¿Qué es Daegon? IV: Daegon Oriental

La separación que se da al este del Pramayán en lo tocante saber y el mito es tanto o más diversa de la que se puede encontrar uno en occidente. Por un lado, si en occidente, a pesar de su diversidad, existe una clara predominancia del culto a las diferentes escisiones de la iglesia Tayshari, oriente se encuentra aún más fragmentado en cuanto a sus creencias. Por otro, el mapa del saber se encuentra igualmente disgregado.

La iglesia Tayshari también se encuentra presente en oriente, aunque esta presencia, aparte de ser tangencial, ha evolucionado de maneras muy distintas a como lo ha hecho en occidente, se encuentra totalmente desligada de las intrigas y ni siquiera reconoce a ninguna de sus autoridades como figuras de referencia.

De haber alguna organización que ocupe una cuota de presencia similar a esta en oriente, este sería la que comprende la multitud de interpretaciones existentes del concepto de Ytahc. Un concepto que debe su popularidad al recientemente desaparecido Dairus, aunque ni la forma ni el fondo de esta teología guardan ningún tipo de similitud con la mitología dedicada a los Tayshari.

Oriente podría ser considerado como la cuna del conocimiento científico. Los organismos dedicados al estudio de lo anómalo se encuentran dentro de su circunscripción, y esto es algo que atiende a razones puramente prácticas. Durante los cuatro siglos inmediatamente posteriores al Gran Imperio Menetiano, aquellos que corresponderían a los albores de la llamada “Edad Moderna”, oriente fue el foco de un considerable número de eventos anómalos. Sucesos que causaron la pérdida de miles de vida y que condicionaron de manera indeleble el imaginario de los territorios en los que tuvieron lugar.

Con el paso del tiempo y la llegada de largas épocas de normalidad, la función de estas organizaciones ha ido variando, habiéndose visto forzadas varias de ellas a reinventarse o desaparecer, pero con las noticias llegadas desde occidente las voces de los agoreros han hecho que surjan nuevas voces reclamando una nueva priorización de esta clase de estudios. Quizás lo que ha sacudido occidente haya sido magnánimo con sus territorios, pero algunas de las consecuencias de estos hechos van plasmándose de manera inexorable ante sus ojos.

No existe en oriente ninguna organización de unas características similares a las de La Orden, pero esto no quiere decir que, dentro de sus campos de investigación, un gran número de ellas superen con creces en conocimiento a aquellos especialistas que poseen los estudiosos de Cahirn Ansay.

- El culto a Arcthuran

De entre todas las mitologías existentes en Daegon, se podría decir que el culto a Arcthuran es el más antiguo de todos ellos. Tanto es así que su origen es previo incluso a la aparición de la misma humanidad sobre el planeta.

Si nos remontamos hasta la misma raíz conceptual de esta teogonía, esta no haría referencia a nada remotamente humano. Su mito fundacional se encuentra basado en gran medida en la entidad que da cohesión a esta realidad, el concepto conocido como Ytahc; El Cambio.

Así pues, el culto a Arcthuran no tendría su origen en la humanidad, sino en los Mayane Undalath. Este fue durante aquellos días un concepto carente de nombre pero poseedor de todos los atributos imaginables. No existían palabras para describirlo pues todas las palabras formaban parte de su ser. Aquel a quien los progenitores de la humanidad bautizaron como Adai, y sus descendientes han ido segmentando en un cuasi infinito número de aspectos ha sido asociado erróneamente con otros conceptos. Ha sido confundido con la vida y la muerte, con todo lo que es perceptible y con otras de las entidades a las que también se han referido como “Daegon”.
De acuerdo a todos estos mitos fundacionales, sería una entidad cuyo corazón y el del mundo que habitan son uno, pero cuyo cuerpo se extendería por toda la bastedad del cosmos. Como tal, sería el sustento de la misma vida, la dadora de alimento y protección, el origen de todo lo que crece, camina, nada y vuela.

Retomando su núcleo fundamental, aquel que lo vincula con cualquier aspecto del cambio, este concepto formaría parte de los aspectos primarios cuya suma conforma el conjunto de todas las realidades, pero su presencia se encuentra especialmente ligada al nivel de existencia en el que se encuentra ubicado Daegon. El cambio es algo consustancial a esta realidad.

Si bien en la actualidad este es una abstracción que apenas tiene reconocimiento de acuerdo a como la hemos descrito hasta este punto, en en pasado remoto contó con un papel fundamental en la evolución de todo lo que se encuentra ubicado en su interior. Su culto desde aquellos tiempos ha adoptado una gran cantidad de formas, nombres y mitologías, porque Adai, Ytahc o Arcthuran no son los únicos nombres por los que ha sido conocido esta fuerza.

El nombre que le fue otorgado por parte de los primeros hombres y mujeres fue también el que utilizaron referirse a su hogar, un concepto y un entorno que no se encontraban constreñido por las limitaciones de un único planeta.

Ytahc es, dentro de las abstracciones primarias, algo que escapa a toda definición. Es en sí mismo también es un concepto atípico. Una abstracción que no se limita a reaccionar ante la presencia de lo que no es ella, sino que se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de espasmos involuntarios de los que no sólo surgió la humanidad, sino toda la diversidad que existe en el universo. Una diversidad que fue precedida por el único concepto, los Mayane Undalath, surgido de su seno con algo similar a un propósito. Seres surgidos de un espasmo de dolor. Conceptos incapaces de comprender su potencial o la motivación detrás de sus instintos pero que, a pesar de eso, de una forma casi inconsciente rendían culto al concepto que les otorgó la vida y al que vivían para proteger.

Cuando la humanidad fue consciente de su existencia los bautizaron como Dragún Adai; los hijos de Adai, y la relación que se estableció entre estos seres y los progenitores fue casi simbiótica. Juntos aprendieron sobre ellos mismos y el mundo en el que habitaban. Poco a poco, lo que los Mayane Undalath aceptaban por instinto fue siendo verbalizado, comprendido y transmitido.
Porque quizás los Dragún Adai no descubriesen la curiosidad o comprendiesen de qué eran capaces hasta que no se formalizó su contacto con la humanidad, pero no por ello dejaron de ser sus maestros en una gran cantidad de materias.

Juntos dieron nombre y delimitaron las cualidades de una gran parte de los conceptos que existían en ella. Aprendieron e impartieron importantes lecciones. En ningún momento la devoción formó parte de sus vidas o culturas, pero aprendieron a comprender, temer y aceptar lo que les rodeaba. A respetar aquello que escapaba a su control y conocimiento. A conocer la indefensión y el temor ante un futuro incierto, ante el final.

Como tal, su presencia forma parte del acerbo cultural de la humanidad. Gracias a esto, y como consecuencia de ello, los progenitores fueron capaces de moldear esta realidad mientras, a su vez, se veían moldeados por ella. Según la realidad se fue haciendo más vieja y compleja, esta característica también pasó a formar parte de la humanidad. Y, de esta manera, según sus culturas fueron ganando en sofisticación, el interés por un concepto tan abstracto fue apartándose.

A día de hoy la interpretación que se hace de este concepto continúa siendo muy diversa. Al igual que sucedió durante aquellos días, lo basto y abstracto de su naturaleza ha que ninguna escuela de pensamiento haya logrado desarrollar una teoría filosófica, teológica o metafísica en la que tengan cabida todos sus aspectos. Esto ha hecho que los distintas teismos que se han construido a su alrededor y han sobrevivido hasta la actualidad, pese a basarse en una misma idea, sean muy complicados de identificar como tales.

De todos ellos, quizás el que cuenta con un mayor número de adeptos es el que se puede encontrar en a lo largo de la ladera oriental del Pramayán, El culto de Arcthuran. Pero, irónicamente, por más que se utilice el nombre de la deidad para referirse a los practicantes de esta devoción, su estructura no se ha desarrollado alrededor del aspecto concreto de esta abstracción que representa la deidad. Por el contrario, desde siempre esta se ha encontrado mucho más ligada a la persona concreta que dio a conocer sus preceptos y a las acciones que llevó a cabo durante los días en los que la dio a conocer.

En el caso concreto del culto a Arcthuran, por más que la extensión total de territorios en los que se encuentra presente es con mucho superior al de la iglesia Tayshari en occidente, su poder real está muy lejos de ser comparable a este. Asimismo, la pérdida de quien ha sido su gran valedor durante los últimos dos milenios ha hecho que se avecinen tiempos de cambio para este teismo.

Porque el culto de Arcthuran desde siempre se ha centrado en la figura del recientemente desaparecido Dairus y en la hazaña que llevó a cabo hace dos milenos y que le valió el sobrenombre de “El Golpeador”. La rama teológica construida alrededor del “Señor de las profundidades” debe su propagación casi en exclusiva a la victoria de Dairus y los señores de las montañas sobre el Gran Imperio Menetiano. Su popularidad no fue algo buscado y ni su estructura ni sus preceptos o la manera en la que se le rinde culto han ayudado a que se convierta en un elemento clave a la hora de ser utilizado como una herramienta para la lucha o la conservación del poder.

Distintas aproximaciones a otros aspectos similares de Ytahc ya se encontraban presentes en las alturas del Pramayán con anterioridad a aquel suceso, pero su llegada arrasaron como una ola homogenizadora e imparable sobre todas ellas, pero su influencia directa se fue mitigando con el paso del tiempo.

Por más que en la actualidad existan un gran número de iglesias construidas en honor a Arcthuran repartidas por toda la orografía del oriente continental, cada una de ellas rinde culto a algún aspecto único de este concepto. Ninguna de ellas reconoce guardar relación alguna con la otra salvo por un único detalle; pese a no haber tenido contacto alguno con él, históricamente todas ellas han reconocido a Dairus como su sumo pontífice.

Con el transcurrir de los siglos tanto su credo como el mensaje sobre el que se sustenta han pasado a ser temas sobre lo que apenas se debate, pero también han perdido toda su fuerza. Algunos de sus preceptos se han convertido en una serie de ideas que se han ido incorporando al lenguaje coloquial de manera natural, pero lo han hecho sin dar peso alguno a las ideas que subyacen detrás de ellas. Frases hechas cuyo significado y sentido originales se obvian. En las naciones en las que se encuentra presente este culto acostumbra a convivir con otros, pero ninguna de sus sedes cuenta con un número de seguidores equiparable al de aquella que Dairus fue capaz de propagar más allá de Beretear durante el comienzo de su mandato.

Porque el culto moderno al Señor de las profundidades poco tiene que ver ya con el que fuese originario de las ciudades estado situadas en las alturas del Pramayán. Tanto su presencia como su impacto se han visto diluidos dentro de cada una de las sociedades que lo adoptaron. Existen ciertas maneras de rendir culto a esta encarnación concreta del mito, como es aquella que encarnan los monjes mendicantes, que son transnacionales, pero la manera en la que se encuentra presente dentro de aquellos pueblos que lo han integrado dentro de su sistema no tiene tanto que ver con el mundo de las ideas, como la protección que les garantizaba la presencia continuada de Dairus.

El suyo es un culto que no se encuentra basado en una jerarquía eclesiástica o una serie de dogmas de obligado cumplimiento, sino que su núcleo se encontraba fundamentado sobre la optimización de los escasos bienes de los que disponían. Los habitantes de las T’Nar, Beretear, Ton’Kaheru y Troll’Kahn originales, quienes fueron conocidos como los “señores de las alturas” no eran pueblos ricos ni gozaban de grandes recursos naturales. Todos ellos vivía en lo alto de alguno de los picos del Pramayán. Una situación que, al mismo tiempo que les otorgaba una clara protección ante cualquier intento de conquista, también limitaba enormemente su acceso a un gran número de elementos básicos para la subsistencia.

Para cada uno de ellos, el concepto del “Señor de las profundidades” era algo diferente. Pese a encontrarse sustentado sobre una serie de preceptos muy similares, tanto los nombres que se le daban como su mito de creación tenían detalles únicos.

De acuerdo al mito clásico, esta entidad abstracta cuyo corazón se encontraba ubicado en el centro del mundo era quien les concedía todo lo necesario para sobrevivir. En un tiempo lejano todo ser vivo se encontraba ligado a ella de alguna manera, y tanto el agua como la luz, los alimentos o la misma vida era sus dones. Regalos que eran entregados de forma desinteresada.
No pedía nada a cambio, ya que todo formaba parte de ella. No había nada que se le pudiese entregar que no hubiese sido suyo con anterioridad. A su vez, su cuerpo no se encontraba limitado por el mundo que pisaba la humanidad, sino que su esencia se filtraba más allá de lo que era capaz de percibir o comprender esta.

Pero con la llegada de un nuevo concepto, el del tiempo, el mito primario se fue haciendo más complejo. Junto con el tiempo llegó la muerte. La vida dejó de ser un regalo y se convirtió en un préstamo. En algo a defender, algo por lo que había que luchar, algo que podía ser arrebatado. Una vez que esta llegaba a su fin, regresaba al seno de donde había partido para volver cambiada. Para que diese comienzo un nuevo ciclo.

Lo que carecía de tales atributos se vio forzado a asumir intencionalidad y fisicidad, a limitarse a sí mismo y a sus dones. Los tiempos de carestía provocaron conflictos y migraciones desde la cima de los picos en los que habitaban los primeros habitantes del mundo. Sólo los más cercanos a Arcthuran / Zorak / Pramaya / Ytahc permanecieron en los hogares ancestrales. Sólo los señores de las alturas tuvieron el coraje para no abandonar a quien lo había dado todo y, de acuerdo al mito tardío, sólo en su mano se encontró el poder para detener al Enemigo.

Este mito no deja de ser una traslación de aquel que transmitieron los Mayane Undalath cuando lograron ser capaces de comunicarse con la humanidad. Ellos fueron quienes tuvieron un contacto más directo con el planeta que les dio a luz, los guardianes del mundo y quienes nacieron de su roca, su fuego y su misma esencia axiomática. Quienes surgieron como un acto reflejo de Daegon tras la llegada del tiempo. Quienes nacieron para proteger a esta realidad del Enemigo, del Destructor, cuando esta realidad fue consciente por primera vez de su lejana presencia.

La interpretación tardía de los pueblos del Pramayán desvió el foco de la historia para ponerse a ellos en el centro del mito, y para sustituir al Destructor por el Gran Imperio Menetiano. Una profecía confeccionada para cuadrar con los hechos que anunciaba ya habían tenido lugar. Una profecía que vio la luz una vez que ya había sido cumplida.

- Otros aspectos de Ytahc

Pero, más allá de esta interpretación concreta del concepto que dieron a conocer los Mayane Undalath, existe otro gran número de mitologías derivadas del mismo. Todas ellas acostumbran a ser atípicas cuando las comparamos con aquellos predominantes en occidente o las grandes religiones organizadas, pero su presencia a escala global no es para nada despreciable.

La evolución de este concepto ha adoptado multitud de formas y enfoques. Ha hecho que, aunque todas ellas beban de una fuente, el encontrar los puntos que comparten todas sea una tarea harto compleja. La consolidación de estos credos no ha tenido lugar únicamente en oriente, sino que se pueden encontrar trazas del mismo a lo largo y ancho de toda la extensión del continente y las grandes islas.

A pesar de que es indudable su impacto en ese constructo de fronteras difusas que es Trollellom y algún otro pueblo con estructuras sociales complejas que escapa de su ámbito, su presencia acostumbra a encontrarse más presente en pueblos con unas estructuras sociales más básicas. Así, de entre todos los aspectos de este concepto que han sobrevivido hasta la actualidad bajo distintas formas, estos acostumbran a predominar en territorios considerados como no civilizados.

Dentro de cualquiera de estos dos grupos, y centrándonos en lo puramente teológico, podríamos decir que su culto también está presente en occidente bajo otra gran variedad de nombres, descripciones y formas.

Dentro del mundo civilizado podríamos encontrarlo bajo el nombre de Devas Knode, la divinidad a la que se atribuye la inmortalidad a Sipskriel, aunque el aspecto de este concepto que se al que responde esta deidad difiere levemente al que se puede encontrar en oriente.

Él es el cambio inmisericorde, una fuerza indiferente ante las necesidades o miedos de la humanidad, una entidad que, dependiendo de quien la describa, es caprichosa o completamente libre. Ni odia ni siente afecto alguno por la humanidad, por lo que no tiene sentido el temerla o adorarla, ya que no atiende a súplicas u ofrendas. De la misma manera que sus movimientos pueden traer como resultado una cosecha copiosa, pueden acarrear la furia del mar o los cielos.

Otros pueblos, como puedan ser algunas de las tribus de Shemmellom o Shattegar, al igual que sucede en otras culturas animistas, tienen una visión más amable de este concepto. Una serie de visiones que, a pesar de que haber ido heredando versiones adulteradas del mito original generación tras generación, apenas se han alterado su núcleo.

Una gran parte de las tradiciones que viven de lo que les aporta la tierra, al igual que otros credos más abstractos y, en cierta medida, primarios basados en aceptar el entorno en lugar de tratar de controlarlo, beben de esta fuente.

Sin importar que hayan transcurrido millones de años desde los días en los que sus lejanos ancestros se relacionaron con los Mayane Undalath, algunas de las lecciones aprendidas entonces aún perduran. La llegada del Enemigo es un hecho que se da por superado o que se espera con temor. Un hecho que augura el final de todo o que ha supuesto algún cambio drástico en su modo de comprender el mundo. Un temor que regresa cíclicamente y que les sobrevivirá bajo la forma de una nueva miríada de distintos cultos.

De haber algo en lo que coinciden todos estos pueblos es en la falta de una estructura en sus creencias, algo que ha hecho que todas ellas mantengan siempre un delicado equilibrio en el terreno de lo etéreo y el de lo literal. Sus tradiciones acostumbran a ser mayormente orales, y las lecciones aprendidas de su pasado no siempre han sido transmitidas de una manera fidedigna.

No existen muchas diferencias entre quienes adoran a la naturaleza, los vientos o las estrellas y quienes rinden culto a Arcthuran. Todos ellos rinden honores al mundo en su conjunto, a su arbitrariedad y, en gran medida, a la insignificancia de la humanidad dentro del gran esquema. Algunos expresan estas creencias en forma de respeto, agradecimiento y miedo reverencial de diferentes maneras. Las formas, nombres y alcance de los conceptos a los que rinden culto varían enormemente en cada cultura, pero quienes practican este tipo de ritos siguen esta tradición con una cierta distancia. Rara vez acostumbran a tener jerarquías férreas, tienden al integrismo o confían en que los hados jugarán a su favor si hacen gala de algún tipo de devoción. Abogan por la diversidad en las formas de expresar sus muestras de respeto hacia los conceptos a los que rinden culto y no suelen tener problemas en adoptar dentro de sus cosmogonías a otras entidades que puedan encajar con su visión del mundo.

Por más que no entiendan al mundo o los distintos aspectos de la realidad como una serie de entidades preocupadas por la protección de la humanidad, sí que interpretan este conceptos como algo eminentemente justo. Quizás sean arbitrarios en sus acciones, pero esto se debe a que son seres cambiantes como lo es el hombre y, también como este, se adapta ante las amenazas. No pide nada, pero de él/ella/ellos se puede extraer todo lo necesario para que la vida continúe. Quienes comprenden su funcionamiento y respetan sus designios pueden llegar a ser capaces de vivir en una cierta armonía con ellos sin penurias adoren o no a estos conceptos. Algo que, en menor medida, también se encuentra a la disposición de quienes optan por ignorar algunos de estos principios.

A partir de esta base se han construido un gran número de relatos y mitologías. Parábolas y versos que han ido añadiendo en algunas culturas capas de sofisticación a la idea original. Que han dotado a los conceptos que pueblan estas historias de propósito, personalidad y una narrativa, desglosando cada uno de los posibles aspectos de mundo natural y la realidad exterior bajo la forma de entidades independientes cuya interacción forman el todo.

Cada una de las culturas que ha heredado y ha ayudado a perpetuar alguno de los mitos que componen este mosaico les ha atribuido nuevos nombres, características y motivaciones acordes a su conveniencia y entendimiento, pero es raro encontrar en ellos panteones que aglutinen a un gran número de ellos. Pese a haber bautizado a estos conceptos, haber elaborado complejas relaciones entre algunos de ellos, “humanizar” las razones detrás de ciertos desastres naturales o sucesos anómalos, achacando a alguna de estas entidades las acciones que tuvieron como consecuencias estos hechos, no se atribuye a sus hipotéticos causantes una forma o un objetivo.

Dentro de estas culturas que han ido fragmentando el mito no existe un panteón o un credo único que los unifique, sino que su número se ha visto ampliado tras la llegada de acontecimientos extraños. Los sucesos acontecidos a lo largo de las eras en cada lugar han dado lugar al nacimiento de nuevas cosmogonías y relatos fundacionales que, por más que algunos de ellos pueden ser muy similares a los ya existentes, no son capaces de reconocer su parentesco. Nuevas ideas y entidades que han sido adoptadas por sus descendientes y cuyo desarrollo continúan estos, desligándolos cada vez más del concepto inicial.

Si cada uno de los cismas de la iglesia Tayshari afirma ser el único interprete fidedigno de un mismo concepto, la miríada de religiones en las que se fragmentó los mitos de Ytahc o Arcthuran tras su propagación no reconoce vinculación alguna con quien lo originó. Por más que los señores de los páramos a los que se rinde culto en las Llanuras Zulera naciesen de este credo, la forma y el fondo en la que se les plasma este credo nada tiene que ver con cómo ha evolucionado la mitología y la teología del “Señor de las profundidades”.

Aun así, quienes adoran a unos y otro no tienen problema a la hora de reconocer y aceptar la existencia de otros mitos sin importar su origen o que guarden algún parentesco con el suyo. Esto es algo que, por otro lado, quienes siguen los predicados de organizaciones con estructuras más rígidas acostumbran a rechazar. Esta negativa no está basado únicamente en el orgullo, sino que también se construye sobre la ignorancia y en el impacto que tuvo en la cultura de sus ancestros la invasión del Gran Imperio Menetiano.

- El Gohai Kaeru

Si el culto a Arcthuran podría entenderse como el homologo a la Iglesia Tayshari en oriente en cuando a su extensión, al este del Pramayán no existen ninguna organización científica que haya gozado de una estabilidad o crecimiento equiparables a los de La Orden. Aun así, esto no quiere decir que el conocimiento no sea un bien apreciado en estas longitudes geográficas.

Por el contrario, se podría decir que el antecesor de La Orden tuvo su origen en oriente bajo la forma de la primera iteración del Gohai Kaheru.

La historia de esta organización no deja de ser una muestra palpable de la manera en la que han evolucionado las sociedades de Daegon tras sufrir las consecuencias de algún fenómeno anómalo. El miedo y el desconcierto iniciales siempre ha dado paso al surgimiento de quienes han tratado de comprenderlo pero, de la misma manera que su impulso inicial parece imparable, aquello que nace casi en exclusiva del temor no tarda en desvanecerse cuando la amenaza ya se ve como algo lejano.

Así, por más que sus actuales integrantes proclamen que esta organización sea el estamento científico más antiguo de cuantos se pueden encontrar en Daegon, esta no deja de ser una verdad cierta sólo a medias.

Dentro de esta afirmación parcialmente cierta hay datos que no pueden ser discutidos como pueda ser el de la fecha de nacimiento de su primera encarnación, pero en los registros históricos también se encuentra plasmado el momento en el que fue desmantelada.

Para trazar su origen tendríamos que retrotraernos hasta los albores de la conocida como la “Edad moderna”, más concretamente hasta los días posteriores a la finalización del evento anómalo conocido como el Nyarl Noidems.

A pesar de que este suceso, conocido también como el “Gran dolor” o el “Gran terror”, no llegó a alcanzar a los territorios interiores en los que se encuentra situada Dayashu, el impacto que supuso para la costa nororiental del continente fue tal que provocó que incluso quienes no lo habían padecido de manera directa quedasen marcados por las historias y las secuelas que devinieron de él. Una serie de consecuencias que tardarían en ser olvidadas.

De esta manera, si bien este hecho resultó clave para la fundación de quienes entonces fueron conocidos como los “Forjadores del mañana”, y que estos fueron los primeros en reconocer la magnitud de los mismos, la longevidad de aquella primera encarnación se vio íntimamente ligada al recuerdo de su advenimiento. Asimismo, el suyo no fue el último de los estamentos científicos surgidos como consecuencia de algún suceso anómalo acontecido durante aquellos tiempos.

Una vez transcurridas varias generaciones tras el advenimiento del temor inicial, y ya superado el recuerdo de aquellos días, tanto su andadura como la de aquellas organizaciones surgidas bajo su sombra no fue sencilla.

Este nombre ha sido recuperado con posterioridad en numerosas ocasiones a lo largo del tiempo, siendo la última de sus encarnaciones relativamente joven para los estándares en los que nos hemos estado moviendo hasta el momento. Porque, de la misma manera que los eventos anómalos suponen una grave situación de crisis allí donde han tenido lugar, una vez pasado el momento de temor y recuperada la normalidad, la urgencia por tratar de comprender el origen del mismo no tarda en quedar relegada hasta un segundo plano. En ser tapada por los quehaceres diarios y la superación de las secuelas que ha dejado ese hecho.

Por más que su nombre haya perdurado desde aquellos días, sus funciones se han visto adaptadas para un gran número de fines con cada una de sus nuevas iteraciones. La utilización este nombre ha atendido más a un ejercicio de memoria que a la recuperación de sus investigaciones previas y, a día de hoy, la misma expresión es un arcaismo, una suerte de fórmula exótica cuyo significado ha sido moldeado de acuerdo a las necesidades de quien la ha recuperado. Una frase hecha cuya traducción a lo largo de los siglos ha adquirido un gran número de significados. Algunos de ellos han tratado de preservar el legado de quienes les precedieron, conservando la acepción original de aquel nombre, pero su significado ha pasando por un gran numero de alteraciones, algunas de las cuales han sido conocidas como el “Concilio de los Navegantes del futuro” o los “Vigías de la realidad”.
Unos apelativos que no han hecho sino reconocer la incapacidad de la humanidad para “construir” su propio futuro, sino este se encuentra sometido a las salvajes oleadas del tiempo y la incertidumbre.

Detrás de estos epítetos tan rimbombantes siempre se ha ocultado el temor a lo desconocido. El deseo por desterrar esa incertidumbre que provoca lo que se desconoce. El objetivo de lograr la supervivencia ante la inevitable llegada de lo anómalo.

Su campo de acción ha abarcado un gran número de ámbitos desde su resurgimiento, al igual que lo ha hecho su presencia tanto dentro de la sociedad su nación de origen como la de aquellas que la rodean, pero no ha sido hasta lo últimos años que ha vuelto a hacer suyos campos de estudio que habían sido condenados al ostracismo. La necesidad de recuperar la investigación acerca de la ciencia arcana ha sido uno de los puntos centrales de su último equipo de dirección, y los informes que han recuperado de los archivos de este organismo no han hecho sino darle la razón en tales afirmaciones.

En la actualidad, y tras cerca de dos siglos en los que se ha visto relegado a languidecer en la irrelevancia pública dentro de su hogar, la presencia de la actual encarnación del Gohai Kaeru en Dayashu ha recuperado un cierto prestigio y relevancia gracias a las noticias llegadas desde occidente.

Estas noticias, sumadas a la desaparición de Dairus o a la aparición de nuevos territorios errantes en el firmamento ha hecho que el temor resurja en la ciudadanía y los gobernantes. Un temor que, en gran medida, ha sido alimentado y utilizado por los dirigentes del Gohai Kaeru para volver al primer plano de la vista pública.

Aun así, sus recomendaciones no han sido recibidas de la misma manera por parte de todos los integrantes del gobierno de Dayashu o por los propios investigadores que forman parte de la organización. El conocimiento pragmático y los encargos del exterior es lo que les ha permitido sobrevivir desde su formación, y el derivar recursos hacia un terreno que no es del interés de sus contratistas puede suponer una merma de sus ingresos y, con ello, de su capacidad para mantenerse como una entidad independiente.

- El Chernat Ianaster

La otra gran organización surgida como consecuencia de los eventos anómalos acontecidos durante los albores de la edad moderna en oriente se encuentra en una situación algo menos convulsa, pero no por ello goza de una mayor representatividad. Esta organización, que ha dedicado de forma ininterrumpida su atención en este tipo de sucesos se encuentra ubicada en la frontera entre Dayashu, Shinzay y Dagorel pero sus dimensiones son tan escuetas que ni siquiera aparece reflejada en los mapas políticos globales.

El Chernat Ianaster debe su nacimiento a un solapamiento planar que tuvo lugar sobre los territorios en los que se encontraba ubicada una de sus ciudades, Dyamin, hace más de un milenio. A pesar de todo el tiempo transcurrido desde aquellos sucesos, el constante recordatorio que supone la existencia de los restos de aquellos días, y la incapacidad de convertirlo en una zona habitable de nuevo han supuesto un refuerzo constante para su existencia.

A pesar de esto, desde entonces la propia sociedad de Kylburn se encuentra divida entre quienes tratan de dejar en el pasado lo que sucedió y quienes tratan de prevenir que esto suceda de nuevo.

Si bien es cierto que el Chernat Ianaster centra su radio de acción en la pequeña nación de Kylburn, sus miembros han viajado hasta todo lugar en el que se ha producido algún sucedo anómalo. Una labor que ha hecho a los integrantes de esta organización, conocida también como “Los topógrafos de lo etéreo” o “Los custodios del velo”, hayan representado un importante papel a la hora de ayudar al establecimiento de otros organismos de una índole similar.

El suyo, como parte de uno de los concilios de estudiosos más antiguos que se conocen, siendo superando únicamente en edad por el Gohai Kahero original en oriente, y por la Universidad de Amlash en occidente, ha sido uno de los grupos más activos a la hora de tratar de mantener con vida el concepto del Nalushat Avasanyali, pero lo ajustado de sus recursos siempre ha hecho que su capacidad para jugar un papel importante a este nivel se haya visto muy limitada.

La suya ha sido una historia llena de altibajos. Una trayectoria vital que ha hecho que sus logros se hayan visto ensombrecidos por los de organizaciones más grandes, y sus fracasos en ocasiones se hayan magnificado. A pesar de contar en su haber con numerosos momentos de gloria ganados con esfuerzo, constancia y coherencia, la historia no ha sido amable con esta organización.

En el pasado se ha achacado a sus estudios el ser la causa de la llegada de nuevos sucesos anómalos. Tanto los distintos gobiernos de Kylburn como los de otras naciones los han dotado de un gran número de recursos o les han expropiado sus posesiones forzando a sus integrantes al exilio. Han sido aliados del poder y quienes más alto han hablado contra él.

Porque su historial está muy lejos de ser perfecto. Dentro de sus filas también se han llegado a posicionar personajes cuyos intereses poco tenían que ver con el conocimiento y que lo han visto como una herramienta para acumular dinero y poder. Gentes que se han aprovechado de los descubrimientos de sus miembros para tratar de desarrollar armas, herramientas inestable y peligrosas o que han utilizado la información de la que disponen para ejercer presión en círculos que, a priori, nada tienen que ver con el propósito de la organización

Dentro de esta organización siempre ha existido una dualidad que ha marcado su propia trayectoria. Una cualidad que, en ocasiones, le ha hecho destacar por encima de otros más grandes o que le han hecho caer cuando parecía tener una mano ganadora. Una estructura interna ductil que ha sabido adaptarse a cada uno de los tiempos que le ha tocado vivir y que, por más que su tamaño siempre haya sido muy pequeño, le ha permitido poseer recursos que parecían por encima de sus posibilidades.

De lo que no cabe ninguna duda es de que ha sido la muestra viva de que no siempre los recursos garantizan el éxito ni la escasez es una condena al fracaso. Su irregularidad les ha convertido en una pieza impredecible ahí donde han estado. Afirmar que han sido la sorpresa cuando nadie esperaba nada de ellos y la decepción cuando tenían a su disposición sería una simplificación excesiva, pero esto no ha evitado que se convierta casi en un mantra en sus momentos más complicados, a la par que una losa ante la expectación que esto podía llegar a despertar.

Sea como fuere, ya sea con recursos muy limitados a su disposición o con el apoyo de distintos equipos de gobierno o inversores exteriores, su aportación al conjunto de las ciencias puras ha sido significativa. A su vez, la falta de ética o preparación de algunos de sus dirigentes les ha supuesto la pérdida de multitud de sus mentes más brillantes, audaces y comprometidas.

Han logrado diseñar métodos para contener la expansión de ciertos solapamientos más allá de su puno de entrada y descubrir cualidades únicas de ciertos elementos que han quedado atrás cuando estos han llegado a su fin, pero quienes han logrado tales hazañas casi siempre han pagado un alto precio ya que, en un gran número de ocasiones, su cercanía con las zonas afectadas por lo extraño han tenido como consecuencia la muerte de los equipos que han llevado a cabo estos estudios, o la propagación de ciertos elementos anómalos más allá de donde se encontraban estables.

Dado este juego de luces y sombras que ha sido su existencia, nadie es capaz de predecir o afirmar qué papel desempeñarán sus miembros en los años por venir.

- La jerarquía celestial

De entre todos los grandes cultos existentes en Daegon, quizás aquel que goza de una mitología más diversa y compleja es aquel que se encuentra presente mayoritariamente en la porción nororiental del continente.

Las diferentes interpretaciones de esta mitología se pueden encontrar principalmente en Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn y Dagorel, aunque algunos aspectos de las mismas también se pueden adivinar en otras naciones.

Este culto basa todas su teología en la devoción hacia los ancestros, realizando una lectura tremendamente creativa de la historia. A pesar de que afirma que el mundo y la vida sobre él tienen una edad aproximada de doce mil años, los hechos que se describen en aquellos poemas y leyendas que describen aquellos primeros tiempos realmente obtienen su inspiración en hechos acontecidos millones de años antes de aquello. Esta mitología compartida no contiene un auténtico núcleo común, sino que cada territorio que la ha adoptado a su propia evolución. El que ha sido su hogar ancestral es utilizado como el centro del mito y sus predecesores directos fueron quienes dieron forma y sentido a la realidad. Es pasado más remoto es un lugar colorido, un momento lleno de aventura, una utopía a alcanzar de nuevo. Y, a pesar de esto, también hay batallas y tragedia, traiciones y hechos despreciables. Lecciones morales a aprender.
El mito es una contradicción que aceptan sin problemas porque sólo es leyenda. Una romantización, algo que jamás existió realmente, pero desearían que fuese cierto.

Por más que dentro de sus mitologías puedan reconocer la existencia de territorios y personajes externos a sus respectivas culturas, sus ancestros acostumbran a ser el origen de todo. Cada uno de ellos es el heredero de una gran tradición.

Cada pueblo tiene a sus propios gobernantes ancestrales, los reyes o emperadores divinos, aquellos de quienes desciende cada hombre y mujer. Seres que trascendieron más allá de esta vida mortal y que ahora viven en algún lugar indeterminado desde el que contemplan su legado. Dependiendo del acercamiento filosófico de quienes han construido estos credos, este lugar es algo material o etéreo, metafórico o literal. Puede ser alcanzado en vida o únicamente tras lograr un estado diferente de existencia del que no existe vuelta atrás.

Si bien es cierto que en su intento por crear un relato coherente cada uno de estos interpretaciones de mito acostumbra a tomarse un gran número de licencias, no es menos cierto que una pequeña parte de este se encuentra basado sobre una verdad objetiva que no se encuentra presente en otros relatos teológicos. Porque su narrativa está sustentada en gran medida sobre la existencia y las historias de los progenitores de la humanidad.

Estas referencias no son algo accidental, sino que es uno de los elementos esenciales sobre los que fue construida la misma escuela de pensamiento de la que surgieron las demás.
De la misma manera que el mito en el que se basa el culto a los Señores de Ilwarath bebe de las experiencias de Ýlar de Jomsul, y que la iglesia Tayshari lo hace de las de Nostat de Yburq, la Jerarquía celestial debe su núcleo teórico a los escritos de Yavintra de Hebdalah.

Al contrario de lo que sucedió con los profetas de los otros cultos, la consciencia de Yavintra no fue trasladada hasta otros momentos en el tiempo u otros niveles de existencia, sino que su obra se basó en un testimonio directo; las narraciones de una de las últimas progenitoras de la humanidad que lograron prologar su existencia más allá de la primera llegada del Destructor.

Estas historias no fueron un intento por traer hasta el presente e inmortalizar hechos acontecidos en los tiempos de los que la humanidad ya ni siquiera conserva su memoria, sino la transcripción de una serie de historias reales. Hechos que, a pesar de que fueron interpretados como una obra de ficción por quien los inmortalizó, calaron mucho más profundamente que cualquier otra obra ficticia.

El impacto que causaron las pinturas y poemas de Yavintra en sus contemporáneos la convirtieron en el material del que surgen las leyendas. De manera inconsciente, la historia ficcionalizada se tornó en mito, y el mito en algo que trascendió y se impuso por encima de las historias que le había dado origen.

En gran medida, los personajes que se describen en las distintas versiones del mito de la Jerarquía celestial jamás existieron, pero algunas de las acciones que se narran en ellos, a pesar de haber sido adornadas y dramatizadas, sí que tuvieron lugar.

Los sucesores, discípulos y coetáneos de Yavintra adaptaron su obra de acuerdo a los preceptos culturales de aquellos lugres y momentos en los que era narrada. Diluyeron las partes verídicas en grandes dosis de subjetividad y épica impostada, de valores morales y lecciones ejemplarizantes. De todo lo necesario para llegar a alcanzar el actual marasmo de influencias cruzadas y reescrituras interesadas. No existe una teología de la Jerarquía celestial, sino tantas como regiones tienen las naciones que la han ido adoptando.

De todas estas, quizás quien más profundamente ha interiorizado este mito ha sido la nación de Shinzay. Un país que ha llegado a unos niveles tales que le han llevado a tratar de establecer una línea genealógica completa entre aquellos primeros pobladores del mundo y las distinta dinastías de sus gobernantes; El Dengeyi zhidú Tianshang.

Mientras que el resto de naciones no poseen una estructura eclesiástica que gestione u homologue la manera en la que se rinde culto a los ancestros, el Dengeyi zhidú Tianshang hunde las raíces del gobierno de la nación en el mito. La diversidad lingüística de Shinzay hace que este concepto pueda ser traducido o interpretado con una gran variedad de significados que embellecen o puntualizan alguno de los aspectos de esta jerarquía inmortal. De acuerdo a estas interpretaciones, también son conocidos como “La Hegemonía divina” o los “Héroes inmortales”. Algunas de ellas presentan a su emperador como a un descendiente directo de alguno de los jerarcas de los tiempos pretéritos, mientras que otras más revolucionarias lo presentan como a un usurpador.

De esta menera, si bien conceptos como el Dengeyi zhidú Tianshang han sido la manera en la que se ha legitimado el poder establecido, esta herramienta a través de la que se dota de una autoridad superior a quien se encuentra en el poder también ha logrado ser subvertida para que se produzcan otra serie de cambios sociales.

Gracias a esto, tanto Dilirm como Dayashu, Sheparn y Dagorel hace ya siglos que abandonaron un modelo de estado basado en una monarquía hereditaria. Por más que el mito de la Jerarquía continúa muy vivo en su acerbo cultural, este ya no dota de autoridad sobre este mundo a quienes no se encentran sobre él.
El mito ha pasado a ser la respuesta sencilla que ha adoptado el pueblo ante las preguntas complejas, a lo que sucede tras la muerte, a las causas de los desastres naturales o los eventos anómalos. No se adora a los jerarcas celestiales como a deidades todopoderosas, sino que cada aldea reverencia a quienes les precedieron, a padres, abuelos o hijos no natos, y les ruegan para que intercedan por ellos ante los emperadores del más allá o los héroes legendarios en los momentos de necesidad. Es una herramienta para ayudar a sobrellevar una pérdida traumática. El mito se alimenta de todas estas personas, y crea para ellos historias costumbristas o épicas en el otro mundo.

Surgida como consecuencia del exilio de todos los integrantes de la etnia shizune de la isla de Mashulanu, Shinzay, a su vez, también ha pasado por un gran número de estadios a lo largo de su historia. Cambios que han afectado tanto a su percepción del mito como a aquello a lo que ha hecho referencia. Los cambios sociales no sólo han tratado de reescribir el pasado la nación sino que también han alterado su relación con el pasado mitológico.

Dentro de su mitología Mashulanu ha jugado un gran número de papeles. El hecho de que el hogar del que sus ancestros fueron expulsados fuese un lugar cuyo acceso se encontraba vetado para ellos durante siglos, ha sido utilizado en multitud de ocasiones como una excusa de carácter casi religioso para mantener vivas las hostilidades. De la misma manera, los cambios que se han ido produciendo desde entonces en el gobierno de la nación isleña también han sido interpretados de acuerdo a las necesidades o intereses del momento.

Tanto esta isla como el prolongado aislamiento a la que la sometió su gobernante más longevo, ya antes del exilio de la etnia shizune, también había jugado diferentes papeles dentro de la mitología del resto de las naciones costeras en los que se encuentra presente el credo de la Jerarquía. Ha sido un premio o un castigo, la fuente de todo misterio o la respuesta a todas las preguntas, el origen de la vida o el final de la misma. La puerta a través de la que acceder a otros niveles de existencia o el camino que ha seguido la adversidad para llegar hasta ellos.

Así pues, la asimilación por parte de Shinzay de los preceptos de los Jerarcas fue mucho más tardía que la del resto de naciones que la rodean y comparten esta escuela de pensamiento, aunque esto no significa que fuese la última nación o el de los shizune el último de los pueblos, en hacerla propia. Debido a la propia naturaleza de este credo resulta muy sencillo el integrar en su seno a otras entidades, algo que ha hecho que algunos pueblos que tradicionalmente han rendido culto a otras teogonías hayan terminado por crear nuevas versiones del mito fundacional o fusionarlo con otros preexistentes.

De la misma manera, lo convulso y humano de su propia mitología ha hecho que no exista una sensación de hermanamiento real entre quienes profesan la misma creencia, sino que ha llevado al florecimiento de todo lo contrario. Dependiendo del momento, y al igual que ha sucedido en la relación entre las naciones del continente y Mashulanu, el crecimiento del mito se ha alimentado del revisionismo o la interpretación interesada de alguno de sus pasajes. Distintos equipos de gobierno han tratado de alejarse todo lo posible del legado que dejaban atrás, o de aferrarse a él como excusa para justificar sus propias ambiciones. Sucesos que se han repetido de manera cíclica e intermitente entre pueblos que tienen un largo historial de enfrentamientos.

Por otro lado, sus mitologías, al igual que todos los aspectos de sus culturas, se ha visto eminentemente afectadas por cada uno de estos ajustes culturales e, irónicamente, esta aparente amplitud de miras en ciertos aspectos no ha servido para ayudar a que su integración con en resto de culturas del continente, sino que en ocasiones también han sido utilizadas para ir marcando aún más sus diferencias.

Cada una de las tradiciones que lo han adoptado han hecho que su versión de la Jerarquía evolucione junto a sus culturas, siendo la versión que poseen del “otro mundo” una traslación casi directa de sus propias sociedades.

De esta manera, de la misma forma en la que, de acuerdo a la tradición de Shinzay, los emperadores y emperatrices que gobiernan y han gobernado Shinzay son considerados como descendientes directos de la dinastía de los emperadores celestiales, de acuerdo a la que existe en el resto de pueblos el “mundo más allá del mundo“ se encuentra gobernado por complejas estructuras de alianzas sociopolíticas en un constante estado de tensión.

De haber un rasgo que comparten todas ellas, este es el que determina cómo se ha llegado a estas situaciones. Cada una de sus teogonías y textos sagrados describe la razón detrás de los cambios. La historia divina se ve reconstruida para que coincida con la de Daegon, y los personajes históricos que han resultado relevantes en este mundo siempre acaban siendo determinantes en estos cambios.
La importancia que se da al linaje es también muy importante dentro del folclore, pero este no es el único criterio que se ha utilizado para ejemplificar la valía de quienes intervienen en el relato celestial.

En aquellos momentos en los que se han producido unos cambios sociales más drásticos, los linajes ancestrales han dejado paso a personajes carentes de todo bagaje familiar. Dentro de su historia se ha descartado el concepto del destino manifiesto y se ha valorado por encima de cualquier otro elemento su valor, determinación y esfuerzo. A su vez, cuando se ha tratado de recuperar el estatus quo, la situación ha tendido a decantarse en la dirección opuesta.

A lo largo de la historia de Shinzay, esta ha sido gobernada por un gran número de dinastías. Individuos que, tras lograr derrotar a quienes les precedieron en su posición, han ampliado el Dengeyi zhidú Tianshang para que los cambios en el mundo terrenal sean coherentes con los acontecidos en el reino divino.
Dentro de esta misma historia, esta nación también ha cambiado en dos ocasiones su modelo de estado sólo para que regresase nuevamente la figura del emperador tras prolongados periodos de tiempo de ausencia. Cada uno de estos cambios también se encuentran plasmados dentro de su mitología, al igual que lo ha sido toda gran revuelta que ha tenido lugar en sus territorios o el cuasi perpetuo enfrentamiento con Mashulanu, pero el estatus de cada uno de los personajes implicados ha sido alterado con cada uno de estos cambios.

Mientras que los héroes revolucionarios del resto de naciones que han interiorizado a la Jerarquía en su cultura acostumbran a ser figuras veneradas por encima de la de los antiguos emperadores, en Shinzay en una época han sido libertadores para, a continuación, verse convertidos en traidores sanguinarios cuando se ha restaurado el sistema anterior. De la misma manera que los emperadores de antaño del resto de naciones, de manera independiente a cómo ejerciesen el poder, acostumbran a ser descritos como seres de costumbres casi grotescas.

Existe un constante proceso de mitificación del pasado en casi todas las culturas en las que se encuentran presente el credo de la Jerarquía, pero esto no atiende únicamente a motivos religiosos ni implica que el pueblo crea a ciencia cierta todo lo que se encuentra plasmado en sus textos. Dentro de sus respectivos acerbos culturales gustan del relato épico y los héroes y heroínas más grandes que la vida misma. Para alcanzar este estatus no es necesario haber logrado una gran hazaña, sino que este es un logro que se obtiene gracias a la tradición oral. La ausencia de un gran registro en el que se plasmen todas las grandes historias han convertido al cuento, el relato, la poesía y la tradición transmitida de generación en generación en los principales transmisores de historias. Es la popularidad de la historia la que marca la diferencia y logra que esta pase a formar parte del mito. Los héroes legendarios más importantes no han surgido de la pluma de grandes escritores sino de la narración alrededor del fuego de las acciones de un ancestro. Para cuando estas llegan hasta los oídos de poetas, escribas o dramaturgos que las inmortalizas, las historia ya se ha hecho popular, y ha tenido tantos protagonistas como lugares por os que ha pasado.
Aún así, que un relato sea registrado dentro de los anales no implica la desaparición de todos aquellos que le sirvieron como fuente. De la misma manera, que un relato haya sido escrito no le otorga una validez o credibilidad superiores a las de aquellos en los que se inspiró ni lo convierte en algo inmutable. No existe un proceso de “validación” del mito al igual que nadie lo entiende como algo literal. Su legado es algo tan fluido como la narración oral, el de historia inmortal es un estatus que sólo se alcanza gracias a permanecer largo tiempo dentro de la tradición. No hay mayor validación que la del cuento que se narra al recién nacido. No hay prueba, por más documentada, detallada o compleja que esta sea, capaz de “demostrar” su autenticidad.

Todos aquellos que han pasado a la historia reverenciados como grandes héroes también han sido ligados de alguna manera al mundo divino. El Shiongäo chaojí, el gran manuscrito que narra las andanzas de la corte celestial de acuerdo al mito de Shinzay está repleto de batallas e intrigas entre los dioses, de conflictos en los que también median e intervienen los emperadores y héroes humanos. Todo hecho acontecido con cinco generaciones de distancia es susceptible de ser mitificado, y las historias que han tenido lugar en Daegon, ya sea dentro o fuera de Shinzay, son plasmadas como parte de estas narraciones.
Los panteones pertenecientes a otros pueblos se encuentran integrados dentro del Dengeyi zhidú Tianshang, aunque sus teogonías se encuentran completamente descontextualizadas.

De la misma manera, por otro lado tendríamos obras como el Hirenprata yilase nabraki, el mayor poema épico que se conserva en Dayashu, el Prévam gesatu, su homólogo en Dilirm, el Yugni dosh amat de Sheparn o el Rig budah de Dagorel tampoco ha dejado jamás de crecer de formas similares.

A pesar de que este credo se encuentra presente en la vida diaria de los ciudadanos de todos estos pueblos, las manera que tienen sus habitantes de verlo tiene muy poco que ver entre sí. A pesar dee formar parte de sus respectivos lenguajes y coloquialismos, la devoción no tiene nada que ver con este hecho. Por más que esta sea expandida de forma constante, existe una clara diferenciación entre mitología y realidad. Entre la ficción y el hecho. Ni los distintos cantares de gesta ni el Shiongäo chaojí pretenden hacerse pasar por textos históricos.

Al contrario que otras culturas en las que la mitología se encuentra tan integrada con el costumbrismo, ni el pueblo llano ni la nobleza hacen uso de esto fuera del territorio de la ficción. El poder del emperador o la emperatriz no se pone en duda, pero tampoco se considera su largo linaje como un hecho objetivo. Sólo es algo que forma parte del folclore y de las expresiones comunes, de la misma manera que nadie considera las historias narradas en las biografías de los héroes legendarios como hechos objetivos.

Por más que en Shinzay la corte imperial sea un híbrido entre un lugar de culto y la sede de toda la burocracia de la nación, la labor que realizan sus funcionarios poco tiene que ver con la de un sacerdote. El respecto y la devoción con la que tratan al emperador forma parte del protocolo de quienes habitan en la corte.

Dentro del proceso de mitificación que tiene lugar en todos los estratos de estas sociedades, tanto los integrantes de su vida política como su nobleza o sus generales de renombre acostumbran a falsificar y adornar sus árboles familiares. Los alteran para que encajen en alguno de los versículos de los grandes cantares, haciendo ver que sus ancestros participaron en alguno de los grandes sucesos, o interactuaron con sus protagonistas.

Nuevamente, estos hechos no dejan de ser algo que, de la misma manera en la que nadie los interpreta como ciertos, tampoco se critican o se contrastan salvo en el caso de que alguno de ellos caiga en desgracia. Su mera existencia no significa que vayan a pasar a formar parte de alguna de las distintas versiones que se pueden encontrar recopiladas de estos cantares, pero sí que ha sido utilizado por algunos de ellos para crear nuevas versiones que se han terminado popularizando en regiones concretas.

- El Diguó ilong xuenyuá

Si bien es cierto que el proceso de mitificación al que se ve sometido el pasado de aquellos pueblos en los que se encuentran presentes los distintos aspectos de la Jerarquía celestial no ha impedido el surgimiento o supervivencia de distintos estamentos científicos, no todos ellos disfrutan del mismo grado de libertad. Por más que el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru gocen de una autonomía considerable, otros cuerpos científicos, como el caso del Dengeyi zhidú Tianshang de Shinzay, se encuentran supeditados por completo a los designios de la corte imperial. Aun así, esto no ha evitado que de su mano se hayan surgido importantes aportaciones para la comunidad global.

Porque, por más tradicionalista que pueda ser la sociedad de Shinzay, el saber es un bien muy valorado dentro de su cultura y tradición. Un bien que ha tratado de ser controlado desde las instancias del poder.
Dentro de las páginas del Dengeyi zhidú Tianshang no sólo se narran las hazañas de los héroes caídos en batalla sino que también hay hueco para quienes aportaron el conocimiento necesario para levantar la nación. Quizás estos individuos tengan una posición inferior dentro de la escala jerárquica, pero su camino siempre ha ido ligado al de los emperadores. El conocimiento es otra forma de poder, y toda muestra de este se encuentra contenida dentro de la corte imperial.

El Diguó ilong xuenyuá o “Colegio imperial de ingenieros” de Shinsay es uno de los organismos más respetados de la nación. Tanto sus miembros como las obras que han realizado a lo largo de su historia han llegado a ser equiparados con las grandes gestas heroicas pero, al contrario de lo que sucede cuando se les equipara a otros estamentos, esta es una comparación que no acostumbra a agradar a todos sus integrantes. En su seno ha habido diversos intentos por desligar al colegio de ingenieros de todo vínculo con la mitología así como de desterrar la idea de que el conocimiento o cualquier otra capacidad es algo ligado a líneas sanguíneas.

Si bien es cierto que quienes componen esta organización tienen un rango equiparable al de cualquiera de los funcionarios de la corte, tanto sus responsables como sus miembros de rango más bajo cuentan con un estatus similar al de quienes pertenecen a los estamentos militares. Por más que los recursos dedicados a ambos estamentos se encuentren gestionados por los administradores de la corte, la autonomía de la que disfrutan dentro de sus respectivos campos de acción ses encuentran totalmente diferenciado al de aquellos que se dedican a desarrollar funciones administrativas.

Esto ha provocado que, en un gran número de ocasiones, la relación entre los funcionarios dedicados a labores de gestión y quienes se dedican a la investigación no acostumbren a ser sencilla. Dentro del colegio de ingenieros existen perfiles específicos dedicados a la interlocución con el resto de integrantes de la corte, pero la búsqueda de resultados inmediatos y ajustados al presupuesto ha sido uno de los obstáculos que han lastrado esta relación. Ni dentro de las grandes obras arquitectónicas, ni en los estudios más teóricos, la capacidad que han demostrado para predecir su éxito de sus labores de acuerdo a unos parámetros y condicionantes que en gran medida les vienen dictados desde el exterior han servido para mejorar esta relación.

El foco de sus investigaciones viene marcado de manera exclusiva por criterios externos a ellos y, en más de una ocasión, han sido algunos de los funcionarios que más alto han hablado en contra de las decisiones de los distintos emperadores.
Durante los tiempos en los que en Shinzay se prohibió el estudio de la ciencia arcana y se cortaron relaciones con Kylburn y Dayashu este fue el estamento más combativo de cuantos formaban parte de la corte, algo que llevó al despido, el exilio e incluso a la ejecución de quienes se determinó que eran los cabecillas de los disidentes.

Después de aquello, y a pesar de que no se han vuelto a producir incidentes de la misma magnitud, este tipo de estudio nunca ha vuelto a ser visto con buenos ojos por parte de quienes se encuentran en el poder. Aun así, por más que se haya llegado a argumentar que la profundización en esta clase de materias fomenta el cuestionamiento del estatus quo y el deterioro de la imagen de los emperadores, hace ya mucho que dejó de ser una materia vetada. Si bien es cierto que no se dotan partidas presupuestarias a este efecto, los investigadores pueden dedicarle sus propios recursos y tiempo libre si así lo desean.

Lo que sí que es cierto es que los integrantes del Dinguó Ilong xuenyuá acostumbran a ser algunos de los funcionarios que más contacto tienen con las naciones del exterior. Existen becas imperiales que les han permitido conocer lo que se extiende más allá de las fronteras de su nación. Otras culturas y maneras de entender el mundo que, en cierta medida, han ayudado a fomentar su actitud crítica con lo que encuentran a su regreso.

Las grandes urbes de Shinzay poseen algunos de las construcciones modernas más sofisticadas que se pueden encontrar en todo Daegon y, a su vez, también han logrado preservar o recuperar algunas de las grandes obras arquitectónicas del pasado lejano. Tanto la investigación como la recuperación de algunas de algunas de estas infraestructuras de quienes les precedieron han supuesto notorios avances en las técnicas de construcción.

Desde el momento de su establecimiento, hace más de medio milenio, sus componentes han recorrido toda la costa oriental del continente aprendiendo de los distintos legados arquitectónicos tanto de su propio hogar como del que se extiende más allá de sus fronteras.
El Diguó ilong xuenyuá ha demostrado ser uno de los embajadores de Shinzay más apreciados de cuantos se han encontrado presentes en otras naciones a la par que es uno de los estamentos más admirados por sus propios conciudadanos.

Sus creaciones han ayudado a llevar unas condiciones de vida más aceptables a aquellos lugares en los que han sido implantadas y esto ha hecho que los aspirantes a entrar a formar parte de sus filas nunca falten.

- El Ichigo Aralashi

De la misma manera que el suceso de Dyamin supuso el nacimiento del Chernat Ianaster y ha sido uno de los elementos determinantes para su supervivencia, la relación de Hanrath con lo extraño es en gran medida la razón detrás de la existencia del Ichigo Aralashi.

Lo anómalo es algo consustancial a su cultura, y un elemento con el que conviven a diario quienes habitan en la frontera con las Llanuras Zulera. Los integrantes de esta organización son mucho más que los meros descendientes de quienes decidieron abandonar las Llanuras hace siglos sino que, en cierta medida, se han convertido en sus custodios y defensores. Son quienes tratan de entender lo que se encuentra más allá de la tenue línea que separa lo convencional de lo excepcional y una fuente de información invaluable para quienes aspiran a alcanzar este tipo de conocimiento.

Si bien es cierto que esta organización no nació junto a la nación que lo acoge, desde el momento de su fundación el Ichigo Aralashi forma parte indisoluble del gobierno de Hanrath. Su estudio de la manera en la que se expanden y contraen las fronteras del territorio anómalo con el que conviven es algo único, una herramienta que no puede ser encontrada en otro lugar y que ha sido utilizada por otras organizaciones para tratar de adelantarse a la llegada de algún otro tipo de evento anómalo.
Por más que la casi totalidad de las grandes naciones civilizada de oriente compartan frontera con las Llanuras, sólo Hanrath ha aceptado este reto como algo propio. Quizás sus ancestros decidiesen abandonar aquel territorio, pero este continúa formando parte de su vida.

Los territorios que les fueron entregados para su establecimiento fueron aquellos que habían sido descartados como habitables. Aquellos en los que la tenue línea que separa los territorios estables y los anómalos eran más complejos de delimitar. Una pequeña franja que el azar y la buena fortuna les ha permitido ir ampliando pero que, de la misma manera, podría volver a verse reducida sin que puedan hacer nada por evitarlo.

Se podría decir que Hanrath en sí mismo es una zona de excepción. Un territorio que se encuentra cerca de lo interregno y en el que, a pesar de su apariencia de normalidad, su concepción de lo convencional difiere levemente de la que poseen las culturas que los rodean. Una gran parte de su población se encuentra agolpada en la costa y en sus fronteras con Ashgurn y Muliria.

El Ichigo Aralashi se creó como una herramienta para tratar de mitigar esta situación y expandir los territorios habitables de Hanrath de forma segura, pero la obtención de tales objetivos a través del conocimiento puro no fue su primera opción.
En origen se utilizó a criminales como avanzadilla en los territorios inestables, vidas cuya pérdida se consideraba aceptable en pos del avance, pero aquellos métodos se mostraron inefectivos en el lago recorrido. Con el tiempo, la traducción original de este concepto como “Escuadrón de castigo” fue cambiando su significado. Esta primera acepción se mantuvo mientras su erario se encontraba ligado a organismos dependientes del ejército y prisiones pero, con cada traspaso de sus funciones, esta se vio sometido a un gran número de giros radicales.

Sus funciones fueron transferidas en un gran número de ocasiones ya que, desde siempre, la suya fue una misión considerada como condenada a fracasar. Un concepto que no dejaba de ser como un brindis al sol, una muestra de populismo recuperada por los rivales de quien se encontraba en el poder para hacer promesas que no se podían cumplir. Una de tantas promesas olvidadas una vez que se alcanza el poder.

Los políticos ambiciosos lo han visto desde su inicio como una manera perfecta para arruinar sus carreras. Como un regalo envenenado o un castigo nada encubierto ante sus fracasos. El testigo fue pasando de manos hasta que, cinco siglos atrás, pasó a depender de aquellos dedicados a la investigación y la innovación donde ha residido desde entonces.

Con el paso del tiempo si misión se ha visto menos centrada en la “conquista” de territorios a lo anómalo y más en la comprensión de todo lo que esto implica. A día de hoy, aquellas mismas palabras sirvieron para bautizar a los expedicionarios y chivos expiatorios, se usan para referirse a los “Desentrañadores de lo imposible”, pero su labor no se ha vuelto ni más agradable ni menos peligrosa.

Los territorios que conforman la zona inestable de su frontera con las Llanuras siguen ocultando un gran número de amenazas que no han podido ser medidas o pautadas. Entre esta nación y aquella de la que provienen sus ancestros sigue existiendo una barrera que aún no se ha podido acotar y cuyo tamaño se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de territorios cuya extensión no ha sido posible acotar con precisión y en los que la incertidumbre es la norma.

Pero, si bien es cierto que Ichigo Aralashi centra la mayor parte de sus escasos recursos a esta labor, este no es el único campo de estudio que abarca su currículo. A través de este estudio se han ido desarrollando otras áreas cuya utilidad ha servido para solventar problemas cotidianos. Se han desentrañado misterios cuya auténtica naturaleza no era perceptible en otros lugares. Lo imposible ha podido ser utilizado para responder preguntas que nadie más se había planteado.

A partir de sus datos e investigaciones, por más que todo lo específico de las Llanuras haga que la extrapolación de la información obtenida a partir de su estudio hasta algún otro contexto rara vez llegue a buen puerto, este ha sido un campo en el que sí que se han logrado algunos éxitos.

Al contrario de lo que sucede con organismos como el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru, la utilizad o necesidad del Ichigo Aralashi, por más escuetos que hayan sido los recursos dedicados para ello, rara vez ha sido puesta en duda por los estamentos del poder. Se pueden haber cuestionado sus conclusiones o su acercamiento hacia el problema. En momentos de necesidad los recursos dedicados a sus investigaciones pueden haber sido los mínimos necesarios para mantenerlo en funcionamiento, pero el riesgo que suponen las Llanuras para las zonas habitadas con las que colindan con ellas es una amenaza que jamás se ha tomando a la ligera.

Pero, de manera independiente a esto, la pertenencia a esta organización no es algo que despierte un especial interés para los habitantes de Hanrath sino todo lo contrario. Si bien es cierto que quienes forman parte de sus puestos administrativos se encuentran más alejados de las zonas de riesgo, los peligros implícitos a relacionarse con lo anómalo se ven amplificados por su mera pertenencia.
Porque no sólo se ven expuestos a peligros los exploradores que se adentran en las Llanuras o quienes investigan los materiales que se extraen de ellas, sino que quienes habitan en la cercanía de los lugares en los que estos son almacenados y estudiados también se ven expuestos a sus posibles efectos.
Aquellas sedes en la que se realizan este tipo de investigaciones se encuentran alejadas de las zonas habitadas, con lo que quienes trabajan allí se ven forzados a vivir en un casi constante estado de aislamiento.

Ni el prestigio internacional que pueden llegar a aportar los resultados de los experimentos que tienen lugar allí hacen atractivo el formar parte de esta organización. El hecho de que un gran número de ellos se capaz de soportar estas condiciones durante mucho tiempo, convirtiendo a sus miembros más longevos en gente devota hacia su labor.

- El Horshutu

No todas las grandes organizaciones cuyo fin es la obtención del conocimiento dedican sus esfuerzos a lo intangible o las ciencias puras. Algunas, como es el caso del Horshutu; el Colegio de cartógrafos de Shirune, tienen su área de interés mucho más acotadas, pero no por ello su labor es menor relevante o su estatus a escala global es menor.

El Horshutu ha sido una pieza fundamental a la hora de restablecer las comunicaciones entre oriente y occidente pero, más allá de esto, también ha sido capaz de trazar rutas hasta lugares olvidados y recónditos en el interior del continente o los mares que lo rodean.

Esta es una organización eminentemente pragmática. Una idea fundada originalmente por los gremios de comerciantes de esta nación que, con el paso del tiempo ha sobrepasado con creces su propósito inicial y que, como sucediese con La Orden en occidente, terminó por obtener la cantidad de recursos necesaria como para desligarse de quienes la controlaban.

Ha sido esta cualidad eminentemente práctica de su labor la que le ha llevado a alcanzar el poder que posee en la actualidad y le ha permitido continuar creciendo en poder e influencia, pero también ha sido la causa de sus principales problemas. La ambición de sus equipos de dirección les ha llevado a tomar decisiones imprudentes. Decisiones que han ocasionado la muerte o la pérdida de algunos de sus activos más valiosos en momentos concretos de su historia y que les han llevado a perder importantes apoyos en el exterior. Aun así, la acumulación rápida de poder y relevancia continúa siendo una de las características más comunes en quienes pugnan por convertirse en sus líderes.

A pesar de esto, todo lo que han obtenido las naciones de Daegon gracias a su aportación interesada no es para nada despreciable. Existen otras organizaciones poseedoras de una ambición y características similares, pero ninguna ha logrado eclipsarles y, cuando esta amenaza ha estado cerca de convertirse en un hecho, generalmente han sido absorbidas por el Horshutu. Gracias a esto, a pesar de lo que podría dar a entender su nombre, esta organización dispone de sedes en distintas naciones a ambos extremos del Pramayán. Una estructura muy compleja de gestionar que le ha llevado también a desarrollar encarnizadas luchas internas por quienes aspiran a gobernarla.

Si bien es cierto que su camino no siempre ha sido ascendente, con el establecimiento de la ruta marítima entre los nortes de oriente y occidente su popularidad no ha dejado de crecer. Aún queda mucho de Daegon por cartografiar, y los exploradores de todo el mundo acuden a ellos con propuestas de todo tipo de manera constante. Algunos lo hacen requiriendo de los servicios de sus cartógrafos, geógrafos, geólogos y botánicos, mientras que otros lo hacen con propuestas que buscan la financiación del Horshutu.

Su campo de acción no se limita únicamente a del mero plasmado de los mapas, sino que también cuentan entre sus filas con gente dedicada a las ciencias puras, un rango ecléctico de materias que abarca también el estudio de la ciencia arcana. La cartografía de los territorios anómalos continúa siendo el gran reto a superar, y entender la naturaleza en su interior es algo que requiere de una gran cantidad de recursos.

A su vez, también hacen la función de mecenas para otras organizaciones e individuos que se encuentran realizando estudios que pueden serles de utilidad. Estudios sobre cuyo uso sus dirigentes acostumbran a tratar de obtener sus beneficios directos de forma exclusiva durante la mayor cantidad de tiempo posible.

El Horshutu ha sido desde siempre el hogar y el objetivo de gente ambiciosa. Los escrúpulos y la ética es algo que no abunda en sus rangos más altos y, la obtención de un resultado cortoplacista, en un gran número de ocasiones ha llegado a repercutir negativamente sobre ellos.
La pérdida de expediciones escasamente preparadas ya sea en su mala planificación o en cuanto a la experiencia de los equipos enviados han producido auténticas tragedias para todos sus integrantes. Su negativa a la hora de reconocer su parte de culpa o responsabilidad a la hora de indemnizar a los familiares de los expedicionarios les han hecho llegar a ser una organización impopular a lo largo de prolongados periodos de su historia en los lugares afectados, pero estos son errores de los que han aprendido.

Una parte nada despreciable de sus presupuestos se dedican a mantener una imagen pública sin tacha, pero los escándalos de distinta índole les persiguen de manera constante tanto cuando el peso de la culpa recae sobre ellos como cuando los desastres son consecuencia del azar y el infortunio.

En aquellas naciones en las que sus sistemas legales más estrictos aún se pueden encontrar las sentencias que les encontraron culpables de ciertas tragedias, y que han condicionado su capacidad para llevar a cabo su labor dentro de los territorios sobre los que tienen jurisprudencia.

- La Iglesia de Vashirevna

La percepción que se tiene de la fe en oriente difiere en gran medida de aquella que podemos encontrar de forma mayoritaria en el Daegon occidental. Por lo general su presencia se encuentra enraizada dentro de la historia de cada pueblo pero sus representantes carecen de un papel determinante en las acciones del día a día de los ciudadanos. Incluso en casos como los de Dairus o de la actual emperatriz de Shinzay sus papeles dentro de la vida pública tienen menos que ver con su posición como cabeza de sus respectivos cultos que con sus cargos políticos.

De haber una región en la que la religión cumpla un papel similar al que se pueden encontrar en Menetia o Goord, este sería el de la Iglesia de Vashirevna. Un culto que cuya relación con occidente tiene mucho más que ver que el del mero formalismo.

Quedan pocos restos del paso del Gran Imperio Menetiano por oriente. Aun así, a pesar de que el tiempo que transcurrió entre que fue capaz de atravesar el Pramayán y el momento de su debacle no fue demasiado prolongado, una pequeña parte de su legado sí que logró impregnar a quien se encontró en su camino. Por más que quienes detentan en la actualidad este legado sean en gran medida desconocedores de su origen, esto no hace que la fuente a partir de la que surgió cambie.

Apenas una década fue tiempo más que suficiente para que la marca que dejó el Gran Imperio quedase grabada de manera especialmente significativa en la ciudad ocupada de Uzlar tin syé. Este territorio situado entre Ashgurn y Muliria había pasado de manos entre ambas naciones en tantas ocasiones que sus habitantes no se sentían parte de ninguno de estos dos pueblos, y fue la llegada de aquella tercera fuerza el elemento necesario para que comenzase a fraguarse en su interior el germen de lo que sería una identidad propia.

Si bien este no fue el único territorio ocupado por los menetianos, sí que fue aquel que quedó marcado de una forma más profunda por su llegada. La ruptura con todo lo que les había sido impuesto hasta entonces permitió a sus ciudadanos comprender que existía algo más allá de lo que siempre se les había mostrado como única alternativa. Aquella semilla tardaría aún mucho en germinar, pero fue la base sobre la que sus fundadores construyeron la primera Vashirevna.

El concepto de que podía existir un poder ultraterreno interactuando con ellos, guiando el destino de los pueblos, fue utilizado por los artífices del culto a Shirevna para construir un mensaje revolucionario en el centro del cual colocaron a aquel concepto. El pueblo de Uzlar tin syé era algo distinto a lo que le rodeaba; eran los receptores de un mensaje llegado desde más allá del mundo conocido, un mensaje entregado a ellos por los portadores de una verdad innegable; la humanidad se encuentra atada por los designios de los dioses. Nadie que no sea portavoz de estos designios está capacitado para guiar el camino de los pueblos.

Aquel mensaje fue suficiente para causar una pequeña revolución. Las carencias en el terreno metafísico de los pueblos de aquellos territorios, sumado al constante estado de conflicto tanto entre quienes aspiraban al trono como con las naciones vecinas, les llevó aceptar aquellos preceptos con facilidad; aquella no podía ser la única forma de vida posible. Tenía que haber otro camino.

Pero si esta revolución llegó a conseguir algo no fue gracias a sus instigadores, sino que su mayor aliado fue la fatalidad bajo la forma de una pandemia. La plaga conocida como la “Muerte silenciosa” que asoló la costa sudoriental del continente hace más de ocho siglos fue breve, pero sus efectos encumbraron hasta el primer plano de la vida pública a quienes afirmaban poseer la cura.

Por más que aquella no fuese una solución que no se encontraba en sus manos, y que fue de la mano de los científicos de donde provinieron los métodos para lograr controlar y aislar la causa de la misma, la falsa ilusión de esperanza que propagó el patriarca de la iglesia de Vashirevna lo elevó hasta unas cotas de popularidad que nadie más había alcanzado. Unas cotas que le dieron el control absoluto sobre Uzlar tin syé y le permitieron establecer acuerdos muy beneficiosos con Ashgurn y Muliria.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello, pero los acuerdos continúan en vigor. Uzlar tin syé cambió su nombre menos de una década después de aquello y ha logrado mantenerse como una entidad independiente desde entonces, pero el poder de los jerarcas de la iglesia ha sufrido diversos cambios desde aquellos días.

La iglesia tiene sedes en distintas provincias de Ashgurn y Muliria, aunque en estas naciones no goza de la misma cercanía con el poder del que disfruta en su sede central. Aun así, cuenta con devotos en ambas naciones y su visión del la realidad que se tiene en estos territorios se encuentra muy influenciada por sus enseñanzas. Una visión que, por más que no sea interpretada de forma literal por la gran mayoría de quienes se encuentran bajo su zona de influencia, les ha permitido mantenerse fuera de la zona de acción de sus gobernantes.
Vashirevna es territorio “sagrado” y se encuentra más allá del poder político de estas naciones. Ambicionar su posesión supondría una grave afrenta hacia la tradición. Una traición contra los acuerdos que se establecieron antaño y una muestra desafío a lo divino por parte de quien lo intenta.

A pesar de todo lo que debe al Gran Imperio y a la iglesia Tayshari, el de la Iglesia de Vashirevna es un credo que ha evolucionado para ser al mismo tiempo la antítesis del credo en el que se inspiró y un reflejo distorsionado de lo que este fue en aquellos días.

De la misma manera en la que lo hicieron sus culturas, la evolución teológica tanto de Ashgurn como de Muliria se vio tremendamente influenciada por su breve contacto con occidente, siendo considerados por muchos como las naciones más occidentaluzadas de oriente. Un hecho este que no sólo es afirmación tremendamente simplista, sino que también es utilizado como un insulto entre ambas.

Al igual que sucede con con los cultos mayoritarios de las naciones civilizadas de occidente, el suyo es un credo excluyente. Uno que no acepta la existencia de otros mitos de creación o de otras deidades.
Quizás debido a lo limitado de su zona de propagación sus patriarcas nunca se han atrevido a declarar una cruzada para convertir a los equivocados, pero ninguno de ellos ha tenido palabras de reconocimiento para la Jerarquía celestial, el culto a Aracthur o a alguno de los demás aspectos de Ytahc.

También en gran medida debido a esto, tanto Vashirevna como Ashgurn y Muliria fueron las primeras naciones en abandonar formalmente el Pacto de Aractthur, aunque esto no les ha impedido con posterioridad invocarlo cuando su enemistad ha escalado o alguno de los aspirantes a sus gobierno ha tratado de buscar apoyos en el exterior a su ambición.

Porque el compartir este credo no ha evitado que la relación entre estas dos naciones haya abandonado un estado casi constante de tensión, sino que esta ha sido una herramienta más en el arsenal de sus dirigentes para mantener vivo sus conflictos.

- El Ixanyali

Dentro de todos los organismos científicos que se pueden encontrar en Daegon hay uno que, a pesar de encontrarse dentro de los más jóvenes, su naturaleza lo ha convertido en algo a todas luces distinto a la de los demás.

La situación del ministerio de conocimiento de Beretear y Stergión es ciertamente atípica dentro de cualquiera de los escenarios que hemos tratado hasta el momento. Sus miembros tienen acceso a una serie de elementos, lugares y condiciones que son casi imposibles de encontrar en cualquier otro lugar.

Este es un organismo que, no sólo ha estado dirigido desde su nacimiento por dos inmortales y se encuentra profundamente ligado a dos naciones que gobiernan, sino que también ha llegado a extender su influencia más allá de las barreras del mundo material. Una organización que se encuentra a medio camino entre la herramienta institucional más pragmática y el estudio de las abstracciones más difusas.

El Ixanyali es un punto de unión en el que confluyen varios niveles de cuantos componen el gran esquema. Bajo la superficie de lo que se muestra como una asociación de algunas de las mentes más brillantes de Daegon podemos encontrar a individuos tratando de encontrar soluciones a problemas cotidianos, de dar sentido a elementos que afectan a distintos niveles de existencia y aspirando a prolongar la misma existencia de todas las realidades.

En el primero de estos aspectos, aquel que se encuentra ubicado dentro del mundo convencional, se le conoce como el Ministerio del conocimiento de Stergión y Beretear. Como tales, son los encargados de gestionar los distintos equipos de trabajo que se encuentran bajo su control así como de dotar de fondos y recursos a personas y organizaciones externas con quienes han firmado acuerdos de colaboración.

Las líneas que separan sus otros dos aspectos son más difusas y tienden a encontrarse en contacto de una manera u otra. Porque su ámbito de acción excede con mucho los territorios que abarcan estas dos naciones o al mismo Daegon y, una vez que estas fronteras se ven sobrepasadas, es muy complejo el determinar cuál es el fin último para el que sirven sus investigaciones.

Esta es una organización cuya estructura se encuentra dividido en infinidad de capas y subcapas aisladas entre sí. Departamentos y secciones que, por más que pueden llegar a trabajas de manera conjunta, acostumbran a verse muy distanciadas en cuanto al enfoque de lo que buscan.

Sus recursos no son utilizados en exclusiva por las naciones que lo sustentan, sino que han sido utilizados tanto por otras naciones como por agrupaciones tan dispares como el Kilgar Doreth, de quien se podría decir que es una extensión, como por los tripulantes de Sigma 3.0 o los Siete reyes dragón. Sus agentes no sólo se encuentran en este nivel de realidad, sino que algunos de ellos son conceptos no humanos que habitan otras capas de la existencia.

Dentro de su estructura jerárquica, quienes guían su camino son los componentes del Órdalus, el consejo de la ciudad de Stergión, pero una gran parte de estos individuos sólo son meros administradores de algunos de sus recursos. Gente que, en su gran mayoría, son mandos intermedios ajenos a las complejidades y el alcance de cuanto es estudiado por quienes responden ante ellos.

Mientras que ellos gestionan la parte más mundana, permanecen ignorantes de un gran número de asuntos cuya escala puede ser compleja de asumir incluso para los conceptos atemporales. Se les oculta la parte más compleja de la labor que se realiza entre bambalinas y de cuyos resultados puede depender la misma humanidad en su conjunto.

Quienes realmente han dirigido desde siempre la parte más cercana a lo extraño de la organización han sido tres de los antiguos jerarcas del Kilgar Doreth, tres de los líderes del concilio de los inmortales. Tres individuos de los cuales en la actualidad sólo uno permanece realizando esta labor.

Porque el Ixanyali fue el fruto del trabajo de Lag’Tsat, Dairus y Ulmar. De un renegado entre los Mayane Undalath, un inmortal y el último de los padres de la humanidad que quedaba con vida. Ahora, tras la desaparición de Dairus y la muerte de Ulmar, esta parte de su labor ha sufrido un duro golpe.

Su nacimiento apenas se remonta a hace dos siglos, pero la labor que llevaban a cabo estos tres individuos se remonta mucho más atrás en el tiempo. Por más que la percepción que se tiene de él dentro de los círculos científicos sólo llegue hasta sus estratos más mundanos, desde el mismo momento en el que se oficializó su creación en el mundo científico no dejado de ser un rumor a gritos el hecho de que existe algo más detrás de su fundación. Un rumor que ha sido utilizado en diversas ocasiones para atacar a la organización y a sus promotores.

Existen un gran número de leyendas negras alrededor del Ixanyali. Mitos, habladurías, teorías conspiratorias y verdades parciales o ocultas. Especulaciones que van desde lo más mundano y terrenal hasta las asunciones más catastrofistas. Conjuras que se han creado alrededor de su excesivo secretismo en ciertos temas o por el resultado de algunos de sus estudios. Algunas de ellas se encuentran basadas en hechos reales, pero aquellas que se encuentran basadas en la realidad rara vez son a las que acaparan la mayor atención.

Aun así, es raro que los rumores hayan llegado a acercarse al motivo real detrás de esta creación. Los intenciones que se han atribuido a quienes han dedicado sus existencias inmortales a tratar de retrasar la llegada del fin de los tiempos son tan complejas de adivinar como lo es de aceptar la posibilidad de tal hecho pueda llegar a producirse. Siempre se les ha atribuido motivos más mundanos. Razones egoístas que tienen más que ver con la ambición que con la generosidad.
Los poderosos siempre han temido a los inmortales no tanto por lo extraño de su naturaleza como por la amenaza que pueden representar ante sus ambiciones.

A pesar de la suspicacia y el secretismo, el Ixanyali ha demostrado ser una fuente inagotable de nuevas preguntas antes jamás cuestionadas, a la par que otros estamentos del mundo científico han encontrado en ella una herramienta invaluable desde entonces.
Es conocido que han logrado establecer métodos para llegar de forma segura hasta otros niveles de realidad, y que de estas expediciones se han logrado extraer elementos que no existen en este mundo para su estudio, pero tanto este es un conocimiento como los métodos a través de los que han logrado alcanzar estas proezas no han compartido con otras organizaciones.
Sí que han permitido que investigadores del exterior participen en este tipo de expediciones, pero el secretismo con el que guardan este saber ha generado una cierta leyenda negra a su alrededor. En no pocas ocasiones se les ha acusado de ser los causantes de algún suceso anómalo con sus estudios.
Este secretismo no tiene tanto que ver con el deseo de mantener el control absoluto de este proceso como con los requerimientos necesarios para su práctica.

Porque Stergión no es una isla errante anómala, sino que su comportamiento está sustentado sobre la ciencia del pasado. Un conocimiento que ha servido para aumentar la comprensión de la realidad de quienes la han investigado. En su interior se pueden encontrar restos de tecnología en distintos estadios. Algunos de ellos pueden funcionar dentro de los axiomas que gobiernan la realidad actual, pero una gran parte de ellos están inertes. Las condiciones necesarias para su funcionamiento simplemente no existen en Daegon. A su vez, una pequeña parte de esta ciencia, como pueda ser la que controla la apertura de puertas a otros niveles de existencia, puede funcionar cuando la ciudad se encuentra ubicada en ciertos contextos anómalos.

Es indudable que el Ixanyali y sus líderes tienen secretos, pero el número de estos no tan elevado como los que le atribuyen las habladurías.

Las porciones de información acerca de lo anómalo que llegan hasta sus investigadores acostumbran a encontrarse fragmentados. A dividirse en pequeñas píldoras totalmente extraídas de un contexto mucho mayor diseñado para evitar, generalmente sin éxito, el surgimiento de rumores infundados o teorías conspiranóicas. Mientras no se conocen los riesgos que implica su manufactura se oculta su origen para evitar la tentación de explotarlos de forma descontrolada.

El estudio de este tipo de campos, pese a encontrarse muy controlada, no deja de ser peligrosa, y esta es una verdad que no se oculta a quienes las investigan. Cada uno de los fragmentos que investigan los diferentes equipos son piezas de un puzzle mayor cuyas preguntas, por norma general, rara vez logran ser resultas a lo largo de la vida de quienes han acometido su investigación.

Hasta ellos han llegado textos procedentes de épocas pasadas y futuras, fragmentos de materiales que ni existen ni pueden coexistir con esta realidad, restos de conceptos cuya naturaleza aún no ha podido ser explicada. Sus investigadores han trabajado de forma consciente o inconsciente con seres procedentes de cada uno de estos niveles de existencia.

Pero su labor no se centra únicamente en lo anómalo o en el “gran esquema”. El objetivos de cada uno de estos investigadores es aquel que comparte todo científico, la resolución de las preguntas que aún no tienen respuesta, y no todas ellas tienen que ver con materias tan abstractas.
De la misma manera, también trabajan abiertamente con otros estamentos científicos y comparten su conocimiento con ellos. Tanto de sus investigaciones como de estas colaboración se han llegado a dar accidentes afortunados. Experimentos que, a pesar de no haber dado frutos válidos para el gran objetivo de sus mandos dentro del Ixanyali, sí que han servido para solventar problemas más mundanos y urgentes.

A pesar de su relativamente corta edad, del poder de sus dirigentes o lo altruista de su misión, el Ixanyali no se ha librado de escándalos que poco tienen que ver con la especulación, los rumores o las habladurías.
Dentro de sus filas se ha llegado a aceptar a gente ávida de poder. Personas que han entrado en ella con el objetivo de cimentar sus propias ambiciones. Que han utilizado los medios, la influencia y los bienes que se encuentran en sus cámaras de contención con el único fin de garantizarse una vida cómoda y ampulosa una vez que la han abandonado.
Algunos de estos personajes han terminado saliendo a la luz pública como consecuencia directa de sus acciones, pero otros han logrado sus objetivos sin ser descubiertos. Algunos de los artefactos que se almacenan en las instalaciones del Ixanyali han sido la causa de accidentes que se han cobrado la vida de quienes los estudiaban o quienes trataban de aprovecharse de ellos.

Como consecuencia de esto su proceso de selección que pasan quienes van a formar parte de esta organización es especialmente escrupuloso. Se ha ido endureciendo con cada nuevo escándalo o desgracia, pero aún está lejos de ser infalible.

Si bien esto es algo harto excepcional, algunos de integrantes del Ixanyali han llegado a convertirse a su vez en agentes del Kilgar Doreth expandiendo con ello su radio de acción. A pesar del profundo vínculo existente que une a ambas organizaciones sus estructuras acostumbran a ser totalmente estancas. Incluso ante estos agentes la extensión completa de lo que significa formar parte de esta organización se encuentra muy matizado. Cada uno de estos agentes es seleccionado por motivos únicos y la información de la que disponen se encuentra delimitada por estos factores. Por más que hayan sido informados de la naturaleza real de la organización de la que forman parte, pocos son capaces de comprender la escala de los eventos que son tenidos en consideración.

A pesar del secretismo con el que se tratan este tipo de asuntos, todas las medidas que han puesto para tratar de matizar la verdad a sus subalternos no siempre han resultado eficientes. Los secretos siempre son difíciles de guardar, más aún cuando se trata con mentes tan activas como las de quienes dedican todo su tiempo a tratar de desentrañar las verdades ocultas detrás del funcionamiento de la realidad.

Es normal que quienes logran ascender dentro de los rangos de la organización sean capaces de ver cómo las piezas del gran puzzle van encajando. Aquellos que tienen a su disposición un mayor número de elementos del conjunto son capaces de elaborar una visión más completa del gran dibujo. Piezas que no son capaces terminar de ubicar pero que les abren un enorme abanico de posibles escenarios. Verdades parciales que en más de una ocasión se ha vuelto en contra de la organización.

Es la única agrupación de Daegon que ha ha llegado a tener contacto con los miembros del Agon Lur Seshén en distintos momentos de su historia, la única que ha tenido acceso a mima esencia de las destrucción, una de las pocas que ha logrado tener constancia de la existencia de los supervivientes de las colonias humanas en otros mundos.

- El esquema de poder en oriente

La distribución del poder que se reparten el mundo científico y religioso en oriente es muy diferente a la existente en occidente.

Salvo en el caso de la Iglesia de Vashirevna, no existen cúpulas de poder ligadas al mundo religioso. Aun así, por más que no exista una casta clerical ligada a una estructura organizada, dentro de algunas de sus escuelas filosóficas existe recelo hacia el mundo científico por su capacidad para interactuar con lo anómalo. Un recelo cuyo foco se ha centrado históricamente en el Chernat Ianaster y el Ichigo Aralashi y que, tras su fundación, ha criticado con especial dureza al Ixanyali.

Para poder llegar a entender la evolución política y social del occidente continental a lo largo de la considerada como “edad moderna de Daegon” es necesario profundizar en uno de los elementos claves que desencadenó la ruptura con aquella que le precedió; la figura de Dairus “El Golpeador”. A su vez, para comprender a la figura que a lo largo de los dos últimos milenios ha sido una pieza clave en la estructura de poder del continente, es imprescindible ser capaces de entender uno de los factores que resultaron determinantes para que llegase hasta su posición.

Asimismo, de haber existido una figura clave para la relativa estabilidad de oriente esta sería la del concepto de Trollellom y la manera en la que ha sido entendido a los tiempos. Este conocimiento no sólo es necesario para comprender la evolución de las estructuras de poder en oriente, sino que tanto la manera en la que han sido percibidos tanto el ideólogo y la su obra han sido puntos determinantes en la evolución social de las naciones a ambos extremos del Pramayán. Su llegada supuso mucho más que el final del último de los grandes imperios; supuso el punto de partida de la edad moderna.

Con la victoria de Dairus sobre los menetianos, el líder de los ejércitos pasó a convertirse en algo que nunca pidió ser, en un ser sobre cuyas espaldas recaía la posibilidad de que hubiese paz. La suya pasó a ser la voz del mundo, la ley que regía el destino de la existencia. Pero ni su poder ni su mera presencia fueron suficientes para garantizar esta estabilidad.

Con una cuota de poder que nadie ha vuelto a poseer, el simple hecho de su inmortalidad supuso más de un siglo de esa paz, pero no pasó mucho tiempo hasta que su figura se fuese convirtiendo más en la de una leyenda que en la de una persona real. En un mito de cuya existencia muchos llegaron a dudar.
Una vez pasado ese tiempo no sólo su nombre se fue convirtiendo en algo difuso para quienes vivían alejados de la zona de influencia de Beretear, sino que sus decisiones y acciones condicionaron cómo era percibido ante quienes se encontraban bajo su mandato directo. Como no podía ser de otra manera, se convirtió en alguien falible. En alguien cuyos errores eran ocultados o justificados en contra de su voluntad por sus mandos intermedios o magnificados por parte de quienes aspiraban a deponerlo.

Así, mientras que tras su llegada el nombre de Arcthuran se propagó de forma desmedida en oriente, los valores que representada allí donde era adoptado se fusionaron con los de las deidades y escuelas de pensamiento locales. Su propagación se produjo con mayor con especial presteza y fuerza en el resto de las ciudades de las alturas, pero con el transcurso del tiempo también lo hizo a lo largo de las “tierras bajas”. Llegó hasta todos aquellos que firmaban el “Pacto de Aracthur”, hasta todos aquellos que pasaron a formar parte de la “Gran Nación”; de Trollellom.

Dairus pasó con ello a convertirse en el sumo pontífice de un credo sobre la que apenas se sabía nada. De una obra cuya estructura era fluida. Un culto que, al igual que ha sucedido con todo lo expuesto al paso del tiempo, también ha sufrido multitud de alteraciones en cada momento y lugar en el que se ha instalado.
Los jerarcas de los credos locales no recibieron aquella noticia con buenos ojos, pero no tardaron en concluir que su poder no se vería mermado por él.

El núcleo sobre el que se había construido hasta aquel momento el culto a Arcthuran carecía de dogmas estrictos o complejas reflexiones. Sus preceptos básicos no podían ser más sencillos a la par que ambiguos e interpretables. La enseñanza sólo dictaba una norma, un único ideal la que aspirar; la única limitación que existe a la libertad de cualquier ser es aquella que entra en conflicto con la libertad del resto.

Aquella deidad no prestaba atención a las acciones que tenían lugar sobre su superficie. Ante ella no existían conceptos como el pecado o la culpa, no había exigencias o castigos, pero tampoco recompensas. Dairus podía ser su portavoz, pero ellos eran quienes dotaban de sentido a las palabra de aquel lejano pontífice. Quienes le daban contexto ante quienes se encontraban bajo su influencia. Dairus estaba muy lejos y ni su voz ni sus brazos o sus tropas estaban ahí para negar o cuestionar la validez de sus palabras.

Aun así, el tiempo demostró que las conclusiones de los representantes del resto de credos fueron erróneas. Quizás Dairus no llegase hasta sus dominios, pero su inmortalidad se interpretó como un regalo a su devoción y su victoria como una señal de cambio. Él no era sólo el modelo a seguir si se quería alcanzar aquello que había obtenido, sino que también poseía el poder para señalar y detener a quienes ignoraban el mandato de la deidad, al “enemigo”, a quien amenazaba la libertad del resto.
Los descontentos y los desfavorecidos comenzaron a migrar hacia las laderas del Pramayán, hacia la sombra protectora del libertador, pero estos colectivos no fueron los únicos que comenzaron a orbitar alrededor del nuevo poder establecido.

Fue sustentado sobre esta premisa que se firmó el pacto de Aracthur. A través de él se establecía una alianza común. Quien atacaba a un miembro del pacto los atacaba y se exponía a las represalias de todos ellos.

Como consecuencia de esto las ciudades estado crecieron hasta convertirse en grandes naciones, pero el Pacto no dejaba de ser algo simbólico. Una relación de conveniencia bajo cuyo paraguas se creó un nuevo y complejo ecosistema de poder. Un castillo de naipes en el que, por más que el que era aclamado como el profeta del culto a Arcthuran se encontraba en su centro, la fe, la filosofía y la metafísica no entraban dentro de la ecuación.

Se estableció el abuso del poder, ya fuese este físico, económico o político como el mayor de los crímenes, pero no existían métodos para llevar un control sobre quien lo incumplía. Esta era y sigue siendo una máxima demasiado tenue y subjetiva como para poder ser dictaminada en casi ningún caso, pero resultó ser un recurso especialmente atractivo para los pequeños estados. La violencia directa se fue difuminando y haciendo más sutil mientras la diplomacia, las verdades parciales, la ambigüedad y el sofismo se convirtieron en las nuevas herramientas predilectas del arsenal de los arribistas.

Primero Beretear, y después el resto de las “Ciudades de las alturas” se convirtieron en el foco de enormes flujos migratorios, pero todos ellos eran lugares que carecían de los recursos necesarios para sustentar a tantas personas.
Se comenzaron a construir pequeños asentamientos bajo ellas que crecieron hasta convertirse en ciudades a lo largo de gran parte de las laderas del Pramayán que daban a estas ubicaciones. La fe era el menor de los motivos para estos movimientos ya que lo único que se buscaba era la protección del Portavoz del mundo. La fuerza de quien había derrotado al Enemigo.

Todo este cúmulo de situaciones llevaron a este credo y su portavoz a convertirse en un arma arrojadiza. Su mención podía ser una amenaza o la defensa definitiva, algo que llegó a moldear las relaciones políticas de la casi totalidad del oriente continental.

A pesar de la lejanía entre Beretear y la costa oriental del continente, fue gracias a la intervención de Dairus que los exiliados de Mashulanu o las tribus zulera obtuvieron unos territorios en los que asentarse, pero también de su torpeza a la hora de gestionar ciertos conflictos estos escalaron hasta alcanzar unas cotas de virulencia mayores.

Si ha habido una razón para que Trollellom como concepto haya sobrevivido esta ha sido la presencia de su creador pero, al mismo tiempo, ha sido su inacción en un gran número de ocasiones lo que ha llevado a que sea una idea totalmente desvirtuada. Una abstracción que hace siglos que sólo es usada como herramienta interesada que se ha usado en su contra.

La estructura de poder en oriente es mucho más amplia de lo que puede dar a entender la alianza alcanzada en el pacto de Aracthur. La proximidad filosófica o teológica no ha hecho que los pueblos que comparten credos sean aliadas y, si bien se pueden establecer tres grandes bloques teológicos, ninguno de ellos es homogéneo en lo cultural.

Por su parte, el mundo científico también se encuentra igualmente fragmentado. En algún momento u otro de sus historia todos los grandes estamentos han formado parte activamente del Nalushat Avasanyali, pero ciertas rivalidades pueriles les han llevado a limitar sus aportaciones.
Así como en occidente el mundo científico ha rechazado generalmente a los estamentos religiosos y sus teologías, este enfrentamiento no se encuentra tan presente en oriente. La ausencia de unas estructuras organizadas tan poderosos como las existentes en occidente ha hecho que el objetivo sea mucho más difícil de identificar. A excepción de casos como el de la Iglesia de Vashirevna no se pueden encontrar las cabezas visibles de quienes propagan el pensamiento mítico. Existen un gran número de filósofos, pensadores, profetas y monjes que hacen proselitismo de las ideas ligadas a los diferentes teismos, pero no acostumbran a tener una sede fija en la que prediquen o un gran número de seguidores.

Por otro lado, a pesar de continuar siendo la cabeza visible del culto de Arcthuran, hace siglos que Dairus dejó de hacer proselitismo de este concepto. Su alianza con Lag’Tsat y su apoyo a la hora de la fundación del Ixanyali hicieron de él una figura atípica. Una figura que ha llegado a ser cuestionada por parte de quienes han continuado con el legado que él inició con su ascenso al poder.
Si bien es cierto que jamás ha renegado públicamente de las ideas que ayudó a propagar, hace ya mucho que descartó la posibilidad de un propósito detrás de su inmortalidad. Si ha continuado en el poder ha sido por un exacerbado sentimiento de responsabilidad, pero su participación en la toma de decisiones siempre se ha visto condicionado por su propia inseguridad.
Siempre trató de rodearse de gente cuya ética e inteligencia respetase, pero su capacidad para juzgar el carácter de los demás, si bien ha sido una cualidad cuyo ejercicio a lo largo de los siglos ha sido afinada, no siempre ha sido certera. La llegada de Tsat hasta Beretear supuso la liberación de una enorme parte de la carga que sentía sobre sus hombros, pero no ha evitado que se hayan llegado a producir enfrentamientos entre ellos a lo largo de su dilatada relación.

Las relaciones de poder en oriente y las ambiciones expansionistas de los líderes de los distintos pueblos no se han basado tanto en la dicotomía entre el mito y el saber como los que se han conocido en occidente. en la mera cercanía geográfica.
Si bien los argumentos de este estilo puede haber sido usados por parte de los integrantes de la Iglesia de Vashirenvna en los conflictos entre Ashgurn y Muliria, incluso en estos lugares su presencia ha sido anecdótica dentro de su historia.

En la costa nororiental del continente el mito se ha visto alimentado por la conclusión de los conflictos, pero rara vez ha sido el origen de los mismos. La rivalidad entre Dilirm, Dayashu, Shinzay, Dagorel y Sheparn se han alimentado de sus diferencias sociales, siendo el miedo de los emperadores y emperatrices de Shinzay a que se propaguen las ideas y modelos de estado de de las naciones que les rodean el principal de los motivos para darles inicio.

El resto de naciones están muy lejos de ser utopías. La ausencia de gobiernos totalitarios o de credos íntimamente ligados al poder no hecho que sus gobernantes se conformen con las atribuciones que les otorgaba su posición. El ansia por preservar su cuota de poder ha llevado a los líderes de estados teóricamente más avanzados a restringir las libertades utilizando argumentaciones aparentemente racionalistas.

Quizás el nivel retórico de sus discursos haya apelado a aspectos más sofisticados, nobles o elevados que el de la mera ambición, pero por debajo siempre ha subyacido el mismo ansia por el control de los demagogos que se han apoyado en el destino manifiesto o el servicio a un poder mayor.

La influencia del Pacto de Aracthur y el temor a Dairus hace siglos que se desvanecieron. Pueden formar parte de algunos de los arcaismos que pueblan el lenguaje diario de algunos de los pueblos de oriente, pero estos son conceptos que apenas poseen un significado no formulaico.

Tras más de medio milenio sin ser invocado, la referencia al Pacto fue utilizada por Dairus hace dos décadas para tratar de detener el conflicto que se encontraba en curso entre Dayashu y Shinzay, pero su mención sólo sirvió para demostrar que ya nadie lo considera como algo válido.
Tanto el acuerdo como quienes los firmaron son vestigios de un pasado olvidado y su mención sólo sirvió para que algunos de sus supuestos integrantes hiciesen explícito algo que había sido una realidad de facto.