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Historia:
Los Kesari son los hijos de Irasai. Tras la guerra
de realidades, Irasai cogió a sus hijos y los llevó a otro
plano, intentando que no fueran manchados por ninguno de los demás
poderes.
Irasai llegó a Daegon donde se estaba desarrollando la
segunda guerra de los dioses, y aprovechándose de eso, se hizo uno
con parte de la realidad de ese nuevo plano, y en su interior acogió
a los Kesari.
Mucho tiempo después, y a pesar de no encontrarse
en la misma dimensión, los Jonudi intentaron asaltar Irasai, y con
su tecnología consiguieron abrir una brecha en él. A través
de esta brecha el caos comenzó a infiltrarse, afectando a los Kesari,
haciendo que muchos de ellos desaparecieran. Los supervivientes, que habían
sido tocados por el caos reaccionaron, y dieron comienzo a un contraataque,
gracias a su contacto con esta nueva realidad, fueron capaces de adaptarse
a la situación, y ellos, que desconocían el significado de
la guerra, o los sentimientos, sintieron ira, y crearon los cetros, y los
Suu, gracias a los cuales exterminaron fácilmente a sus atacantes.
Pero muchos de los Kesari habían sufrido cambios durante estos hechos,
e Irasai los consideró indignos de pertenecer a la conjunción,
así que fueron expulsados.
Tras su expulsión, los Kesari llegaron a
Daegon donde se unieron a los humanos que luchaban contra los Jonudi, siendo
vitales para la victoria definitiva de los humanos. Pero al llegar la paz,
los Kesari descubrieron que la exposición diaria a la realidad reinante
en este nuevo hogar suyo, hacia que los Suu fueran perdiendo sus capacidades
protectoras, haciendo que su esencia terminara por desaparecer.
Así, los Kesari buscaron un lugar que poder moldear a imagen
de su antiguo hogar, un lugar en el que poder vivir sin necesidad de los
Suu, y crearon “Taa” (refugio). Pero el tiempo pasó, y para su sorpresa,
los Kesari tuvieron consciencia de ello, la estancia en Daegon les había
afectado mas de lo que podían imaginar, y sentían añoranza
de lo que habían dejado allí. Así, mientras la mayoría
de ellos creaban su propio Irasai en Taa, un pequeño grupo, los
“Taa-Mederak” (trinidad de Taa), partieron en busca de una cura para su
aflicción.
Así, recorrieron el mundo, y conocieron nuevas
razas y sensaciones, y vieron que su existencia era breve, y que no luchaban
contra ello, sino que se limitaban a asumirlo y aprovechar ese breve tiempo
para alcanzar algo que llamaban “felicidad”, este concepto era nuevo para
ellos, pues su existencia solo había sido dedicada a la consecución
de la conjunción, pero mientras estaban fuera de su hogar, esa necesidad
había cambiado hacia un nuevo objetivo, la supervivencia, y si la
costumbre era lo que les había hecho buscar una nueva conjunción,
un nuevo sentimiento era lo que les hacia buscar esta nueva meta. Este
descubrimiento hizo que la consciencia colectiva de Taa se replantease
su existencia. Con Taa habían tratado de crear su propio Irasai,
pero ellos fueron expulsados de Irasai por ser distintos, por lo cual Taa
debía ser distinto a Irasai. Los Kesari de Irasai eran todos iguales
entre si, pero cada uno de los Kesari de Taa era distinto, así que
el orden reinante en Taa también debía ser cambiante. Era
su intento de mantener el antiguo orden lo que estaba acabando con ellos.
Pero a pesar de alcanzar este conocimiento, no eran capaces de abandonar
el viejo camino.
Había pasado mucho tiempo, y los Taa-Mederak
tras cumplir su misión descubrieron que sus Suu no serian capaces
de llevarlos de nuevo a Taa. Este hecho hizo que unieran sus cetros y fundieran
sus esencias con ellos, y se limitaron a esperar el final de su existencia.
Así, durante varios siglos, los cetros estuvieron tendidos a los
lados de un camino, viviendo entre los humanos como simples observadores,
viendo como eran sus cortas existencias, y la decisión con la que
se enfrentaban a estas, y solo entonces comprendieron los ciclos que reinaban
en Daegon, pero sin la posibilidad de transmitir estos conocimientos a
Taa, y sin saber si sus hermanos seguían existiendo.
Y así, el tiempo siguió su curso,
y pasaron dos siglos más, hasta que encontraron a un humano el cual
consideraron que podría llevar su mensaje a Taa. Este humano llamado
Keiren Groth era un Lyteo, y al conocer la historia de los Surt-Kitaren
(esencia manchada, que era como se hacían llamar los Kesari de
Taa), y su triste destino, decidió buscar un acceso a Taa, para
encontrar una cura para la mancha que afectaba a los Kesari. Tras contarle
su historia, los Taa-Mederak finalmente pudieron descansar.
Así, tras veinticinco años de búsqueda,
en Northland encontró el acceso a Taa. Allí, Keiren se dedicó
a buscar la cura para el mal de los Kesari, pero fue incapaz de hallarlo,
y el tiempo acabo con su vida en Taa. Pero tras su muerte, Lyzell fue a
buscar su alma, y vio entonces aquello por lo que había muerto,
y como compensación a su dedicación a ella, encendió
la llama purificadora allí donde yacía el cadáver
de Keiren, para con ello acabar lo que no había podido conseguir
su seguidor.
Descripción Física:
Su aspecto para aquellos que los ven en Irasai,
o Taa, es el de una esfera de luz de unos 50 centímetros de diámetro.
Cuando salen al exterior se recubren del “Suu”, una cobertura que impide
que la realidad de Daegon impregne su esencia, pues esta es letal para
ellos (ellos son seres de orden puro, y Daegon es el caos). A parte del
la mera protección contra la realidad reinante en este plano, el
Suu, también asume una forma que puedan comprender las mentes de
aquellos que los ven (aunque al no compartir unos patrones estéticos
similares con los habitantes de Daegon, esta forma no resulta ser lo que
ellos pretenden en un principio, y suele causar reacciones diversas en
aquellos que los observan). La forma que asume el Suu, es la de un humano,
pero careciendo de los rasgos que distinguen unos de otros (rasgos faciales,
o corporales), su piel lisa refleja todo lo que hay a su alrededor, teniendo
un color plateado y brillante. Nunca llevan vestimentas, y lo único
que portan cuando salen al exterior es un cetro de del mismo color que
el Suu, de un metro de longitud y 4 centímetros de grosor.
La Sociedad Kesari:
Los Surt-Kitaren crearon Taa, como un lugar transitorio
hasta encontrara la cura contra su “mancha”, pero con el tiempo descubrieron
que el lugar en el que lo había sido creado era un nexo entre varias
dimensiones, y al recibir influencias de todas ellas su esencia cambiaba.
Esto les ayudó a comprender que el orden debe ser cambiante. A pesar
de pertenecer todos a una consciencia colectiva, cada uno posee una esencia
única que les hace diferentes entre si. En lugar de intentar forzar
el orden de este plano, Taa se convirtió en el intento por parte
de los Kesari de adaptarse al orden reinante en esta realidad. Para ello
los Kesari aceptaron los patrones que en ella estaban establecidos, el
ciclo de la vida y la muerte, y el ciclo del cambio y la evolución.
Así, adaptándose a estos patrones, los Kesari tienen vidas
finitas, pero sin renunciar a su esencia inmortal. Tras la muerte de un
Kesari, este renace de la llama purificadora de Lyzell, como un nuevo Kesari
mas evolucionado. Asimismo cada vez que renace un Kesari, este se convierte
en el artífice de la realidad que reinara en Taa hasta el siguiente
renacido.
Los Kesari no tienen lenguaje hablado, pues no necesitan
hablar entre ellos, pero cuando salen de Taa, se comunican mentalmente
con aquellos que desean hacerlo, utilizando el lenguaje nativo de cada
interlocutor. Si alguien le pregunta su nombre a un Kesari, este le dirá
que es Suu, pues ellos no tienen nombres.
Los Cetros
Los cetros es lo único que portan los Kesari.
El cetro tiene dos funciones. La de arma, y la de receptáculo de
la esencia del Kesari. Como arma, el cetro altera lo que toca, convirtiendo
el caos en orden según la voluntad del Kesari. Esto hace que la
localización tocada deje de funcionar durante tres minutos, y causa
un gran dolor en la víctima que puede a llegar a producir la inconsciencia.
Durante el tiempo que dura este efecto la localización toma un aspecto
parecido al de los Suu, y la víctima es incapaz de dominarla. Si
la localización tocada es el cuerpo o la cabeza, el sujeto muere
instantáneamente. Para que el toque tenga efecto, el Kesari debe
imponer su voluntad sobre su víctima. Ningún tipo de armadura
protege contra este toque.
Si un ser no Kesari coge un cetro, este adopta la
forma del arma predilecta del portador.
La otra función de cetro es la de receptáculo
de la esencia del Kesari. Cuando el Suu deja de ser efectivo, el Kesari
transfiere su esencia al cetro, pues sino esta se disiparía al entrar
en contacto con el caos. Una vez el Kesari entra en el cetro, si algún
individuo lo porta, el Kesari puede comunicarse con él, y si este
nuevo portador muere, su alma se une también al cetro. Si la esencia
de un Kesari abandona el cetro en otro lugar que no sea Taa, esta se disipara
en un minuto, durante el cual el Kesari puede interactuar con su entorno. |