El deseo regresa con tanta fuerza que le desestabiliza. Con tanta intensidad que necesita cortar toda comunicación con el exterior para tratar de analizarlo. Solo es una posibilidad más. Lo sabe. Una ínfima. Una que ya ha creído encontrar en anteriores ocasiones, pero que siempre ha terminado siendo un espejismo.
Ha perdido ya la cuenta de la infinidad de conceptos que se han cruzado en su camino en los que ha creído ver algún tipo de afinidad. Cuántos ha encontrado cuyas similitudes han hecho aflorar en él pensamientos similares a los que ha despertado esta reunión. Ni siquiera es la primera ocasión en la que algún humano es quien los dispara. Ha contemplado a un gran número de ellos durante eones en su vana esperanza de hallar algo que nunca ha sido capaz de encontrar entre los suyos. Ha perdido la cuenta del tiempo que ha dedicado a su búsqueda de alguien que le escuche. De alguien que pueda comprender lo esencial de su misión autoimpuesta. Alguien dispuesto a compartirla.
Desde este lugar, desde el corazón del fragmento de roca que le dio vida, fue desde donde, hace ya mucho tiempo, fue consciente por primera vez de lo inevitable. Es aquí donde supo lo insignificante de cuanto ha visto, conocido y comprendido hasta este momento. Donde experimentó por primera vez una sensación que sabe que nunca le abandonará. Donde, por primera vez, se negó a aceptar algo que sabía a todas luces cierto.
Desde entonces, ha observado la realidad desde un nuevo punto de vista. Desde uno que no ha dejado de condicionar la manera en la que analiza y divide a los conceptos que ha contemplado desde entonces.
Lo que lleva su foco de atención una vez más hacia los humanos. Los ha observado en un gran número de ocasiones, pero desde tiempos recientes, desde que el primero de ellos fue consciente de lo irrelevante de su papel dentro del gran esquema, ha comenzado a hacerlo con un interés cada vez mayor. Ha visto a varios de ellos dar muestras de intuir la complejidad real de cuanto les rodea. Comprender que sus existencias no serán eternas. Los ha contemplado con una mezcla de afinidad y frustración. De fascinación y extrañeza. Consciente de todo aquello que les separa, al tiempo que se maravillaba por todo lo que les unía.
Pero, más allá de esto. Por más afines que puedan resultarle, por más capaz que sea de reconocerse en ciertos detalles de la manera en la que algunos de ellos se relacionan con su entorno, la mayor parte del tiempo continúan resultándole un concepto incomprensible.
Aun así, eventos como el que acaba de presenciar no dejan de señalarles como algo especial. Algo con lo que, en algún momento, puede llegar a conectar de una manera que no ha sido capaz de encontrar entre quienes comparten su misma naturaleza.
¿Cuántas veces necesitan los suyos tener algo frente a ellos para ser capaces de reconocerlo como lo que realmente es? ¿Serán capaces de verlo antes de que sea demasiado tarde? El tiempo de la inocencia ya pasó, y la realidad no deja de volverse un constructo cada vez más complejo.
Todo cambia constantemente. Lo hace a su alrededor y más allá de donde alcanzan sus sentidos. Lo sabe, igual que sabe que siempre ha sido así. El cambio forma parte de la existencia. Tanto el propio como el de todo aquello que uno cree conocer. El de todo cuanto rodea a uno, esté o no a su alcance.
Como consecuencia de esto, cuando más aprende acerca del funcionamiento de su realidad, más grande, complejo y confuso se vuelve todo. Demasiado impredecible como para poder continuar fingiendo que tiene cualquier tipo de control. El tiempo de afrontar la existencia con la pasividad y la indiferencia con las que la afrontaba antaño pasó hace ya mucho. Su infancia y su inocencia terminaron hace eones, y sabe que lo que acaba de presenciar han sido los primeros pasos de algo que terminará desencadenando el final del de otra. Lo sabe. Él ha estado ahí.
Este conocimiento le llena de sensaciones contradictorias. Por más que el foco de su aprecio por ella nunca ha dejado de cambiar, estos últimos datos han servido para situar a la humanidad en una posición en la que nunca antes la había colocado. Han ido dejando de ser un bello y fascinante accidente para mostrarse como algo más complejo y prometedor. Aún no sabe si podrá encontrar entre ellos a alguien que pueda convertirse en un aliado en su misión, pero al menos ahora sabe que, como mínimo, se trata de un concepto capaz de comprenderla.
Errores sobre errores. Eso ha sido su existencia hasta este momento. En eso consiste el aprendizaje. Esta es una verdad que cada vez que trata de ignorar le golpea con mayor dureza. Y cada nuevo golpe lleva consigo una nueva pregunta a responder. Le lleva a preguntarse acerca de todos los errores de apreciación similares que ha podido cometer desde su primer pensamiento consciente. Acerca de cuántas verdades obvias no ha sido capaz de percibir. Cuántas de ellas ha sido él quien se ha negado a verlas. Cuántos de todos los errores de juicio compartido a lo largo de las eras por él y los suyos ya no pueden permitirse el lujo de seguir ignorando. Cuántos pueden llegar a ser fatales.
Porque, sí, la fatalidad no un concepto únicamente aplicable a “entes menores”. Es uno al que ellos también pueden verse expuestos. Pero los suyos son obstinados. Casi tanto como él. Se niegan a reconocer la verdad detrás de sus palabras. No al menos mientras carezca de evidencias que sustenten sus teorías y sus temores. No hasta que alguno de ellos se haya perdido en el olvido. No hasta que ya sea demasiado tarde. Esa fuerza ya estaba ahí durante los días previos a que cualquiera de los suyos contemplasen las estrellas por primera vez. Ya estaba allí antes de que fuese capaz de percibir a ningún concepto afectado por ella. La han visto crecer y cambiar durante eones. Han detectado su proximidad en lugares que ya no existen sin prestarle mayor atención. Han sido conscientes de que su cercanía presagiaba el final de muchos conceptos desde siempre. Pero la importancia que le han dado ha sido equiparable a la que recibían aquellos conceptos hoy inexistentes. La han ignorado desde su primer encuentro porque nunca se han visto afectados por ella directamente. Porque, para ellos, simplemente ha sido el avatar de un orden jerárquico del cual creen estar por encima.
El mero hecho de procesar estos pensamientos solo sirve para que la sensación de incertidumbre se dispare. Una vez más, la duda lucha por asomarse tras cada una de las certidumbres que ha logrado atesorar a lo largo del tiempo. Logra mantener a ralla la sensación y recuperar el control a duras penas, pero sabe que esta es una victoria temporal. Sabe que cualquier conclusión a la que pueda llegar será parcial y, muy probablemente, errónea. Narrativas construidas alrededor de una información insuficiente y obsoleta. Sabe que hay algo más profundo que se le escapa. Algo que subyace por debajo del miedo puro. Que comprenderlo conlleva dejarse infectar por su inevitabilidad, pero que esto no es algo intrínsecamente malo. Sabe todo esto, pero este conocimiento no es suficiente para evitar que una parte de él necesite olvidar su contacto e ignorar su existencia. Una existencia que cada vez es capaz de identificar y asociar a un mayor número de conceptos. Cada vez procedente de orígenes que antaño consideró “seguro”.
Todo cambia a su alrededor. Siempre ha sido así. Esa es la ley natural. Lo hace la realidad y lo hacen sus sus pobladores. Lo hacen sus leyes y lo hacen los retos a los que han de enfrentarse. Esta es una verdad de la que un Huatûr más joven creyó estar libre. Creyó que no importaba el nivel de incertidumbre. Que, pasase lo que pasase, podría encontrar una solución a cualquier problema que se le pudiese presentar.
Aquel ser desapareció tiempo atrás. Ni él y los suyos están por encima de todos los cambios. No pueden elegir qué les afecta y qué no. Lo que antaño les resultaba intrascendente hoy reclama su atención. Lo que ayer no les afectaba mañana puede resultar fatal para su misma existencia.
El cambio forma parte de un ciclo del que siempre han formado parte. Un ciclo en el que antes o después encontrarán su final. Un final que necesita creer que puede ser cambiado si logra retirar la venda que cubre los ojos de quienes pueden impedirlo.