Historia:
Los Jonudi son las creaciones de los Enaitas. Durante milenios vivieron en Jonund con la única
función de adorar, y hacer compañía a sus creadores. En aquellos tiempos carecían de forma
física, y desconocían lo que había mas allá de las fronteras de su mundo así como
sentimientos de temor codicia o envidia (carecían de posesiones y todos ellos eran idénticos entre si).
Jonund era el plano de la oscuridad, y como tal carecían de luz ya fuer solar o artificial loa Jonudi desconocían
el significado del tiempo, y poseían la sabiduría que otorga la inmortalidad.
Pero cuando llegaron los Namakitas a su hogar, de nada les sirvió su sabiduría, y se vieron obligados
a huir con los Enaitas dejando a sus hermanos abandonados en manos de Baal. |
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Tras su llegada a Daegon quedaron
fascinados por la gran variedad de seres que allí encontraron y
sintieron envidia de ellos pues todos ellos eran diferentes entre si. Así,
los Jonudi comenzaron a asumir formar que imitaban a las de sus anfitriones,
y comenzaron a mezclarse con ellos olvidándose de sus padres.
Llegaron en
un día soleado. Su gran vehículo pasó sobrevolando
desde la zona del puerto hasta la plaza central, donde no llego a
posarse, sino que se quedo levitando a escasa distancia del suelo.
Entonces la mitad superior de la gran
piedra que era su vehículo se separo de la otra mitad dejando ver
a los primeros viajeros que salieron de el. Se trataba de dos hombres que
saltaron del interior de la piedra, y aterrizaron en el suelo sobre brazos
y piernas, encorvados como si se tratara de unos animales. No iban vestidos
mas que con unos collares y sus expresiones se asemejaban mas a las de
un animal que a las de un hombre, y como si de un perro se tratara, se
volvieron hacia la piedra como esperando la llegada de sus amos.
Sus amos no tardaron mucho
en salir, y su visión provoco una oleada de comentarios entre todos
los que allí nos encontrábamos congregados, pues nadie había
oído nunca hablar de esos seres. Su apariencia era humanoide, pero
claramente no eran humanos. Sus rostros no mostraban emoción alguna,
y en el solo se podían contemplar una serie de tatuajes que hacían
extraños dibujos sobre el, y dos ojos, ni cabello, ni boca ni nariz
ni orejas. Dos ojos que miraban impasibles a los que allí estabamos.
Nada mas se podía contemplar de sus cuerpos que estaban cubiertos
por largas túnicas.
Dos de estos seres descendieron
del extraño bajel levitando, y como su nave había hecho,
se quedaron suspendidos en el aire a poca distancia del suelo, y comenzaron
a avanzar hacia la mansión del consejo, siempre con sus esclavos
precediéndoles corriendo ante ellos a cuatro patas.
La gente se apartaba a
su paso abriéndoles camino, pero por aquellas zonas por las que
pasaban estas criaturas la gente caía como bruscamente empujada
por unos brazos invisibles.
Finalmente llegaron a la
mansión, donde los guardias les cerraron el paso, pero también
estos fueron apartados sin que las criaturas movieran un brazo, mientras
el portón de la mansión se abría solo.
Tras la entrada de las
criaturas el portón se cerro, y la gente comenzó a murmurar
nuevamente sobre las criaturas. Mientras tanto, el tiempo pasaba, y no
se escuchaba ningún sonido procedente del interior. Hasta que de
repente, la gente dejó de hablar, y comenzaron a irse como si no
hubiera sucedido nada. Pregunte a la gente, y nadie sabia porque había
ido ahí, ni recordaban la llegada de los extraños. Y entonces
lo vi salir.
Flotaban a gran altura
llevando a sus esclavos y moviéndose sobre los edificios como mecidos
por el viento. Su velocidad era mayor que cuando habían llegado,
y esta vez la gente no alzaba la vista para observarlos sino que seguían
caminando como si las sombras que proyectaban los extraños sobre
el suelo les fueran invisibles.
Finalmente llegaron a su
bajel, y tal como habían llegado desaparecieron, pero esta vez solo
el silencio les seguía, pues nadie los contemplo mientras se iban.
A veces pienso que estoy
loco, y que solo fueron imaginaciones mías, pues por mucho que busco
no encuentro a nadie que como yo, recuerde estos hechos, pero se que estoy
cuerdo, y una voz en mi interior me dice que volverán, y que cuando
vuelvan la gente no lograra olvidarse de ellos.
En los últimos dos años,
testimonios como este se han sucedido por todo el continente. Descripciones
sobre la llegada de los Kiranu y su posterior partida, de los cuales solo
pocas personas tienen recuerdo. Nadie sabe de donde vienen, nadie sabe
que es lo que pretenden, nadie sabe cuando volverán. Pero aquellos
que los han contemplado y los recuerdan no esperan nada bueno de ellos
cuando regresen. |