La Orden como por sus propios compatriotas que habitan fuera de la cordillera es la fuente de multitud de equívocos. El posicionamiento de cada uno de los representantes de los pueblos que viven allí no es ni mucho menos uniforme a la hora de la toma de decisiones o la aceptación de las imposiciones que venían desde la capital, y todos ellos basaban su relación con Bra’Em’Kyg en base a un acuerdo de mínimos.
Por más que los pueblos de los Ishanki, Éinesdat, Ainsdalat, Sinivara y Gaindelt cuenten con sus respectivos representantes dentro del consejo de gobierno, la propia idiosincrasia y el funcionamiento interno de los colustores y sus consejos familiares hace que la disparidad de criterios sea siempre enorme.

Por su parte, los habitantes de la provincia de Téctagon, pese a haberse visto afectados en una medida muy inferior a la de sus compatriotas de las tierras bajas del sur, también han sufrido un daño considerable en su modo de vida. A la destrucción de gran parte de la infraestructura que les comunica con el resto del país le acompañó la pérdida de una gran parte de sus territorios de cosecha y de los terrenos de pasto para sus animales.
Pese a que la gran destrucción no ha llegado hasta todas las grandes urbes de los pueblos y culturas que viven en la falda sur del Éisenstat, los recursos necesarios para la subsistencia de los Ksenya, Hosuni, Evenshu y Dénisey se han visto enormemente mermados.
Así pues, mientras que la vida en algunas de las zonas rurales está comenzando a ser sostenible de nuevo, el abastecimiento regular de cara a las grandes urbes aún sigue siendo algo a recuperar.

La costa ha llegado hasta sus puertas pero no les ha traído una mar amigable o de la que puedan vivir. La diferencia de altura hace que no se puedan construir puertos convencionales, sino que las tareas de ingeniería para esta labor tienen que ser creadas desde cero.
Al mismo tiempo, también se han creado abismos en la tierra que separan zonas anteriormente comunicadas. En los casos más afortunados, el agua los ha llenado hasta una altura suficiente como para ser transitable, pero en algunos de ellos se han convertido en murallas infranqueables que han aislado casi por completo a estas zonas.
Sólo los caminos que recorren las laderas del Éisenstat sirven para realizar el tránsito desde o hacia ellas, pero estos caminos no están preparados para caravanas o grandes movimientos de gente, sino para el uso ocasional de los pueblos de Iksala y algunos de ellos también se han visto afectados.

La relación dual que siempre ha existido entre Iksala y Téctagon se ha invertido. Allí donde los primeros siempre fueron la fuente de sustento voluntaria o forzosa de los segundos en los momentos de precariedad, ahora son los clanes de las montañas quienes están desempeñando parcialmente el papel que hasta ahora venían representando los habitantes de los valles.

Tras la desaparición de Wésenslar, Lumestra se ha convertido en la capital de la nación, y el tránsito desde las provincias del sur hasta los territorios menos maltratados de Téctagon no ha cesado en ningún momento. Las migraciones de los supervivientes de Virfynch hasta el nuevo sur aún no han terminado.

El nuevo gobierno también ha solicitado asilo para algunos de sus ciudadanos en las naciones vecinas, pero no todas ellas han respondido de la misma manera. De los pueblos que la rodean sólo Naltor se ha negado a aceptar refugiados procedentes desde otros países. A pesar de que se ha visto afectada por unas consecuencias similares a las de Bra’Em’Kyg, esta negativa para aceptar refugiados procedentes desde las provincias limítrofes ha generado el surgimiento de tensiones en la frontera que separa a ambas países.

Por otro lado, tanto Shemellom como Shattegar han presionado duramente las negociaciones de los tratados de ayuda militar para que junto a cada grupo de refugiados se envíen también nuevos destacamento de refuerzo.
Estas exigencias no vienen dadas tanto por un deseo de sus dirigentes por sacar partido de la situación, sino por lo complicado de su momento actual, aún sumidas como están en el conflicto con el Dominio. Los gobiernos temporales que se han restablecido en fechas recientes gracias a la participación de Harst en este conflicto aún no han obtenido el control completo de toda la extensión de sus territorios.

Tan sólo Baern y Nivar de entre todas las naciones que rodean a Bra’Em’Kyg no han puesto unas exigencias desmesuradas en este momento complicado para tratar de beneficiarse de alguna manera la desgracia reciente.
Mientras que Nivar sí que se ha visto afectada por el colapso y cambio de fase de la placa tectónica que separaba al mar de Jorhg del Océano Sámico, Baern ha tenido la fortuna de salir indemne de este suceso. Tanto la Ogarn Tesenya Chanlay Sista (Numantal, Nivar 681) como Chesil Sinoviesca (Garendu, Baern 703), la Shraeb baerni, no han puesto trabas al tránsito de los refugiados hasta sus provincias fronterizas.
Si bien en ambas naciones se controla que el flujo de los viajeros y se han preparado espacios en los que acogerlos. Los recursos dedicados a estas ubicaciones son limitados y este control está centrado en que quienes lleguen hasta allí no sobrepasen la capacidad de cada uno de ellos. Cuando cualquiera de estos campamentos alcanza el número máximo de personas que puede soportar, y siempre que sus condiciones de salud lo permitan, los recién llegados son redirigidos hasta algún otro de los centros. A pesar de que se están realizando grandes esfuerzos para que ninguno de los que se encuentran en una situación más delicada quede desatendido, se han llegado a dar el caso de familias enteras que, al no poder ser atendidas en su totalidad en un mismo centro, se han visto condenadas a un bucle infinito de constantes redirecciones que han desembocado en la muerte de alguno de ellos cuando no de la familia al completo.
A su vez, por más que estos gobiernos hayan realizado estos gestos de buena voluntad, no todos sus ciudadanos han aceptado la situación de la misma manera. Al mismo tiempo que no han faltado los ofendidos por esta situación y su percepción de cómo ha precarizado aún más a la suya propia, otros han visto en ella una oportunidad de negocio.
El racionamiento de los recursos que los centros de acogida han generado en las ciudades o incluso las provincias donde están ubicados, ha provocado que cree un mercado negro con aquellos vienes que, sin ser esenciales, mejoran la calidad de vida de aquellos refugiados con unos recursos más holgados. Una situación que desde ambas naciones se está tratando de atajar.

Con todo esto, tanto el control de la afluencia de los supervivientes dentro y fuera de sus provincias no ha estado libre de críticas contra el Cinrath Yotunen. La desaparición de sus territorios más ricos no sólo ha dejado en una situación aún más delicada a quienes continúan con vida, sino que también ha limitado su capacidad para pagar o incluso alimentar a sus propios soldados, lo que ha dejado a nuevo gobierno que se formó de manera excepcional en una posición de poder altamente precaria.
Por el momento no tienen que preocuparse porque las naciones vecinas se aprovechen de su momento de debilidad para iniciar acciones hostiles. Tanto las pérdidas de Naltor como el conflicto de Shattegar y Shemellom no auguran acciones hostiles contra ellos en breve, pero la desgracia de sus vecinos no durará para siempre, por lo que su intento de recuperación no puede obviar la posibilidad de uno o varios conflictos en el medio plazo.

De cualquier manera, Bra’Em’Kyg es mucho más que un cúmulo de infortunios, tragedias e incertidumbres. De manera muchas veces inconsciente y soterrada, las decisiones que han tomado algunos de sus dirigentes, y que la han llevado hasta donde se encontraba hasta este fatídico momento, han ayudado a moldear el suroeste continental.
Su diversidad cultural y el respeto que se ha mostrado a las minorías, por más ilusorias, parciales, ineficientes, contradictorias o contraproducentes que estos hayan podido llegar a ser, se han convertido en el espejo en el que se han querido mirar los revolucionarios y los oprimidos de otras naciones.

Mientras todo esto sucedía, por más que sus distintos gobiernos han tratado de alejarse del legado menetiano, es muy probable que, de todas las naciones que surgieron a partir de la fragmentación del antiguo imperio, esta sea la que más marcada ha quedado por él.

A lo largo de su extensa historia esta conglomerado de pequeños estados ha pasado por tantos cambios como los apelativos por los que ha sido conocido. Ya sea para ponerlos como ejemplo de un ideal inalcanzable o una aberración a evitar, por más que su reputación internacional ha estado condicionada por las acciones de agentes externos, la impronta con la que le impregnaron sus fundadores siempre ha terminado por resurgir con el paso del tiempo. Para bien o para mal, al igual que ha sucedido con su relación con la Menetia primigenia, la sombra de quienes fueron sus primeros dirigentes es una de la que nunca ha logrado liberarse por completo.
Este legado puede haber sido malinterpretado o tergiversado, al igual que sus nombres han terminado por ser utilizados también como justificación por quienes desconocen por completo el contexto y las razones en las que estos tomaron sus decisiones, pero la base de su ideario ha calado tanto en la identidad de esta nación como las desgracias que ha padecido.

De la misma manera, a lo largo de su constante reinvención en multitud de ocasiones haya estado muy cerca de convertirse en otro estado fallido. La fragmentación y la división cultural son dos de los estados intrínsecos a su misma naturaleza que más interiorizados tiene su población. Es por ello que, tanto la relación de los distintos pueblos con el concepto general de la nación de Bra’Em’Kyg, como la visión que han tenido históricamente acerca de sus distintos gobiernos centrales han variado de acuerdo a las distintas ideologías que lo han definido.
A su vez, como consecuencia de todo esto, a lo largo de los siglos, si bien la división provincial no ha variado ostensiblemente, la autonomía de la que ha gozado cada uno de los territorios sí que se ha visto afectada.
Cambios drásticos como los intentados en el siglo sexto previo al calendario mecbarino, cuando el Cinrath Yotunen liderado por Vílgar Aematsu (Dasinyu, Bra’Em’Kyg -597. -521) trató de adoptar un modelo de estado similar al de Rearem. siempre han resultado un fracaso.
Por más estable que pueda ser su relación con el poder central, o más cercana y amistosa que sea su día a día con el resto de pueblos con los que conviven, dada la diversidad cultural de los pueblos que se encuentra en su interior, así como debido al aislamiento forzado por su propia geografía, así como a los niveles de endogamia de algunas de sus culturas, no sólo la limitación de su autonomía, sino prácticamente cualquier tipo de cambio en su relación con el resto de pueblos o el poder central son recibidos siempre con reticencia y animadversión.

A pesar de su paulatina integración dentro de las dinámicas de económicas y de gobierno que rigen Bra¡Em’Kyg, los pueblos más reticentes a este respecto siempre han sido los que se han encontrado más alejados de los núcleos económicos. A este nivel, contradiciendo a la imagen general que se tiene de los pueblos de las montañas, las etnias que componen el Colostu gorem Iksilai no son los pueblos cuyas costumbres se hacen más extraños ante los ojos de los habitantes de los grandes núcleos urbanos, sino que quienes acumulan unos mayores niveles de incomprensión son los componentes de las tribus nómadas de los mishindu.

El bajo nivel de amenaza que ha representado históricamente este pueblo ha hecho de ellos una rara avis. A pesar de que aceptaron formar parte de la primara iteración de Bra’Em’Kyg como medida defensiva ante posibles agresiones, su participación en la toma de decisiones nunca ha sido muy alta.
De cara al pueblo llano tanto rural como urbanita, la existencia de estas tribus es algo casi anecdótico, tanto es así que se ha hecho común el referirse a ellos como “el pueblo fantasma”.
Al mismo tiempo, los mishindu apenas tienen contacto con la llamada “Bra’Em’Kyg civilizada”. Su campo de acción se encuentra focalizado en las llanuras que se hayan al norte del Éisenstat, lo que ha hecho que, a la hora de tratar con otros pueblos, lo hagan sobretodo con los de Shattegar, Baern y Nivar, y que su relación con sus “compatriotas” se limite a intercambios puntuales con los pueblos de Iksala.
Este mismo hecho ha causado que los territorios por los que se mueven apenas se hayan visto afectados por el reciente cataclismo.

Por más que su representante dentro del Cinrath Yotunen se elegido durante el cónclave anual que de las distintas tribus llevan a cabo en Misdantalu, esto no implica que por este simple hecho esa persona adquiera ningún tipo de rango especial entre sus filas.
Si bien es cierto que, en momentos puntuales, algunas de las tribus se han encontrado más interesadas que otras en las decisiones que se toman en la capital, y han tenido una presencia mayor en los territorios del sur, este interés ha acostumbrado a durar tanto como el líder concreto que lo alimentaba.

De cualquier manera, este lejanía y el cierto desapego que sienten por el concepto de Bra’Em’Kyg no implica que permanezcan totalmente ajenos a lo que sucede en la capital. A pesar que desde los territorios costeros el pueblo llano los consideran casi unos salvajes, su falta de implicación en las decisiones que nos los afectan directamente ni viene dada por la ignorancia sino por la indiferencia ante las mismas.
Sin entrar a un gran nivel de detalle, las bases de la cultura de los que llaman “pueblos del sur” es enseñada dentro de las distintas tribus, al igual que la extensión de los acuerdos que firmaron sus ancestros en el pasado y cómo han sido modificados a lo largo del tiempo.
Conocen sus privilegios como miembros de la Bra’Em’Kyg, y no dudan en usarlos en su relación con el resto de las naciones con las que tienen tratos. Aunque carecen de una moneda propia para su uso entre ellos, y tampoco utilizan la que se encuentra establecida en Bra’Em’Kyg, tienen conocimientos básicos de matemáticas y son muy conscientes del valor y el cambio de todas las que se encuentran en curso dentro de los países con los que se relacionan.

Al igual que sucede con el resto de los pueblos y culturas que pueblan Bra’Em’Kyg, y en contra de lo que es asumido por sus compatriotas, por más que existan una serie de lazos y puntos comunes entre los mishindu, su cultura se encuentra tan fragmentada como la de los pueblos de Iksala.
Por otro lado, su relación con los habitantes y gobiernos de las naciones de su alrededor también han estado condicionados por los intereses, vaivenes políticos, filias y fobias de sus diferentes líderes. Dependiendo de una gran infinidad de variables, las reuniones del cónclave de tribus no siempre son amistosas, y más de una ha llegado a terminar en tragedia y baños de sangre.
Más allá de la gran provincia que les fue atribuida, cada una de las tribus tiene establecidas sus propias demarcaciones. Unos territorios sobre los que son enormemente posesivos. De la misma manera, el nombre de los mishindu es aquel por el que son conocidos por parte del resto de pueblos, pero cada tribu tiene su propia denominación y existen distintas agrupaciones tanto por vinculación sanguínea como consecuencia de algún tipo de acuerdo pasado.

Sumando a todas estas características y la situación actual, las relaciones entre todos estos pueblos siempre han sido complejas. La capacidad decisoria de cada demarcación, la relación de cada uno de sus estados miembros entre ellos, al igual que con las naciones con las que comparte frontera ha pasado por multitud de estadios diferentes. Su reputación como una gran entidad conjuntada ha logrado sobrevivir a los envites de algunos de sus líderes, aunque no ha podido evitar que también se haya visto afectada parcialmente por las acciones de unos pocos.

Sus acciones en el pasado, ya sea como aliado, rival o antagonista de las naciones que les son más cercanas son las que han sufrido más en esta variabilidad de su reputación mientras que, de cara a entidades más lejanas como puedan ser las actuales Rearem, Saliria o Goord, la imagen que de ella que les ha llegado no ha cambiado de una manera significativa a lo largo del tiempo.

Al mismo tiempo, los sucesos que han tenido lugar dentro de sus territorios, por más que estos se hayan producido con siglos de separación entre ellos, les han imbuido de un aura de tragedia y fatalismo al mismo tiempo que granjeaban a sus ciudadanos la reputación de poseer una voluntad inquebrantable. Una fama que se ha consolidado de manera casi incontestable en las naciones más cercanas.

A lo largo de los cerca de dos milenios transcurridos desde la disolución del antiguo imperio, estos cambios en su imagen han tenido multitud de causantes, no viéndose afectada únicamente por los sucesos anómalos. Los distintos pueblos que han ido formando parte de su conjunto también han sido causa de tensiones con aquellos a quienes habían atacado, quienes aspiraban a asimilarlos dentro de su seno, o quienes buscaban hacerse con el control de los territorios en el que habitaban.
Las distintas ambiciones e intereses de los componentes del Cinrath Yotunen, los líderes de alguno de los pueblos que han compuesto a Bra’Em’Kyg han sido los detonantes de conflictos y cambios, de la misma manera que lo han sido entidades que, a priori, nada tenían que ver con ellos, como lo fue el establecimiento dentro de sus territorios de las personalidades que conforman a la tripulación de la Sigma.

Como colofón a todo esto, su relación con Menetia siempre ha sido compleja. Esto no ha tenido tanto que ver con sus acciones o decisiones como con una serie de maniobras de desinformación que se llevaron a cabo desde el antiguo imperio. Como consecuencia de aquel juego político, sus relaciones han quedado condicionadas de una manera indeleble en la manera en la que Bra’Em’Kyg es percibida por los ciudadanos de Menetia.
, de la misma manera que una gran .

De esta manera, el contraste las distintas percepciones que se tiene sobre Bra’Em’Kyg en el exterior no deja de ser chocante ya que, mientras que los menetianos se refieren a ella utilizando apelativos despectivos como “Tierra sin honor”, “Hogar de los condenados” o “Cuna de impíos”, para los habitantes de las naciones que se encuentran más cerca de ellos, como pueda ser Shattegar, ha llegado a ser conocida como “Hogar de mártires” o “Tierra de héroes”.